miércoles, 30 de diciembre de 2009

¿A qué no se ha opuesto la ICAR?

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/

La Iglesia Católica ha llenado la prensa en los últimos años por su oposición a los métodos anticonceptivos, a la eutanasia, al aborto en todos los casos, y a los matrimonios civiles de personas del mismo sexo.

La historia de la ICAR es una historia retrógrada, reaccionaria, y prohibicionista. Dice "NO" a todo lo que huela a libertad, a intelecto, a laicismo, a pensamiento libre fuera de sus fronteras dogmáticas. La historia de la Iglesia católica es una historia de intolerancia.

En diferentes momentos de la historia la ICAR se ha opuesto a:

•Creer que Jesús no es dios, o que no tuvo naturaleza divina.
•traducir y leer la Biblia en un idioma diferente al latín.
•pensar y enseñar que el Papa no es el representante de Dios en la Tierra.
•creer que el Sol es el centro del sistema solar y que la Tierra se mueve. Teoría Heliocentrista.
•hacer lucro por cobrar intereses en el préstamo de dinero
•que los judíos puedan vivir entre los cristianos
•que los judíos tengan cargos importantes o públicos.
•estudiar anatomía humana haciendo uso de cadáveres
•la vida de los que creían algo diferente (Inquisición)
•enseñar que la Iglesia y el papado debe ser pobre y humilde según ejemplo de Jesús
•al reemplazo de las monarquías por repúblicas
•la independencia de las colonias de España en América
•la libertad de prensa
•la libertad de opinión
•la libertad religiosa
•la Teoría de la Evolución por selección natural
•la separación entre la Iglesia y el Estado
•la unificación de Italia
•las doctrinas de izquierda
•al matrimonio civil
•buscar explicaciones racionales a los milagros de la Biblia
•buscar evidencias sobre el origen de la Biblia
•al agnósticismo y al ateísmo
•la izquierdista, y única idea original latinoamericana de la Teología de la Liberación
•al voto femenino
•la ordenación de mujeres al sacerdocio
•la píldora anticonceptiva
•al condón
•la fecundación in vitro
•al aborto en todos los casos.
•la eutanasia
•al matrimonio civil entre personas del mismo sexo.

En su artículo ¿Y a qué no se a opuesto la Iglesia?, el períodista Luis González de Alba aborda el tema de la historia de represión de la ICAR. Este lo reproducimos a continuación:

¿Pues qué esperaban? Con la aprobación en el DF del matrimonio entre personas del mismo sexo —que no hace sino restablecer la igualdad de todos los mexicanos ante la ley, garantizada en su Artículo 1 por la Constitución— la Iglesia católica manifestó su inmediato rechazo.

Pero, ¿a qué no se ha opuesto la Iglesia romana y sus hijas protestantes? En la Edad Media estuvo contra el inicio del capitalismo al convertir en pecado el cobro de intereses por dinero prestado. Con lo cual retrasó la caída de los regímenes feudales y su reemplazo por economías burguesas; además, hizo de los judíos los banqueros de Europa ya que los cristianos se iban al infierno por prestar a rédito.

Cuando el Renacimiento rescató del mundo clásico la idea de un planeta redondo, todas las iglesias cristianas armaron revuelo y quemaron por herejes a los que eso afirmaran; que además de ser redondo, el mundo gira sobre sí mismo y en torno al Sol produjo otra horneada de chamuscados, Galileo la libró con prisión domiciliaria perpetua. Darwin guardó por treinta años sus ideas acerca del origen de las especies por acción de la selección natural ante el temor a la muy cristiana y apostólica iglesia de Inglaterra.

Los curas se oponen a toda sexualidad que no tenga por finalidad la procreación, aun entre hombre y mujer y hasta sin mujer pues tampoco va al Paraíso quien se hace una puñeta, puñetita, puñetota, puñetilla y es pecado de lujuria pensar en lo que produzca placer erótico. Ya lo dijo el feroz San Pablo: No irán al Cielo ni los fornicarios, ni los adúlteros, “ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” Muchísimo menos los que “se echan con varones”, por lo cual debemos suponer que no debe uno echarse, sino coger de pie para conseguir ese horror de la vida eterna en el Cielo.

Luego de mil años de oscuridad, contados a partir del ascenso al poder de los cristianos y su destrucción de la ciencia y el arte clásicos, el Renacimiento comenzó en Italia una lenta y riesgosa recuperación del mundo greco-romano. El arte tuvo menos dificultades, pero la ciencia debió enfrentar la persecución de los clérigos. En el siglo XVIII se pusieron las bases de la Ilustración, que nos daría la separación de iglesias y estados, el laicismo, la educación universal, los Derechos Humanos y, sobre todo, la igualdad ante la ley para todos los seres humanos.

Pero contra todo eso guerreó el cristianismo. Los papas, reyes de los Estados Pontificios cuya capital era Roma, en pleno 1860 todavía conducían ejércitos en batallas por fronteras y por defensa de mercados. Con ejércitos se opusieron a Garibaldi, que había emprendido la unificación de Italia, y el nuevo país debió tener por primera capital a Milán porque los ejércitos papales aún resistían en Roma.

Vencieron las ideas de la Ilustración y por eso este artículo resulta publicable. Pero las hogueras no se han apagado y los obispos soplan los rescoldos. Nadie afecta más la institución del matrimonio que quien no se casa, como los señores curas y obispos. Al prescindir del matrimonio y no fundar una familia afectan, de igual manera, la institución familiar.

Frente al matrimonio entre hombre y mujer, el que se celebra entre personas del mismo sexo ofrece una garantía a la sociedad: nadie se casará por obligación social y familiar, nadie que no se ame y sólo encubra un embarazo previo, como ocurre en tantísimos enlaces heterosexuales con vestido blanco y azahares para la embarazada que el novio abandonará en cuanto pueda salir corriendo.

La Iglesia predica la eternidad del matrimonio mientras divorcia a Vicente Fox y a Martita: el caso más oprobioso de cinismo clerical. El “orden instituido por Dios desde la creación del mundo”, según el cardenal Rivera, hace excepciones por teléfono rojo entre Dios y el cardenal, aunque afecte a dos familias. En cambio, nada afecta a terceros que dos personas que se aman, y son del mismo sexo, legalicen su unión que jamás estará dictada por la obligación de responder a un embarazo no deseado.

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