domingo, 3 de octubre de 2010

Diferencias entre disidencia, negacionismo y magufada

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2010/09/30/diferencias-entre-disidencia-negacionismo-y-magufada/

Dejando de lado que negacionista y magufo son dos palabras no admitidas por la Real Academia Española de la lengua, aunque de uso común tanto en publicaciones como en Internet, pienso que no son sinónimos, sino que esconden diferentes realidades. Además mientras una de las tres posturas puede ser útil las otras dos esconden características anti-científicas. Echemos un vistazo lo que representa cada término.

Los disidentes suelen ser personas que saben de lo que hablan, ocupan cargos académicos y son especialistas en el tema que disienten. Investigan para probar sus hipótesis, y si el camino experimental es complejo plantean los protocolos experimentales para el futuro. Aunque la comunidad científica disienta de estas personas son respetados en su área de conocimientos. Sus trabajos acaban preferentemente en revistas científicas de revisión por pares. Hay muchos ejemplos de científicos que son o han sido disidente, a bote pronto puedo recordar a Robin Warren y Barry Marshall (ambos premios Nobel de medicina) que fueron disidentes sobre el motivo que provocaba la úlcera y el cáncer estomacal. Ellos opinaban que no existían motivos psicosomáticos sino que todo era consecuencia de una infección por parte de la bacteria Helicobacter pylori. Consiguieron demostrar experimentalmente que estaban en lo correcto. Otra persona que fue disidente del VIH fue Peter Duesberg, el cual negaba la existencia del virus VIH para posteriormente pasar a no negar su existencia pero sí su responsabilidad en el SIDA. Esta disidencia fue escuchada durante bastantes años hasta que la carga de evidencias fue tan abrumadora que pasó al negacionismo.

Los negacionistas también saben de lo que hablan (aunque en ocasiones de forma superficial), pero han perdido perspectiva del tema que tratan. O bien no están al corriente de los últimos trabajos realizados en el tema, o bien quedan anclados machaconamente en una disidencia refutada. Algunos de ellos son académicos, aunque es frecuente que lo sean en áreas completamente diferentes a las que abarca su negacionismo. No investigan en el tema y sólo se dedican a escritos teóricos, en el mejor de los casos. Eluden todos los resultados experimentales que contradicen su postura y dan credibilidad a hipótesis que carecen de evidencia experimental que la sustente. En ocasiones la motivación hay que buscarla en ámbitos alejados de la ciencia como puede ser la política o la religión. P. Duesberg forma parte ahora de los negacionistas del SIDA y el grupo de Perth de los negacionistas del VIH. También podemos incluir a doctores en biología que por motivaciones religiosas niegan la evolución o historiadores que afirman que los nazis no efectuaron un genocidio planificado a gran escala.

El magufo sin embargo no suele tener los conocimientos necesarios para entender el tema que apoya, en muchas ocasiones ni siquiera tiene conocimientos básicos de ciencia. Mucho menos tiene los conocimientos técnicos para poder debatir detalles en profundidad y solamente se hace eco de documentos que no comprende pero cuya conclusión apoye su postura. No investiga en el tema como no sea para establecer relaciones esotéricas y conspiranoicas que frecuentemente no tienen la menor conexión con lo que se aborda. Se sienten perseguidos y convierten la censura hacia ellos en una victoria personal, sintiéndose en el bando de los débiles que han de derrotar al gigante de barro. A pesar de sentirse perseguidos actúan como coro amplificador de cualquier conspiranoia que aparezca, sin juzgar su grado de validez (entre otras cosas porque no tienen conocimientos para juzgarlo) e inundan Internet de textos con un comportamiento que se conoce en la red como de troll. Muchos de ellos son profundamente anti-científicos, al no poder entender los mecanismos con los que opera la ciencia, ni la complejidad que ésta posee acaban poniendo la etiqueta de “ciencia oficial” a todo aquello que no entienden, pero les contradice, a la vez que honra una “ciencia alternativa” que bautizan como democrática y accesible a cualquiera pero que está completamente vacía de contenidos. Las motivaciones son diversas: negocio, pasar el rato, amplificar un bulo; aunque también las hay de carácter político, religioso, racista o sexista. Típicos magufos podrían ser los pastores religiosos que niegan la evolución, los homófobos que piden que se retiren los antirretrovirales o los seguidores de “tratamientos médicos alternativos” que curan todas las enfermedades de golpe.

¿Hay algo aprovechable del mensaje de los disidentes, negacionistas y magufos?

El mensaje de los disidentes suele aportar visiones poco comunes, que pueden tener muchos interés al animar la discusión y abrir nuevas vías de investigación. Además pueden servir como sistema de corrección y eliminación que en ocasiones la ciencia comete. A los disidentes se les puede escuchar en congresos y leer en sus publicaciones científicas. En general ayudan al avance de la ciencia.

Sin embargo los negacionistas no aportan nada útil, ni siquiera en los casos en que procedan de una disidencia trasnochada. Al no experimentar ni marcar el camino de cómo hacerlo quedan obsoletos. Participan en conferencias, generalmente de ámbito magufo, en juicios donde son maltratados por los tribunales mostrándoles como poco actualizados o en intentos de publicación en revistas científicas que son rechazadas sistemáticamente por contener información refutada o con falta de evidencias experimentales que lo sustente. El victimismo es otra de sus caretas preferidas y cualquier intento a que sustenten experimentalmente lo que defienden es tomado como un serio insulto.

Los magufos tienen su área de expresión favorita en Internet y en algunas publicaciones (que no posee la revisión de la comunidad científica en ningún momento) que también pueden ser calificadas como magufas. Son el altavoz de cualquier ocurrencia (sólo hace falta navegar un poco en la red para darse cuenta de ello) y su ámbito de actuación es la blogosfera. Pueden llegar a influir de forma negativa en toma de decisiones, cuestión que puede ser preocupante cuando la magufada está relacionada con temas de salud.

Epílogo

La figura del científico disidente que en algunas ocasiones ha quedado como anécdota de la historia, pero que en otras ha servido para el desarrollo de la ciencia (además de sacar los colores y replantear la autocrítica en la comunidad científica) queda emborronada por fenómenos como el negacionismo o la magufería que se mueven con gran soltura por Internet y que están basadas en fundamentos para nada relacionados con la ciencia (economía, política, religión, etc). Por ello es muy importante no sólo escuchar el mensaje, sino desde qué ámbito se dice y sobre todo en qué se fundamenta. En resumen que siempre hay que ser escéptico.

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