viernes, 23 de diciembre de 2011

"¿Por qué no dejas en paz la religión?"

Extraido de: http://www.sindioses.org/sociedad/porquenodejas.html

por Seth, The Thinking Atheist (http://www.thethinkingatheist.com/)
traducción por Marcelo Huerta San Martín
Encontramos esto en Facebook. Dado que el autor dio expreso permiso para republicarlo en otros ámbitos, lo publicamos aquí, puesto que expresa con claridad meridiana lo que modestamente intentamos hacer con nuestro sitio. (NdlE)

Todos los días llegan protestas de los religiosos y son de este tenor:

  • "¿Por qué empleas su tiempo en refutar a Dios?"
  • "¿Por qué no dejas que la gente crea lo que quiera?"
  • "¿Por qué no dejas en paz la religión?"

Como dijo un comentarista en YouTube hace poco, "Nadie me puede explicar por qué es tan importante convencer a los teístas de que abandonen sus creencias".

La respuesta es simple. Páginas como esta existen porque existe la religión.

La religión penetra nuestra cultura, aparece en nuestras puertas con publicaciones, escrituras y amenazas de condenación eterna, influye en nuestros libros de ciencia, contamina nuestros sistemas políticos, adoctrina a nuestros niños y postula que debe seguirse su doctrina o seremos destruidos en cuerpo, alma o ambos.

Los no creyentes simplemente estamos respondiendo a la avalancha de mensajes religiosos que nos aplastan a diario.

La religión tiene carta blanca de ser tan ruidosa como quiera, de llamar a nuestras puertas y abordarnos en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo, en nuestras vidas personasles y profesionales. Los creyentes tienen la carga de una misión vital de predicar, enseñar, hacer discípulos, gritar desde las cimas de las montañas, de "salir al mundo y predicar el evangelio a todas las criaturas". La religión... está en todas partes.

Pregúntense: ¿cuándo fue la última vez que un ateo tocó el timbre en su casa con la Buena Nueva del Humanismo? ¿Con qué frecuencia se encuentan libros de Richard Dawkins en los cajones de las habitaciones de hotel? ¿Cuál fue el último templo ateo erigido en su vecindad? ¿Alguna vez asistieron a una ceremonia revivalista atea? ¿El ateísmo ha exigido el 10% de su salario? ¿Cuántos canales de televisión dedicados al ateísmo vienen en su televisión por cable? ¿Cuántos versículos ateos te exigieron memorizar cuando niño? ¿Cuándo fue la última vez que alguien le agradeció a un granjero (o incluso al cocinero) sentado a la mesa para la cena, en lugar de a Dios?

En un frente más radical: ¿cuál es el nombre del último ateo que le cortó la cabeza a un "infiel"? ¿O sentenció a muerte a una mujer cubierta con un velo por no complacer a un esposo opresivo? ¿O se ató explosivos al cinturón para matar a cientos en una plaza pública? ¿O colgó en público a una persona gay por su elección de vida?

Está en todas partes. La religión es un tambor resonante que por mucho, mucho tiempo ha quedado sin responder. Y la religión no está satisfecha con simplemente existir en silencio en las casas y los corazones de los fieles. Su propia naturaleza impulsa al creyente a hacer proselitismo, predicar, promover, convencer, convertir y prevalecer. Si uno juega en el equipo de los religiosos, la estrategia es jugar, siempre, en la ofensiva.

A lo largo de nuestra historia, aquellos que elevan una sencilla protesta contra estos avances han sido presentados como el verdadero problema. La religión ha intentado marginar y derrotar las preguntas y preocupaciones legítimas presentando con indignación a cualquiera que se resista como desatinado, inmoral, carente de rumbo, furioso, abatido, perdido y solitario.

Y cuando el escepticismo cuestiona las historias completamente improbables (o imposibles) que se encuentran en la Biblia, el Corán y otros libros sagrados, los religiosos lloriquean: "¿Por qué no pueden dejarnos en paz?".

La ironía es profunda.

Y la religión obstaculiza la curiosidad e inhibe el aprendizaje, tal como prueba el vilipendiado Museo de la Creación. Bloquea el pensamiento crítico. Nos reduce a creer lo increíble. Y envenena los cimientos de la enseñanza que estamos usando para educar a las generaciones del mañana.

Páginas como la mía existen como respuesta... como contraargumento para asegurar que la cacofonía de la superstición no quede sin respuesta. Y si tu sistema de creencias es tan innegable, tan basado en hechos, tan verificable, tan real y tan cierto, ciertamente puede soportar los puntos de vista opuestos que se presentan aquí y en cualquier otra parte. Ciertamente, debería poder sobrevivir a las "pruebas de ácido".

Sólo recuerden: la religión empezó la discusión. Se amplifica a sí misma ante el mundo. Y amenaza a toda la humanidad con el castigo si se la rechaza.

Somos ateos. Somos morales. Somos razonables. Somos reflexivos, inteligentes, compasivos, felices, tenemos una vida plena y estamos bien informados.

Y mientras la religión insista en arreglar a los seres humanos que no están rotos, responderemos con pruebas de que nosotros no somos el problema.

-Seth

Sanidad concluye que el principal efecto de la homeopatía es placebo

Extraido de: http://lacienciaysusdemonios.com/2011/12/20/sanidad-concluye-que-el-principal-efecto-de-la-homeopatia-es-placebo/

Fuente: El País

Un estudio encargado por el Congreso no halla pruebas del beneficio de muchas terapias naturales

Según un documento del Ministerio de Sanidad, Politica Social e Igualdad, facilitado por el diario EL PAÍS, la acupuntura puede resultar efectiva para controlar las náuseas y vómitos postoperatorios y los provocados por la quimioterapia, aunque los resultados son similares tanto si se realiza la técnica correcta o incorrectamente, por lo que apunta a un importante efecto placebo. Así mismo no hay indicios que apoyen su uso para dejar de fumar o adelgazar. Los estudios sobre homeopatía apuntan más a un efecto placebo que una eficacia real, mientras que en las terapias físicas y manuales (como la quiropraxia o la osteopatía) se han observado efectos positivos sobre algunas dolencias, aunque los expertos recomiendan nuevas investigaciones.

martes, 25 de octubre de 2011

Los esotéricos se cabrean

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/10/25/los-esotericos-se-cabrean/

Estamos tristemente acostumbrados a que, cuando opinamos que la sanidad pública no debería gastar sus recursos en remedios que no presentan una efectividad real, se nos acuse de inquisidores, censuradores y vendidos al capital. Sin embargo, a poco que analicemos la forma de trabajar de un científico o de un divulgador y la de un esotérico que busca la fuente de la vida en unos cristales de cuarzo, rápidamente nos surge la pregunta: ¿Quién está actuando realmente como Torquemada?

Hace un par de días, el periodista y divulgador científico Luis Alfonso Gámez criticaba en su blog “Magonia” la celebración de un denominado “IX Congreso Ciencia y Espíritu” en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la ciudad de Santander. El mencionado evento iba a reunir yoga, flores de bach, flúor, desmedicalización de la sanidad pública, la teoría de la Tierra hueca, escáneres de aeropuertos y derechos civiles, el poder chamánico de los sonidos ancestrales, consciencia del ser, talasoterapia, limpieza energética, homeopatía y origen del Homo sapiens como experimento genético de una raza extraterreste, todo ello salpicado con varias teorías sobre conspiraciones y manipulaciones gubernamentales. La asistencia a los dos días de sesiones tenía un precio de 50€ , siendo posible apuntarse a una única jornada por 35€.

Gámez argumentaba en su artículo que no se deberían emplear recursos públicos para ponerlos al servicio de la irracionalidad y la anticiencia, habiendo puesto en conocimiento de la concejala del área de Turismo y Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Santander la naturaleza de las jornadas, algo que el propio Ayuntamiento manifestó no conocer.

En este punto, resulta muy importante realizar una matización: no estamos en contra de la investigación de fenómenos desconocidos, no creemos que deba evitarse el avance del conocimiento en cualquier campo posible, sea astrofísica o telequinesia. Si hubiéramos cerrado líneas de investigación sobre fenómenos desconocidos o poco probables, hoy seguiríamos pintando bisontes en las cavernas. Lo que criticamos es que hechos inexistentes se presenten como ciertos. Con lo que no estamos de acuerdo es con que se divulguen al público ideas delirantes, sin base empírica ni teórica alguna, como si fueran teorias científicas alternativas. Debemos investigar sobre vida fuera de la Tierra, pero no deberíamos afirmar ni en los colegios, ni en los periódicos, ni en los “congresos”, que procedemos del diseño genético de lagartos extraterrestres, a no ser que tengamos las pruebas suficientes como para demostrarlo de forma razonable.

