jueves, 17 de diciembre de 2009

La Gripe A y la demagogia naturista

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2009/08/31/la-gripe-a-y-la-demagogia-naturista/

Una lectora asidua de mi antiguo blog me citaba el otro día una página que advierte sobre los riesgos de la vacuna para la gripe A/H1N1. Estoy totalmene de acuerdo con que debemos disponer de toda la información a nuestro alcance para tomar las decisiones adecuadas en nuestra vida, sean referentes a la salud, al trabajo, a la educación de nuestros hijos o al próximo destino de vacaciones. Pero en la mayor parte de los casos no basta con información; es necesario disponer también de formación suficiente como para poder analizar lo que nos llega y evaluarlo racionalmente. Por eso pienso que sólo mediante la educación y la cultura conseguiremos tener verdadera libertad de elección.

Porque es cierto que información hay mucha, pero no toda la información es correcta ni honrada. De hecho, la página que nos ocupa podría ahondar en que ninguna terapia es inocua, en que cualquier acción requiere una valoración de costo/riesgo/beneficio y que quien idealmente debería adoptar la decisión final, disponiendo de todas las variables posibles, es el paciente. Sin embargo, la “información” que se ofrece sobre la vacuna de la nueva gripe en ese sitio web no es honrada. Es altamente demagógica, plagada de incorrecciones y de falacias, porque lo que pretende no es informar, sino convencer de que las vacunas son dañinas para la salud y que resulta más conveniente abandonarnos a tratamientos alternativos que, si bien pueden ser inocuos, no tienen demostrada ninguna eficacia, como recientemente ha indicado la OMS.

¿Porqué digo que la información aportada en este artículo antivacunas es demagógica, incorrecta y falaz? veamos:

Asustando, que es gerundio
Empecemos por la imagen que encabeza el texto, donde se ven unos niños huyendo despavoridos de unas jeringuillas gigantes con el símbolo de la calavera y las tibias. Con esta imagen, se traslada la idea de que la vacunación es un ataque mortífero contra la infancia, intentando apelar a los sentimientos parentales de protección y transmitir un prejuicio contra la vacunación que prevalezca durante el resto de la lectura. Y esto, directamente, es demagogia.
El artículo se encabeza con una insinuación de que la vacunación no es necesaria: “El supuesto fin de la vacunación es ayudarte a crear inmunidad frente a organismos potencialmente dañinos que causan enfermedades. “
Aquí se utilizan afirmaciones engañosas, intentando de nuevo introducir confusión sin decirlo directamente: “crear inmunidad frente a organismos” no es un supuesto fin, es el único fin y objetivo de la vacunación. ¿Insinúa acaso el autor que existe otro fin oculto, o que éste es “misterioso?. Además, no se pretende crear inmunidad ante organismos potencialmente dañinos, sino frente a organismos dañinos. El virus de la gripe no es un virus potencialmente dañino, dado que no tiene fase inocua y fase agresiva. Un organismo potencialmente dañino es Escherichia coli, bacteria de nuestra flora intestinal que en ocasiones puede tornarse infectiva, pero no un virus que siempre va a intentar producir una infección. ¿Pretende el autor decir que el virus de la influenza o el sarampión pueden ser inocuos en ciertas ocasiones y no producir infección?.

