jueves, 7 de octubre de 2010

Orinoterapia: la terapia del reciclado uréico.

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2010/10/07/orinoterapia-la-terapia-del-reciclado-ureico/#comments

Sin duda alguna la colección de remedios «naturales» que nos ofrecen las denominadas «medicinas alternativas» es extensísimo. Algunos son francamente apetecibles independientemente de su posible eficacia, como puede ocurrir con la aromatoterapia o la talasoterapia. Sin embargo, otras soluciones resultan indudablemente más desagradables, como el llenarnos el cuerpo de agujas o, en el caso que presentamos hoy, beberse uno sus propios orines.

Y es que en eso precisamente consiste la «Orinoterapia», término que hace referencia a una práctica cuyos defensores atribuyen a las medicinas Ayurveda, Kampō y china tradicional (toda buena terapia alternativa que se precie debe poder presumir de un origen milenario) y que afirma que la ingestión o aplicación externa de la propia orina puede sanar multitud de dolencias.

En las numerosas webs sobre terapias y medicinas alternativas que tratan esta panacea es posible encontrar las explicaciones más descabelladas que nos podamos imaginar, como también suele ser ley en las pseudociencias. Vamos a intentar resumir en que se basa y si existe algún fundamento real para confiar nuestra salud a este líquido amarillento que excretamos diariamente.

La Orinoterapia consiste en hacer ingerir, o aplicar tópicamente al enfermo una dosis de su propia orina, basándose en el principio fundamental de que la orina no es un producto de desecho y por lo tanto no contiene tóxicos, sino productos beneficiosos que el cuerpo expulsa por alguna extraña razón.

¿Desecho o agua de la vida?

Vayamos por partes: ¿es cierto que la orina no es un producto de desecho? ¿En que se basa tal afirmación? Algunos textos orinoterapeúticos llegan a argumentar que “la orina no es un desecho porque no viene por los intestinos, sino un filtro de la sangre de constitución similar al suero sanguíneo y al líquido amniótico”.

Aquí ya encontramos un primer y serio despropósito. Según estos «terapeutas», todos los desechos del organismo viajan por los intestinos, es decir, se expulsan en forma de excrementos. Por lo tanto, y según esta particular concepción de la fisiología humana, la orina, el sudor o los gases espirados a través de los pulmones no son ni tóxicos ni desechables, dado que no viajan por los intestinos.

Fundamentalmente, nuestro cuerpo precisa de tres tipos de aportes externos: nutrientes, agua y aire. A partir de ellos se obtienen los elementos necesarios para el crecimiento, renovación y funcionamiento del organismo. Los nutrientes nos aportan elementos básicos para construir los variadísimos componentes estructurales y funcionales del cuerpo, así como moléculas que son usadas como combustible para la obtención de la energía necesaria en todos los procesos orgánicos. El agua resulta un elemento indispensable tanto para mantener los niveles adecuados del líquido corporal (extra e intracelular) como por su participación en numerosos procesos. Por último, el aire nos proporciona el oxígeno necesario para quemar aquellas moléculas que habíamos ingerido con la alimentación y así poder cubrir los requerimientos energéticos.

Un primer problema al que nos enfrentamos como seres vivos es que no podemos aprovechar la mayor parte de estructuras preexistentes. Por ejemplo, para fabricar pelo no basta con comer pelo de mamífero: nuestro organismo no puede utilizarlo directamente; de igual forma, no podemos comer sesos para renovar las neuronas de nuestro sistema nervioso ni riñones para mantener los propios. Aún más, la mayor parte de las macromoléculas (proteínas, azúcares y grasas) tampoco pueden ser utilizadas directamente: no podemos beber sangre de un congénere para aprovechar su hemoglobina.

Como animales heterótrofos que somos, necesitamos ingerir materia orgánica procedente de otros seres vivos, pero no para utilizarla directamente, sino para descomponerla en elementos más simples (aminoácidos, monosacáridos, lípidos simples, elementos minerales, etc.). A través de algunas de estas rutas de degradación (proceso que globalmente se conoce como catabolismo), se obtiene energía que se almacena químicamente (en moléculas como el ATP) para poder ser utilizada posteriormente. Las moléculas sencillas obtenidas son las que se utilizan como ladrillos para construir nuestras propias macromoléculas. Utilizando uno de los ejemplos anteriores, la hemoglobina de nuestra sangre se sintetiza a partir de las instrucciones contenidas en nuestro ADN, utilizando como materiales aminoácidos individuales bien producto de la degradación de proteínas ingeridas con la dieta, bien producto de otra síntesis previa a partir de moléculas aún mas sencillas; la energía utilizada será aquella que obtuvimos mediante los procesos catabólicos.