Contar historias fantásticas como si fueran hechos reales no es avanzar en el conocimiento, ni tener la mente abierta, ni enfrentarse al sistema, sino precisamente hacerle el juego. Es abrazar la mitología, el oscurantismo y la superstición. Representa el abandono de la razón que tanto nos ha costado esbozar a lo largo de nuestra historia. Significa volver a temer a la Santa Compaña y a sellar nuestras puertas con ristras de ajos para ahuyentar a los malos espíritus. Nos hace mirar al cielo temiendo que caiga sobre nuestras cabezas, en lugar de preocuparnos por recuperar los niveles seguros de ozono estratosférico disminuyendo los vertidos y racionalizando la explotación de los recursos naturales.

No sabemos si por la movilización de Gámez o por otras causas, el “Congreso” ha sido suspendido. Ante tales críticas, cabría esperar que los organizadores del evento o sus partidarios nos inundaran de argumentos, pruebas y demostraciones de que la “teoría de la Tierra hueca” presenta bases lo suficientemente sólidas como para ser tomadas en cuenta, que varios estudios confirman la efectividad de la terapia con flores de bach o que en la secuencia de ADN humana se ha encontrado una región donde pone “Made in Annunakilandia“.

Lejos de eso, el comportamiento ha sido de lo más estereotipado: rasgadura de vestiduras, acusaciones de inquisidores, oficialistas y vendidos al poder, amenazas de represalias y ataques ad hominem hasta el punto de realizar llamamientos para escribir a los “jefes” de Gámez para que le echen a la calle. Para ser los nuevos científicos de mente abierta, las técnicas sugeridas están más próximas a las figuras represoras que enarbolan que a las de alternativos buscadores de la verdad.

Un ejemplo de rabieta como la que comentamos es la de un blog llamado “Cazadebunkers”, donde el día 21 publicaban una entrada titulada “Declaración de guerra a Luis Alfonso Gámez y a sus pseudoescépticos profesionales“, ahí es nada, y con un par…

En el mencionado articulo, un tal “CienciayEspiritu”, después de acusar a todo el periodismo y ciencia “oficial” del planeta de corruptos y vendidos al capital, arremete contra Gámez por “intimidar a todas aquellas instituciones que colaboran con nosotros” (joer, que poder tiene el Gámez este, debe ser un Illuminati), calificándolo de Torquemada (que raro) y animando a los lectores a protestar frente a los medios de comunicación en los que colabora Luis Alfonso. Así reza el final del artículo:

Por tanto solicito a todos los que consideren que este hombre y sus debunkers pagados no deberían tener espacio público, que escriban cartas, emails o que llamen por teléfono a las entidades que están apoyando esta infamia, es decir, a los directores de “El Correo”, a los directores del grupo Vocento, a la televisión ETB, a Punto Radio y Radio 3 de Bilbao y a todos aquellos medios en los que anuncien su presencia, para dar su opinión sobre esta persona y el daño que está haciendo su trabajo. Estoy seguro que os escucharan atentamente. Y más aun si sois vascos.”

Vaya, vaya, ¿Quien está pidiendo ahora hoguera pública? ¿Quién pretende acallar las voces discordantes? ¿Y más aún si somos vascos? Ya le vale… lógicamente, el propio escrito descalifica a su autor y muestra sus debilidades.

Estimado señor Cazadebunkers o como tenga a bien llamarse; entienda una sola cosa: contar la verdad únicamente puede dañar a los mentirosos. Si ustedes temen que alguien se dirija a las instituciones que amparan estos congresos para contarles en que consisten, por algo será. Dudo mucho que el señor Gámez tema el que nadie le cuente a la ETB o a El Correo que su labor consiste en criticar la teoría de que descendemos de bioingenieros extraterrestres. También me permito dudar que Radio 3 se sorprenda de que uno de sus colaboradores no esté de acuerdo con que la Tierra está hueca.

No es en absoluto necesario, pero vamos a darnos el gusto de mostrar nuestro total apoyo, solidaridad y reconocimiento a la labor de Luis Alfonso Gámez, un divulgador científico que pretende poner en evidencia a lo que simplemente es charlatanería, aunque los demonios se revuelvan ante el titilar de la llama.

Y ya que estamos en ello, permítanme decirles a todos los “cazadebunkers” y a toda suerte de esotéricos indignados otra verdad como un piano de cola: la Inquisición no es la divulgación científica, el Santo Oficio no es la universidad, el Brazo Secular no son la razón y el escepticismo. Es su oscurantismo, sus creencias irracionales, sus pretensiones de conspiraciones ocultas y su propagación de falsos dioses los que nos empujan de regreso a las tinieblas. Ustedes son los que temen a la luz, odian cualquier método imparcial que permita extraer conclusiones reales, abominan no poder doblegar al vulgo a golpe de superstición y se aterrorizan ante la razón y los hechos.

Ustedes son los que reniegan de los avances del conocimiento y de nuestra emancipación como seres libres; son sus doctrinas las que nos pretenden inmovilizar con el pesado yugo de la ignorancia. Son la gente como ustedes la que le siguen el juego al sistema, haciendo que la gente se refrote con flores, busque extraterrestres y maldiga el poder de los Iluminati que provocan las crisis mundiales, en lugar de luchar por un pueblo culto y libre que sepa construir un sistema político y social que nos aleje de las ataduras de la explotación.

Llevamos luchando contra ello mucho tiempo, no es necesario que declaren guerra alguna; desde el primer humano que miró al cielo y no se conformó con pensar que si llovía era porque una deidad deseaba que se mojara. Pero nuestras armas no son las hogueras, ni los potros, ni las damas de hierro, esas son las que llevamos sufiendo desde los albores de la civilización, en manos de esotéricos y oscurantistas de todo tipo.

Si quiere que discutamos plácidamente la próxima vez, muestren las bases teóricas y experimentales de la Tierra Hueca o de nuestra genética extraterrestre. Esas son nuestras armas: las evidencias, la razón y el diálogo. El resto, pueden ahorrárselo.

martes, 18 de octubre de 2011

La moral y el dogma

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/10/la-moral-y-el-dogma.html

Una religión puede perder el monopolio de sus principios morales, pero no puede perder sus dogmas.

De ellos depende su supervivencia. El problema que enfrentan muchas religiones hoy en día es que buena parte de sus enseñanzas morales (el respeto, la honestidad y la caridad) han sido interiorizadas por casi todos y por eso ya no se necesita tener fe para creer en ellas. La democratización de la moral es algo positivo y demuestra que existe una especie de núcleo básico y universal sobre las ideas del bien y del mal.

Sin embargo, desde la mirada de las iglesias y de sus jerarquías, esa democratización de la moral representa un riesgo para su supervivencia. Cuando todo el mundo cree en aquello que los sacerdotes predican, el oficio de predicador deja de tener sentido. Por eso, para recuperar su identidad, muchas religiones intentan hoy compensar la pérdida del monopolio moral que tuvieron en el pasado, con el reforzamiento de sus dogmas.

Pues bien, digo todo esto porque creo que la cruzada actual del Vaticano contra la despenalización del aborto se entiende mejor a partir de ese empeño de reforzamiento dogmático.

Muchos me dirán que esto no es cierto, que no hay nada de sobrenatural en la posición que la Iglesia Católica adopta frente al aborto y que su único propósito es defender el derecho a la vida. Tengo francas dudas sobre esta afirmación. Primero, por razones históricas: la protección de la vida nunca despertó tal fanatismo en el seno de la Iglesia. En muchas ocasiones el Vaticano ha subordinado la vida a otros valores, como el honor, la justicia y la fe (ver, Inquisición). Segundo, si la vida fuera tan importante como dicen, ¿por qué el Vaticano no emprende, con la misma energía que tiene para el tema del aborto, campañas contra el hambre y las guerras que matan a tantos seres humanos en el planeta.

Pero supongamos que yo estoy errado y que la intención del Vaticano en el caso del aborto sí es defender la vida. Aún así, su concepción es religiosa y se origina en el dogma de la aparición del alma en el momento de la fecundación del óvulo. Se trata de una concepción respetable, desde luego, pero religiosa. No hay ciencia ni sentido común que refrende semejante afirmación. Decir que es a partir de ese momento, el de la fecundación, que existe una persona humana es tan arbitrario (y tan metafísico) como ponerle fecha y hora al momento en el cual el género humano apareció en el planeta tierra (que es lo que hacen algunos líderes cristianos).