¿Va a saber tu médico más que tu sistema inmune?
A continuación, se dice “Sin embargo, el sistema inmunológico de tu cuerpo ya está diseñado para hacer esto en respuesta a los organismos que entran en tu cuerpo por las vías naturales de entrada“. Y esto es una falacia de tipo “verdad a medias”. Obviamente que el sistema inmunológico sirve para responder a las infecciones, pero es falso que lo haga solamenta ante aquellos que entran “por las vías naturales de entrada“. Lo hace ante todos los organismos extraños, entren como entren. Además, ¿se insinúa con esto que el cuerpo se basta y se sobra para vencer las infecciones? ¿porqué entonces podemos caer enfermos hasta morir incluso ante un organismo que ha entrado “por las vías naturales de entrada“?.
El siguiente párrafo, abundando en lo anterior, reza: “La mayoría de los organismos que causan enfermedades entran a tu cuerpo a través de las membranas mucosas de tu nariz, tu boca, tu sistema pulmonar o tu tracto digestivo, NO A TRAVÉS DE UNA INYECCIÓN“, lo cual representa de nuevo una falacia. Es evidente que los organismos patógenos no entran al cuerpo mediante una inyección, pero esto no es argumento de nada, y mucho menos de la inutilidad de una medicación inyectable. Nuestro cuerpo tampoco obtiene la insulina naturalmente mediante una inyección, pero ésta se utiliza para dispensarla en los diabéticos insulinodependiente.
A continuación, el autor indica que la primera barrera de defensa ante una infección es la barrera tisular, donde las propias células epiteliales ofrecen la primera batalla al agente infeccioso, argumentando que si inyectamos directamente el antígeno de la vacuna, nos estamos saltando esta barrera y estimulamos directamente el sistema inmune. Pues claro! Cuando cogemos la gripe, el sarampión o la tuberculosis, es precisamente porque el patógeno ha superado esa barrera tisular, y ha infectado el organismo. El sistema inmune se encarga entonces, si nunca ha estado expuesto a esa infección, a “ensayar” anticuerpos hasta que encuentra el adecuado para atacar al organismo patógeno, reservando toda una serie de linfocitos T de memoria, programados para fabricar el anticuerpo activo y protegiéndonos ante futuras infecciones. El problema es que cuando el sistema inmune se adapta a la infección por primera vez, transcurre demasiado tiempo, y el patógeno progresa lo suficiente como para provocar la enfermedad, daños permanentes o incluso la muerte. La vacuna lo que hace es preparar esta respuesta, gracias a los antígenos que incorpora y que provocan la generación de linfocitos T de memoria de forma natural, para que ante la primera infección el sistema inmune reaccione con la misma celeridad con que lo haría si ya hubiera estado expuesto al agente patógeno. Esto provoca que en la inmensa mayoría de los casos, la enfermedad infecciosa no se desarrolle. Pues sí, los agentes patógenos se enfrentan primero a la barrera tisular, y la vacuna produce que detrás haya todo un armamento de anticuerpos por si consiguen superarla.

Aguja pincha, mala!
Por si no se ha subrayado lo suficiente, el autor continua con otra frase lapidaria: “Inyectar organismos directamente dentro de tu cuerpo es contrario a la naturaleza, la vacunación tiene un potencial enorme de causar serios daños a tu salud.” Esto es mera propaganda, que mezcla una verdad a medias con una falacia. En primer lugar, la vacuna no inyecta organismos “tal cual”, sino virus o bacterias inactivadas o atenuadas, partes del patógeno o simplemente moléculas antigénicas, así que la aseveración es una verdad a medias, o al menos, una incorrección. En cuanto a la falacia, analicemos el significado de la frase: como inyectar organismos es contrario a la naturaleza, esta práctica es dañina para la salud. Sublime. Supongo que el autor, con el mismo razonamiento, también considera dañino otras acciones no naturales, como inyectar insulina, tomar antibióticos o utilizar una pomada cicatrizante. Y no se ya lo que opinará sobre una operación quirúrgica o un transplante de órganos, dado lo “contrario a la naturaleza” de tales prácticas.
Una prueba de este manejo de conceptos, es que unas líneas después, el autor afirma “el principal ingrediente de una vacuna son virus muertos o vivos que han sido atenuados (debilitados o menos perjudiciales)“, aunque la piedra ya está tirada. Aún así, esto es otra incorrección, dado que: primero, no solo se utilizan vacunas contra infecciones víricas, sino también bacterianas y segundo, hablar de virus “muertos o vivos” es cualquier cosa menos científico, dado que ni siquiera son considerados seres vivos por muchos especialistas y tercer, como ya hemos comentado, las vacunas pueden tener el patógeno inactivado, atenuado, sólo una parte del patógeno o incluso únicamente moléculas antigénicas.

