viernes, 23 de julio de 2010

Desmintiendo 6 mitos de los negacionistas de las vacunas

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2010/07/23/desmintiendo-6-mitos-de-los-negacionistas-de-las-vacunas/#respond

En la sociedad actual podemos encontrarnos con muchos tipos de negacionismos. Internet ha amplificado su mensaje, y algunos de ellos están teniendo calado entre la clase política, tan permeable a dar mayor importancia a opiniones de la población general que a la de aquellas personas que tienen una amplia formación profesional y conocer perfectamente de lo que están hablando. Así tenemos negacionistas de la evolución (creacionistas) que influyen para que la religión se enseñe en clase de ciencias, negacionistas del SIDA que influyen en que se retiren los antirretrovirales de la lista de terapias contra el SIDA o negacionistas de la vacunación que influyen en grupos de población para que no vacunen a sus hijos. En un anterior artículo en este blog se discutió sobre las vacunas como herramientas de salud pública.
Aquí se van a considerar las principales objeciones que presentan los negacionistas. Este es un documento del CDC (Centro de Control de Enfermedades de EEUU) que responde con datos a algunas de las principales objeciones que presentan los padres a la hora de vacunar a sus hijos. Espero que conteste a esas dudas que a uno se le plantea cuando juega con aspectos que conciernen a su salud o la de su familia.

Introducción
Hay seis falsas ideas acerca de la vacunación que citan con frecuencia los padres como razones para cuestionar la conveniencia de vacunar a sus hijos. Si los proveedores de vacunas respondieran con precisión y diesen la información adecuada, tranquilizarían a los padres y éstos tendrían más herramientas para discernir las inexactitudes que reciben de otras fuentes. El objetivo es asegurarse de que los pacientes y los padres tienen información precisa para que puedan tomar una decisión informada.

1. Las enfermedades ya había comenzado a desaparecer antes de que se introdujeran las vacunas, debido a una mayor higiene y saneamientos.

Declaraciones como esta son muy comunes en la literatura anti-vacuna. Su intención aparente es sugerir que las vacunas no son necesarias. La mejora de las condiciones socioeconómicas sin duda ha tenido un impacto indirecto sobre las enfermedades. Una mejor nutrición, por no mencionar el desarrollo y uso de antibióticos y otros tratamientos, han incrementado la tasas de supervivencia entre los enfermos Una mejoría en las condiciones de hacinamiento han reducido la transmisión de enfermedades, y la disminución de la tasas de natalidad han disminuido el número de los posibles contactos. Pero al mirar a la incidencia real de la enfermedad a lo largo de los años quedan pocas dudas de que las vacunas poseen un efecto directo en la incidedencia de las enfermedades, incluso en los tiempos actuales. Así, por ejemplo, la figura muestra la incidencia del sarampión desde el año 1950 a la actualidad.

Hubo picos y valles periódicos a lo largo de los años, pero la reducción real y permanente del sarampión en los EEUU coincidió con el amplio uso de la vacuna contra el sarampión a partir de 1963. Los gráficos para la mayoría de otras enfermedades para las que se inició un proceso de vacunación muestran un patrón similar. ¿Acaso debemos de creer que un mejor saneamiento causa una incidencia menor de cada enfermedad, justo en el momento en el que se introdujo la vacuna para esa enfermedad?

Nota: La tasa de incidencia de la hepatitis B no se ha reducido de manera tan significativa aún porque los niños que comenzaron la vacunación en 1991 no se pondrá en alto riesgo de la enfermedad hasta que sean adolescentes. Por lo tanto, hay que esperar un desfase de unos 15 años desde el inicio de la vacunación universal para bebés y una disminución significativa de la incidencia de esa enfermedad.