La primera parte de este trabajo se lleva a cabo en los aparatos digestivo y respiratorio, que son los encargados de introducir en el cuerpo los nutrientes, el agua y el aire. Ahora bien, un segundo problema que tenemos es la eficiencia de ambos aparatos, lo que por ejemplo nos lleva a expulsar con cada espiración una buena cantidad de oxígeno que no ha llegado a penetrar en el torrente sanguíneo o a eliminar con las heces toda la celulosa ingerida, al no ser capaces de digerirla. Estos excedentes son expulsados, bien con la espiración en el caso del aparato respiratorio, bien con las heces a través del aparato digestivo.

¿Significa esto que llevan razón los orinoterapeutas cuando dicen que los desechos son únicamente aquellos materiales que circulan por los intestinos? En absoluto, como podemos ver fácilmente.

Todo lo que conseguimos incorporar no puede ser aprovechado: con el aire no solamente introducimos oxígeno, sino también nitrógeno y en menor cantidad, vapor de agua, dióxido de carbono, gases nobles, polvo, humo y contaminantes. De igual forma, la comida y el agua suele incorporar, además de los elementos no digeribles como la celulosa antes mencionada, productos no utilizables e incluso tóxicos.

A esto hay que sumar que los procesos del metabolismo celular, a partir de los materiales y oxígeno obtenidos mediante los mecanismos anteriores, generan más productos de desecho, la mayor parte peligrosos si se acumulan en las células, la sangre o el líquido intersticial. Los dos productos tóxicos principales que se producen en el metabolismo son el dióxido de carbono y los derivados del nitrógeno producidos por la degradación de las proteínas.

La acumulación de CO2 en el organismo produce rápidamente una elevada toxicidad, por lo que se precisa su eliminación a medida que se va produciendo. Los derivados del nitrógeno, fundamentalmente amoniaco, a diferencia de las grasas y los carbohidratos, no dispone de un almacén donde puedan depositarse los excedentes del metabolismo. El amoniaco es altamente tóxico, aún en bajas concentraciones, por lo que precisa ser convertido de forma prácticamente inmediata en otro producto que pueda ser expulsado del organismo y evitar así la intoxicación del individuo. En el ser humano, los derivados del nitrógeno se convierten en urea, que es relativamente inocua, y que requiere estar disuelta en agua. Otros animales que viven en medios con menor aporte hídrico utilizan el ácido úrico, que puede ser excretado de forma más concentrada.

El mecanismo de eliminación de este tipo de residuos se denomina excreción, y los dos órganos fundamentales son los pulmones y los riñones, a través de los cuales nos deshacernos del CO2 y los derivados nitrogenados, respectivamente. El hígado, que expulsa al intestino otros residuos tóxicos del metabolismo y las glándulas sudoríparas, son también órganos partícipes en la excreción.

Por lo tanto, los desechos orgánicos no solo son expulsados a través del intestino, sino también mediante la respiración, la orina y, en menor medida, el sudor.

Formación y composición de la orina

El papel de los riñones en la excreción de residuos metabólicos es importantísima, labor a la que se suman otras no más prescindibles, como el mantenimiento del equilibrio hídrico y de la concentración de sales en el organismo. El mecanismo de excreción es muy diferente del de eliminación de heces por el tracto intestinal, que libera sustancias que en realidad nunca estuvieron dentro del cuerpo en sentido estricto. La eliminación de sustancias de la sangre es un proceso muy selectivo de control, análisis, selección y rechazo de elementos.

La unidad funcional del riñón es la nefrona, constituida por un acumulo de capilares denominado glomérulo y un tubo largo y estrecho, el túbulo renal. El túbulo renal se origina como un bulbo llamado cápsula de Bowman y está constituido por una parte proximal y una distal, separadas por el asa de Henle.