Con licencia para envenenar
Tras esta demonización del agente activo de la vacuna, el autor se aventura con el resto de componentes, con frases tan demagógicas como “Las vacunas de la gripe también pueden contener un gran número de toxinas químicas, incluyendo el ethylen eglycol (anticongelante), formaldehído, fenol (ácido carbólico) e incluso antibióticos como la neomicina y la estreptomicina.” Efectivamente, las vacunas llevan aditivos; algunos se utilizan como inactivadores, otros como conservantes o escipientes, etc. Obviamente, un inactivador, un desinfectante o un conservante es tóxico por definición, pero siempre dependiendo de la dosis. Todos los medicamentos, bebidas y alimentos envasados llevan productos tóxicos, pero manteniendo unas proporciones que no resulten dañinas para el organismo. Es más, el propio organismo fabrica normalmente muchos productos tóxicos, como el propio formaldehido, y otros son ingeridos de forma “natural”, como el oxígeno que respiramos contínuamente. Evidentemente, estos aditivos deben llevar un control muy estricto en su incorporación a alimentos o medicamentos, pero es totalmente demagógico intentar descalificar un producto porque incluye “toxinas”. Supongo que el autor no comerá jamás almendras, nueces, castañas, albaricoques, manzanas o peras, ni beberá vino, dado que portan cianuro, y el ferrocianuro de potasio se emplea en la industria vitivinícola para eliminar los metales pesados del vino.

El bueno, el feo y el malo
Y bueno, tras toda esta avalancha de demagógicas inexactitudes, ¿que mejor forma de acabar que mentando al diablo?. Digno final de este tipo de páginas, el resto de la misma se centra en los nefastos efectos del escualeno, un coadyuvante de numerosas vacunas que, según el autor, es responsable de multitud de patologías autoinmunes como la artritis reumatoide. El problema, explica la página, es que hay escualeno “bueno” y escualeno “malo”, dependiendo de la vía de llegada. Al ser inyectado, se supone que el sistema inmune reacciona contra todo el escualeno del cuerpo, produciendo multitud de enfermedades autoinmunes. Como prueba de su nefasto efecto en humanos, señala un gran número de soldados estadounidenses que lucharon en la guerra del golfo y que recibieron escualeno en vacunas contra el ántrax, los cuales desarrollaron un cuadro patológico tremendo, que incluía artritis, linfadenopatías, lupus eritematoso sistémico, esclerosis múltiple, esclerosis lateral amiotrófica, fenómeno de Raynaud, síndrome de Sjorgren, diarrea crónica y unas cuantas más. Los adyuvantes como el escualeno, siempre según el autor, se utilizan para economizar principio activo y poder hacer más dosis de vacunas con menos antígenos, traduciéndose en una mayor disponibilidad de dosis para las campañas de vacunación masiva.
Tremendo. ¿Quién se atrevería a meterse una vacuna con un componente que produce tales enfermedades? Y lo que es más ¿que clase de criminales pueden vacunar a nuestros hijos y a nuestros abuelos con veneno inyectable?. Y todo por ahorrarse dinero y hacer más vacunas con menos recuros. El argumento del miedo conspiranoico está servido.
Pero claro, el problema es que las cosas no son exactamente como las pinta en buen doctor, sin algo diferentes. Los adyuvantes que se incorporan a las vacunas son sustancias o preparados que inyectados junto al antígeno hacen que la respuesta inmune sea más efectiva, dado que estimulan a las células responsables de iniciarla. Efectivamente, además de aumentar la efectividad de la vacuna , se consigue ahorrar antígeno y tiempo, lo cual redunda en una mayor disponibilidad de vacuna ante situaciones donde es preciso un proceso rápido de fabricación, como la gripe estacional o una nueva pandemia.
El escualeno es un producto natural, que sintetizan numerosos organismos y entre ellos el ser humano. No hay diferencias entre un escualeno “bueno” y un escualeno “malo”. El organismo desarrolla normalmente anticuerpos antiescualeno y, según refiere la propia OMS, la mayoría de los adultos, sobre todo los de mayor edad, independientemente de su historial de vacunación, tienen anticuerpos generados de forma natural que reaccionan con el escualeno (Matyas et al., 2004). En un estudio clínico se comprobó que la inmunización con la vacuna antigripal que contiene escualeno y cuya comercialización está autorizada no afectaba a la frecuencia ni a la concentración de anticuerpos antiescualeno (OMS, 2006b).
Con respecto a los efectos en los soldados que participaron en la guerra del golfo, finalmente no se pudo comprobar una relación directa entre escualeno y el síndrome de la guerra del golfo (SGG), y el informe que sugirió la relación ha sido criticado duramente por serias deficiencias metodológicas (OMS, 2006a, 2006b), y la causa del síndrome sigue sin resolverse (Universidad de Virginia, 2003), siendo la hipótesis de las toxinas ambientales y/o armamento químico la más aceptada, especialmente por ciertas alteraciones genéticas sufridas por algunos veteranos (Urnovitz et al. 2006), aunque no falta quien opina que no se trate realmente de un síndrome, sino de un conjungo de síntomas que no tienen una causa común (Lee et al. 2002).
Por otro lado, el escualeno no es un componente “ilegal”, como parece quererse decir con frases como “El MF59 (el adyuvante de escualeno que usa Novartis) fue un ingrediente no aprobadoque se usó en las vacunas experimentales de ántrax“. El MF59 está aprobado en Europa y EE.UU. y se utiliza para la elaboración de la vacuna de la gripe estacional (gripe común), habiéndose administrado más de 22 millones de dosis de vacunas antigripales con escualeno, sin que se hayan detectado efectos adversos significativos (OMS, 2006a). A no ser que el escualeno de la vacuna tradicional sea “bueno” y el de la de la gripe A sea “malo” por alguna extraña razón, es difícil manter el argumento.
Es necesario, como recomienda la propia OMS (op.cit.) seguir realizando seguimientos detallados a medida que se vayan utilizando nuevas vacunas o diferentes grupos de edad. Sin embargo, si la causa del “síndrome del golfo” no está ni mucho menos clara y hasta ahora no se ha detectado reacción adversa en las vacunas con MF59, resulta cuanto menos irresponsable asignar a estas vacunaciones los síntomas y enfermedades que se atribuyen en la página comentada.