El drama de la Iglesia es justamente que allí donde sus opiniones son más creíbles (por ejemplo, cuando habla del respeto por el otro) es justamente donde la fe es más irrelevante. Por eso, el Vaticano hace todo lo posible por colonizar aspectos de la vida diaria de los creyentes (como el sexo, el matrimonio y la muerte) para convertirlos en asuntos de fe, de los cuales depende su salvación. Así no sólo retiene a sus fieles, sino que los moviliza. Aunque, la verdad sea dicha, no todos siguen a sus jerarcas en eso; cada vez hay más gente de fe que reduce los dogmas a lo esencial: la existencia de Dios y la salvación del alma (¿qué tan lejos estamos de una religión sin pastores, obispos y papas?).

Nada de esto sería un problema (ni yo me habría puesto a escribir esta columna) si esta actitud del Vaticano y de sus seguidores en las altas posiciones del Estado no pusieran en peligro la tolerancia social y el Estado de derecho. Es verdad que esta semana perdieron la batalla para penalizar el aborto. Pero ese fracaso es temporal y no hace sino avivar su espíritu de lucha.

martes, 13 de septiembre de 2011

La ciencia contada en la barra de un bar

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/09/13/la-ciencia-contada-en-la-barra-de-un-bar/

Los esotéricos y “new age” creen estar en posesión de una información privilegiada, exclusiva y revolucionaria. Se comparan por sus ideas y por la repercusión que tienen en los ambientes científicos con Galileo, Copérnico o Wegener, pero olvidan que esos grandes científicos basaron sus revoluciones en información manejada por otros, en conocimientos establecidos y consolidados. Newton revolucionó la física y dijo humildemente “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”, dando a entender que tuvo que basarse en otro grandes científicos y en su método para llegar a sus resultados, sin ello difícilmente habría llegado tan lejos.

Pero claro, algunos creen en la sabiduría infundida en su cerebro durante una buena siesta, de forma que tras la misma se creen capaces de revolucionar todos los conocimientos actuales de la ciencia (esa cosa inmovilista y reaccionaria). Curiosamente esa revelación suele ir acabar en un aparatejo o un potingue cura-todo que está al alcance de cualquier crédulo por un módico (o no tanto) estipendio. ¿Probarlo siguiendo los cánones establecidos por el método científico? Jamás, eso es cosa de antiguos, y uno es el nuevo Galileo, un visionario, ¿no os habéis dado cuenta, retrógrados?

Pero la ciencia funciona de otra forma. De manera sencilla, tal y como lo contaría a un colega tomando unas cañas sería algo así: De golpe (por decir algo), tras mucho estudiar (tener muchos conocimientos en el tema importa “un pelín”) y dejarse las cejas en el laboratorio te viene una idea: “otia, y si funcionara…..”. Se prueba, nada un experimentillo, para “verle la pinta”. Y de golpe “otia que ha salido”.

La cosa se pone seria, hay que repetir el experimento con montones de controles, varias veces y en diversas condiciones, pensando aquello de…”seguro que se pasó algo por alto”. Repites el experimento y…”otia que sí, que sale”. Lo primero que piensas, hay que contarlo, esto lo tiene que saber todo el mundo. Y escribes el artículo de turno para una revista de revisión por pares, esa que más te mola.

El editor lee tu trabajo y lo primero que piensa es “¿pero que moto me está intentando vender este?”. Luego lo lee con calma y dice “otia, pues puede que funcione”. Así que llama dos colegas de confianza y les dice, “tengo algo gordo, leerlo y dadle caña, aquí hay gato encerrado pero no lo encuentro, parece todo correcto”. Así que los otros colegas esperan con el cuchillo entre los dientes la llegada del escrito para despedazarlo. Lo leen, le dan vueltas, consultan los datos, los análisis, las interpretaciones, la bibliografía, “leche esto está bien”. Los tiburones avisan al editor “esto es la leche, pero pídele un par más de controles, para asegurarnos que no se columpia”.

Al poco recibes eso de “me ha gustado, te voy a publicar tus resultados, siempre y cuando hagas más experimentos, los que dicen mis colegas”. Los haces y “otia, si sigue saliendo”. Contestas al editor y el trabajo finalmente ve la luz. Mientras la prensa te lanza flores, te hace entrevistas, te ponen una calle en tu pueblo (si eres del norte de los Pirineos, aquí como mucho sales en el Muy Interesante), tus colegas han sacado todo el arsenal termonuclear para destruir tu trabajo, y varios laboratorios se dedican a repetir los experimentos para lanzarte a las catacumbas. Pero no, “otia, a ellos también les funciona”. Y así con el paso del tiempo se va aceptando esa idea revolucionaria o modesta, porque aquí tan importante es el método como el resultado.

Puede que algún día alguien mucho más inteligente o avispado diga “pues no funciona”, y para demostrarlo tenga que volver que andar todo ese camino, porque esa es la forma de llegar a resultados de la máxima certeza posible. Hay pequeñas modificaciones para depurar aún más el proceso, pero en líneas generales, este es un proceso normal que se sigue a diario en todos los laboratorios del mundo.

Pero hay quienes desde el sofá de su casa sin tener conocimientos en la materia y sin hacer el menor trabajo experimental dicen un día “otia funciona” y espera que la humanidad se rinda a sus pies. Y cuando se le pide una fracción ridícula de lo que se le pediría a cualquier científico se lo toman como un ataque hacia su persona y hacia su capacidad intelectual. A muchos eso no les importa porque con una pequeña proporción de la población le crea y pague por ello se da por satisfecho.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Cuánto sabemos, qué sabemos…

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/08/23/cuanto-sabemos-cuanto-sabremos-que-sabemos/#respond

Las limitaciones de la ciencia y del conocimiento científico son un tema recurrente en el que cualquier alternativo o magufo de pro suele entrar con facilidad. “La ciencia no lo sabe todo”, proclaman, como si se tratara de una descalificación, cuando precisamente esta es una de las características que cualquier persona con cultura científica tiene clara en todo momento. El paso siguiente suele consistir en que esa falta de conocimiento absoluto permite pensar en un unicornio rosa rigiendo nuestros destinos desde una realidad alternativa e indetectable. “Tampoco creían a Galileo”, afirman elocuentemente.

Pero tal argumento no solamente es una falacia, sino que transmite la falsa impresión de que los científicos pretenden saberlo todo, negando insistente y fanáticamente aquello que desconocen.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La ciencia no tiene respuestas para todo, efectivamente. Además, pocos científicos piensan que alguna vez lleguemos a alcanzar el conocimiento completo. Es más, posiblemente nuestro conocimiento de la realidad sólo nos esté dando una imagen muy parcial y distorsionada de la misma. Puede ser que simplemente estemos interpretando torpemente un universo que no comprendemos y que jamás lleguemos a comprender debido a nuestras limitaciones, tanto cognitivas como de capacidad de observación.

Depende del cristal con que se mire (o desde donde se mire, mejor dicho)

Stephen Hawking, en su libro “El Gran Diseño” utiliza un buen ejemplo: imaginemos cómo verán el mundo exterior unos peces de colores que vivan en una pecera esférica. Al mirar hacia fuera obtendrán una visión distorsionada de la realidad. Un objeto que se moviera con una trayectora rectilínea en el exterior de la pecera aparentaría moverse en una trayectoria curvada para nuestros pececillos. No tendrían posibilidad alguna de contrastar este hecho; para ellos, el movimiento curvo sería la realidad y no menos real que para nosotros lo es el rectilíneo.

Nada confirma que los humanos mismos no seamos peces dentro de una pecera de la que no tenemos constancia. Incapaces de observar desde el exterior, nuestra realidad se ve sujeta a la limitación de la ubicación, capacidad de observación y posibilidad de análisis.

Hawking llama a esto «realismo dependiente del modelo», y significa algo tan importante como que ninguna imagen del mundo, ninguna teoría, ninguna interpretación del universo es independiente del concepto de realidad. Cualquiera de ellas no será más que un modelo con una serie de leyes que relacionan entre sí, y con el propio modelo, los sucesos observados.

¿Quiere decir esto que no podemos saber cómo es el mundo en realidad? No exactamente. Lo que significa es que puede que no haya una “realidad” absoluta ni, por tanto, una verdad absoluta. Los movimientos curvilíneos observados por nuestros peces no son menos reales que los que nosotros observamos; simplemente se encuentran en otro sistema de referencia.