La vacuna contra Haemophilus influenzae B (Hib) es otro buen ejemplo, porque la enfermedad provocada por Hib era frecuente hasta hace unos pocos años. Cuando las vacunas conjugadas que finalmente desarrollaron su capacidad para inmunizar niños (la vacuna de polisacáridos disponible anteriormente no se podían utilizar para los niños, a pesar de que la mayoría de los casos de esta enfermedad se producían en la infancia). Dado que el saneamiento no ha mejorado significativamente desde 1990, es difícil atribuir la virtual desaparición de la enfermedad en niños en los últimos años (de cerca de 20.000 casos al año a sólo 1.419 casos en 1993, y sigue bajando) a otro factor diferente a la vacuna.

El caso de la varicela también puede ser utilizado para ilustrar este punto, ya que el saneamiento moderno no impidió los casi 4 millones de casos al año que se producían en los EEUU. Si las enfermedades estaban desapareciendo, deberíamos esperar que la varicela desapareciera de forma paralela a como lo hacían otras enfermedades que lo hacían gracias a la vacunación. Pero casi todos los niños en los Estados Unidos contraen la enfermedad hoy en día, tal como lo hicieron hace 20 años o hace 80 años. Basándose en los datos que se disponen con la vacuna de varicela obtenidos con ensayos clínicos realizados antes de que se otorgara la licencia, se espera que la incidencia de la varicela disminuya significativamente cuando la vacuna sea autorizada en los EEUU. La vigilancia activa en otros países ha demostrado una disminución de la incidencia del 76-86% en el período 1995-2.001.

Por último, se puede observar la experiencia obtenida en varios países desarrollados después de que se dejen caer los niveles de su inmunización. Tres países, Gran Bretaña, Suecia y Japón, redujeron el uso de la vacuna contra la tos ferina, por miedo a efectos adversos de la vacuna. El efecto fue dramático e inmediato. En Gran Bretaña, después de una disminución de la tos ferina motivada tras la campaña de vacunación en 1974 fue seguida por una epidemia de más de 100.000 casos de tos ferina con 36 defunciones en 1978. En Japón, casi al mismo tiempo, una disminución de la tasas de vacunación del 70% al 20% provocó un incremento de casos de tos ferina de 393 y ninguna muerte en 1974 a 13.000 casos y 41 muertes en 1979. En Suecia, la tasa de incidencia anual de tos ferina por cada 100.000 niños de 0 a 6 años de edad aumentó de 700 casos en 1981 a 3.200 en 1985. Parece claro por estas experiencias que las vacunas no sólo acaban haciendo desaparecer las enfermedades sino que cuando se deja de vacunar, éstas acaban volviendo.

Un dramático ejemplo lo constituyó la epidemia de difteria que se produjo en la antigua Unión Soviética entre 1989 y 1994, cuando la bajada en las tasas de inmunización primaria de los niños y la falta de vacunas de refuerzo para los adultos se tradujo en un aumento de los 839 casos que se dieron en 1989 a los casi 50.000 casos y 1.700 muertes de 1994. Ya ha habido al menos 20 casos importados en Europa y dos casos en ciudadanos de EE.UU. que trabajan en la antigua Unión Soviética.


2. La mayoría de las personas que enferman han sido vacunadas.

Este es otro argumento frecuentemente encontrados en la literatura anti-vacuna, sugiriendo de esta forma que las vacunas no son eficaces. De hecho, es cierto que cuando se produce una epidemia el número de personas que han sido vacunados que se infectan supera al de los que no lo han sido, incluso con las vacunas como la del sarampión, que sabemos que posee aproximadamente un 98% de efectividad cuando se usa de forma adecuada.

Esto se explica por dos factores. (1) No hay ninguna vacuna que tenga un 100% de efectividad. La mayoría de las vacunas infantiles que se usan rutinariamente son eficaces en un 85%-95% de los receptores. Por razones relacionadas con el individuo, algunos no desarrollan inmunidad. (2) El segundo hecho es que en un país como los EEUU el número de personas que han sido vacunados es mucho más numeroso que los aquellos que no lo han sido. Pongamos un ejemplo para mostrar la combinación de (1) + (2).