Médicos chapuzas…
Y para cerrar tal maraña desinformativa, el autor concluye con otra falsedad: “Los estudios que los fabricantes de vacunas hacen para comprobar la seguridad de éstas duran una media de dos semanas, y observan sólo las enfermedades o los daños importantes y manifiestos“. Esto no es cierto. Los ensayos clínicos de vacunas suelen durar meses o incluso años, incluyendo las de la gripe. Las pruebas “rápidas” de unas semanas de duración se realizan para las variantes estacionales, o como en el caso de la gripe A, para variantes de vacunas ya conocidas, que no contienen compuestos, técnicas o aditivos desconocidos. Los componentes de la vacuna, excepto obviamente los antígenos -que es precisamente lo que se prueba- tales como el escualeno, han sido probados durante años y en millones de personas.
Sublime final: “Los desórdenes inmunitarios como los vistos en el Síndrome de la Guerra del Golfo frecuentemente tardan años en diagnosticarse debido a la vaguedad de los primeros síntomas. Quejas de dolores de cabeza, fatiga y dolores crónicos son síntomas de muchas enfermedades diferentes.” Ahí, sin reparo alguno: ¿que le duele a usted la cabeza tres meses después de vacunarse? pues cuidado, que igual está desarrollando una enfermedad incurable que le mandará a la tumba por haberse vacunado contra la gripe. Así se hace medicina: sin alarmar, sin asustar, y sobre todo, con fundamento.

No obstante, y aunque no sirva como disculpa, el autor del sitio que criticamos no es realmente el que ha vertido tal cantidad de patrañas. Se ha limitado a copiarlas de otros sitios de internet, dado que ese texto, sin apenas modificaciones, se encuentra en numerosas webs conspiranoicas o naturistas (no es que sean lo mismo, es que coinciden en difundir este texto). El artículo original parece provenir de un tal Dr. Merkola, un individuo que dispone de una web para vender productos y tratamientos de medicina alternativa al más puro estilo americano: http://www.mercola.com/ (cuidadito, que salen popups comerciales). Una búsqueda textual en google de cualquiera de los párrafos originales del artículo, arroja cerca de los 1.000 resultados.

Resulta irónico, por no decir palabras mayores, que quienes acusan de corruptos, asesinos y comerciantes sin escrúpulos a la inmensa mayoría de médicos y a la OMS, lo hagan precisamente para lucrarse vendiendo hierbas.

No hay comentarios: