sábado, 6 de febrero de 2010

El Experimento Filadelfia: La Mentira del Buque Invisible

Publicado en la Revista General de Marina. Mayo 2000.
(Por Alejandro Anca Alamillo)

Fue a finales de la década de los 60 cuando se comenzaron a divulgar una serie de historias fantásticas, que la seudociencia se encargó de inventar, basándose, como en el caso que nos ocupa, en el contemporáneo temor al hipotético enfrentamiento nuclear entre las potencias militares de entonces, creando colateralmente un sentimiento hacia lo castrense de recelo que, lamentablemente, aún hoy, subyace en nuestra sociedad.
Pero lo más curioso es que lejos de aportar pruebas de su verosimilitud, todas estas historias planteaban nuevos e inquietantes interrogantes. No hay que llevarse a engaño; el único objetivo que perseguían todas ellas era el lucrativo o, dicho de otro modo, el puramente comercial. De hecho, numerosos libros de esta temática figuraron en aquel tiempo en las listas de los más leídos, y dieron, como fruto de sus ventas, pingües beneficios.
Así nació la leyenda del buque invisible, una más de las muchas que hubo, y que incluso tuvo una versión cinematográfica, pero, como veremos a continuación, se encuentra vacía de todo contenido.

El mito.
Octubre de 1943. Estamos en plena segunda guerra mundial. Albert Einstein mantiene contactos con altor cargos de la Marina norteamericana para llevar a la práctica su teoría del campo unificado, consistente en crear una potentísima área de energía con el fin de alterar la trayectoria rectilínea de las ondas lumínicas, consiguiendo hacer desaparecer, virtualmente, un buque ante los ojos humanos.
Todo estaba previsto para el experimento. El lugar elegido, Filadelfia, y la cobaya, un destructor, el Eldridge (DE-173).
Comienza la prueba. Una neblina verde cubre por completo el buque. De pronto desaparece como por arte de magia. Estaba allí, pero nadie lo veía, aunque se podía apreciar el hueco que dejaba su casco en las tranquilas aguas del puerto. Durante unos instantes el buque era invisible por completo, luego, envuelto en la misma neblina verde en la que desapareció, volvió a materializarse.
Mientras se desarrollaban estos hechos, en la base naval de Norfolk (Virginia) a 650 km de distancia, marinos y paseantes asistieron perplejos a la aparición por unos instantes de una silueta de un destructor, que no era otro que el mismísimo Eldridge.
La teoría del físico Alemán quedó totalmente probada, ya que aparte del efecto de invisibilidad se había conseguido trasladar un objeto, de manera instantánea, a considerable distancia usando determinados metales susceptibles de crear campos magnéticos transformables en inmediatas fuentes de energía.
El campo de fuerza generado se extendía en una forma esferoidal aplanada en un radio de acción de unos 90 metros. Dentro de esta esfera, las personas se percibían vagamente o, como contaban ellos mismos, «moviéndose sobre la nada».
Aparentemente la prueba resulto todo un éxito, pero algo no salió bien, algo tan espeluznante que hizo que se desechara la idea de volver a intentarlo. La tripulación sufrió ataques de invisibilidad, inmovilidad y demencia, algunos incluso perecieron calcinados.
Un efecto neurológico que sufrieron varios hombres de la dotación fue lo que se denominó «quedar en blanco». Esto pasaba cuando un hombre quedaba sometido a la influencia de la fuerza electromagnética demasiado tiempo. Su efecto principal consistía en la imposibilidad del sujeto de moverse por su propia voluntad. Esto se podía llegar a neutralizar si alguien dentro del mismo campo, y con suma rapidez, consiguiera tocarle; si esto no sucedía quedaría irremediablemente congelado, tardándose meses en intentar descongelarlo utilizándose para este fin sofisticados y costosísimos equipos electrónicos que no lograban siempre liberar a la víctima del campo de fuerza. En caso de que esto se lograra, no se podía evitar que la persona perdiera la noción del tiempo y enloqueciera.
La conclusión, clara: el supuesto experimento fue un éxito completo. Los hombres fueron fracasos totales.
El buque quedó maldito desde entonces. Para eliminar toda evidencia, se le quitaron todos los generadores e instrumental que producía el campo de fuerza, perdiendo el destructor hasta 300 toneladas de desplazamiento. Tras prestar un breve y marginal servicio de escolta de convoyes durante la guerra, fue dado de baja en 1946, siendo transferido a la Armada griega, cinco años más tarde.