En una escuela secundaria de 1.000 estudiantes, ninguno ha tenido sarampión. Todos excepto 5 de ellos han recibido dos dosis de vacuna contra el sarampión. Los profesores y estudiantes están expuestos al virus del sarampión, y todos los estudiantes son susceptibles de resultar infectados. Los 5 estudiantes no vacunados serán infectados, por supuesto. Pero de los 995 que han sido vacunados, podríamos esperar que varios no respondan a la vacuna. La tasa de eficacia de dos dosis de vacuna contra el sarampión es superior al 99%. En los vacunos 7 estudiantes no han desarrollado inmunidad, y ellos también infectarse. Por lo tanto 7 del total de los 12 infectados, o aproximadamente el 58% de los casos (la mayoría) se dan entre los estudiantes que han recibido todas las vacunas.

Pero eso no prueba que la vacuna no funcionó -sólo prueba que la mayoría de los niños el colegio habían sido vacunados. Porque visto de otro modo la cosa cambia (y se parece más a la situación real): el 100% de los niños que no habían sido vacunados contra el sarampión enfermó, mientras que entre los vacunados la probabilidad de enfermar es de sólo el 1%. La vacuna contra el sarampión protegió a la mayoría de los estudiantes, si nadie en la clase hubiese sido vacunado, el número de infectados se acercaría a los 1.000 casos de sarampión.

3. Existen “lotes” de la vacuna que se han asociado con un mayor número de eventos adversos y defunciones que otros. Los padres deben de encontrar los números de estos lotes y no permitir que sus hijos reciban vacunas de ellos de esos lotes.

Esta idea es errónea, aunque tiene una considerable difusión, especialmente cuando esta especulación apareció en un programa de noticias de televisión. En primer lugar, el concepto de un lote “caliente” de una vacuna es incorrecto. Se basa en la presunción de que los informes VAERS (acrónimo de “Vaccine Adverse Event Reporting System”) de un lote de vacuna se asocia con una mayor peligrosidad de la vacuna en ese lote, y que consultando en una lista el número del lote, un padre puede identificar cuáles debe evitar.

Esto es engañoso por dos razones:

  • 1. Un informe presentado a VAERS no implica que las vacunas del mismo lote presenten el mismo problema. VAERS es un sistema nacional para informar sobre los problemas de salud que ocurren a la misma hora de la vacunación. Sólo algunas de las condiciones de salud reportadas son efectos secundarios relacionados a las vacunas. Un cierto número de informes de VAERS, de enfermedades graves o la muerte se producen por azar entre las personas que han sido vacunadas recientemente.
  • 2. Los informes VAERS, tienen muchas limitaciones, ya que a menudo carecen de información importante, como por ejemplo los resultados de laboratorio, para establecer una verdadera asociación entre la vacuna y problema reportado. Para todos los eventos graves o clínicamente significativos (acontecimientos que amenazan la vida, hospitalización, incapacidad permanente o muerte), un posterior seguimiento por parte del médico y permite obtener información complementaria al presentado en los informes. Debido a las limitaciones de este tipo de sistema de información, es difícil de determinar la causalidad. Independientemente de la causa, VAERS está interesado en escuchar todos problema de salud que ocurren durante la vacunación. En resumen, los científicos no son capaces de identificar un problema con un lote de vacuna basada en los informes de VAERS. Esto sólo se puede hacer después tras un minucioso análisis científico de otros factores y datos.

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Los tamaños de los lotes de vacunas puede variar desde varios cientos de miles a varios millones de dosis, y algunos permanecen en la distribución mucho más tiempo que otros. Naturalmente, aquellos lotes que son mucho más grandes o aquellos que están más tiempo en distribución pueden tener mayor número de efectos adversos, simplemente por casualidad. Además, los casos de muertes suelen estar asociados con las vacunas administradas en los primeros momentos de la infancia, dado que la probabilidad de muerte de los niños es más elevada durante el primer año de vida. Así que conociendo que en el lote A se han producido “x” número de eventos adversos y en el lote B se ha asociado con un número “y”, eso no implica necesariamente que uno de los lotes sea más inseguro, incluso si la vacuna causó esos hechos.

