miércoles, 8 de diciembre de 2010

¿La homeopatía es una ciencia?

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2010/12/07/%C2%BFla-homeopatia-es-una-ciencia/

En numerosas discusiones sobre homeopatía, al preguntar acerca de las bases científicas de la misma, los partidarios de esta disciplina suelen argumentar que no puede ser abordada bajo el método científico, dado que se basa en un conjunto de paradigmas alejados de los conocimientos actuales y para los cuales no son indicados los estudios clínicos y pruebas a doble ciego tradicionales.

Así es fácil encontrar afirmaciones como “que no se conozca no demuestra que no exista”, o “tampoco puede probarse la existencia de Dios”. Lógicamente, cualquier discusión racional resulta imposible cuando uno se refugia en explicaciones misteriosas y desconocidas como la “fuerza vital del individuo” o la “energía del medicamento”.

Esto no es exclusivo de la doctrina homeopática, otras disciplinas sanadoras utilizan el mismo tipo de argumentos sobrenaturales: la acupuntura, las flores de bach, el reiki o el feng shui acuden también a energías, armonías e influencias de diversos objetos que nunca han podido comprobarse.

Hasta aquí, nada fuera de lo normal, si no existiera una empecinada voluntad en algunos partidarios de la homeopatía por afirmar que esta disciplina es una ciencia como cualquier otra. Tales despropositos, que en la sociedad en la que vivimos suelen aceptarse si se insiste lo suficiente, nos han llevado a situaciones tan paradójicas como la existencia de un “Máster en homeopatía” en alguna universidad española o a la pretensión de que esta técnica sanatoria sea cubierta por la seguridad social (algo ya conseguido en algunos países). Por supuesto, como suele ocurrir en estos casos, exigiendo siempre un trato “especial”, dado que sólo somos ciencia para lo que nos conviene, y de esta forma, las asociaciones de homeópatas han pedido al ministerio que sus medicamentos sean tratados de forma menos estricta que los tradicionales para poder ser comercializados, es decir, que no sea necesario demostrar que funcionan ni paguen tantos impuestos.

El motivo de volver sobre este diluido tema es que el otro día me invitaron a visitar una web donde se “demuestra” que la homeopatía es una ciencia. La página no difiere demasiado de cualquier otra sobre pseudociencias, fantasmas u ovnis. Lo que llama la atención es precisamente el título: “La Homeopatía ES ciencia“. Parece que basta con afirmarlo para que los acólitos lo crean a pies juntillas. Pues no señores, al menos lo que ustedes argumentan en esa página no es ciencia, sino pura magia y fantasía.

La página comienza con una categórica afirmación que es comúnmente repetida por los seguidores de estas prácticas:


La Medicina alopática (medicina convencional) es la ciencia y arte que busca prevenir ,tratar y curar las enfermedades mediante el uso de drogas “diferentes”. Si hay dolor, da un “anti” dolor, ataca solo las consecuencias, nunca las causas.

Esto es, simplemente, mentira. La llamada “medicina convencional” ataca tanto los síntomas como las causas de la enfermedad, siempre que se conozca ésta. Ciertamente, una diabetes es tratada para curar los “síntomas”, como la falta de insulina en el organismo; pero es que hoy por hoy no podemos hacer otra cosa (si bien los avances en restauración de páncreas sean prometedores). Sin embargo, en una tubercolosis, en una gastroenteritis o en una miopía, se atacan también las causas de la enfermedad, eliminando el agente patógeno o restaurando el órgano dañado y procediendo a una curación definitiva.

En el siguiente párrafo se afirma:

La HOMEOPATÍA es la ciencia y el arte que previene, trata y cura las enfermedades teniendo en cuenta el uso de sustancias o medicamentos “similares”. Trata a fondo los desequilibrios, no solamente a un nivel físico, sino también a un nivel emocional (anímico). Cubre las consecuencias (síntomas) y las causas entendiendo que la persona es única e indivisible. En tal sentido no existe subespecialidad alguna.