Podemos utilizar como ejemplo la medición del tiempo: hasta la formulación de la teoría de la relatividad especial, se pensaba en el tiempo como algo absoluto. Sin embargo, no es así; para un observador en reposo, el reloj de otro observador moviéndose a una elevada velocidad marca el tiempo más lentamente. Sin embargo, para el observador en movimiento el tiempo transcurre con normalidad y es el reloj del experimentador en reposo el que le parece ir más rápido de lo normal. Evidentemente, esto no quiere decir que no podamos medir el tiempo. Simplemente, significa que éste no es independiente del sistema de referencia.

Entonces, ¿podemos medir o no?

¿Podríamos decir entonces que la ciencia y la experimentación no sirven para conocer el mundo? En absoluto. Sirven -y muy bien- para analizar la realidad tal y como nosotros la experimentamos. Podemos sincronizar relojes con tal precisión como para medir cambios de microsegundos en la velocidad de rotación de la Tierra, o para obtener nuestra posición con un error de unos pocos centímetros gracias a los sistemas GPS que calculan la diferencia de tiempo entre la señal emitida por varios satélites. Todo ello independientemente de que, mientras tanto, un reloj atómico viajando a 200.000 km/s marque la hora considerablemente más deprisa.

Este realismo dependiente del modelo sirve a muchos “pseudocientíficos” para justificar toda suerte de fantasías: si la ciencia no conoce todo, dicen, ¿quien puede negar que existan los espíritus, la telequinesia, los OVNIs o los chakras?

Cierto, nadie lo puede negar, de igual forma que no podemos descartar que una tetera esté orbitando Plutón o que yo tenga un dragón invisible en mi garage. Pero el problema no es si algo puede negarse o no, sino que a efectos prácticos, algo que “puede existir” pero que somos incapaces de observar, analizar y refutar, es indistinguible de algo que simplemente no existe. Este camino no es útil, no sirve para nada, y ni siquiera nos enriquece (mas que en cuanto a la imaginación se refiere). Otra cosa es que no dejemos de preguntarnos sobre la validez de nuestros conocimientos, o sobre la existencia de otros marcos y sistemas de referencia donde las cosas podrían suceder de otra forma.

Podrían existir entes inmateriales indetectables procedentes de una realidad alternativa a la que no podemos acceder, claro que sí. Igualmente, podría existir un elefante enano ocupando mi mismo espacio, pero desincronizado cuánticamente con mi realidad de tal forma que me resulta imposible detectarlo. Ambas propuestas son igual de probables y, lamentablemente, igual de inútiles.

La tetera no me sirve

El hecho de algo “pueda existir” no lo hace real, ni en nuestro sistema de referencia ni en ningún otro. Es más, si no podemos analizarlo con las herramientas que tenemos, no nos sirve para nada. Es absurdo dar pábulo a cualquier ocurrencia hasta que no tengamos la metodología suficiente como para poder estudiarlo. Y, lógicamente, si tuvieramos que explorar todas las imaginaciones populares sobre realidades alternativas, ningún presupuesto mundial en investigación daría de sí. De nuevo, no es útil perseguir fantasmas una y otra vez.

Ante tal inseguridad, ante el desconocimiento de estar viendo una realidad filtrada o a través de una mente limitada, lo que mejor funciona no es imaginar cualquier fantasía y abrazarla por el simple hecho de no poder negarla. Por el contrario, lo más útil es ser conscientes de nuestras limitaciones y tratar de explicar los sucesos que vemos como los vemos. Esto es lo único que nos permitirá realizar verdaderas predicciones y avanzar. Por supuesto, un verdadero espíritu científico siempre intentará mirar fuera de la pecera. Nunca negará que puede haber un mundo diferente más allá, y tratara incansablemente de explorarlo. Lo que no hará es escudarse en el limitado recipiente para inventar que tras el cristal existe un paraíso para los peces de colores que no puede ser observado y en el que hay que creer por fe.

viernes, 8 de julio de 2011

La apuesta de Pascal

Extraido de: http://www.sindioses.org/examenreligiones/apuesta.html

Uno de los argumentos más pintorescos entre las acrobacias mentales que hacen los “creyentes” para tratar de justificar su adhesión a mitos infantiles de la edad del bronce viene de algunas de una de las mentes más brillantes que ha producido el hemisferio occidental. Parece que hasta los cerebros más dotados se rinden ante el pánico que provoca la muerte y recurren a mitos tranquilizadores por no ser capaz de afrontar maduramente la inexistencia que produce la muerte tanto en seres queridos como en uno mismo.

Entre los argumentos absurdos por excelencia está la “apuesta de Pascal” que se puede presentar como sigue en forma sintetizada.


La apuesta de Pascal

Ante la “creencia en Dios” hay cuatro opciones:

  1. Si creo en Dios y no existe, tras mi muerte no pierdo ni gano nada.
  2. Si creo en Dios y existe, gano la vida eterna.
  3. Si dudo de Dios y no existe, no gano ni pierdo nada.
  4. Si dudo de Dios y existe, me gano una tortura eterna en el infierno.

Posibilidades para el que cree

O vida eterna, o nada.

Posibilidades para el que duda

O nada, o tortura eterna.

La persona irracional concluye entonces que es mejor creer que no creer, porque las perspectivas son mejores para el que cree.

Este argumento es tan infantil y tan viciado de errores lógicos, que preocupa que haya sido la mente de Blas Pascal quien lo generó, y nos debe alertar de que incluso las personas más brillantes pueden cometer errores ridículos. Para explicarlo haré un paralelo que titularé en honor a esos duendes avaros de la mitología irlandesa, que defienden a muerte su olla de oro.

La apuesta del Leprechaun

Ante la creencia en una olla llena de monedas de oro al final del arcoíris, hay cuatro opciones:

  1. Si creo en la olla y no existe, tras llegar al final del arcoíris no gano ni pierdo nada.
  2. Si creo en la olla y existe, tras llegar al final del arcoíris obtengo una olla llena de oro.
  3. Si dudo de la olla y no existe, no gano ni pierdo nada.
  4. Si dudo de la olla y existe, no busco el tesoro lo pierdo y quedo en la miseria.

Posibilidades para el que cree

O un tesoro en monedas de oro, o nada.

Posibilidades para el que duda

O nada, o desperdiciar un tesoro.

La persona irracional concluye entonces que es mejor creer en una olla al final del arco iris, porque las perspectivas son mejores para el que cree.

La inopia intelectual de la estructura del argumento de Pascal queda evidente con ese paralelo, pero ahí no acaban las falacias. Se presentarán algunas en seguida.

La apuesta de Pascal necesita del autoengaño

Póngase en el lugar de alguien al que le propongan la apuesta del Leprechaun. Ante la presentación de la “apuesta”, pareciera que es mejor creer. El problema es que NO PODEMOS HACERLO porque tenemos CONOCIMIENTO previo que nos muestra cuán absurdo es creer en ollas al final del arcoíris. Aunque quisiéramos creer en ello, nos resulta imposible, porque sabemos por qué se generan los arcoíris. Sabemos cómo surgen de un proceso de reflexión y refracción de la luz en gotas de lluvia en ciertas condiciones. Sabemos que no hay nada mágico en ellos. Podemos crear pequeños arcoíris a voluntad en laboratorios con sólo una bombilla y un aerosol pero nunca encontramos olletas pequeñitas llenas de oro. Más aún, los gigantescos arcoíris naturales se mueven con cada observador y aunque no podamos alcanzar eventualmente sus extremos, se puede perfectamente dirigir a una tercera persona a donde otra persona percibe el final del arco y no se encuentra ninguna olla de oro.

No hay forma de que una persona formada y pensante cambie su opinión y “decida libremente” creer en ollas al final del arco iris, porque no hay la más remota evidencia que respalde esa fábula y de hecho, la experiencia muestra que es falsa.

De forma similar, una persona sana mentalmente no puede “elegir” qué creer, sobre todo cuando se le plantea una creencia absurda. Tras siglos de ciencia moderna en todos los campos del conocimiento, las evidencias a favor de una divinidad como la planteada en los mitos judeocristianos son inexistentes.

Ninguna apuesta, no importa cuán apeteciblemente formulada, puede “aceptarse como creencia” ante un panorama tan sombrío para ese mito de la edad de bronce.