El origen de la leyenda
La historia, tal y como la conocemos, salió a la luz gracias al libro The cases for the UFO, que fue el primero de los cuatro que trataban sobre OVNIS, cuyo autor era Morris K. Jessup.
El señor Jessup había recibido en 1955 una serie de cartas firmadas por un tal Carlos Allende que, impresionado por la lectura del citado libro, se ofrecía a facilitar datos que él conocía sobre los detalles del experimento, del que aseguraba haber sido testigo. El señor Jessup le contestó pidiendo dichas pruebas, y cuatro meses después recibió una segunda carta, donde el tal Allende daba algunos detalles más señalando la posibilidad de ser sometido a hipnosis con el fin de recordar fechas y nombres de otras personas que asistieron con él al proyecto. El señor Jessup pensó que era un loco, y se olvidó del tema, hasta que, en una de sus visitas a la Oficina de Investigación Naval norteamericana unos oficiales de la Marina le entregaron un libro anónimo, encuadernado en rústica y que estaba realizado por tres autores distintos, donde se comentaba entre otras cosas el experimento de Filadelfia; de la lectura del mismo se deducía que uno de ellos era sin duda el misterioso Carlos Allende, ya que utilizaba el mismo estilo literario, expresándose además en los mismos términos sobre él.
Todo acaba aquí, al señor Jessup se le encontró muerto en Florida, la noche del 20 de abril de 1959, dentro de su camioneta con una manguera conectada al tubo de escape. No había señales de violencia. No se encontraron notas. El certificado de defunción lo registra como suicidio.
Lógicamente, esta trágica muerte fue aprovechada para alimentar aún más la leyenda, señalando como culpable al servicio de inteligencia americano del suceso, aduciéndose la burda excusa de que el profesor sabía demasiado sobre el tema y era urgente eliminarlo.

Algo que nunca sucedió
Quizá sea ésta la mayor mentira jamás contada. Sostener que gracias a la teoría del campo unificado se consiguió alguna vez la invisibilidad de un buque carece de sentido por una sencilla razón: Einstein nunca consiguió elaborar una fórmula correcta; además, los avances en mecánica cuántica demostraron la imposibilidad de crear ese campo tal y como lo concebía el físico alemán.
Por otro lado, si realmente se consiguió por unos segundos la invisibilidad del buque, la Marina norteamericana, lejos de abandonar el proyecto, lo hubiera desarrollado intentando perfeccionar el sistema, eliminando poco a poco los riesgos de sus dotaciones tras los sucesivos intentos aplicando la experiencia acumulada.
En cuanto a la pérdida de tonelaje del buque, en ningún modo se debió al desmontaje del cableado de los supuestos generadores del campo con el fin de que no quedara evidencia alguna del experimento, cualquiera mínimamente documentado en temas de marina militar sabe que, por lo general, cuando los Estados Unidos transfieren un buque a otra Armada lo hacen desmontando gran parte de sus equipos de electrónica y armas, bien por su incompatibilidad, bien para preservar su tecnología.
Recordemos para finalizar que el señor Jessup, a pesar de ser científico, era más conocido por su trabajo pseudocientífico (publicó varios trabajos sobre la temática OVNI); de hecho, relacionaba directamente el experimento Filadelfia con la supuesta propulsión de los platillos volantes, porque en ambos casos, supuestamente, se aplicaban potentes campos electromagnéticos. Sencillamente delirante.
Paradojas del destino, 56 años después del falso experimento, la Marina estadounidense tiene en pruebas un buque «invisible»; invisible a la electrónica, claro está, el denominado Sea Shadow. Al ser un proyecto secreto, poco se conoce sobre sus características técnicas. Construido por Lockheed en 1984, sus dimensiones son 160 metros de eslora, 70 metros de manga, calando 14 metros. La propulsión la proporciona una máquina diesel-eléctrica que le da una autonomía de unas 2.000 millas, llevando 12 personas de dotación.
Es triste comprobar cómo una mentira muchas veces repetida termina siendo para muchos verdad. En cualquier caso, y a modo de conclusión, no me cabe duda de que los únicos misterios que existen son los que la mente humana crea, fruto, muchas veces, de sus irracionales miedos, alimentados éstos por la más supina ignorancia.

BIBLIOGRAFÍA
GADDIS, Vicent: Verdaderos misterios del mar. Editorial Diana. México, 1974.
ARMENTIA, Javier E.: La patraña del barco invisible. Revista Muy Interesante.
Jane's Fighting Ships, 1999-2000.
ABC, 1975-1977.
Arriba, 1976-1978.
El Noticiero Universal, 1975-1978.

Extraido de: http://www.kbismarck.org/foro/viewtopic.php?f=4&t=14

1 comentario:

Anónimo dijo...

no tiene nada de logica nada... hay tantas teorias a favor como en contra... deducir esto por el momento es como querer analizar la existencia de dios... consejo: no pierdas mas tiempo con estas cosas