lunes, 26 de octubre de 2009

La gestación humana y el aborto temprano: una perspectiva racional

Extraido de: http://www.sindioses.org/sociedad/aborto.html

El debate sobre el aborto es difícil por su carga emotiva. Quienes se oponen llaman homicidas a quienes lo practican. Por el contrario, quienes lo defienden postulan que el embrión no es una persona. Por eso, antes de decidir la naturaleza del embrión, hay que saber la realidad biológica sobre la reproducción. Sólo al comprenderla a fondo, se puede concluir sobre los argumentos propuestos. Este artículo pretende brindar precisión en algunos conceptos equívocos e informar de algunos detalles sorprendentes y poco conocidos.

El homicidio es causar la muerte de una persona y por tanto es fundamental comprender qué es una "persona". La exploración del campo semántico de esta palabra muestra características necesarias: individualidad, capacidad de pensar, experimentar sentimientos, tener autoconsciencia, etc. La naturaleza mental de estas cualidades determina una diferencia fundamental entre "ser humano" y "persona". El primero es cualquier miembro nuestra especie en cualquier etapa de desarrollo; por el contrario, una persona es más que un ser humano: es un ser humano con al menos un mínimo de actividad cerebral. Por ejemplo, un óvulo fecundado (zigoto) es un ser humano pero no es una persona; por el contrario, un feto con más de 4 meses ya puede presentar actividad cerebral que permitiría considerarlo una persona en estado incipiente. Esta peculiaridad de que las personas se caracterizan por su vida mental, es la que valida el concepto de "muerte cerebral" de la medicina moderna: un ser humano puede estar vivo sin que viva la persona que otrora fue.
La postura del dios Bíblico sobre el aborto asombraría al creyente común pero esto no obsta para que los opositores al aborto lo rechacen por creer en un "alma" infundida en el zigoto por Dios. Eso lo haría "una persona". Creen también que su dotación genética se determina al unirse óvulo y espermatozoide (gametos) y eso lo haría ya "individuo humano". Creen que al permitirle "el desarrollo natural", se llega invariablemente a un bebé y por ello consideran su interrupción como un acto equiparable moralmente a un homicidio; esto hace que se opongan a las píldoras que evitan la implantación del embrión en el útero. De hecho, muchos creyentes sólo aceptan métodos de control natal "abiertos a la vida" (método del ritmo) porque lo contrario iría contra la Voluntad Perfecta de Dios para engendrar hijos. El extremo es la postura Católica de que "es ya un hombre aquél que lo será", basada en una hipotética "persona en potencia" en el embrión.

Esta postura antiabortista desconoce hechos básicos de la reproducción humana, lo que los lleva a errores que se aclaran a continuación:
1). La dotación genética no se determina al momento de la unión de los gametos. La segunda división meiótica del óvulo ocurre sólo a partir del momento de dicha unión. Esa división recombina de manera aleatoria los genes aportados por la madre, de tal forma que ocurre una especie de "lotería genética" que dura hasta 24 horas a partir de la unión de los gametos. Como en dicho instante no hay identidad genética, no puede haber persona.
2). Ni siquiera cuando hay determinación genética, el destino natural del zigoto es formar un niño. Se estima que por fallos naturales en la implantación y abortos espontáneos, cerca del 60% de los zigotos se pierden sin que la mujer lo perciba. Si los zigotos fueran "personitas indefensas" estaríamos hablando de la mayor catástrofe de salud pública de toda la historia: la muerte continua y natural de cerca de dos terceras partes del relevo generacional en cada momento histórico, sin que ninguna confesión religiosa, ningún partido político, o ningún gremio médico emitiera su alerta, ni pidieran presupuesto nacional para investigar cómo reducir esta mortandad. El que incluso los médicos católicos antiabortistas se hagan los de la vista gorda ante este hecho, dejando morir "naturalmente" a todos esos embriones con tranquilidad, muestra algo evidente: en el fondo saben que el embrión no es una persona.
3). El que haya identidad genética no implica que haya una persona. Cuando hay división temprana, un solo zigoto puede dar origen a dos, tres, o más embriones viables: gemelos idénticos. De hecho, cuando se hace artificialmente en un laboratorio se llama "clonación". Si la división de un embrión (ser humano) produce dos o más humanos viables, entonces el embrión como ser humano es divisible, lo que viola la definición más fundamental de individuo (que no se puede dividir). Si el embrión humano por división puede producir varios seres humanos, entonces el embrión es divisible y por tanto no es una persona.

Para asimilar lo anterior, los creyentes se inventan la explicación de que Dios infunde almas a los embriones divididos para formar "personitas". Pero dejando a un lado el problema de cuál se queda el alma original y cuáles reciben almas nuevas, esto trae otro problema para el dogma de que la vida es un "don de Dios". Si un genetista decide crear incontables clones de un embrión, ¿Dios crearía almas a voluntad del genetista, una para cada clon? ¿Donde queda la soberanía de Dios sobre la vida humana si crea almas a voluntad del genetista? ¿O acaso Dios no les crea almas por considerar abominable esta práctica, y el experimentador estaría creando vida humana sin alma? Los dogmas religiosos suelen desmoronarse ante la investigación moderna. Este choque es aún más fuerte cuando se considera la clonación a partir de células somáticas de un adulto: ¿Creará Dios almas humanas para embriones creados "abominablemente" a partir de células de un riñón o del cabello? Es comprensible que las religiones impidan la investigación con células pluripotenciales: esta tiene demasiadas consecuencias peligrosas para sus dogmas.
Hay fenómenos naturales más aterradores aún para el creyente en almas. Un par de embriones con dotación genética diferente, pueden fusionarse en un solo embrión conocido como "quimera". Estos individuos, cuando logran sobrevivir, tienen dos códigos genéticos distintos al mismo tiempo, y a veces tienen los dos sexos a la vez (hermafroditismo). El golpe teológico de este hecho es aún más terrible. ¿Qué ocurre con el par de almas cuando un par de zigotos se funden para dar origen a una quimera? ¿Queda un embrión con dos almas? ¿Estas se funden? ¿Qué sentido teológico puede tener la creación de un alma para luego fusionarla con otra o volverla a eliminar incluso antes de salir del vientre materno? Todas estas preguntas preocupantes para los creyentes son tan absurdas racionalmente como las discusiones medievales sobre el sexo de los ángeles. Estos mitos son irrelevantes desde el punto de vista científico e intrascendentes para la ética humana.
Queda demostrado que un zigoto o un embrión no es ni real, ni potencialmente, una persona: su desarrollo depende de circunstancias externas. Puede no implantarse o ser abortado naturalmente en un 60% de casos; puede dividirse para dar origen a otros embriones; dos embriones pueden fusionarse para dar origen a quimeras humanas, etc. Todo esto demuestra que el embrión no es un individuo humano, y por ende no es una persona. Todo el edificio teológico de la infusión del "alma humana" en la concepción se cae aparatosamente ante los hechos científicos. Irónicamente, Santo Tomás de Aquino señalaba la infusión del espíritu a los 40 días de la concepción, mientras que San Agustín de Hipona era más razonable al localizarla muy adelante en la gestación, sólo cuando el feto estaba animado, lo que tiende a coincidir con el concepto científico de cuándo podría comenzar a considerársele persona.
¿Cuál debe ser una postura razonable, científica y ética respecto al aborto? Es simple. Toda la ciencia moderna ha establecido fuera de toda duda que la persona es el resultado del funcionamiento del cerebro. Cualquiera que, como este autor, haya tenido la tristeza de ver cómo seres amados se van diluyendo y desdibujando por un mal de Alzheimer, o quien haya visto el deterioro de la personalidad tras una lesión cerebral, llega a la misma conclusión de Héctor Abad Faciolince en su obra "El olvido que seremos": el "espíritu" no sólo no es inmortal, sino que es más mortal que el cuerpo. Sin cerebro, no hay persona.
Eliminar al embrión mientras no haya un sustrato neuronal suficiente para albergar personalidad, no puede ser considerado homicidio por ninguna persona racional y ética. Es irrelevante que el paso de humano a persona sea gradual: hay momentos antes de los cuales es imposible que exista personalidad (3 meses), y otros después de los cuales ya es evidente que hay un feto que comienza a experimentar la vida intelectiva porque percibe su entorno, siente y reacciona (unos 4 meses). El límite para permitir el aborto debe estar antes de que haya un sistema cerebral activo, sin que importen en absoluto las razones que muevan a la mujer a tomar esta decisión; así es la acertada legislación recientemente aprobada en México. Cualquier intento de aborto después de esta etapa debería estar prohibido, excepto en casos donde estuviera en riesgo la vida de la madre.
Para terminar, es indispensable analizar el argumento más falaz de los esgrimidos en el debate sobre el aborto: el que dice que como el embrión es una persona en potencia, entonces su aborto es homicidio. Dicha postura, el núcleo de la postura cristiana contra el aborto, es una mentira por punta y punta. La primera mentira es afirmar que el embrión en etapas tempranas es una persona; ya se probó que puede no ser ninguna (aborto natural espontáneo en el 60% de los casos), puede terminar siendo varias (gemelos idénticos y clones), o incluso puede llegar a ser "media persona" (cada uno de los embriones que se fusionan en una quimera). Esto implica que el embrion ni siquiera es una persona en potencia. Pero supongamos que el embrión fuera una persona en potencia. ¿Eso lo hace ya lo mismo que una persona? No. Un mendigo con instinto y talento gerencial (millonario en potencia) no es un millonario. Una semilla (árbol en potencia) no es un árbol. Una persona viva (cadáver en potencia) no es un cadáver. La ciencia, la lógica y la razón son inflexibles: un embrión (persona en potencia) no es una persona.