La revisión de las listas publicadas de “lotes” no ayudará a los padres a identificar la mejor o peor las vacunas para sus hijos. Si el informe VAERS informa de un número de lote de vacuna en particular asociado a eventos adversos graves, se espera que esa conexión no sea estadísticamente significativa, y la relación sea azarosa. La “Food and Drug Administration” (FDA) tiene la obligación de informar de inmediato cuando se detecten problemas, y hasta el momento los científicos no han sido capaces de identificar un problema de una vacuna atendiendo al número de lote informado por VAERS. Se precisan otros datos, análisis y factores para conocer las causas y las vacunas implicadas.

Todas las instalaciones de fabricación de vacunas así como las propias vacunas están autorizadas por la FDA (en EEUU). La seguridad de cada lote de vacunas, además, es probada por el fabricante. Los resultados de estas pruebas son revisados por la FDA, que puede repetir algunas de estas pruebas como una medida de protección adicional. La FDA también inspecciona las instalaciones de fabricación de vacunas regularmente para asegurar que se cumplen los protocolos de fabricación. También revisa los informes de VAERS cada semana para cada lote, en busca de patrones inusuales. La FDA retira un lote de vacuna si se presenta un problema. No se produce ningún beneficio, ni para la FDA ni para el fabricante, el permitir que una vacuna insegura permanezca en el mercado, todo lo contrario, se exponen a procesos legales. El simple hecho es que un lote de vacuna se esté distribuyendo asegura que la FDA lo considera seguro.

4. Las vacunas ocasionan numerosos efectos secundarios perjudiciales, enfermedades e incluso la muerte – por no mencionar los posibles efectos a largo plazo que ni siquiera conocen.

Las vacunas son muy seguras, a pesar de que se indique lo contrario en muchas publicaciones negacionistas de la vacunación. La mayoría de las reacciones adversas a las vacunas son menores y temporales, como dolor en el brazo o fiebre leve. Estos a menudo pueden ser controlados por un analgésico justo antes o justo después de la vacunación. Los eventos adversos más graves son muy poco frecuentes (en el orden del uno por mil a uno por millón de dosis), y algunas son tan raras que el riesgo no puede evaluarse con precisión. En cuanto a las vacunas que causen la muerte hay que decir que ese número es tan bajo que es difícil atribuir sin margen de dudas que la causa de la muerte ha sido la vacuna, al menos desde un punto de significancia estadística. De todas las muertes registradas en los informes VAERS entre 1990 y 1992, sólo una de ella se piensa que puedo estar directamente asociada con la vacuna suministrada. Cada muerte que se produce es reportada en un informe VAERS, y es examinada a fondo para asegurarse de sin ningún género de dudas que la vacuna es la causa real de la muerte. Por el momento hay pocas evidencias que sugieran que las vacunas han contribuido a alguna de las muertes registradas. El Instituto de Medicina en su informe de 1994 señala que el riesgo de muerte por las vacunas es “extraordinariamente bajo“.

  • Vacuna DTaP (prevención de la difteria, tétanos y tos ferina) y los SIDS (síndrome de muerte súbita)

Un mito que no acaba de desaparecer es que la vacuna DTaP causa el síndrome de muerte súbita del lactante (SIDS). Esta creencia se debia a que una proporción significativa de niños que mueren de SIDS habían sido recientemente vacunadas con DTaP, y un análisis superficial hace pensar en una posible relación de causalidad. Pero este análisis lógico es muy deficiente, de forma análoga se podría afirmar que comer pan provoca accidentes automovilísticos, ya que muchos conductores han sufrido un accidente de coche poco tiempo después de comer pan.