¿Quiere decir esto que la homeopatía cura la diabetes? ¿La homeopatía restaura un hígado cirrótico?. Esto es un giro puramente demagógico, que se resume de la siguiente manera: “la medicina tradicional no cura el cáncer, porque solo trata los síntomas. Nosotros tratamos síntomas y causas”. No se dice que se cure el cáncer, pero es la idea velada que puede quedar en quien lo lea.

Considera que las defensas naturales del organismo son capaces de superar la mayoría de las enfermedades.

Es decir, recurre a la más absoluta ambigüedad. ¿Cuáles son las defensas naturales del organismo, la piel, las mucosas y el sistema inmune o una fuerza vital indetectable?. Tampoco queda claro cuáles son la “mayoría de las enfermedades”. ¿La cirrosis puede curarse estimulando “las defensas naturales”?. Si tratamos una alergia o una enfermedad autoinmune como la artritis reumatoide, donde el propio sistema inmune es el responsable de los síntomas ¿reforzando éste curamos la artritis?. En pacientes transplantados, ¿reforzamos el sistema inmune para que el rechazo sea más probable?. Claro que puede ser que con “la mayoría de las enfermedades” se quieran referir a las enfermedades infecciosas, pero la homeopatía se jacta de curar el asma bronquial, alergias e intoxicaciones.

La Medicina Homeopática es una medicina de tipo energético, en la cual se toma al individuo como un ser único y particular, que es capaz de sentir y percibir por si mismo sus trastornos, ya sean de orden psíquico o físico en una forma particular, motivo por el cual considera a la enfermedad desde un enfoque distinto al de la medicina farmacológica oficial.

Volvemos al campo de la magia. ¿qué es “una medicina de tipo energético”? ¿de qué energía estamos hablando?. Supongo que de alguna energía vital y desconocida en el organismo. Desde luego, mal argumento éste para hacerse con la bandera de “disciplina científica”, recurrir a algo cuya existencia nunca se ha comprobado y que ni siquiera sabemos que es exactamente.

Y bueno, lo de tomar al individuo como un ser que es capaz de “sentir y percibir por si mismo sus trastornos”, puede valer para determinadas patologías, pero me gustaría saber como percibir el grado de obturación de mis arterias o de inactividad de mis islotes de Langerhans. También estaría bien poder “percibir” el nivel de colesterol y de ácido úrico en sangre de forma consciente, que eso de las agujas no me hace mucha gracia.

Desde luego, lo que es incuestionable es que se “considera a la enfermedad desde un enfoque distinto al de la medicina farmacológica oficial”. Sin duda, de forma muy distinta.

La medicina farmacológica o alopática no cumple con esta característica, puesto que fomenta la existencia de especialidades e incluso sub-especialidades de una especialidad (Ej.: Medicina Interna con Hepatología, cardiología, oftalmología con retinología, etc.).

Pues sí, es que los médicos “alopáticos” no son tan arrogantes ni tan irresponsables como para creer y hacer creer que un solo individuo puede llegar a dominar el tratamiento de patologías tan dispares como enfermedades metabólicas, tumores cancerígenos, infecciones bacterianas y víricas, patologías cardiacas, insuficiencias renales y mil cosas más. Lamentablemente, un médico “alopático” no se cree supermán, lo que a mí particularmente me inspira más confianza que un elemento que lo mismo le da tratar una insuficiencia renal congénita que una tuberculosis.

Ello implica que la medicina convencional “disgrega” al hombre como un ser total e integral, sin tener en cuenta que se trata de una unidad bio-psico-espiritual , quien puede sufrir tanto de uno como de otro plano. Por este motivo pierde una gigantesca fuente de información, ya que se distrae en “el árbol”, sin tener en cuenta “el bosque”.

Ciertamente, esta es la única crítica razonable que he leído. Efectivamente, la excesiva separación de especialidades puede producir en ocasionas la pérdidad de una visión conjunta, y el factor psicológico es poco conocido aún -el espiritual queda fuera del marco de la ciencia-. No obstante, no basta la crítica para erigirse en paladín de la verdad. ¿Los criterios homeopáticos permiten de verdad considerar el conjunto?. Cuando el desconocimiento científico sobre la mayor parte de fenómenos psicológicos es enorme, ¿la homeopatía tiene la clave y sabe perfectamente como funciona la mente humana y cómo interacciona con el organismo? ¿Y aún nadie ha recibido un Premio Nobel por ello?.