Creer en algo absurdo equivale a un autoengaño (independientemente de la hipotética recompensa). Una persona sana mentalmente no puede cambiar a voluntad de creencia sin tener ninguna base para hacerlo. Quienes se comportan así tienen un nombre: psicóticos.

La apuesta de Pascal ve al dios como un imbécil

Para establecer una reducción al absurdo, supongamos que el dios de los cristianos existe y que hay vida después de la muerte. Un dios verdaderamente inteligente, ante un seguidor de la apuesta de Pascal recién llegado al juicio eterno, se daría cuenta de la hipocresía del alma que tendría enfrente: sería alguien que sin tener la más remota evidencia de la divinidad, sin tener ningún motivo para hacerlo, justo como alguien que codiciosamente decide creer irracionalmente en ollas de oro al final del arcoíris, opta por “creer en él” para ganarse de forma mezquina un premio. Nada que envidiarle a un tahúr de casino. El dios inteligente se daría cuenta de la mezquindad y la hipocresía de este individuo que se mintió a sí mismo, que se obligó a sí mismo a “sostener” algo dudoso sólo para ganar el premio.

Un dios inteligente, ante la mezquindad de este individuo, probablemente lo mandaría al infierno por mentiroso y por considerar imbécil al creador del universo. En este caso, probablemente ganaría más alguien que humildemente le confesara a ese dios que simplemente no pudo creer porque le faltó evidencia, y por honestidad intelectual, para no mentirse a sí mismo, decidió no creer.

Un manejo ridículo de las estadísticas

La apuesta de Pascal es una versión un poco más complicada de la tontería del 50%, que en su forma más imbécil y general se podría presentar así: “X puede pasar o no pasar, por tanto, la probabilidad de que pase X es 50%”. La ridiculez de esta afirmación es patente con un contraejemplo: “Los pasajeros de un avión que se estrella a 900 km/h contra un rascacielos pueden sobrevivir o morir. Por tanto, la posibilidad de que sobrevivan es 50%”.

En el caso de la apuesta de Pascal, se presupone que las dos opciones son igualmente probables, cada una con un 50%. La realidad es otra: tanto los análisis históricos, como científicos, éticos, y morales de esos mitos de la edad de hierro, muestran cuán absurdos e improbables son. Los relatos de la resurrección son tan diferentes, tan contradictorios que no pasarían ni siquiera una corte Judía del siglo primero. Otro tanto ocurre con los relatos de las apariciones del resucitado. De forma similar, los relatos del Antiguo Testamento son claramente fabulescos: serpientes y burras parlantes, inundaciones globales, torres que llegan al cielo, ángeles que copulan con humanas, gigantes, soles que se detienen, mares que se abren… masacres, genocidios, sacrificios rituales exigidos por dioses supuestamente buenos que adoran que le quemen vacas en holocaustos ardientes.

En realidad, la probabilidad de que semejante dios ridículo de fábula existiera, sería infinitesimalmente pequeña.

¿Y los demás dioses?

Supongamos que existe realmente un creador del Universo. Supongamos que hay que creer en él. No podemos asumir de forma infantil que el Dios creador del Universo es precisamente aquél de la religión predominante de la zona geográfica donde nos tocó nacer. Perfectamente, el creador del Universo podría ser el “Alá” de los Musulmanes. Esta divinidad establece claramente que cualquiera que crea que Jesús de Nazaret es Dios o Hijo de Dios, es un idólatra y asociador, y como tal, está condenado al fuego eterno, inextinguible. También enseña que quien no siga el Corán está equivocado, porque las escrituras de los Judíos y los Cristianos están manipuladas y corrompidas. También enseña que hay que dominar y subyugar a Cristianos y Judíos hasta hacerlos convertir, o matarlos.

De forma parecida, el verdadero Dios podría ser Yahweh (Jehová) de los Judíos, que dice que es maldito todo aquél que muere colgado de un Madero, que enseña que sus leyes del Deuteronomio son eternas, y que cualquiera que ose cambiarlas será maldito por él.

Es obvio que el Yahweh Judío, el Cristiano y el Alá Musulmán no son el mismo Dios, así los apologistas traten de defender semejante imbecilidad.

Por tanto, la opción 2 de Pascal se enreda un poco: para creer en Dios, ¿en cual creo? Es claro que si me quedo en el Cristianismo o en el Judaísmo, me condenaría eternamente si el verdadero Dios fuera Alá. Así, quedarme en mi religión me implicaría sólo un tercio de probabilidad de salvarme.

¿Y qué tal si en realidad el Dios verdadero fuera Baal? Él se oponía a Yahweh. Las probabilidades de salvarme bajan a un 25%.

¿Pero y si tenemos en cuenta los dioses hindúes, los griegos, los egipcios, los del panteón nórdico, los dioses tribales del tercer mundo, y demás fábulas de la imaginación humana como candidatos potenciales?

En ese caso, la posibilidad de acertar en el Dios verdadero, incluso buscándolo consciente y responsablemente al estudiar a fondo todas y cada una de las religiones, haría prácticamente nula nuestra probabilidad de salvarnos.

Cada vez más, la apuesta de Pascal se ve como un argumento infantil, simplón y superficial.

Dioses malvados

Entre los infinitos dioses imaginados por los seres humanos a lo largo de la historia, destacan algunos realmente malvados, que exigen sacrificios a cambio de favores, porque no dan nada si el hombre no sufre algo a cambio. Dioses aztecas como Huitzilopochtli, hindúes como Shakhti, exigían mezquinamente sangre humana.

De acuerdo con ello no se puede descartar que alguna divinidad existente pudiera ser mala y que le importara un rábano lo que hiciéramos los humanos ante su existencia.

Y qué tal si Dios…

Si hubiera una divinidad inteligente, creadora matemáticamente de un cosmos ordenado, proclive a las simetrías, los números, las proporciones, las geometrías, lo más de esperarse sería que ese Dios sería lógico y que espera que sus “hijos” se comportaran lógicamente. ¿Qué tal si este Dios ausente, que no ha sido demostrado en milenios de búsqueda científica, estuviera escondiéndose para rechazar a los que se inventaran cuentos de hadas absurdos, y le diera vida eterna a quienes, apegándose a la más estricta lógica e indagación científica, rehusaran creer por ausencia de evidencia?

Ante las miles de religiones mutuamente excluyentes e igualmente ridículas es posible que ninguna tenga la razón, y que lo que mejor pudiera hablar de ese “amigo imaginario” fuera el universo que le atribuimos en nuestra imaginación. En este caso, rechazar la apuesta de Pascal, por su irracionalidad, sería el camino expedito al reino del creador del universo.

Desprecio de la experiencia vital de las personas

La apuesta de Pascal tiene un problema aún más grave. Asume que el creer no implica ninguna pérdida. Esta es tal vez la peor falacia de todas.

Creer involucra incontables males:

  1. Perder tiempo hablando con amigos imaginarios en vez de dedicarlos a la lectura y la autoformación.
  2. Satanizar comportamientos placenteros de comunicación con nuestros semejantes, como la sexualidad responsable (“hay que guardar el gustico hasta después de casarse”, diría cierto pretendiente a dictador suramericano).
  3. Perder dinero en cierto parasitismo social.
  4. Defensa de la irracionalidad y la falta de crítica, con lo que eso conlleva para una ciudadanía democrática.
  5. Cercenamiento del clítoris en niñas indefensas.
  6. Terroristas suicidas.
  7. Guerras religiosas.
  8. Discriminación por religión e incluso por preferencia sexual.
  9. Bloqueo de líneas de investigación científica prometedoras contra males terribles como el Alzheimer o el Parkinson, por creer en células “con alma”.
  10. Pronunciamientos genocidas de rechazo al condón en continentes plagados de Sida, como África.

Y un infinito etcétera… La lista podría crecer ilimitadamente. La creencia irracional en amigos imaginarios puede causar muchos males y hacernos perder muchas fuentes de bienestar y de desarrollo de su personalidad que sólo se pueden dar mientras dura nuestro momento de consciencia en el Cosmos.

En ese sentido, la creencia en divinidades hace tanto mal en la vida, que es preferible abandonar los mitos nefastos, para permitir avanzar a la humanidad en los derechos humanos y en el desarrollo científico para todos.

domingo, 22 de mayo de 2011

Si estás leyendo esta entrada no fuiste raptado por Jesús

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/05/si-estas-leyendo-esta-entrada-no-fuiste.html

Hoy se los seguidores evangélicos del pastor Harold Camping se llevaran un chasco, pero puedo asegurarles que la mayoría no perderá su fe. Ya dirán que algo cambió en los planes de Dios o que la profecía tuvo un error en la fecha. Pocos admitirán que el error estuvo en que no hay Jesús en los "cielos" para que los rapte.