Si se tiene en cuenta que la mayoría de los casos de SIDS ocurren durante el intervalo de edad en el que se producen las 3 inyecciones de la vacuna DTaP, es esperable que un buen número de casos de SIDS precedan alguna de las dosis de la vacuna, simplemente por casualidad. De hecho, cuando se llevaron a cabo una serie de estudios bien controlados, en la década de 1980, los investigadores descubrieron que el número de casos de SIDS asociados con la vacunación DTaP estaba dentro del rango esperado por azar. En otras palabras, los casos de SIDS se habrían producido aún cuando no se había recibido las vacunas. En otros estudios se mostraba que los niños que habían recibido recientemente una vacuna DTaP eran menos propensas a padecer SIDS que los no vacunados. El Instituto de Medicina informó que “todos los estudios controlados que hayan comparado inmunizados frente a niños no inmunizados o bien se han encontrado que no existe asociación, o bien una disminución en el riesgo..

  • Riesgo de muerte por enfermedad comparado con riesgo de morir por la vacuna que inmuniza contra esa enfermedad
  • Riego del sarampión y rubéola frente a la vacuna MMR (sarampión, rubéola y paperas)

Incluso un acontecimiento adverso grave en un millón de dosis de la vacuna no se puede justificar si no existiese algún beneficio en la vacunación. Si no existiesen las vacunas, habría muchos más casos de infección, y junto con ellos más aumentaría la proporción de efectos adversos y muerte. Pero esta situación de riesgo no es suficiente por sí sola, siempre hay que comparar los riesgos con los beneficios. Al hacerlo podemos tener una idea de los beneficios que obtenemos al vacunar a nuestros niños.

ENFERMEDAD
Sarampión
Casos de neumonía: 6 por cada 100
Casos de encefalitis: 1 de cada 1.000
Casos de muerte: 2 en 1000

Rubéola
Síndrome de rubéola congénita: 1 de cada 4 (caso en el que la mujer se infecta al comienzo del embarazo, lo que provoca malformaciones en el feto)

VACUNAS
MMR
Encefalitis o reacción alérgica grave: 1 de cada 1.000.000.

Difteria, Tétanos, Tos ferina y la vacuna contra DTap

ENFERMEDAD
Difteria
Casos de muerte: 1 por cada 20

Tétanos
Casos de muerte: 2 de cada 10

Tos ferina
Casos de neumonía: 1 de cada 8
Casos de encefalitis: 1 de cada 20
Caos de muerte: 1 de cada 1.500

VACUNAS
DTaP
Llanto continuo seguido de una recuperación total: 1 de cada 1000
Convulsiones o shock seguida de una total recuperación: 1 de cada 14.000
Casos de encefalopatía aguda: De 0 a 11 en cada 1.000.000
Casos de muerte: Ninguno demostrado.

Los hechos demuestran que es mucho más probable que un niño tenga un riesgo vital un por una de estas enfermedades que por cualquiera de las vacuna empleadas para prevenirlas. Si bien los efectos perniciosos o las muertes causadas por las vacunas son lamentables, también está claro que los beneficios que produce la vacunación superan con creces el ligero riesgo que estas tienen. De hecho, tener una herramienta médica tan poderosa como una vacuna y no emplearla sería del todo inconcebible.

Hay muchas investigaciones en curso en los servicios de Salud Pública de los EE.UU. para entender mejor si las reacciones adversas a las vacunas son realmente causadas por las vacunas y cómo reducir éstas aún más.

5. Las enfermedades para las cuales se están produciendo vacunas han sido prácticamente eliminada de los Estados Unidos, por tanto ya no hay necesidad de seguir vacunando a nuestro hijos

Es cierto que las campañas de vacunación ha permitido reducir la frecuencia de diversas enfermedades a niveles muy bajos en los Estados Unidos. Sin embargo, algunos de ellos todavía son muy frecuentes, incluso con carácter de epidemia, en otras partes del mundo. Los viajeros, sin saberlo, pueden transportar las enfermedades a lo largo del mundo. Si no estaban protegidos por las vacunas estas enfermedades podría extenderse rápidamente por toda la población, causando epidemias en otros lugares diferentes a los de origen. Así, el relativamente bajo número de casos que hay actualmente en los EE.UU. podrían verse incrementado rápidamente y convertirse en decenas o cientos de miles de casos si no fuese por protección que obtenemos de las vacunas.