Dios y aborto: la verdadera postura bíblica

Extraido de: http://www.escepticoscolombia.org/detalleContenido.php?id=articulo_diosAbortoBiblia
Autor: Hernán Toro - Escépticos Colombia

“ Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación...” (Salmos 139, 13-16 NVI)
“Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones.” (Jeremías 1,5 NVI)

Introducción
El cristianismo moderno condena el aborto desde el momento de la concepción porque cree que el embrión es una persona. Esta postura ha sido refutada desde el punto de vista científico y bioético previamente1, pero esto no importa al creyente; sólo le importa la fe. Le convencen de que el embrión es una "persona" y por el quinto mandamiento, cree que su eliminación es homicidio. A pesar de todo, es insólita la ausencia de pasajes que condenen explícitamente el aborto en la biblia. Escasos textos nombran al embrión sin mencionar su eliminación -como los dos que abren este artículo- por lo que son usados desesperadamente en el lobby pro-vida, presentándolos como si avalaran la existencia de una persona en el embrión. Esta exégesis no es correcta. Bastaría leer Jeremías 1 bajo esa óptica para concluir que los seres humanos existen antes de formarse el zigoto. El absurdo evidente demuestra la falsedad de esa interpretación. Estos pasajes sólo pretenden señalar el control divino de la gestación desde el comienzo, no que el embrión sea persona. Rastrillar la Biblia buscando versículos directamente en contra del aborto, es labor condenada al fracaso.
Ante esta sequía textual antiabortista, los cristianos aceptan acríticamente lo que les dicen en el púlpito: "el embrión es un bebito indefenso". Con ese axioma recurren a la "justicia divina" para concluir que Yahvé aborrece el "homicidio" de niños inocentes, incluso los "nonatos". Esa argumentación se esgrime incluso en casos de violación: el "bebito" sería inocente del estupro cometido por su padre. Yahvé, "defensor del indefenso" castigaría al "asesino" de estos hipotéticos niños.
¿Es esto cierto? ¿La Biblia condena al aborto temprano? ¿Yahvé defiende a los niños y embriones inocentes? Para responder, se debe escudriñar la Biblia y examinar su concepto de persona, la actitud de Yahvé ante la vida humana, su relación con los niños y los gestantes, y los versículos sobre el aborto que el clero oculta al cristiano promedio.

No matarás
El cristiano que cree en la "personalidad" de un embrión condena al aborto porque considera absoluto moral al quinto mandamiento. Sin embargo, éste no es tan categórico como se cree. La Biblia contempla muchas excepciones. Así, la pena de muerte, generalmente por lapidación, la aplica a quienes cometen, entre otros, actos tan "pérfidos" como:
Trabajar en sábado (Éxodo 31,14-15).
Ser adivino (Éxodo 22,18).
Vivir en la "tierra prometida" antes que los Judíos (Deuteronomio 20,16).
Ser mujer que no sangra en la primera relación sexual (Deuteronomio 22,13ss).
Desobedecer a los papás (Deuteronomio 21,18ss).
Copular cuando la esposa está menstruando (Levítico 18, 19.29).
Comer morcilla (Levítico 17, 10).
La advertencia de Yahvé contra los incitadores a cambiar de religión es impactante:
“Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocisteis, de los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella; no consentirás con él, ni le prestarás oído; ni tu ojo le compadecerá, ni le tendrás misericordia, ni lo encubrirás, sino que lo matarás; tu mano se alzará primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo. Le apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; para que todo Israel oiga, y tema, y no vuelva a hacer en medio de ti cosa semejante a esta.” (Deuteronomio 13,6ss RVR1960)
Para Yahvé es tan crítico expresar dudas de fe, untarse el pene de endometrio, hacer una fogata en sábado, e incluso usar sangre de vaca en un embutido, que no tiene reparo en mandar a matar a los transgresores de estos importantes tópicos: a Yahvé le importa menos la vida humana que una morcilla. El "No matarás" del decálogo se refiere a los correligionarios y sólo si obedecen la Ley... por eso Yahvé manda masacres contra los habitantes originales de "la tierra prometida": como no son judíos, no son personas. Por eso permite asesinar hijos, hermanos, amigos, o cónyuges: porque incitan a violar su Ley. Ante tal relatividad del quinto mandamiento, se abre la cuestión de si el aborto está cobijado por él. Para responder, hay que ver si el resto de la Biblia considera "personas" a los embriones.

La Biblia y la persona humana
El concepto bíblico de "vida humana" es mucho más simple de lo que el cristiano promedio puede imaginar. El criterio para establecerla no tiene que ver con unión de óvulos y espermatozoides, ni con ADN, ni con ningún otro concepto científico moderno que los antiabortistas tratan de proyectar en sus escrituras sagradas. Por la ignorancia fisiológica de los Judíos, que jamás investigarían la enfermedad o la anatomía en cadáveres (por el tabú de la "impureza"), el criterio era muy simple e ingenuo. Para ellos, la vida era el "aliento" (en hebreo: ruach) que entra en el cuerpo para animarlo2. No se podía considerar "vivo" lo que no respirara, porque carecía de aliento vital, como muestra el mito de la creación:
“Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente.” (Génesis 2,7 NVI)
Aunque Yahvé hubiera formado al hombre de la tierra, no era ser viviente hasta que Yahvé le sopló hálito o aliento de vida . Sin respiración, no hay persona. Es el aliento o hálito o espíritu, lo que anima al ser vivo. Esto es una generalidad que según la Biblia, se cumple para todo ser humano:
“¿Quién de todos ellos no sabe que la mano del Señor ha hecho todo esto? En sus manos está la vida de todo ser vivo,y el hálito que anima a todo ser humano.” (Job 12,9-10 NVI)
Aunque Yahvé hubiera formado al hombre de la tierra, no era ser viviente hasta que le insuflara aliento. Sin respiración no hay persona: sólo una escultura de tierra. Esto es más claro en Ezequiel 37,1-10 (NVI):
“La mano del Señor vino sobre mí, y su Espíritu me llevó y me colocó en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Me hizo pasearme entre ellos, y pude observar que había muchísimos huesos en el valle, huesos que estaban completamente secos. Y me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?» Y yo le contesté: «Señor omnipotente, tú lo sabes.» Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos, y diles: ¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor! Así dice el Señor omnipotente a estos huesos: ‘Yo les daré aliento de vida, y ustedes volverán a vivir. Les pondré tendones, haré que les salga carne, y los cubriré de piel; les daré aliento de vida, y así revivirán. Entonces sabrán que yo soy el Señor.» Tal y como el Señor me lo había mandado, profeticé. Y mientras profetizaba, se escuchó un ruido que sacudió la tierra, y los huesos comenzaron a unirse entre sí. Yo me fijé, y vi que en ellos aparecían tendones, y les salía carne y se recubrían de piel, ¡pero no tenían vida! Entonces el Señor me dijo: «Profetiza, hijo de hombre; conjura al aliento de vida y dile: Esto ordena el Señor omnipotente: ‘Ven de los cuatro vientos, y dales vida a estos huesos muertos para que revivan. » Yo profeticé, tal como el Señor me lo había ordenado, y el aliento de vida entró en ellos; entonces los huesos revivieron y se pusieron de pie. ¡Era un ejército numeroso!”
Este texto es clave al evaluar la postura antiabortista cristiana basada en textos como Jeremías 1, donde se aluda a la formación de entrañas y huesos en un feto. Nótese que el pasaje de Ezequiel es mucho más explícito que el de Salmos 139: hay tendones, carne, piel, y aún así, no hay vida porque no hay aliento. Ningún texto bíblico considera persona viva al embrión (golem hebreo), independiente de su nivel de desarrollo. Sólo es ser vivo al respirar, tal como el ejército en Ezequiel vive sólo después que el aliento de los cuatro vientos entra en los cuerpos ya formados pero no vivos de los soldados. Así, las citas al inicio de este artículo son irrelevantes en el debate religioso sobre el aborto.
Este punto crucial, oculto por catequistas y predicadores, aclara otros relatos confusos sobre el valor de los fetos en gestación e incluso de los niños recién nacidos. Así, Levítico 27,1ss habla del precio a pagar al santuario para redimir personas, de acuerdo a la edad y el sexo. El rango de precios se presenta en la siguiente tabla:
Varón ( 1 mes - 5 años)
5 siclos de plata
Varón ( 5 años - 20 años)
20 siclos de plata
Varón (20 años - 60 años)
50 siclos de plata

Mujer ( 1 mes - 5 años)
3 siclos de plata
Mujer ( 5 años - 20 años)
10 siclos de plata
Mujer (20 años - 60 años)
30 siclos de plata
Resalta que no haya haya precio para redimir niños menores de un mes. La Ley de Dios ni siquiera los considera. En la misma línea, Números 3,14-16 narra un censo ordenado por el mismísimo Yahvé en persona. Como es bien sabido, el fin de un censo es contar el número de personas en una población. La orden de Yahvé sobre lo que se debe contar como "persona" aclara mucho sobre los niños recién nacidos:
“Cuenta los hijos de Leví según las casas de sus padres, por sus familias; contarás todos los varones de un mes arriba.” (Números 3,15 RVA).
Yahvé es muy coherente con su política de lo que considera "persona": los niños menores de un mes no se redimen pues ni siquiera valen un siclo para el santuario y de la misma forma, Yahvé ignora en su censo a los bebés menores de un mes. Su motivo para establecerlo así quedará claro en las secciones siguientes.
Un lector suspicaz podría pensar que este autor está citando sin contexto para tergiversar la actitud de Yahvé ante los niños indefensos. Como defensa, se insta al lector que verifique cada cita en su Biblia; esto, mas los textos a continuación, convencerán al lector serio.