¿De dónde salió la historia del rapto cristiano? El término "rapto" es una expresión de la palabra griega Rapio (que significa arrebato, desaparición). Según las confesiones evangélicas y pentecostales, poco antes del fin del mundo, Jesús retornará en el aire y se llevará con él a todas las personas - vivas y muertas - que hayan confiado en él como su salvador. Se basan en ello en el texto de 1ra carta a los Corintios, cuando les dice: "Los muertos en Cristo resucitarán primero, luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos (los muertos en Cristo), en las nubes para recibir al Señor en el aire"(1 Tesal. 4:17). El Rapto sucederá en "un abrir y cerrar de ojos" (1 de Corintios 15:52). En este evento, los muertos que hayan creído resucitarán primero, seguidos en un instante de tiempo por los cristianos que aun esten vivos (1 Tesal. 4:16, 17).

Para otras confesiones al rapto le sucede luego la aniquilación de los impios. Pero en el esquema profético del pastor Harold Camping los no creyentes -aquí me enlisto- nos quedaremos a sufrir penurias hasta el 21 de octubre cuando llegue el Juicio final. Otros grupos, como los adventistas, ponen mil años de vacaciones en el cielo, antes del Juicio final... Y todos "basados" en la misma Biblia.

Quiero hacer énfasis ahora sobre la diferencia abismal que existen entre las predicciones de la ciencia y las religiosas. Las de la ciencia son probabilísticas en muchos casos con muchas variables (estado de un enfermo, el clima, los patrones de extinción), mientras otras son de una precisión matemática como el retorno de un cometa, los períodos de rotación y traslación de los planetas, y el funcionamiento de ciertos aparatos basados en leyes físicas.

¿Y qué pasa con la predicciones religiosas? Bueno, mañana 22 de mayo cuando sigamos teniendo entre nosotros al pastor Harold Camping tendrán en ejemplo para responder a la inquietud.

Les dejo en este "Día del No-rapto" la siguiente frase de Dawkins:

"Si todos los logros de los científicos fueran eliminados mañana, no habría más médicos, sólo médicos brujos, ni transportes más rápidos que los caballos, ni computadoras, ni libros impresos, ni agricultura más avanzada que la de subsistencia. Si todos los logros de los teólogos fueran eliminados mañana, ¿notaría alguien la diferencia? ¡Incluso los malos logros de los científicos, las bombas y los barcos balleneros guiados por sonar, funcionan! Los logros de los teólogos no hacen nada, no afectan a nada, ni significan nada. ¿Qué nos hace pensar que la 'teología' es realmente un tema?"

Richard Dawkins, "The Emptiness of Theology", en "Free Inquiry", primavera de 1998

martes, 3 de mayo de 2011

¿Puede residir la conciencia fuera del cerebro?

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/05/03/%C2%BFpuede-residir-la-conciencia-fuera-del-cerebro/

Las historias de experiencias cercanas a la muerte (NDE; “near death experience”) son conocidas por la clase médica desde el siglo XIX, aunque han cobrado una reciente actualidad debido al desarrollo de tecnologías que permiten analizar éstas de forma científica. Una publicación en la prestigiosa revista “The Lancet” firmada por Pilm van Lommel y colaboradores devolvió la actualidad a ese tema, a la vez que desde sus páginas se barajaban hipótesis más cercanas al terreno de la pseudociencia, como por ejemplo: ¿reside la consciencia en el cerebro o quizás en un alma incorpórea conectada al cuerpo de alguna manera aún no descrita? Ni que decir tiene que este artículo de “The Lancet” fue duramente criticado por especialistas en neurofisiología, tanto por la forma de obtener algunos de sus resultados, como por las precipitadas y tendenciosas conclusiones alcanzadas.

Las experiencias vividas por supervivientes de ataques cardíacos en Holanda

El estudio publicado en “The Lancet” se incluyeron experiencias cercanas a la muerte recogidas en varios hospitales en períodos que oscilan entre 4 meses y 4 años (1988-1992), dependiendo del hospital en cuestión. Todos los enfermos fueron declarados clínicamente muertos, fundamentalmente por registro de electrocardiograma plano. Los autores del trabajo definen NDE como aquellos recuerdos que proceden del período de inconsciencia en el que aparecieron sensaciones de estar fuera del cuerpo, de bienestar, observar un túnel de luz, encontrarse con familiares ya fallecidos o ver pasar toda la vida en breves instantes. La definición de muerte clínica se estima en este trabajo por déficit de riego sanguíneo en el cerebro como consecuencia de problemas circulatorios, respiratorios, o ambos. Normalmente si la parada cardiorrespiratoria se prolonga durante más de 5-10 minutos se producen daños cerebrales irreversibles que provocan la muerte.

Todo el trabajo está basado en el testimonio de los pacientes y en su buena o mala memoria, así como la confianza de su buena disposición a no mentir buscando notoriedad (algo difícil de comprobar por otra parte). Las entrevistas se realizaron a los pocos días de la resucitación tomando nota también acerca del sexo, edad, religión, nivel educativo, de si habían sufrido algún otro episodio de NDE, si la resucitación se ha realizado dentro del hospital o en el exterior, enfermedades coronarias previas o número de veces que han tenido que ser reanimado en su estancia hospitalaria. También se anota el tiempo en parada cardiorrespiratoria y las medicinas que se suministraron a cada paciente durante el proceso de reanimación.

El estudio incluyó a 344 pacientes, de una edad media de 62.2 años, entre los que el 73% fueron hombres y el 27% mujeres. Prácticamente todos ellos fueron tratados con fentanilo (un agonista opiáceo), droperidol (bloquea la dopamina y tiene fuertes efectos sedantes) o una combinación de fentanilo y droperidol. También recibieron sedantes como el diazepam, oxazepam o midazolam.

De los 344 enfermos estudiados, 282(82%) no recordó haber tenido ninguna vivencia NDE, 21 (6%) recordaban NDE superficiales, mientras que 41 (12%) recordaban un NDE profundo. ¿Qué es un NDE profundo? He aquí uno de los ejemplos reflejado en la mencionada publicación y narrado por una enfermera de la unidad de cuidados intensivos coronarios:

Durante la noche, una ambulancia trasladó hasta el hospital a una persona de 44 años de edad, cianótico y en estado comatoso, a la unidad de enfermedades coronarias. Este paciente fue encontrado una hora antes en un prado por unos paseantes. Después de la admisión, necesitó de respiración asistida sin intubación, mientras se le practicaba un masaje cardíaco. También fue necesaria la aplicación de desfibrilación. Cuando se procedió a intubarlo me di cuenta de que llevaba dentadura postiza, por lo que se la extraje y la coloqué en el carrito. Mientras, se continuó con las técnicas de reanimación cardíaca. Después de una hora y media, el paciente pasó a tener un ritmo cardíaco y una presión arterial cercana a la normalidad, pero todavía se le mantuvo intubado y ventilado artificialmente ya que seguía en estado de coma. Entonces fue trasladado hasta la unidad de cuidados intensivos. No volví a ver el paciente hasta una semana después, cuando su situación había mejorado de forma importante. Al llevarle las medicinas éste manifestó: “oh, esta enfermera sabe dónde está mi dentadura”. Ante mi sorpresa añadió: “usted fue quien me atendió al llegar al hospital y colocó mi dentadura en el carrito, justo al lado de una botella había un receptáculo donde la guardó”. Estaba especialmente impresionada ya que en el momento que esto ocurría el paciente estaba en coma y en parada cardiorrespiratoria. Cuando indagué un poco más el paciente me comentó que él se vio tumbado en la cama, observándose desde arriba, mientras contemplaba el duro trabajo de médicos y enfermeras para intentar que el corazón volviera a funcionar. Él fue capaz de describir en detalle la habitación en la que se le trató y la apariencia física de todos los que le atendieron. Sintió miedo de que los médicos se diesen por vencidos en las tareas de reanimación, ya que eran pesimistas a su llegada al hospital. El paciente me dijo que intentó comunicarse infructuosamente con los médicos, para decirles que él aún estaba vivo, que no parasen su tarea de resucitación. Afirma que ya no teme a la muerte, y a las 4 semanas se le dio de alta y abandonó el hospital por su propio pie.