Todavía deben ser vacunados, pues, por dos razones. El primero es para protegernos. Incluso si pensamos que nuestras posibilidades de contraer alguna de esas enfermedades son pequeñas, las enfermedades siguen presentes y pueden infectar a cualquiera que no esté protegido. Los viajeros son especialmente vulnerables. Hace unos años, un pasajero estadounidense de 63 de edad murió en Haití por difteria ya que nunca se había vacunado contra esa enfermedad. Entre 2005 y 2006, se produjeron brotes de sarampión y paperas en varios estados de los EE.UU. El brote de sarampión comenzó en un grupo de viajeros (que no habían sido vacunados) a su regreso de un viaje a Rumania, donde habían estado expuestos al sarampión.

La segunda razón para vacunarse es para proteger a los que nos rodean. Hay un pequeño número de personas que no pueden ser vacunados por razones médicas: o bien poseen una alergia grave a alguno de los componentes de la vacuna o bien (un pequeño porcentaje) simplemente no responden a las vacunas. Estas personas son susceptibles a la enfermedad, y su única posibilidad de protección es que la gente alrededor de ellos haya sido vacunada. Un programa de vacunación exitoso depende de la cooperación de todas las personas para asegurar el bien para todos. Es irresponsable que un conductor ignore todas las normas de tráfico asumiendo que los otros conductores las están respetando. De la misma manera, no debemos confiar en la gente que nos rodea para detener la propagación de la enfermedad si empezamos por negar la vacunación en nuestra propia familia. Todos debemos hacer lo que podamos.

6. Dar a un niño varias vacunas para enfermedades diferentes a la vez, aumenta el riesgo de efectos secundarios perjudiciales y puede sobrecargar el sistema inmunológico.

Los niños están expuestos a muchos antígenos extraños todos los días. Comer alimentos introduce nuevas bacterias en el cuerpo, y numerosas bacterias viven en la boca y la nariz. Una infección respiratoria de las vías altas de origen vírico expone a un niño a 4 a 10 antígenos, y una amigdalitis causada por estreptococos a unos 25-50. Según un informe de 1994 del Instituto de Medicina, “Parece poco probable que el número de antígenos por separado que figura en las vacunas infantiles (…) representaría una carga adicional apreciable sobre el sistema inmunitario” Los datos científicos disponibles indican que la vacunación simultánea con antígenos múltiples no tiene ningún efecto adverso el sistema inmunológico del niño.

Se han realizado una serie de estudios para examinar los efectos de dar varias combinaciones de vacunas al mismo tiempo. De hecho, ni el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP), ni la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que la administración simultánea de cualquier tipo de vacuna hasta que esos estudios muestren que las combinaciones son seguras y eficaces. Esos estudios han demostrado que las vacunas son tan eficaces combinadas como administradas de forma individual, y que las combinaciones no incrementan la posibilidad de efectos secundarios adversos. En consecuencia, tanto el ACIP como la AAP recomiendan la administración simultánea de todas las vacunas infantiles que son preceptivas cuando se estime apropiado.

Hay dos ventajas prácticas a favor de darle a un niño varias vacunas durante la misma visita médica. En primer lugar, vacunar a los niños lo antes posible para que tengan protección durante los mes más vulnerables de su temprana edad. En segundo lugar, dar varias vacunas a la vez implica menos visitas a la oficina para la vacunación, lo que ahorra a los padres tanto tiempo como dinero, a la vez que es menos traumático para el niño.

1 comentario:

KrizalidX1 dijo...

Es lo que sucede con la ignorancia, uno se pone en riesgo de manera estupida e intenta poner a los demas de la misma manera.

Sin ciencia no hay salud