jueves, 18 de diciembre de 2008

El gurú ha hablado

Por JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ (SOITU.ES)

Pedro J. Ramírez aseguró, desde el púlpito del Foro de la Nueva Comunicación, que hay que cerrar las televisiones públicas. "Son antiguallas y un residuo del viejo orden de las cosas", sentenció el visionario líder del nuevo periodismo español. En ese momento divino, el cielo, hasta entonces nublado, se despejó. Cesaron truenos y rayos, desaparecieron las nubes, se ensancharon los cielos y hasta me pareció escuchar el canto de unos ángeles afinados en sol. El gurú había hablado, y el futuro de los medios de comunicación privados abandonaba la crisis y se presentaba florido y hermoso. ¡Muera la televisión pública! ¡Vivan las empresas de comunicación privadas!

Tiro a la papelera virtual, la de Windows, el texto que tenía previsto para hoy. Abro un nuevo documento, al que llamo 'El gurú ha hablado'. Coloco una foto del director de El Mundo (qué digo director de El Mundo... ¡el director general de Unidad Editorial!) junto a la pantalla del ordenador, sintonizo Veo Televisión, enciendo una barrita de incienso y me dispongo a escribir...
Pedro J. dice que habría que cerrar todas las televisiones públicas. No que habría que cambiarlas o mejorarlas, sino que directamente deberían cerrarlas. Sinceridad. Podría tomar nota Esperanza Aguirre, que en lugar de cerrar los hospitales y los colegios públicos, primero los está hundiendo. Ya los cerrará luego. Pedro J. quiere evitar todos esos trámites largos y tediosos y chapar directamente algo que pertenece a todos los españoles. Un tipo franco que va por derecho, este Pedro J.
Tanto como para sugerir que la muerte de las televisiones públicas liberaría una cantidad de publicidad imprescindible para que las empresas de comunicación privadas salgan de la crisis. Y así, poder prescindir de posibles subvenciones estatales. Si no, ya saben: pese a que Unidad Editorial todo lo que toca lo convierte en beneficios, puede que tenga que hacer recortes de plantilla. "Serán lo menos traumático posible", asegura poniendo cara de sindicalista.
Las intenciones son buenas. Quien piense que con estas declaraciones Pedro J. se pone al frente del consorcio de propietarios de televisiones ruinosas, y que suspira por pillar el trozo de tarta de una publicidad que ve pasar por delante pero no cata, está confundido. Pedro J. vela por nosotros, los consumidores de información. Lo que pasa es que está muy por delante de la capacidad de análisis y raciocinio de los mortales comunes, como usted y yo. Un hombre capaz de estar al frente de productos periodísticos tan novedosos e innovadores como 'Crónica' o 'Magazine', los suplementos de fin de semana de El Mundo, como 'Marca', su diario deportivo, o como 'Telva', su revista femenina, está perfectamente capacitado para decir que las televisiones públicas son "antiguallas y un residuo del viejo orden de las cosas".
Pero yo me voy a atrever a llevarle un poco la contraria. Creo que necesitamos televisiones públicas. No las que tenemos ahora, sino buenas televisiones públicas. Es decir, televisiones que ofrezcan servicio público, que no compitan con las privadas en la mediocridad de los contenidos, que garanticen la independencia política, que puedan ser vistas por los ciudadanos sin avergonzarse. Televisiones como la BBC, de las que sentirse orgullosos.
Y las necesitamos por las mismas razones por las que necesitamos la educación y la sanidad públicas. Para no depender de empresas privadas que piensan en los beneficios, no en los ciudadanos. Para no estar en manos de empresarios que valoran más las ventas de sus diarios que la verdad. Las necesitamos para ser dueños de nuestra propia salud, de nuestra propia educación, de nuestra propia información. Incluso de nuestro propio entretenimiento.

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