Yahvé y los niños indefensos
Los opositores al aborto temprano, incluso en caso de violación, argumentan lógicamente (si los embriones fueran personas) que "el 'bebito' no es culpable de que su padre fuera violador; 'asesinarlo' sería darle pena de muerte al inocente para beneplácito del culpable". Aseguran que el "Dios de Justicia", rechazaría la muerte de "niños inocentes" por culpa de sus padres. ¿Pero es esto cierto? ¿Acaso Yahvé proteje de forma especial a los niños indefensos? No se necesita hurgar mucho para hallar la respuesta bíblica.
En Deuteronomio 28,49-58, Yahvé amenaza al pueblo de Israel si no cumple al dedillo sus estrafalarias leyes. En un mar de castigos que harían parecer a Adolfo Hitler como una niñita exploradora3, Yahvé promete enviar un asedio enemigo tan aterrador al pueblo, que la hambruna haría que las mujeres inocentes del pueblo del pecador se comieran a sus propios hijos y a sus placentas:
"Tal será la angustia que te hará sentir tu enemigo durante el asedio de todas tus ciudades, que aun la más tierna y sensible de tus mujeres, tan sensible y tierna que no se atrevería a rozar el suelo con la planta de los pies, no tendrá compasión de su propio esposo al que ama, ni de sus hijos ni de su hijas. No compartirá el hijo que acaba de parir, ni su placenta, sino que se los comerá en secreto, pues será lo único que le quede. ¡Tal será la angustia que te hará sentir tu enemigo durante el asedio de todas tus ciudades!" (Deuteronomio 28,55-57 NVI)
No es el único caso. Ezequiel 5,10 es otra versión concisa de esa amenaza. Quien dude que se efectuara puede leer 2Reyes 6,28-29, y Lamentaciones 2,1-22 y 4,4. En el primero, la amenaza se lleva a cabo de forma grotesca, según la queja una samaritana ante su rey: "Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo" (RVR1960). Y para el lector que dude de la bondad de las madres que esto hicieron, Lamentaciones 4,10 les aclarará que no eran malvadas sino "mujeres justas". Dejando a un lado la afición de Yahvé por el canibalismo de madres inocentes con sus propios hijitos inocentes, es ilustrativo considerar el sino de las víctimas pertinentes para este estudio:
"La lengua del niño de pecho se pegó a su paladar por la sed; Los pequeñuelos pidieron pan, y no hubo quien se lo repartiese." (Lamentaciones 4,4 RVR1960).
"Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, Derramando sus almas en el regazo de sus madres." (Lamentaciones 2,11-12 RVR1960).
"¡Levántate, da voces en la noche al comenzar las vigilias! Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza a él tus manos implorando la vida de tus niñitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. Mira, Jehová, y considera a quién has tratado así. ¿Habrán de comerse las mujeres el fruto de sus entrañas, a los niñitos que antes cuidaban tiernamente? ¿Habrán de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta? Niños y viejos yacen por tierra en las calles; mis vírgenes y mis jóvenes han caído a espada. Mataste en el día de tu furor. Degollaste y no perdonaste. " (Lamentaciones 2,19-21 RVR1995)
Nadie que lea esto puede seguir argumentando que a Yahvé le importan los niños indefensos. A esa deidad le tiene sin cuidado el hambre, la sed, el dolor, e incluso el asesinato infantil ya que lo usa como medio de castigo. Los niños de pecho inocentes de personas inocentes que viven en el pueblo de un idólatra terminan muriendo de inanición y de sed; sus padres inocentes terminan obligados a comerse a sus propios hijos... todo para castigar comunitariamente el pecado de algún morador de la ciudad. Yahvé mata de inanición a bebés sólo para vengarse de sus padres, no obstante la inocencia de los infantes. Es la cosificación de los niños: usarlos como medios, utilizarlos para desquitarse los pecadores. Bastaba vivir en el mismo pueblo del pecador para sufrir el castigo caníbal de Yahvé; bastaba ser niño de pecho en ese pueblo para morir de hambre y sed. Ese es el alto valor que Yahvé da a la vida de los niños inocentes.
A pesar de lo abominable de la naturaleza infanticida de Yahvé, su repertorio de técnicas de vendetta no acaba ahí:
"Hija de Babilonia la desolada, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste. Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña." (Salmos 137,8-9 RVR1960).
"Sus niños serán estrellados delante de ellos; sus casas serán saqueadas, y violadas sus mujeres. He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata, ni codiciarán oro. Con arco tirarán a los niños, y no tendrán misericordia del fruto del vientre, ni su ojo perdonará a los hijos." (Isaías 13,16-18 RVR1960).
Fueron sólo dos ejemplos más de la manía infanticida de Yahvé hacia niños inocentes para vengarse de adultos pecadores. En el primero, el salmista "inspirado" declara "bienaventurado" a quien estrelle niños babilonios contra las rocas. En el segundo, Yahvé hace atravesar con flechas a los niños que hayan sido concebidos por ciudadanos de un pueblo idólatra.
Pero para darle algo de "crédito" a esta deidad, hubo un caso en el que Yahvé tuvo motivos "de peso" para asesinar niños. En 2 Reyes 2,23ss, unos muchachos tienen la ocurrencia de mofarse de la calvicie de Eliseo. Este santo profeta los maldijo e inmediatamente salieron dos osos que despedazaron a 42 de los muchachos. Para Dios, la pena a pagar por niños "malvados" que se burlan de un calvo es morir despedazados por osos.
Se ha demostrado bíblicamente que a Yahvé lo tiene sin cuidado matar niños de pecho por inanición, estrellándolos contra rocas, o atravesándolos con flechas para vengarse de un pueblo idólatra. Esta deidad no tiene inconveniente en hacer que los padres inocentes de un pueblo idólatra terminen comiéndose a sus propios hijitos inocentes. En la misma línea, considera que el castigo adecuado para niños burleteros es hacer que dos osos destrocen a 42 de ellos. Esto demuestra que la postura de Dios hacia los niños inocentes no es la que dicen los cristianos. Yahvé es un infanticida en masa. Condenar el aborto con la pretensión de que Yahvé defiende a los niñitos indefensos es exhibir una ignorancia bíblica absoluta.
Aunque sólo se han mostrado textos que documentan la afición de Yahvé por el infanticidio, el aborto sigue esquivo... ¿hay textos bíblicos que apunten directamente al aborto? ¿será que, para beneplácito de los antiabortistas, la actitud de Yahvé cambia ante los embriones y fetos? Esto se responde en la siguiente sección.

Yahvé y el aborto
El aforismo de "los árboles no dejan ver el bosque", tiene una aplicación directa en el tema del aborto en la Biblia. textos bíblicos tan conocidos que siempre han estado prácticamente bajo nuestras narices, señalan una actitud divina proclive al aborto. Por ejemplo, en el mito del Diluvio Universal, Yahvé vió que la maldad del hombre "era mucha" y para eliminarla, decidió anegar a toda la creación. Dejando de lado el hecho de que esto no sirvió para nada 4... ¿Acaso entre los seres humanos ahogados no había ningún niño de pecho? ¿no había ninguna mujer embarazada? Ese mito representaría la mayor eliminación masiva de embriones de la "historia" humana. Todos los embriones "inocentes" habrían sido exterminados por el dios tribal Yahvé sin el menor recato y sin importarle que los culpables fueran los progenitores: todos habrían sido abortados al ahogar a sus madres cuando inundó la tierra durante 40 días y 40 noches.
A pesar de todo, un cristiano irracional podría argumentar que ahí no se menciona explícitamente al aborto. Para satisfacer a este tipo de lector, se trae a colación el siguiente castigo para idólatras:
"Dales, oh Jehová, lo que les has de dar; dales matriz que aborte, y pechos enjutos. Toda la maldad de ellos fue en Gilgal; allí, pues, les tomé aversión; por la perversidad de sus obras los echaré de mi casa; no los amaré más; todos sus príncipes son desleales. Efraín fue herido, su raíz está seca, no dará más fruto; aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre." (Oseas 9,14-16 RVR1960).
Es claro el castigo de Yahvé en la simiente de Efraín: "vientres que aborten"; Poco importa que ninguno de los embriones abortados se hubiera postrado ante Baal como sus padres idólatras: aunque los padres engendren, aniquilará lo "deseable de su vientre": el embrión o el feto. Otras traducciones modernas tratan de maquillar este pasaje para quitar el tinte abortista pero el contexto es patente y dadas las inclinaciones infanticidas de Yahvé ya reseñadas, todo queda claro. Yahvé considera bueno castigar un pueblo idólatra haciendo abortar a sus mujeres. Este no es el único versículo que señala el aborto como castigo para los padres sin importar la inocencia del embrión. Considérese por ejemplo:
"El pueblo de Samaria cargará con su culpa por haberse rebelado contra su Dios. Caerán a filo de espada; ¡a los niños los lanzarán contra el suelo, y a las embarazadas les abrirán el vientre!." (Oseas 13,16 NVI).
En contadas ocasiones la Biblia es tan explícita al mostrar la afición de Yahvé por el aborto punitivo. Otra vez este dechado de bondad estrella de niños inocentes y raja en canal los vientres de mujeres embarazadas como castigo para la idolatría. Todo esto ¡en un solo versículo!
Las sorpresas para el cristiano desinformado no cesan. Hay dos versículos de la Ley que muestran sin lugar a duda que para la Biblia, un feto no es una persona; incluso hay una Ley Bíblica que prescribe abortos rituales en forma de una ordalía. Estos casos cruciales se examinan a continuación.