La sangre entra en la nefrona a través de una arteriola que conduce hacia el glomérulo. El líquido es forzado a salir a través de la pared del capilar hacia el interior de la cápsula de Bowman por el efecto de la presión sanguínea (proceso llamado filtración). A medida que el líquido viaja a través del tubo, la casi totalidad del agua, iones y otras sustancias útiles son recuperadas hacia el torrente circulatorio a través de los capilares peritubulares. Otras sustancias son secretadas desde los capilares hacia la luz de los túbulos; este proceso es lo que se denomina secreción, y muchos antibióticos son eliminados así del cuerpo, como la penicilina. Bajo la influencia de la hormona antidiurética, el líquido es concentrado a nivel del conducto colector por difusión del agua hacia fuera de la luz. Esta es la última fase de la formación de la orina, llamada reabsorción, donde la mayor parte del agua y de los solutos que entraron en el túbulo por el proceso de filtración son transportados nuevamente hacia el torrente circulatorio por las células de las paredes tubulares mediante transporte activo. Los restantes materiales de desecho y el agua abandonan la nefrona y pasan a la pelvis renal. A partir de ella, la orina gotea de forma constante hacia el uréter y la vejiga, órgano que almacena la orina hasta que es excretada del cuerpo a través de la uretra.

De esta forma, el riñón realiza una labor de filtración y posterior reabsorción para asegurar la excreción de desechos y excedentes de agua e iones, así como la recuperación de los materiales útiles.

Ingiriendo desechos

Así pues, nuestro organismo expulsa tanto lo que no ha sido capaz de aprovechar (el oxígeno de aire expirado o los nutrientes no absorbidos en el tracto respiratorio), como los excedentes y tóxicos producto del metabolismo (CO2, amoniaco, etc.). De esto se desprende que tanto en el aire espirado como en la heces y en la orina existen algunos productos utilizables, junto con otros que representan una alta toxicidad si se acumulan en el organismo.

De igual forma, en las aguas residuales encontramos productos útiles: agua, aminoácidos o sales minerales que podrían ser aprovechados por nuestro cuerpo. Pero a nadie se le ocurriría beber del colector de una depuradora pensando que tal ingestión es beneficiosa. Veamos en que se basan los principios de la Orinoterapia para que pudiéramos pensar que lo que a nuestro organismo le cuesta un gran trabajo excretar se trata en realidad de un líquido vital, sanador y totipotente que eliminamos por error. Para ello, analizaremos algunas de las afirmaciones más comunes que se encuentran en estos tratados de medicina alternativa.

La Orinoterapia consiste en dar al enfermo una dosis de su propia orina, a manera de autovacuna, dado que la orina no es un desecho (no viene por los intestinos), sino un filtro de la sangre de constitución similar al suero sanguíneo y al líquido amniótico”

Esta frase representa un total disparate. ¿Que significa eso de autovacuna?. Vamos a ver, una vacuna consiste en enfrentar al sistema inmune un componente orgánico extraño para que desarrolle anticuerpos de defensa. No podemos vacunar con sal o con potasio, simplemente porque ni la sal ni el potasio inducen una respuesta inmune. Aún menos podemos “vacunar” con productos propios aunque sean orgánicos, dado que el sistema inmune no los reconoce como extraños (salvo en el caso de las enfermedades autoinmunes, en cuyo caso sería algo así como echar más leña al fuego).

Por otro lado, la orina no tiene la misma composición que el plasma sanguíneo y el líquido amniótico. La orina está formada por un 96% de agua, con cerca de un 2% de urea (20-30 gr/l), 15 gr/l de sales inorgánicas y pequeñas cantidades de otros compuestos orgánicos como ácido úrico, creatinina y pigmentos. Por el contrario, el plasma sanguíneo presenta una gran cantidad de proteínas (6-8%), glucosa (0,7-1,45 g/l) , una menor concentración de sales inorgánicas (<1%),>

Esta composición es la que cabría esperar al tratarse la orina de un filtrado de las sustancias de desecho de la sangre. Así, la orina no presenta prácticamente proteínas ni glucosa, mientras posee una alta concentración de urea. Por el contrario, el plasma y el líquido amniótico presentan poca cantidad de urea (dado que esta se elimina por la excreción) y cantidades importantes de proteínas y glucosa.

“Al filtrarse la sangre en nuestro organismo y producirse la orina, se eliminan sobrantes de hormonas, enzimas y aminoácidos que pueden ser aprovechados por el cuerpo”

Como hemos visto anteriormente, esta afirmación es otro completo disparate. Las proteínas prácticamente no existen en la orina (por encima de 80 mg/l o 140 mg en la orina de 24 h. se considera patológico y se conoce como proteinuria).

“El uso de orina como medicamento es una práctica segura, sin riesgo alguno y de rápida efectividad”

Beber orina en pequeñas cantidades probablemente sea inofensivo, pero la ingesta de dosis mayores puede producir serios problemas al aumentar la cantidad de tóxicos y productos de desecho que precisamente el cuerpo está tratando de eliminar. Beber cantidades importantes puede producir efectos secundarios negativos, como diarreas, fatiga, fiebre y dolores musculares. Con respecto a la efectividad, solo cabe destacar que no hay evidencia científica alguna sobre el valor terapéutico de la orina.
La orinoterapia se emplea para la cura de enfermedades es casi omnipotente, desde reumatismos y enfermedades crónicas hasta cáncer, diabetes y otras enfermedades «incurables»”

Esta afirmación ya descalifica por si sola al resto de argumentaciones posibles. De nuevo nos encontramos ante una panacea, capaz de curar desde un resfriado hasta el cáncer. Por supuesto, sin decir cómo es capaz de eliminar a las células cancerígenas respetando las células sanas o cómo puede impedir que el sistema inmune ataque nuestras propias articulaciones en una artritis reumatoide.

“Muy buena, con ella se elimina el cansancio, y se recupera la potencia y sensibilidad sexual”

Salvo en los casos de adicción a la lluvia dorada, no estaría mal que explicaran cómo un remedio contra el cáncer además puede curar la impotencia.

“La orina: ¿es algo sucio? Nada de eso, es un producto de nuestra sangre y del propio cuerpo, el elemento más cercano a nuestro cuerpo, por eso no provoca ningún rechazo con presencia, -por ejemplo- de alergias, aunque tenga algunos deshechos o algunas infecciones, porque la orina es un ser vivo.”

Esto va mejorando, valiente colección de despropósitos. La orina es un ser vivo, aunque tenga infecciones no provoca rechazo y es el elemento más cercano a nuestro cuerpo. Sin comentarios…

“Los deshechos de la orina no son tóxicos ni venenosos, sino el Agua de la Vida, como dice La Biblia.”

¿Como van a ser tóxicos, por dios? son desechos de los buenos, lo que pasa es que el cuerpo los desecha porque está agilipollado. Además, si lo dice la Biblia, ¿que más da lo que una panda de ateos publique en Science?

“Infección: en el caso de las infecciones renales de vejiga o de vagina, puede que la orina tenga algún agente infeccioso, pero en cantidad muy baja; antes que un problema para la salud, esta poca cantidad actúa como autovacuna y combate y controla bien la gran infección que padece la gente.”

Genial esto de la medicina alternativa: por un lado critican las vacunas porque te meten microorganismos atenuados, y por otro aplauden beber orines llenos de bacterias o de virus plenamente activos. ¿Esto es a lo que se llama doble rasero o, simplemente, doble inconsciencia?. Por otro lado, dos frases más arriba habían afirmado que la orina no produce rechazo aunque tenga “algunas infecciones” ¿en qué quedamos?

“También debemos considerar el caso del feto el cual crece dentro de una bolsa en el útero llamada Amnión. Él crece tomando diariamente líquido amniótico que es una mezcla de la secreción amniótica y la orina del feto, hecho más que suficiente para argumentar que la orina no es algo sucio. Si Dios prepara las condiciones más sanas y favorables para que nazca una nueva vida: ¿cómo sería posible poner fetos en el mar de orina? Dios sabía que la orina es Agua Sagrada”

Con la iglesia hemos topado… nada más que añadir. Pasamos a otra fuente.

“Al tener memoria las células y por tanto también las de la orina de los estados de salud y enfermedad de nuestro cuerpo, su reintroducción (feedback) en nuestro organismo, actúan homeopáticamente con alta precisión en la dosificación y prescripción del remedio adecuado. El sistema inmunitario prescinde de las dosis sobrantes, para reutilizarlas luego si se vuelven a necesitar.”

Vamos a ver. En primer lugar, las “células con memoria” que conocemos son los linfocitos T de memoria, que no se excretan con la orina salvo enfermedad. En segundo lugar, ya tenemos linfocitos T de memoria en nuestro sistema, ¿que narices van a hacer unos pocos más por muy homeopáticos que sean, y encima acompañados de urea, bacterias y otros tóxicos?. En cuanto a que el sistema inmunitario prescinde de las dosis sobrantes para reutilizarlas cuando las vuelva a necesitar, ¿quiere decir este individuo que el sistema inmune excreta los linfocitos T de memoria que no se están utilizando, confiando en que el organismo se beba su orina cuando los vuelva a necesitar?. Esto es surrealista.

Lo mismo ocurre con otras substancias que los orinoterapeutas citan como presentes en la orina en pequeñas cantidades: vitaminas, hormonas y un largo etcétera que se suponen son un “excedente” que al ser ingerido cura hasta el cáncer de mama. Esto es un total absurdo: si sufrimos por ejemplo una pérdida de proteínas por una patología (como un fallo renal), por mucho que las volvamos a reintegrar en el sistema, seguirán escapando hasta que solucionemos el problema. Si, por el contrario, la excreción pudiera considerarse norma, y se tratara realmente de excedentes, ¿no sería más sencillo seguir alimentándonos normalmente para introducir los nutrientes necesarios que bebernos nuestros orines para recuperar una ínfima cantidad de lo que perdimos ayer?.

Se han demostrado en varios estudios que el ácido úrico de la orina juega un papel importante para reproducir y activar el DNA de las células (ácido desoxyribonucleico, que es la sustancia de los genes) y que también tiene la propiedad de rejuvenecer los órganos.

Como no iba a salir el DNA de las células (no va ser el DNA de las piedras, mira éste…) en otra serie de despropósitos. El ácido úrico no activa ni reproduce el DNA, sino que es un producto final de la degradación de las purinas, componentes del DNA y es excretado con la orina. El ácido úrico tiene papel antioxidante, que es algo diferente. Lo que sí estimula es la inflamación y la respuesta inmunitaria cuando en altas concentraciones el ácido úrico cristaliza, formando así la base de la enfermedad conocida como Gota.

Y claro, ya que “activa” el DNA, como no va a rejuvenecer pulmones, timo y lo que se tercie…

Así podríamos seguir hasta el infinito, incluyendo atribuciones que ya pasan al campo del esoterismo y la espiritualidad, como las afirmaciones de que beber tus orines te ponen en contacto íntimo contigo mismo (y tan íntimo), entras en armonía con el universo o recibes la sagrada agua de la vida universal. Cosas que darían risa por lo patético, si no fuera por párrafos como éste, que inducen más a la querella criminal que a la ironía:

El cáncer ya no es una enfermedad especial, sino que es muy común. A pesar de todo, también queremos poner énfasis en que estas enfermedades se curan muy bien, para que los enfermos y sus familiares no pierdan la fe y esperanza en la recuperación final [...] Mínimo dos litros para cáncer, es un método decisivo para curar el cáncer. Sí puede, un galón o dos galones diarios. Lo que salga desde la mañana hasta la noche, siempre con dos litros de la ínfusión de plantas seleccionada por el examen bioenergético y el ayuno integral. Sí cumple esta tarea con otros tratamientos en la casa, la gran mayoría de los cánceres van a desaparecer dentro de 1-6 semanas. El ayuno es otra clave muy importante para eliminar el cáncer.

Así que tranquilo, si te han diagnosticado un cáncer de páncreas, ni siquiera vuelvas al oncólogo: bébete tus meados y en un mes como nuevo, y de paso sin artritis y con el cutis con una niña de 15 años, y todo por el mismo precio.

No creo que sea necesario seguir. Tenemos todos los componentes más típicos y definitorios de cualquier pseudociencia: un remedio antiquísimo utilizado por los antiguos chinos/hindúes/sumerios y no reconocido por occidente ni la medicina “oficial”, una falta total de justificación del mecanismo de funcionamiento, salvo rocambolescas explicaciones sin sentido, una facilidad pasmosa en su aplicación sin necesidad alguna de conocimientos de biología ni medicina, un espectro amplísimo, capaz de curar desde un resultado hasta un cáncer de páncreas y una intervención de factores sagrados, esotéricos y espirituales que conforman el halo de misterio necesario.

Blanco y en botella: leche.

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