Claro, que también puede ser que la homeopatía trate la “unidad bio-psico-espiritual” sin saber ni qué es ni como lo hace, o ¿el que no se conozca significa que no existe?. No se, me suena todo un poco fantasma.

A continuación, la página web pasa a resumir los principios homeopáticos:

1. La similitud entre una sustancia y el cuadro a tratar. Determinadas sustancias, utilizadas en dosis ponderables, provocan síntomas en una persona sana mientras que utilizadas en dosis muy bajas o infinitesimales pueden curar estos síntomas en una persona enferma.

Bueno, sí, esto puede valer para algunas enfermedades infecciosas y es la base de las vacunas, pero ¿si me intoxico con mercurio debo tomar mercurio infinitesimal? ¿Y si tengo diabetes que tomo, páncreas no funcional diluido?. Lo que ya me aclaró un colega el otro día es que si tengo acidez de estómago, en lugar de Bicarbonato (que es lo contrario), debo ingerir ácido de batería (que es lo similar). Gracias a ello, mis digestiones son cada vez mejores.

Hablando en serio, no hay demostración alguna que apoye que una intoxicación con plomo mejore administrando plomo en pequeñas cantidades. Todos los experimentos y pruebas de que disponemos indican que el plomo seguirá depositándose -y por lo tanto prolongando la intoxicación- por poca cantidad que administremos.

“2. La individualización del tratamiento. La homeopatía se caracteriza, también, por la individualización del tratamiento. Ello significa que para un clínico homeópata, no hay enfermedades sino enfermos. El método homeopático necesita conocer todos los síntomas del paciente tanto los relacionados directamente a su enfermedad como los que indican su reacción individual ante esa misma enfermedad.”

Esta afirmación podría ser una contradicción con las concepciones homeopáticas expuestas en el punto anterior: si para la homeopatía no existe la enfermedad sino el enfermo, no sería “homeopático” recetar directamente un remedio para la enfermedad aparente, sino que se deberá estudiar la “unidad bio-psico-espiritual” del paciente con el objeto de recetarle un principio basado en la similitud de la causa final que le produce la totalidad de su estado psiquico-físico y que puede ser muy diferente que la patología diagnosticada y que además no solamente hará remitir los síntomas aparentes, sino que curara todo el conjunto fisico-espiritual. ¿Nadie ha recibido tampoco un Nobel por esto todavía?

“Para tratar las enfermedades se utilizan los llamados medicamentos homeopáticos los que se fabrican a partir de sustancias de origen natural: vegetal, mineral, animal. Estas sustancias básicas están altamente diluidas, según el método homeopático, lo que explica el carácter menos tóxico de estos medicamentos, debido a la escasa cantidad de sustancia activa presente.

Por supuesto que son menos tóxicas, dado que según demuestra la química más elemental, la mayor parte de las diluciones homeopáticas son únicamente agua (o el disolvente que se utilice). Las energías misteriosas y memorias indemostrables intoxicar, intoxican poco.

Cuando se estudian los medicamentos a dar, se establece una experiencia científica, en tal sentido los efectos son capaces de ser repetidos una y otra vez, experimentando en voluntarios sanos. La pregunta es: qué es más científico, experimentar con animales, dividiendo el estudio en órganos y sistemas, o tener en cuanta la TOTALIDAD de la persona, haciendo estudios exclusivamente en seres humanos. “

No, vamos a ver, lo “científico” de un procedimiento no depende ni de la experiencia que se sienta, ni del sujeto de estudio que se elija, ni de repetir mil veces un procedimiento si éste es erróneo. Un estudio es científico cuando se ha establecido la hipótesis y se ha desarrollado un protocolo experimental en el que no influye (o influye lo menos posible) el propio experimentador y la sugestión del sujeto, cuando los resultados son estadísticamente significativos y todo el proceso es reproducible. Hasta ahora, no se ha podido reproducir ninguna de las supuestas pruebas realizadas en apoyo a la homeopatía; desde el circo de la memoria del agua hasta los estudios clínicos independientes que no dan un porcentaje de curación superior al placebo.

“El medicamento homeopático contiene la información necesaria y suficiente para que una persona retome el equilibrio perdido. Esa información coincide con la información desviada a ser tratada (enfermedad), por el principio de la similitud, y de dicha coincidencia surge el efecto: la curación”

Esto es como no decir nada. ¿Qué es la “información necesaria”? ¿en qué consiste? ¿Cómo puede esa información restaurar el páncreas dañado del diabético de antes?. No se hace ciencia escribiendo frases rocambolescas sin base alguna.

“Esta información biológica también la conocemos como “información celular” o “memorias virtuales celulares” y que es el mecanismo que permite a toda célula del organismo, ejecutar su función según el Programa original que le dio la Naturaleza.”

Lo que permite a una célula ejecutar su función son las instrucciones inscritas en su material genético, mediante la activación de genes que servirán para sintetizar proteínas de muy distintas clases (estructurales, enzimas, hormonas, etc.). Nada de “memorias virtuales” ni misteriosos programas dictados por Faunas, Floras u otros entes mitológicos.

Supongo que esta frase no querrá insinuar que un preparado ultradiluido de sal común, donde no queda nada de principio activo, es capaz de corregir el ADN defectuoso de todo el organismo, porque eso superaría en fantasía a las mayores imaginaciones de Tolkien.

Y, por otro lado, en el caso de las intoxicaciones, infecciones y traumatismos, el bueno del ADN no tiene nada que ver, dado que el agente causante viene de fuera.

A partir de aquí ya se entra de pleno en la más típica pseudociencia, de tal manera que ya no se sabe si hablamos de homeopatía o de viajes astrales:

“El mejor ejemplo de esta energía informada, es el material genético, es que no solamente es un elemento transportador de caracteres, sino que todo un complejo de información. “

El ADN es una “energía informada”, ahí es nada. No una energía analfabeta, sino culta e informada, vamos una energía que todo padre querría de novia para su hijo.

Vamos a ver. Según toda la incongruente argumentación de los últimos párrafos, la “información del medicamento la conocemos como «información celular» cuyo mejor ejemplo es el material genético”.

¿Quiere esto decir que un medicamento homeopático fabricado a partir de componentes vegetales lleva la información del ADN humano -no el de la planta- en forma de energía indetectable o memoria del agua?. Es decir, el agua es capaz de memorizar, no sabemos como, la información contenida en un gen humano de, pongamos, 5.000 pares de bases, que ha obtenido de no sabemos donde y transmitirla no sabemos como a todo el organismo para curar una infección bacteriana que no tiene nada que ver con el ADN del paciente, sino con el ADN de la bacteria?

Es imposible decir tantas barbaridades en menos espacio.


“Otro ejemplo similar fácil de comprender porque puede verse físicamente son los llamados “chips de memoria” de los computadores. Ello explica que el tamaño físico no siempre guarda relación con la capacidad real operativa.”

Mal vamos intentando hacer ciencia con explicaciones como esta. Como al autor le parece que un chip es muy pequeño para la información que contiene (cuando su capacidad es irrisoria si la comparamos con el ADN), eso demuestra que aunque no haya nada más que agua en un preparado homeopático, “cabe” mucha información. El que sigamos sin saber que tipo de información, como puede mantenerse y como actúa, es lo de menos, claro.

Y llegamos a los espíritus y la parapsicología:

La energía emitida por la partícula homeopática, ha demostrado gran potencia en las fotografías Kirlian. Su radio de acción es mayor que la emitida por una partícula farmacológica del mismo producto.”

De nuevo, difícil decir tanta barbaridad en tan poco espacio. Para empezar, ¿qué es una partícula homeopática?. Porque si nos basamos en que la ultradisolución de compuestos naturales es lo que constituye el medicamento homeopático, lo “homeopático” será el preparado, no la partícula de NaCl, ¿no? o es que la partícula es un trozo de la misteriosa energía informada? ¿no sabemos lo que es y lo hemos podido fotografiar?.

Por otro lado, la fotografía Kirlian no prueba nada, símplemente es una curiosidad estética al fotografíar una descarga eléctrica sobre un conductor (ver Wikipedia y El retorno de los charlatanes). No tiene nada de misterioso, no detecta energías ocultas ni poderes de ningún tipo, simplemente es un fenómeno eléctrico. Tradicionalmente, antes de encontrar la explicación científica al fenómeno, los magufos creían que retrataba el “aura” y se utilizaba bastante en entornos parapsicológicos, y de hecho algunas “medicinas alternativas” como el Reiki -y parece ser que la homeopatía- siguen empleando de forma mitológica.

Y la gloriosa página acaba con una gran sorpresa del autor por los bonitos y diferentes dibujos que hace la electricidad en las fotografías Kirlian (este hombre no ha visto nunca un relámpago). Y una lista de “trabajos científicos de reciente aparición en los que se ha publicado conclusiones sobre la verdadera homeopatía: homeopatía unicista. por supuesto, la práctica totalidad de ellos en revistas homeopáticas o de medicinas alternativas.

Es lamentable que, entrados en el siglo XXI, siga habiendo gente que prenda hacer pasar por científicas energías ocultas fotografiadas con cámaras Kirlian, pero así es de curioso este mundo. Mientras llegamos a Marte, esperamos refugiados en cuevas.

Artículo publicado originalmente en el blog del autor “¿Qué me estás contando?”

jueves, 2 de diciembre de 2010

El "Derecho de ateísmo"

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2010/12/el-derecho-de-ateismo.html#comments

El "Derecho de ateísmo" es un texto que recoge una propuesta del mismo nombre, hecha por Miguel Ángel Quintanilla Fisac, quien es Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia.

El ateísmo no es una posición intelectual rara, feroz y anticlerical. Tampoco es una doctrina filosófica que necesite ser demostrada o justificada con argumentos refinados y abstrusos. Y desde luego, el ateísmo no es, en absoluto, una postura inmoral. Sin embargo, si uno escucha los mensajes que nos ha dedicado el Papa en su reciente visita a España, o los que propaló en Gran Bretaña, uno se lleva la impresión de que el mundo está realmente amenazado por una doctrina endiablada que defienden los ateos y laicistas.

Los ateos actuales son personas bastante cultas, que respetan que haya otras personas a las que les guste adoptar creencias irracionales que ellos no comparten. En realidad, los ateos no tienen que esforzarse mucho en defender su posición intelectual; lo que sí les resulta complicado es entender que un creyente asuma como propiedades de la divinidad, y sin mayores problemas, cosas mucho más increíbles que las que los niños atribuyen a Papá Noel.

Es verdad que los ateos prefieren el laicismo en la vida pública, es decir, que las leyes no sean confesionales y los poderes públicos no asignen privilegios a los miembros de ninguna confesión religiosa. Pero nadie debe extrañarse por ello: la experiencia histórica demuestra que la mezcla de creencias religiosas y poder político sólo ha servido para provocar guerras y matanzas, sobre todo en la cristiana Europa.

Muchos creyentes religiosos creen que si Dios no existe todo está permitido, y por eso son incapaces de entender el valor moral del ateísmo. Pero la experiencia histórica confirma lo contrario: es en nombre de Dios como se han cometido los mayores atropellos a la humanidad. Los ateos tienen una responsabilidad ética muy exigente, porque no disponen de ninguna coartada para justificar o ver perdonado un eventual comportamiento inmoral.

Si todo esto es así, y yo estoy convencido de que lo es, ya va siendo hora de reivindicar un derecho elemental: el derecho de ateísmo, el derecho a no tener que justificar la no adscripción a ninguna creencia religiosa, el derecho a sentirse ofendido si alguien, aunque sea el Papa o el ayatolá más respetable, identifica el ateísmo con la maldad, y a que esta actitud intelectual y moral sea reconocida y respetada de la misma manera y con el mismo rango, al menos, que las creencias religiosas que el ateo no acepta por considerarlas irracionales, falsas o perniciosas.