El feto como cosa
Éxodo muestra una Ley clara respecto al valor bíblico del feto:
"Si en una riña los contendientes golpean a una mujer encinta, y la hacen abortar pero sin poner en peligro su vida, se les impondrá la multa que el marido de la mujer exija y que en justicia le corresponda. Si se pone en peligro la vida de la mujer, ésta será la indemnización: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, golpe por golpe, herida por herida." (Éxodo 21,22-23)
No hay que leer esto varias veces para entender su magnitud. Es muy claro: si una mujer aborta accidentalmente en un altercado, entonces los causantes del aborto pagan con dinero, como se paga cualquier cosa. Si la mujer muere, deben pagar vida por vida: deben morir. Este versículo es categórico y zanja cualquier discusión sobre si el feto es una persona bíblicamente. La vida de la mujer se paga con la vida de los agresores pero el aborto del feto se paga con dinero. Para la Biblia, el feto ni siquiera es un ser vivo. A pesar de algunos intentos fundamentalistas de tratar de pulir la traducción infructuosamente, el veredicto global es unánime. Para la Biblia, un feto no es una persona y abortarlo no es homicidio.

El aborto ritual en la Ley de Dios
Tal vez lo más asombroso sobre el aborto en la Biblia sea que Yahvé mismo dictó leyes que ordenan ejecutar abortos rituales. En Números 5,11ss están las prescripciones en caso de celos matrimoniales. Cuando el hombre dudaba de la paternidad de lo que se gestaba en el vientre de su mujer, el sacerdote llevaba a cabo una ordalía que obligaba a la embarazada a ingerir cadaverina light (mortecina). Aunque literalmente el texto es obscuro por eufemismos semitas típicos, el sentido es evidente:
"El sacerdote llevará a la mujer ante el Señor, pondrá agua pura en un recipiente de barro, y le echará un poco de tierra del suelo del santuario. Luego llevará a la mujer ante el Señor, le soltará el cabello y pondrá en sus manos la ofrenda memorial por los celos, mientras él sostiene la vasija con las aguas amargas de la maldición. Entonces el sacerdote pondrá a la mujer bajo juramento, y le dirá: Si estando bajo la potestad de tu esposo no te has acostado con otro hombre, ni te has desviado hacia la impureza, estas aguas amargas de la maldición no te dañarán. Pero si estando bajo la potestad de tu esposo te has desviado, mancillándote y acostándote con otro hombre aquí el sacerdote pondrá a la mujer bajo el juramento del voto de maldición, que el Señor haga recaer sobre ti la maldición y el juramento en medio de tu pueblo, que te haga estéril, y que el vientre se te hinche. Cuando estas aguas de la maldición entren en tu cuerpo, que te hinchen el vientre y te hagan estéril. Y la mujer responderá: ¡Amén! ¡Que así sea! El sacerdote escribirá estas maldiciones en un documento, que lavará con las aguas amargas. Después hará que la mujer se beba las aguas amargas de la maldición, que entrarán en ella para causarle amargura. El sacerdote recibirá de ella la ofrenda por los celos. Procederá a mecer ante el Señor la ofrenda de cereal, la cual presentará sobre el altar; tomará de la ofrenda un puñado de cereal como memorial, y lo quemará en el altar. Después hará que la mujer se beba las aguas. Cuando ella se haya bebido las aguas de la maldición, y éstas entren en ella para causarle amargura, si le fue infiel a su esposo y se mancilló, se le hinchará el vientre y quedará estéril. Así esa mujer caerá bajo maldición en medio de su pueblo. Pero si no se mancilló, sino que se mantuvo pura, entonces no sufrirá daño alguno y será fértil." (Números 5,11-28 NVI)
Para entender este texto a cabalidad hay que señalar varios puntos. En primer lugar, el lector debe entender lo que implicaba ingerir tierra del santuario: Levítico 4 documenta la costumbre de asperjar la sangre de los sacrificios; lo que la mujer ingería en su ordalía era tierra que mezclada con sangre de animales sacrificados: una forma de cadaverina o mortecina. Hacerle beber agua con cadaverina a una mujer embarazada probablemente no sea una forma muy adecuada de definir si ha sido infiel, pero con toda seguridad podría causar una infección fulminante.
En segundo lugar, el lector debe entender lo que implica que una mujer en embarazo se vuelva estéril. Es evidente: si una mujer embarazada queda estéril necesariamente implica la pérdida del feto, pues de lo contrario habría sido fértil. Este texto es oscuro en el original hebreo porque se utiliza un eufemismo semita que lo presenta literalmente la versión Reina Valera Antigua:
"Darále pues á beber las aguas; y será, que si fuere inmunda y hubiere hecho traición contra su marido, las aguas que obran maldición entrarán en ella en amargura, y su vientre se hinchará, y caerá su muslo; y la mujer será por maldición en medio de su pueblo. Mas si la mujer no fuere inmunda, sino que estuviere limpia, ella será libre, y será fecunda."(Números 5,27-28 RVA)
El eufemismo mencionado es "caerá su muslo". Sólo traducciones muy ecuánimes y fieles al sentido real del texto pueden darse el lujo de brindarnos el significado real. Así, la Biblia "Dios Habla Hoy" traduce:
"Después que el sacerdote haya hecho beber a la mujer el agua amarga, si ella ha sido infiel a su marido, esta agua que trae maldición provocará amargura dentro de ella, y hará que el vientre se le hinche y que la criatura se malogre, y la mujer se convertirá en ejemplo de maldición entre su pueblo. Pero si la mujer es inocente, no le pasará nada y podrá tener hijos."(Números 5,27-28 DHH)
La expresión "caerá su muslo" se comprende cuando se piensa en la costumbre semita de expresar algunas ideas "bruscas" por medio de eufemismos: en la biblia es frecuente el uso de "conocer" para referirse a "copular"; el uso de "mano" para referirse a los genitales masculinos, etc. En este caso un feto envuelto en la placenta se compara a un "muslo", y la "caída del muslo" queda patente: el aborto del feto es condición necesaria para la infertilidad de la supuesta adúltera.
Por supuesto, después de señalar cómo Dios castiga los padres (incluso a los inocentes) estrellando sus hijitos contra el suelo, haciéndolos morir de hambre, haciéndolos atravesar con flechas, y haciendo abortar mujeres a espada, esta nueva modalidad ritual de aborto, haciendo comer cadaverina, es menos impactante que las señaladas antes. No obstante, la conclusión irrefutable: Yahvé ordena el aborto de un feto producto de adulterio, sin importar que el feto no tenga la culpa de que su madre haya sido adúltera. Al compararse con la defensa cristiana de un embarazo por violación o irresponsabilidad, se ve que sus bases bíblicas son inexistentes. Los cristianos que se oponen al aborto aduciendo que la Biblia lo prohibe, no tienen idea en absoluto de lo que están hablando.

El verdadero Yahvé
Hasta este punto, la mayoría de los fundamentalistas cristianos y activistas "pro vida" estarán casi en shock por lo que han descubierto y que siempre les había sido ocultado por sus clérigos: éstos alegan bases bíblicas para hacer creer que Yahvé es bueno, justo, defensor de niños inocentes, protector de la "persona" desde su concepción, y vengador del infanticidio y el aborto, cuando su realidad es diametralmente opuesta:
Sólo considera niño vivo a lo que respira, y sólo si tiene más de un mes de edad.
Ahoga todos los niños de pecho y los fetos en gestación del planeta porque sus padres son malos.
Despedaza con dos osos a 42 niños sólo porque se burlan de un calvo.
Mata de hambre y sed a niños de pecho.
Manda a estrellar contra las rocas y atravesar con flechas a los hijitos inocentes de un pueblo idólatra.
Manda a abrir a espada, como reses, a las mujeres embarazadas de un pueblo idólatra.
Manda vientres que aborten como castigo a la idolatría.
Considera que un aborto se compensa con dinero.
Manda a abortar ritualmente a los fetos productos de adulterio.
Es un infanticida contumaz.
Es un abortista furibundo.
Este retrato bíblico del dios de los cristianos, permite entender a cabalidad el por qué para él los niños menores de un mes no cuentan para un censo, ni hay que redimirlos económicamente en el templo: no son más que "carne de cañón" para ejecutar sus venganzas contra cualquier pueblo que tenga la desdicha de tener un idólatra entre sus filas. A Yahvé no le importan los niños indefensos ni los embriones; para él, son sólo medios adecuados para expresar su ira insaciable. Yahvé no castiga a los culpables del aborto de inocentes sino que aborta inocentes para castigar culpables. De existir, habría sido el psicópata sádico más aterrador de la historia: un demonio espantable. Es imposible condenar el aborto basándose en Yahvé.

El aborto como opción bíblica
Tras estos hechos, ningún cristiano honesto puede clamar base bíblica para oponerse al aborto. No obstante, todas estas instancias de suspensión bíblica del embarazo aparecen rodeadas de una connotación negativa de castigo y venganza de la divinidad Yahvé. ¿Hay casos contrarios? ¿Es posible considerar al aborto como una opción ética o justa, usando textos bíblicos? Aunque pocos, en la biblia hay versículos que directa o indirectamente defienden el aborto como medio ético para evitar penurias. Todos vienen de libros sapienciales. Por ejemplo, ante los aterradores sufrimientos de Job, impuestos por Satán, el "santo" anhela no haber nacido:
"Que maldigan ese día los que profieren maldiciones, los expertos en provocar a Leviatán. Que se oscurezcan sus estrellas matutinas; que en vano esperen la luz del día, y que no vean los primeros rayos de la aurora. Pues no cerró el vientre de mi madre ni evitó que mis ojos vieran tanta miseria. ¿Por qué no perecí al momento de nacer? ¿Por qué no morí cuando salí del vientre? ¿Por qué hubo rodillas que me recibieran, y pechos que me amamantaran? Ahora estaría yo descansando en paz; estaría durmiendo tranquilo entre reyes y consejeros de este mundo, que se construyeron monumentos hoy en ruinas; entre gobernantes que poseyeron mucho oro y que llenaron de plata sus mansiones. ¿Por qué no me enterraron como a un abortivo, como a esos niños que jamás vieron la luz? ¡Allí cesa el afán de los malvados! ¡Allí descansan las víctimas de la opresión!"(Job 3,8-17 NVI)
""¿Por qué me hiciste salir del vientre? ¡Quisiera haber muerto, sin que nadie me viera! ¡Preferiría no haber existido, y haber pasado del vientre a la tumba! ¿Acaso mis contados días no llegan ya a su fin?"(Job 10,18-20 NVI)
Aquí, el buen Job considera la muerte en el vientre y el aborto como una opción más benévola que nacer para vivir las penurias atroces de la vida. El término "abortivo" es claro... Estos pasajes estarían incluso validando a los promotores del aborto "misericordioso" en caso que el futuro niño fuera a tener una vida de vejámenes y privaciones, ya sea por problemas físicos o económicos... y no es el único relato en este sentido. Por ejemplo, hay dos en Eclesiastés bastante explícitos:
"Luego me fijé en tanta opresión que hay en esta vida. Vi llorar a los oprimidos, y no había quien los consolara; el poder estaba del lado de sus opresores, y no había quien los consolara. Y consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven, aunque en mejor situación están los que aún no han nacido, los que no han visto aún la maldad que se comete en esta vida."(Eclesiastés 4,1-3 NVI)
"Si un hombre tiene cien hijos y vive muchos años, no importa cuánto viva, si no se ha saciado de las cosas buenas ni llega a recibir sepultura, yo digo que un abortivo vale más que él. Porque el abortivo vino de la nada, y a las tinieblas va, y en las tinieblas permanecerá anónimo. Nunca llegará a ver el sol, ni sabrá nada; sin embargo, habrá tenido más tranquilidad que el que pudo haber vivido dos mil años sin disfrutar jamás de lo bueno. ¿Y acaso no van todos a un mismo lugar?."(Eclesiastés 6,3-6 NVI)
Estos dos textos sapienciales apuntan en la misma dirección de Job. Es mejor no nacer que vivir con sufrimientos pues a fin de cuentas, ambos terminan en el mismo estado. Estos versículos, aunados a todo lo que se ha dicho hasta el momento, dan una sólida base bíblica al éticamente repudiable "aborto por misericordia". Si los embriones fueran personas, el aborto "misericordioso" sería injustificable desde el punto de vista ético racional porque también validaría el ir asesinando personas con problemas sin pedirles su consentimiento, sólo para "evitarles la pena". Es una ética de "escuadrón paramilitar de limpieza". Una verdadera ética del aborto no puede basarse en estos primitivos relatos judíos. Requieren un examen profundo de la ciencia y la axiología actual5.

Conclusión
La condena cristiana del aborto no tiene ninguna base bíblica pues Yahvé no defiende a los niños inocentes; no considera personas a los embriones, fetos en gestación, y niños menores de un mes; no sólo no castiga a los culpables del aborto de inocentes, sino que aborta inocentes para castigar culpables (y también sus vecinos inocentes)... en resumen, Yahvé es un dios tribal espantable que no puede servir de base ética a ninguna sociedad moderna.
Es tiempo ya de llamar a las cosas por su nombre... el dios mayoritario de la civilización occidental es demoníaco. Su ética es peor que la de los peores genocidas del siglo XX: ya es hora de relegar la Biblia a las clases de literatura y expulsarla del campo de la ética y la moral. Si se ha de debatir racionalmente el aborto temprano, se debe ignorar toda alusión bíblica (que en realidad lo respalda) y examinar únicamente los aspectos científicos, objetivos, éticos y racionales del tema, desde una visión pluralista, democrática y secular.
También es el momento justo de ventilar los verdaderos valores inhumanos e injustos de la Biblia, que durante tanto tiempo han sido ocultados de la vista del creyente por pastores y clérigos hipócritas que sólo leen de la "Sagrada Escritura" lo que les conviene. La sociedad occidental debe conocer el verdadero punto de vista bíblico para que dejen de lado las justificaciones míticas y mágicas en el debate social sobre el aborto. Si se fuera a tomar como base moral la aborrecible deidad de la Biblia, el aborto no sólo no estaría prohibido como asesinato, sino que sería un método adecuado de castigo, sería válido el infanticidio de niños menores de un mes, y estaría justificado asesinar niños inoncentes para castigar culpables.
Aunque algunos pasajes bíblicos justifican el aborto por "misericordia", la realidad es que esta justificación no tiene ninguna base ética: si los embriones fueran personas, matarlos para evitarles el sufrimiento sin que pudieran dar su consentimiento, sería equivalente a matar indigentes para evitarles su indigencia sin pedirles antes su aprobación. La decisión de abortar no debe basarse ni en misericordia para con el feto, ni en conceptos precientíficos como "espíritus" o "almas". Debe ser una decisión racional ética y objetiva, basada en lo mejor de nuestro conocimiento científico: si en el momento en que se plantea el aborto, el feto desarrollado actividad neuronal superior (unos 4 o 5 meses), entonces ya hay una persona incipiente, y matarla se podría condenar como homicidio excepto si la vida de la madre corriera riesgo. Si el embrión aún no ha alcanzado la madurez necesaria para tener actividad mental discerniblemente humana (antes de 3 meses), entonces no es una persona y no debería haber el menor impedimento jurídico para que la madre decidiera abortarlo, independientemente de las circunstancias. Las creencias religiosas en almas y espíritus alucinantes no deben tener cabida en la legislación de una democracia secular que se respete.
En todo caso, este criterio bioético y científico para permitir el aborto temprano es infinitamente más ético que la moral de infanticida y de genocida sanguinario que ostenta Yahvé.

Notas:
[1]. Véase “El aborto como homicidio: una reflexión crítica” , publicado en este mismo website, en:http://www.escepticoscolombia.org/detalleContenido.php?id=articulo_abortoHomicidio
[2]. Filológicamente, este criterio primitivo de vida inunda los lenguajes pertinentes. El aliento o ruach hebreo es equivalente al aire o pneuma griego (de ahí la palabra neumática o neumonía) y al spiritu latino ("spirare" es respirar).
[3]. Este ejemplo de "bondad" divina ya fue analizado a fondo en otro artículo publicado en este mismo website, en:http://www.escepticoscolombia.org/detalleContenido.php?id=articulo_bondadYahve
[4]. Quien lo dude, recuerde por favor a Hiroshima, Nagasaki, la Alemania Nazi, Ruanda, Bosnia, las Cruzadas, etc. Parece ser que la inundación mítica del planeta fue una movida ridícula, si la finalidad era acabar con el mal del mundo.
[5]. Véase la nota 1.

jueves, 22 de octubre de 2009

No creo en Ganesha, tampoco en Jesús. Las razones de mi ateísmo

Extraido de: http://www.sindioses.org/simpleateismo/nocreoenjesus.html

Para muchas personas resulta sorprendente saber que uno es ateo. Frente a la noticia muchos creyentes cuestionan al incrédulo queriendo saber por qué se niega a dios, mientras creen saber que su dios existe.
Lo primero que hay que aclarar es que el ateo no es un "negacionista caprichoso". Muchas personas califican a los ateos como aquellos "que no creen en nada". Tercos, dirán los teístas, que se enfadaron con dios o la religión por cualquier razón. Tales imaginarios sobre los ateos son demasiado simples y esconden la verdadera razón del porque los ateos, o mejor los ateístas, no creemos en deidades.
No creo en Ganesha, tampoco en Jesús. Ganesha es una deidad hindú que ha sido durante siglos adorada por millones de personas en Asia. Ganesha, ese dios al que los hindúes se encomiendan antes de empezar cualquier empresa, ha recibido adoración por más siglos que el carpintero de Galilea, y sus seguidores en la actualidad se cuentan por millones.
La primera razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es porque la religión es una cuestión subjetiva de aceptación cultural.
No creo en Ganesha porque no nací en la India ni en una familia hindú. La gente usualmente pasa por alto que la religión "verdadera" que actualmente sigue es producto del contexto social en el que el individuo crece. Si hubiese crecido en la India con seguridad el culto al dios con cabeza de elefante y cuatro brazos me resultaría tan común como las procesiones que veo cada julio a la Virgen del Carmen o a las imágenes del niño Jesús en muchos hogares de Colombia.
Algunos podrán decir que nacieron católicos pero ahora están en la religión "verdadera", sea esta la evangélica, la adventista o la menonita. En realidad los cambios mentales de una variable de cristianismo a otra son pocos, pues se sigue creyendo en Jesús como dios. Cosa diferente, y muy poco vista, es que los creyentes de la Virgen María y de Jesús cambiaran su adoración por Ganesha y Vishnú. El contexto cultural de una Latinoamérica católica es compatible con el adventismo o el pentecostalismo, por eso estas religiones crecen más aquí que en la India o en Egipto. Pero haber nacido en una cultura determinada no hace que ese dios, que en nuestra cultura se cree por cierto, sea más verdadero que otro. Tampoco la cantidad de tiempo que lleva adorándose un dios lo hace más real. De ser así los dioses hindúes serian más reales que Jesús de Nazaret.
Imaginemos que un domingo ponemos una imagen de Ganesha en un parque público y empezáramos a rendirle culto. Llevándole frutas, incienso, velas, incienso, etc., a la usanza hindú. Con seguridad muchas personas se detendrían curiosas a mirar el rito, aunque cuadras atrás hayan pasado por un templo católico y hayan elevado oraciones y puesto ofrendas a la imagen del nazareno o a la de la virgen. ¿Qué tienen de diferentes ambos rituales en el fondo? La única diferencia es la aceptación cultural. Al entender la religión como fenómeno sociocultural puede decirse que no hay una "religión verdadera" sino un contexto donde tus creencias religiosas se toman como verdaderas.
La segunda razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es que no hay evidencias. Los cristianos e hinduistas podrán pedirme que muestre evidencias que sus respectivas deidades no existen. Pero debo decirles que son ellos, los creyentes, los que están en la obligación de presentar pruebas incontrovertibles, de la existencia de sus dioses. Si alguien dice que hay unicornios, es esta persona la que debe presentar las pruebas de sus afirmaciones. Cuando presente las evidencias de los unicornios creeré en ellos, mientras tanto me mantendré incrédulo. Esto no es arrogancia, ni terquedad. Lo mismo es aplicable para Ganesha y Jesús.

Ahora que si alguien desea crear una nueva religión basada en un unicornio omnisapiente y misericordioso es libre de hacerlo. Pero no por ello debo tomarlo en serio. Luego, si esta doctrina, llamémosla unicornianismo, se hace popular y trascendiera por siglos, sigue siendo tan poco sólida como cuando fue fundada. Vale lo mismo para el cristianismo, el hinduismo, el islam y la cienciología.
Podríamos pensar que los creyentes en Ganesha o Jesús tienen buenas razones para creer en sus deidades, pero no hay tales. Ninguno de los seguidores de Ganesha, Jesús o Jehová ha visto a sus deidades. Aún así, curiosamente, hay un grupo cristiano que se autodenominan Testigos de Jehová. ¿Con solo creer como cierta la Biblia, hace a los "Testigos de Jehová" testigos de la existencia del dios del Antiguo Testamento? En este caso los que tomaran como cierto el Majá Ganesha se harían testigos de la existencia de Ganesha o los que creyesen como cierto La Odisea serian Testigos de la existencia de Atenea. ¿Notan la subjetividad de las religiones?
La católica sor Teresa de Jesús o la adventista Elena G. de White afirmaron haber visto a Jesús en visiones. Con seguridad las tuvieron, pero a la luz de la neurología actual es fácil explicar sus visiones como epilepsia de lóbulo temporal. Otros creyentes han logrado ver a sus deidades bajo el uso ritual de la ayahuasca, el peyote o el hongo Amanita muscaria, pero todas estas experiencias también se pueden explicar desde la neurología.
Aquellos creyentes que no han visto sus deidades por una epilepsia de lóbulo temporal u otro mal neurológico, o el efecto de sustancias químicas sobre las neuronas se quedan con tan solo la fe, la tradición, su adoctrinamiento y sus sensaciones interiores como razones para creer. Pero no son buenas razones.
El ateo no acepta las sensaciones interiores de los seguidores de Jesús o de Ganesha, ya que los creyentes de todos los credos las han tenido. Con seguridad los adoradores de Amón-Ra y de Horus en el antiguo Egipto tenían la sensación interior de la existencia de sus dioses y que sus plegarias eran escuchadas.

La tercera razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es porque las historias que se tejen a su alrededor son demasiado míticas, primitivas, triviales y, voy a decirlo, tontas.
Según los hinduistas, Ganesha (también llamado Vinayaka) primogénito del dios Shiva y de la diosa Parvati, recibió su cabeza de elefante de una forma curiosa. Estando el dios Shiva en una guerra, Parvati le fue infiel a su divino esposo con un guardia, quedando encinta de Ganesha. Shiva, al regresar de la guerra se enfadó por la infidelidad y decapitó al joven Ganesha. A consecuencia de este acto, Parvati quedó sumamente entristecida, lo que afectó a su esposo. Shiva, ya un poco más sensato -pues que culpa ha de tener la criatura de las andadas de su madre- decidió darle la cabeza del primer ser que pasara, y sucede que el primer ser en pasar delante de la puerta fue un elefante.
Esta es una pintoresca historia, para ser contada a los niños en la escuela, motivar su redacción y para que hagan dibujos. Muy pocos de nosotros tomaríamos esta historia como un hecho histórico. Pero no es así para los hinduistas. Ellos, desde pequeños -volvemos al entorno cultural- fueron adoctrinados que este relato fue real. Algo similar pasa aquí cuando a los pequeños, en cada novena o culto en la iglesia, les cuentan el relato del nacimiento virginal de Jesús, y en semana santa que Jesús murió por nuestros pecados, como si fueran hechos verdaderos.
Una mente escéptica preguntaría ¿Cómo podría empalmarse la anatomía de la cabeza de un elefante con una anatomía humana, músculo por músculo, nervio por nervio, vena por vena? ¿Y si lo que se le trasplantó fue la cabeza, cómo es que Ganesha no perdió la memoria o sus recuerdos al tener otro cerebro? ¿O más bien no sería que el elefante recibió un nuevo cuerpo, en lugar de Ganesha una cabeza, ya que la mente es resultado de la función del cerebro? Pero de seguro un sacerdote hindú daría una respuesta que elimina todo cuestionamiento: Shiva es todopoderoso el sabe como hacerlo, o son cosas de los dioses. ¿Le resultan familiares estas respuestas? Pues si, cuando los ateos cuestionamos los relatos bíblicos y presentamos objeciones racionales, que los autores de la Biblia nunca enfrentaron porque vivieron en una época sin ciencia, los cristianos responden: Dios es todopoderoso, o son cosas de mi Dios.
En el caso de Jesús, no pude decirse que es tan inexistente como Ganesha o los unicornios. Jesús con su mensaje de revocar la ley del talión, esa del "ojo por ojo, diente por diente", se convirtió en un humanista, un pacifista que en medio de los sofocantes tiempos del imperio romano, le hace merecedor de una mención importante. Pero de ahí a decir que multiplicó los panes, que caminó sobre las aguas, que resucitó, que ascendió a los cielos y que murió por mis pecados, hay un trecho inmenso. Es igual de monumental a creerse como cierta la cirugía que unió la cabeza de un elefante al cuerpo de Ganesha.
Para el caso de la historia de la vida de Jesús tengo que decir que esta fue escrita muchos años después de su muerte por personas que no fueron testigos oculares, y que de los varios evangelios disponibles la Iglesia Católica decidió arbitrariamente, ya pasados varias décadas, que evangelios creer como ciertos y cuales no. Esto me permiten calificar los evangelios como poco confiables.
Los cristianos no solo le adjudican a Jesús innumerables milagros que no están documentados por fuente histórica alguna, sino que lo hacen dios, o parte de un dios trino, que extrañamente no son tres dioses sino uno solo. Además ponen a Jesús como creador del universo, y como receptor de las plegarias de miles personas, modificando extraordinariamente la vida de este personaje. Tremendo salto sin una pizca de evidencia.
La historia de la hazaña redentora de Jesús es tan absurda como la de la forma como Ganesha obtuvo su cabeza de elefante. Dicen los cristianos que Jesús tuvo que morir para que fuéramos salvos. ¿Pero, quien determinó que la redención debería ser de esta forma? Bueno, el propio dios trino del que Jesús hace parte. Esto para limpiar el pecado cometido por Adán y Eva. Pero ocurre que Adán y Eva no existieron. Son personajes de otro mito, de un mito creacionista, al mismo nivel que la historia chibcha de Bachué y su hijo. ¿Ósea qué Jesús decidió venir a la Tierra a sabiendas que seria torturado y muerto por un pecado cometido por personajes de un mito?, ¿No bastaría simplemente en que cada pecador se arrepintiera y enmendara su error? Añadamos a lo anterior que el pecado original fue provocado por una serpiente parlante. Serpientes que hablan, un dios con cabeza de elefante. ¿Qué sensatez hay en todo esto?
La cuarta razón por la que no creo en Ganesha, Jesús y otras deidades es porque estos dioses fueron creados para llenar el vacio explicativo en tiempos primitivos. Todos los pueblos han creado historias fantásticas para explicarse el origen del mundo y de la humanidad. Estos mitos ya no son necesarios porque tenemos una herramienta mucho más precisa para conocer el mundo: la ciencia.
Gracias a la ciencia podemos saber que somos producto de un proceso evolutivo. No provenimos de la diosa Bachué que surgió de las aguas de la laguna de Iguaque con un niño en sus brazos, ni del maíz a causa de los dioses mayas, ni fuimos hechos del barro por Jehová, como narra el mito hebreo. La reticencia a la evolución biológica, por parte de muchos cristianos es fruto del adoctrinamiento religioso. "No la aceptamos porque contradice la Biblia", dicen. También por una mala comprensión de la ciencia -"la evolución dice que todo surgió de la nada", o "es afirmar que un mono bajo de los árboles y se hizo humano", o por una combinación de ambos, analfabetismo científico y adoctrinamiento bíblico.
En este punto alguno podría decir, entonces, ¿de dónde salió todo? la existencia de algo en lugar de la nada demanda un creador. A lo que respondo que no todo requiere un creador, pues de ser así ¿quién creó al creador? La respuesta del creyente es similar a pagar una deuda contrayendo otra.
Con frecuencia los creyentes recurren al argumento del diseño para sustentar su creencia en la existencia de un dios. El flagelo de las bacterias o el ojo de los vertebrados son muy complejos para haber aparecido por mecanismos naturales entonces debe haber un diseñador, afirman. Este argumento genera una respuesta y un interrogante. La respuesta: La biología ha mostrado que la evolución no forma estructuras de la nada, sino que rediseña y modifica estructuras existentes. Así el ojo de los vertebrados con un cristalino, que enfoca la luz surgió de un ojo sin lente, y así podemos remontarnos paso a paso hasta una sencilla capa de células fotosensibles. Un ojo de visión difusa, pero mejor a no tener ninguno.
Y el interrogante es: ¿Si un ojo por ser complejo requiere un diseñador, cuánto más un ser capaz de organizar todo el Universo, y de escuchar millones de plegarias por minuto y conocer la vida de cada humano, además de juzgarlas? En este punto se hace evidente que la evolución gradual, tanto de la vida por selección natural, del planeta, el sistema solar y el universo, a través de cambios naturales y muchas veces graduales, es más explicativa y hace innecesaria las explicaciones que invocan a Jehová, Amón, Bachué o Brahma.
Obviamente, hay muchas cosas que la ciencia aún no conoce. Pero no por eso no me atrinchero en la fe y oculto mi ignorancia con un "Dios lo hizo así". Es más honesto decir "aún no se sabe" a afirmar que fue hecho por un ser del cual menos evidencias hay. Durante siglos muchas cosas que se desconocían, como la naturaleza de la luz, el origen humano, o la naturaleza de la herencia biológica permanecieron esquivas al conocimiento, pero gradualmente la ciencia fue desvelando el misterio. Y en ningún caso la hipótesis de Dios fue necesaria.
El poder explicativo que la ciencia tiene, y la certeza de sus afirmaciones que se hace evidente en el desarrollo de la tecnología ha disgustado a muchos de los defensores de la creencia en dioses. La oposición a las ideas de Copérnico, Galileo, Darwin, Gamow y muchos otros son famosas.
Algunas personas me dicen: Bueno, puede que un dios personal atendiendo miles de millones de plegarias por hora, como un gran call center cósmico, sea poco probable, ¿pero, no crees que debe haber una fuerza o energía sobrenatural en el Cosmos? Pero, ¿por qué habría de ser sobrenatural esta fuerza? Si se trata de fuerzas cósmicas, acepto cuatro y no una. Estas son la fuerza de gravedad, el electromagnetismo, las interacciones fuertes y las interacciones débiles. De estas cuatro fuerzas tenemos suficientes evidencias, y se puede aprender mucho de ellas estudiando física. Pero, aceptar una fuerza sobrenatural requiere una gran evidencia la cual ninguno de sus defensores ha presentado hasta el momento.
La quinta razón por la que no creo en Ganesha, ni en Jesús es que pienso que el mundo está mejor sin que creamos en dioses. Si pusiéramos un punto rojo en un mapamundi en cada lugar donde hay un conflicto armado y violación de los derechos humanos, sin lugar a dudas muchos de estos puntos corresponden a conflictos religiosos. La mayoría de ellos en el borde de la expansión del islam: Cachemira, Filipinas, Nigeria, Somalia, Indonesia. Pero también habría muchísimos puntos rojos en países ya islamizados, como Irak, a causa de los carros bombas entre chiitas y sunitas, cuya cuenta ya perdí. Esto muestra que dentro del mismo islam no existe la paz que le quieren imponer al mundo por la fuerza.
La historia de Europa antes del laicismo también me apoya: La persecución de judíos a manos de cristianos, la masacre de hugonotes en Francia en manos de católicos, o de albigenses también a manos de católicos. Súmenle a la anterior lista la expansión del Islam en el Viejo Mundo y el avasallamiento de los pueblos indígenas de América, África y Australia por los colonos cristianos. La idea de la adoración correcta a un dios, o la del dios verdadero, ha llevado y lleva a un derramamiento de sangre cruel y cuando menos ha producido la discriminación de los hombres de ciencia, del que cree otra cosa, de las mujeres, de los homosexuales, y de los ateos.
Con frecuencia sacerdotes, pastores y rabinos nos dicen que la religión es un baluarte para los valores morales de la sociedad. Pero, ¿qué tiene creer en que Jesús no fue tan solo un humano sino qué es dios, con la práctica de la generosidad, la honradez y la responsabilidad? El argumento teísta, hecho famoso por Dostoievski, "de no existir Dios todo nos seria permitido", se cae al analizar casos como los de Suecia, Noruega, Dinamarca o Nueva Zelanda. Estas naciones tienen un gran porcentaje de no religiosos y ateos, y no están sumidas en el caos. De hecho tienen un nivel de vida muy alto, además de ser reconocidos por su orden y civismo. De ser cierto el argumento teísta las cárceles del mundo estarían llenas de ateos y agnósticos, pero este no es el caso. De hecho los países más fuertemente religiosos, como el musulmán Iraq y el cristiano Estados Unidos muestran altos niveles de violencia.
Tengamos en cuenta que en la moral cristiana consintió la esclavitud y la persecución religiosa por siglos o que la moral católica jamás se ha pronunciado en contra de una práctica tan cruel como es el toreo. La moral islámica permite el castigo físico a las mujeres y convierte a los no musulmanes en personas de segundo rango. Pretender que la moral judeocristiana o la islámica es superior a la moral humanista secular es absurdo. Los ateos también podemos vivir una vida moral y decente sin necesidad de intoxicar nuestro intelecto con mitos de creación y redención.
La sexta razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es porque el consuelo psicológico de las religiones es un consuelo engañoso.
Para los creyentes de Ganesha y de Jesús, su fe les reporta un alivio psicológico. Podría pensarse que esto es una evidencia de su existencia, pero no lo es. Es solo una explicación del por que persisten estas creencias. Pero incluso, si se analiza de forma escéptica la bondad de las deidades, estas dejarían mucho que desear. Los cristianos toman como verdaderas las palabras de la Biblia, adjudicadas a Jesús que dicen: "¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo." ¿Entonces, que podemos decir del par de bombas atómicas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki?
Ya en la Grecia clásica se había planteado el dilema entre la idea de un dios bondadoso y a la vez omnipotente. Fue Epicuro de Samos quien dijo "¿Está dispuesto Dios a prevenir la maldad, pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y además está dispuesto? Entonces, ¿De dónde proviene la maldad? ¿No es él capaz ni tampoco está dispuesto? Entonces, ¿Por qué llamarlo Dios?"
La séptima razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es que una creencia no debe basarse en el temor. Muchos de los adeptos al dios Jesús predican que para evitar ir al infierno uno debe creer en él. Los creyentes del misógino Alá dicen lo mismo. Los de Ganesha, afortunadamente, no amenazan con la condenación. Aparte de la falta de evidencias aportadas sobre su dios, habrá que añadirles las del infierno.
Algunos cristianos dicen ¿Y qué tal que al morir te des cuenta que Jesús existe y te condenes? Esta no es una buena razón para creer en Jesús. ¿Y qué tal, apreciado cristiano, que al morir te des cuenta que Alá es dios y te condenes por haber creído en la trinidad, en que Jesús es dios, y por no haber aceptado el Corán? ¿Y qué tal que al morir te encuentres con Anubis, el dios egipcio con cabeza de chacal, conduciendo tu espíritu para ser puesto en la balanza, y decida que no fuiste los suficientemente bueno, porque en vez de apadrinar a un niño huérfano o ayudar a las victimas de un desastre natural decidiste darle el 10% de tus ingresos a los pastores cristianos?

Creer en Ganesha, Jesús, Alá, Bachué o los unicornios es resultado de un acto de fe y por lo tanto ajeno a la razón. Ser ateo es no creer en dioses, y no es cuestión de rebeldía. Ser ateo es cuestión de honestidad intelectual frente a la ausencia de evidencias aportadas por los creyentes. Es cuestión de racionalidad frente a los credos religiosos, que ignoran que la investigación escéptica, la búsqueda de evidencias y la promoción de valores humanistas son más útiles que el anquilosamiento en la visión, tanto del mundo como moral, de personas que vivieron en un pasado ignorante, y con menos derechos humanos. Ser ateo es tener el intelecto libre.

lunes, 12 de octubre de 2009

"Ágora", Alejandro Amenábar e intolerancia católica

Extraido de: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=39000

“La libertad de prensa es uno de los mayores males que amenazan a la sociedad moderna” declaró reiteradas veces el cardenal Pedro Segura al New York Herald Tribune. Sin embargo esta afirmación del purpurado no es original, tan solo recoge el sentir real del catolicismo.

Así, el Papa León XIII ya había manifestado que “es ilegal demandar, defender o conceder libertad de pensamiento, palabra, prensa o culto, como si éstos fueran derechos que la naturaleza ha dado al hombre”.

En la misma línea la Enciclopedia Católica (1911) enseñaba que “la Iglesia contempla la intolerancia dogmática no solo como derecho, sino como un deber sagrado”. No menos inquietantes se ciernen las palabras de otro Papa, Pío VII: “Se propuso una vez que todas las doctrinas religiosas deberían ser libres y sus ceremonias ejecutadas en público. Nosotros los católicos hemos rechazado este artículo como contrario a la ley canónica católica romana.”

Obviamente, basta una simple mirada imparcial para advertir que la historia del catolicismo es una cruel sinfonía de fanatismo, odio, intolerancia, superstición, muerte y atraso… Las cruzadas, la Inquisición, la prohibición y quema de libros, la sumisión y denigración de la mujer, la promoción del racismo, el retraso de siglos en la ciencia durante el oscurantismo, el genocidio de pueblos prehispánicos en nombre de la religión, el saqueo del nuevo mundo, el solapamiento de las atrocidades nazis, el encubrimiento de miles de pederastas, la financiación (según muchos) de grupos radicales y terroristas en Polonia durante la guerra fría… en todos estos acontecimientos terribles podremos descubrir la participación de la iglesia católica.

Por consiguiente, poco puede extrañarnos la agitación de sotanas y escapularios conspirando contra la magistral película “Ágora” de Alejandro Amenábar ya que a lo largo de sus escenas bullen dos mundos contrapuestos: la razón y la ciencia encarnadas en Hipatia, la protagonista, y el fanatismo y el odio de aquella religión, mal llamada cristiana.

Sin duda, va a escocer mucho esta película, en ambientes vaticanos, toda vez que desde la butaca veremos desfilar ante nuestras retinas la desigual lucha entre la razón y el fanatismo, la ciencia y la superstición.

Desgraciadamente, resulta ingenuo suponer que la iglesia de Roma ha cambiado. Nada más lejos de la realidad. Simplemente se adapta y, agazapada, espera el momento de volver a atacar. A día de hoy, el banderín de enganche lo constituye su oposición al derecho a la interrupción voluntaria del embarazo alegando “la defensa de la vida”. Pero no hay más que examinar su historia para percatarnos de que la vida les importa un comino.

La imagen de algunos Papas (Pío XII, por ejemplo) bendiciendo las ametralladoras, tanques y cañones que arrasarían la vida de miles de hombres y mujeres nos evidencia la hipocresía de tales planteamientos.

En realidad, todavía hoy asistimos a una lucha entre el pensamiento y el sentimiento más visceral; entre la seguridad espuria que deriva de la superstición y la saludable angustia que, no pocas veces, emana del librepensamiento; entre la tolerancia y el fanatismo; entre la integración de los débiles y diferentes o su destrucción; entre la hipocresía y la sinceridad; entre manifestaciones por derechos fundamentales y charlotadas en la plaza de Colón… En suma, entre la joven Hipatia y los ancianos Ratzinger y Rouco Varela.

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
www.gustavovidalmanzanares.blogspot.com

miércoles, 7 de octubre de 2009

¿Consejos para ateos?

Extraido de: http://www.sindioses.org/simpleateismo/consejoateos.html

¡Ahora nos dan consejos los cristianos! Miren esta lista y rían: Cinco cosas que harán parecer más amables a los ateos (en inglés). Ya empezaron mal con el título. En particular agradezco la palabra “parecer”, porque el Señor sabe que no existe nada que nos haga realmente amables, y obviamente necesitamos las sugerencias de un cristiano, porque todos somos gente tan desagradable. Debería yo escribir una lista en respuesta, con “cinco cosas que harán parecer inteligentes a los cristianos”; quizá entonces uno de ellos se dé cuenta de las maliciosas insinuaciones del título de este payaso.
Pero soy la persona equivocada para hacerlo. Verán, yo no soy amable, y me enorgullezco de ello. No me interesa ser amable y creo que es bastante lamentable empezar una discusión desnudando el cuello y rogando piedad antes de siquiera empezar. Me hace sonreír con malicia y me zafa la chaveta. Tampoco contribuye que esta lista sea tan insidiosa y paliducha... tan insidiosucha.

1. Dejen de ser tan petulantes
Oblígame.
Entérate: cuando empiezas una discusión, no vale que le lloriquees a tu oponente que sea humilde con sus ideas antes de que hayas intentado criticarlas. Dame una razón para no ser petulante acerca del ateísmo y la razón y la ciencia y la superioridad de nuestras creencias sobre ese montón de dogma supersticioso al que llamas fe. No me ordenes que deje de considerar al ateísmo como algo posiblemente superior a tu defensa cúltica.
Los cristianos tampoco tienen derecho a apelar a la humildad, de todos modos. La gente que cree que tienen acceso privilegiado a información misteriosa directamente salida del cerebro de una superinteligencia de alcance cósmico y que cree que todos los demás están condenados al tormento eterno, no son los mejores representantes de la modestia.

2. No asuman que cada porción de evangelismo cristiano está dirigida a ustedes; queremos a los indecisos, no a los decididos
Ay, no. ¿Crees que vemos las chapucerías estúpidas que los cristianos proponen como argumentos, y creen que nosotros asumimos que se dirigen a nosotros? Somos “petulantes”, recuerda; opinamos que no hay modo de que Uds. realmente sean tan estúpidos de creer que nos van a convencer la Apuesta de Pascal o el que nos lancen citas vagas de la Biblia o nos amenacen con un infierno imaginario o las promesas de un paraíso imaginario. También buscamos a los indecisos. Nos encanta destrozar su estupidez en público por esa razón.
Por ejemplo, sé que el cristiano que escribió esta lista no la dirigió a mí y probablemente ni siquiera sabe que existo. Eso no me impide burlarme de ella.

3. Admitan que el debate sobre la existencia de Dios es complejo y que puede ser posible, dependiendo de sus preconceptos, que gente inteligente e racional crea inteligentemente en una deidad interviniente que se comunica por medio de un libro.
El debate es complejo porque mucha gente inteligente y educada acepta esas presunciones ridículas y después lanza al aire un montón de estática. Hay un núcleo de simplicidad que los cristianos no están interesados en exponer: ¿hay un dios o dioses y hay evidencia razonable para afirmar que él, ella, ello o ellos existen? Y más aún, ¿hay razón para creer en su dios específico en lugar de Thor o Xenu o Moroni o cualquier otra ficción que algún ingenioso artista de la estafa decida vender al crédulo?
¿Y tu “deidad interviniente” (cuya existencia es una afirmación que no respalda ninguna evidencia) “que se comunica” (usas esa palabra de un modo extraño que no es razonable) “por medio de un libro” (que fue rejuntado a partir de retazos desperdigados de diatribas teológicas, antigua poesía y pseudohistoria favorable hace 1500 años)? Eso es una locura.

4. Admitan que el método científico, que por su naturaleza se basa en la inducción en lugar de en la deducción (empieza con una hipótesis y la comprueba en lugar de observar los hechos y formar una hipótesis) está tan abierta al abuso como cualquier creencia religiosa y no es objetiva ni infalible.
No. Mal, mal, mal. No vamos a ir a ninguna parte si esperas que tus oponentes simplemente cedan y acepten una caracterización incorrecta de la ciencia.
La ciencia usa ambas lógicas, inductiva y deductiva. La inducción genera la idea, el proceso que genera hipótesis tentativas que pueden evaluarse por medio de la observación, la experimentación y la lógica deductiva. La ciencia no es infalible, y nadie afirma jamás que lo sea, pero tiene algo de lo que la religión carece: un proceso de verificar sus afirmaciones con observaciones en el mundo real. Afirmar que la ciencia está tan abierta al abuso como la religión es un disparate ignorante. Uno puede afirmar prácticamente cualquier cosa sobre los dioses en la religión, y todo lo que importa es a cuantos crédulos puedes convencer de que lo crean. Las afirmaciones científicas están constreñidas por la evidencia.
Por supuesto los individuos pueden abusar tanto de la religión como de la ciencia. La diferencia es que la ciencia proporciona criterios objetivos para evaluar la viabilidad de las afirmaciones de que algo es cierto.

5. Intenten ocuparse de las verdaderas nociones de Dios en las que creen seriamente miles de millones de personas en lugar de inventar hombres de paja (o monstruos de espagueti) para descartar las nociones de Dios, y ocúpense de la Biblia prestando atención al contexto y a la narrativa cristológica más amplia en lugar de citar oscuras leyes del Antiguo Testamento. No dejen de citar las leyes cuando los “cristianos” las aplican incorrectamente, pero comprendan cómo se supone que funcionan antes de tratar con los cristianos descritos en el punto 3.
Ok, explícame a Ganesh. Explícame el evangelio de la prosperidad. Explícame por qué los cristianos rechazan las profecías de Mahoma, cuando millones de musulmanes creen que son fantásticas. Explica las dispensas premilenarias. Explica si tienen razón los episcopales o los bautistas. Explica en qué se equivoca Spong. O en qué tiene razón. ¿Quién ganaría en una batalla en jaula, entre Karen Armstrong y Pat Robertson?
¿Cuál es “la” narrativa cristológica? No hay ninguna, o más bien, hay miles de ellas. También conocemos el contexto: que la Biblia es un masacote en evolución compuesto de poesía demasiado interpretada y cuentos tribales y falsa historia. Por qué Uds. eligen declarar selectivamente una interpretación de un subconjunto de la conglomeración como la verdad absoluta dictada por el vapor antropomórfico, mientras que otro subconjunto es arbitrario y ya no se aplica, es completamente incomprensible... no sólo para nosotros, sino también para ustedes.
Los ateos nos ocupamos de las afirmaciones que millones de personas sostienen fervientemente. El truco tramposo que usan los pendejos teológicos es que una vez que los hemos vapuleado, anuncian: “Ah, no, no nos referíamos a esos millones de creyentes. Ésos son estúpidos. Nos referíamos a aquellos otros millones de creyentes”. Es un blanco móvil permanente. Lo que tú llamas “leyes oscuras del Antiguo Testamento” alguien más llamará el centro de su fe. Lo que valoras como “narrativa cristológica”, el miembro de otra secta más llamará invenciones pretenciosas.
Los ateos nos salteamos todo el ruido y decimos que todo eso es excrementicio.
Y algunos de nosotros no vemos razón en ser amables con los excrementos, y nos pone realmente de mal humor que nos exijan que respetemos su pila humeante de inmundicia.