¿Qué provoca la “experiencia” según los autores del trabajo?

Antes de establecer una hipótesis sobre qué motiva los NDE, los autores tratan de eliminar aquello que piensan que no induce el NDE. De esta forma afirman que no hay factores médicos, farmacológicos o psicológicos que afecten al NDE. Observan además, que las personas menores de 60 años son más susceptibles a sufrir un NDE que los mayores a esta edad, y que las mujeres tienen NDE con mayor frecuencia que los hombres. Un dato curioso, aunque no encuentran explicación al mismo, es que la mortalidad en un período corto una vez abandonado el hospital es mayor entre los que sufrieron el NDE (21%) que entre los que no lo sufrieron (9%). También se observó que entre los que sufrieron un NDE, la mayoría tenía creencias religiosas (70%) y sólo una minoría de ellos poseía estudios primarios (27%).

Según los autores de este trabajo deberían descartarse los motivos fisiológicos, como por ejemplo la anoxia cerebral, o inducido por fármacos ya que esas condiciones fueron similares para todos, por lo que la mayoría de los pacientes deberían haber sufrido NDE. Estas experiencias no son exclusivas de este estudio, como ya se ha indicado, por ejemplo en otro estudio con 63 supervivientes de fallo cardíaco, el 11% de ellos informaron de algún tipo de suceso NDE. Uno de los factores que sí parece influir es la edad, algunos autores han mostrado incidencias del 85% de NDE en niños, el 48% en menores de 37 años, y en el trabajo aquí presentado se obtienen datos del 43% en menores de 49 años.

Los procesos neurofisiológicos pueden jugar algún papel en los NDE ya que experiencias similares pueden ser inducidos por estimulación eléctrica del lóbulo temporal (y por tanto del hipocampo) durante neurocirugía para la epilepsia, con altas concentraciones de dióxido de carbono o en hipoxia del lóbulo frontal cerebral (como a veces ocurre en pilotos de cazas). También se han descrito casos de NDE tras el consumo de LSD, psilocarpina y mescalina, sustancias que producen alucinaciones. Todas estas condiciones también producen inconsciencia, experiencias extracorpóreas, percepción de luces o recuerdos de vivencias del pasado. Lo que no se ha reportado en estos casos es de pérdida del miedo a la muerte que se asocian a los NDE relacionados con fallos cardíacos.

Los autores del artículo terminan afirmando que dado que faltan evidencias que expliquen el NDE quizás la definición aceptada por la comunidad médica de que la conciencia y la memoria está localizada en el cerebro debería ser revisada. ¿Cómo se puede tener conciencia de lo que está pasando desde una visión exterior al cuerpo cuando el cerebro está clínicamente muerto por electroencefalograma? Pese a que el trabajo termina con la típica frase de que hay que investigar más para poder explicar los NDE, se abre la puerta conclusiones tan poco científicas como la afirmación de que hay otro ente extracorpóreo portador de la conciencia y de la memoria.

Empiezan las reacciones

En un número posterior de la revista “The Lancet”, así como en otras revistas, diversos neurólogos cuestionan de forma radical las conclusiones del grupo de van Lommel. Una gran duda se plantea: si realmente la memoria está fuera del cuerpo, tanto que ésta sigue funcionando incluso tras una muerte cerebral transitoria, ¿por qué el Alzheimer, los ictus u otros daños cerebrales ocasionan pérdida de memoria? Además se ha monitorizado como la destrucción neuronal provocada por demencias o por el Alzheimer va seguida de pérdidas de memoria sucesivas, cosa que no debería suceder si la memoria residiera en otra parte.

La revista “The Lancet” se hizo eco de 4 cartas, en las que otros tantos especialistas añadiendo más información al aportado por van Lommel. En la primera de ellas John Evans, del hospital Radcliffe de Oxford, Inglaterra, informa que los episodios de NDE también ocurren durante las etapas de anestesia general. Estos episodios se explican no por hipoxia cerebral, sino porque por razones desconocidas la cantidad de fármaco suministrado se queda corto para conseguir la inconsciencia absoluta. El tipo de fármacos empleados son similares a los empleados por el equipo de van Lommel, por lo que Evans sugiere que los NDE descritos se deben a episodios de consciencia modulada por drogas, hipoxia y otras situaciones de estrés fisiológico. En los casos de NDE obtenidos durante etapas de anestesia el cerebro está perfectamente funcional, lo que no induce a pensar que la conciencia ha de residir fuera del cerebro. Una duda que se plantea Evans es si las situaciones vividas por los pacientes al límite de la muerte le resultan incomprensibles hasta que las propias entrevistas las ponen en contexto cultural-religioso, modulando las respuestas inadvertidamente.

En otra carta Ali Herni Bardy de la agencia nacional de la Salud de Helsinki, Finlandia, critica a van Lommel por afirmar que los pacientes analizados estuvieron clínicamente muertos y que por ello no había actividad cerebral. Según Bardy el hecho de que el electroencefalograma (EEG) no detectara actividad cerebral no significa que el cerebro no funcione en absoluto. Las técnicas EEG sólo detectan la actividad eléctrica de la mitad del córtex cerebral, pero la actividad de la otra mitad, especialmente las zonas más profunda no puede se observada por esta técnica. El EEG no es una buena medida del cese total de actividad cerebral, por tanto hasta que realmente no se pruebe de forma efectiva que el cerebro está completamente inactivo no puede sugerirse que la conciencia no resida en el cerebro.

Giorgio Buzzi de Ravena, Italia, añade una nueva situación en los que los NDE se ponen de manifiesto: la parálisis durante el sueño, un estado REM en el que las personas dormidas se sienten fuera del cuerpo y se observan desde arriba durmiendo en la cama. El grupo de Buzzi publicó un trabajo en el analizó a 264 personas que habían sufrido parálisis mientras dormían. De todas ellas, 28 (11%) tuvieron NDE. Invitó a todos ellos a realizar un test muy simple: intentar identificar objetos que estaban en lugares poco comunes, decir la hora que marcaba el reloj y que prestaran especial atención a los detalles que habían en el lugar y lo compararan con el real. Sólo 5 de ellos quisieron contestar a esas preguntas: los objetos colocados en lugares poco usuales (por ejemplo sobre los armarios) nunca fueron identificados en los NDE. Los relojes marcaban tiempos imposibles. Para este autor el origen de estas experiencias pueden proceder de imágenes generadas por activación cerebral durante la fase REM del sueño. Empleando tomografía de positrones (PET) el grupo de Marquet y colaboradores encontraron una correlación muy significativa entre el sueño REM y una elevada actividad en las áreas cerebrales implicadas en la formación y consolidación de la memoria. En sueños con el REM disociado, la activación de estas estructuras durante la inhibición de las zonas de la corteza cerebral puede provocar el almacenamiento de imágenes oníricas procedentes de la sala donde se está durmiendo. Por tanto, las NDE, la visiones desde fuera del cuerpo, y posiblemente otros fenómenos, como luces o imágenes rápidas del pasado, podrían representar una desinhibición de estructuras del sistema límbico debido a condiciones de hipoxia en el neocórtex, más que fallos de memoria o interpretaciones pseudocientíficas como los fenómenos paranormales.

Grandes afirmaciones requieren grandes evidencias

Las NDE todavía suponen un desafío para la neurología, pero no son las únicas. Aunque sabemos muchas cosas acerca de cómo funciona nuestro cerebro todavía hay grandes lagunas de conocimiento en él. Y una de esas lagunas estriba en cómo se construye un pensamiento abstracto (tanto de forma consciente como inconsciente) y como se almacena. Todos los datos que se han reunido hasta ahora indican que es cerebro el encargo de esa actividad, que fallos en alguna de las partes del mismo pueden bloquear, de forma transitoria o permanente, esos procesos, y que éstos pueden ser inducidos de forma artificial por determinadas sustancias.

Por todo ello afirmar que existe una estructura encargada de la conciencia y almacenamiento de la memoria localizada fuera del cerebro y conecta por mecanismos paranormales a ésta requiere de un elevado número de evidencias, como ocurre cuando se realiza una afirmación extraordinaria. Y eso no parece haberse cumplido todavía. Todo lo contrario, los NDE pueden darse con un cerebro perfectamente activo (personas anestesiadas, bajo un sueño paralizante o inducido por drogas), no se ha demostrado de forma irrefutable que las personas que describen el NDE no tuvieran ningún tipo de actividad cerebral, ya que los EEG empleados no detectan actividad en la mitad del córtex. Además las propias entrevistas pueden sugerir de forma involuntaria pistas acerca de las respuestas o dar información de forma inadvertida; así Greyson y colaboradores mostraron que personas religiosas y que han sufrido fenómenos paranormales son los que describen NDE más profundos, mientras que los entrevistados son incapaces de describir objetos colocados en sitios sólo observables desde alto en lugares desconocidos por el paciente.

Esto vuelve a colocar la carga de la prueba en los que insisten en que la conciencia reside fuera del cerebro, tendrán que demostrar que efectivamente los NDE (que recordemos que sólo se dan en un porcentaje muy bajo de los que se encuentran en el umbral de la muerte) se dan en una persona sin actividad cerebral. Además deberán explicar así mismo por qué las enfermedades infecciosas, degenerativas o tumorales que destruyen tejido cerebral, provocan una pérdida sucesiva de consciencia y memoria. Si las conexiones no son físicas sino inmateriales, ¿cómo algo material como un trombo, un prión o un conjunto de proteínas mal plegadas pueden hacer perder la memoria en vida? Muchos investigadores describen el siglo XXI como el siglo del cerebro, el momento de la historia en que se desentrañarán muchos de sus misterios. Tapando esos agujeros de conocimiento que ahora tenemos quizás se evite que se cuelen por los mismos ideas pseudocientíficas y mitos del pasado que aseguran explicar todo aquello que sigue siendo desconocido.

Referencias:

-Bardy, A.H. (2002) Lancet 359:2116.
-Buzzi, G. (2002) Lancet 359:2116-2117.
-Buzzi, G. (2002) (http://www.sro.org/2000/Buzzi/61/)
-Cobcroft, M.D. (1993) Anaesth. Intensive Care 21:837-843.
-Evans, J.M. (1987) London:Butterwoths 1987:184-192.
-Evans, J.M. (2002) Lancet 359:2116.
-Greyson B. (1998) Med. Psychiatry 1:92-99.
-Greyson, B. (2003) Gen. Hospital Psychiatry 25:269-276.
-Lempert, T. y col. (1994) Lancet 334:829-830.
-Maquet, P. y col. (1996) Nature 383:163-166.
-Moerman, N. y col. (1993) Anaesthesiology 79:454-464.
-Paolin, A. y col. (1995) Intensive Care Med. 21:657-662.
-Van Lommel, P. y col. (2001) Lancet 358:2039-2045.

domingo, 24 de abril de 2011

¿Por qué los ateos no creemos en la historia de la redención de Jesús?

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/04/por-que-los-ateos-no-creemos-en-la.html

Las celebraciones de la semana santa se han encargado de fijar en la mente de las gentes los eventos de los últimos días de Jesús, según como los narran los evangelios. Según la historia oficial hubo una entrada triunfal en Jerusalén, luego una última cena, la traición de Judas, el juicio ante Pilatos, la crucifixión, y luego el domingo la resurrección.

El cristianismo enseña que el acto de martirio de Jesús era parte del plan de salvación de la humanidad. Solo con el derramamiento de sangre y el sacrificio del hijo de Dios, que es también Dios (¿?), se podría salvar al ser humano.

¿Salvarnos de qué?

Salvarlo de la muerte eterna. En el cristianismo el sacrificio de Jesús es necesario para garantizar el acceso de los humanos a Dios. Por ello es posible que la gente buena al morir vaya al cielo (según la doctrina católica y evangélica), o que pueda ir al cielo después de una resurrección futura que se dará tras la segunda venida de Jesús (según la doctrina adventista y otras).

Asumiendo que hay un cielo tras la muerte ¿cómo lo saben? Toda la doctrina es un cheque en blanco en el que no hay forma de comprobarlo. Algunas personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte han descrito un túnel de luz. Hoy sabemos que esa experiencia se debe a una caída en los niveles de oxígeno en el cerebro, que conllevan a estas experiencias que pueden ser catalogadas como místicas. Y de la muerte nadie ha regresado para decirnos si el dogma es cierto o falso.

Acceder a la salvación incluye adherirse al credo. Lo que llaman “aceptar a Jesús”. Creer que Jesús murió por nuestros pecados. Claro está, que este plan deja muchas cosas de lado ¿y qué ocurre con los chinos y aborígenes australianos que nunca oyeron hablar de Jesús? ¿Por qué un ateo, judío o agnóstico que sea bueno no puede acceder a la salvación simplemente siendo bueno, y no haciendo una declaración de fe de algo de lo que no hay evidencia o que no hizo parte de su tradición cultural?

Claramente parece que el imperativo de aceptar un dogma como requisito para la salvación es un anzuelo que favorece la dispersión del cristianismo. Como contraataque los cristianos dicen que es mejor aceptar a Jesús. ¿Qué pierdes?, dicen, en cambio si el incrédulo se equivoca pierde la vida eterna y se va al infierno. Este argumento, conocido como la apuesta de Pascal, se cae si lo examinamos de cerca. ¿Y qué tal que los cristianos esten errados, el islam sea la religión correcta y se condenen por decir que Jesús es Dios, algo que prohibe expresamente el Corán?


¿Y si nos salvaron cuándo fue que nos perdimos?

El cristianismo formula que fueron los primeros humanos de la narración bíblica, Adán y Eva, quienes al desobedecer a Dios fueron expulsados del paraíso, y condenados a envejecer y morir, y no solo ellos sino toda la extirpe humana.

Dice la Biblia en la epístola a los Romanos: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”

A lo anterior añade el catolicismo que todos los humanos nacemos con una mancha de “pecado original” una especie de culpa hereditaria de la que solo se salvaron Jesús y su madre María.
Pero aquí el dogma choca con la realidad histórica. Nunca hubo Adán y Eva, así que tampoco hubo una serpiente tentando a Eva a comer un fruto prohibido por Dios, ni expulsión de paraíso ni castigo a la mujer haciendo dolorosos sus partos. Adán y Eva son un mito.

El registro fósil nos muestra que la muerte siempre ha existido a la par de la vida, y que la extinción ha sido paralela a la evolución de nuevas especies. Nuestros antepasados australopitecos envejecían y morían. El dolor del parto fue fruto de la evolución de un cerebro más grande junto con la postura bípeda que puso el canal de parto mirando hacia abajo. Los australopitecos no tuvieron partos dolorosos, no tanto por un castigo divino, sino porque sus crías nacían con cerebros más chicos que los nuestros.

Claro esta, que los primeros teólogos cristianos no sabían nada de los orígenes reales de nuestra especie, y creían a pie juntillas la historia de Adán y Eva, con su pecado original. Pero, sin pecado original ¿para qué salvación? O en otras palabras, ¿Jesús se sacrificó en la cruz por el pecado inexistente de una pareja mítica? Si aceptamos los orígenes reales de nuestra especie, como lo hacen muchos católicos, basta preguntar ¿murió Jesús también por los neandertales? ¿Hay neandertales y "sinantropos" en el cielo?


¿Y por qué ese plan de salvación?

También cabe preguntarnos por qué era necesaria la tortura y sacrificio de un inocente por toda la humanidad. Los cristianos sin duda responderán mencionando Hebreos 9 que dice que “sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. El pasaje de los hebreos recuerda como en el Viejo Testamento el dios Yavhé ordenaba sacrificios de corderos, tórtolas, chivos, toros, etc., para expiar los pecados del pueblo. Pablo, autor de la epístola a los romanos muestra a Jesús siendo sacrificado como un cordero por toda la humanidad.

Pero lo anterior no responde al porque. Salvo que se estipule que esta es la voluntad de Dios. Una voluntad de hecho cuestionable. Primero que todo ¿para que esa masacre de animales por los pecados cometidos por los humanos? ¿Qué culpa tenían los animales? ¿Dónde está el sentido de compasión por los inocentes, en este caso los animales? Segundo, ¿No le bastaba con simplemente decir los perdono y ya? ¿O simplemente darle la salvación a los que se arrepintieran de sus faltas, resarcieran el mal y fueran mejores personas sin tener que hacer una crucifixión sangrienta? Igual si él es el que pone las normas ¿por qué no lo hizo?

Dicen los cristianos que el sacrificio de Jesús es el rescate de Dios a la humanidad. Suena como un intercambio en una escena de secuestro, en la que se envía a alguien para que se libere a un secuestrado. Pero ¿Quién sería el secuestrador? La respuesta cristiana es: el diablo.

Diablo que por cierto Dios mismo no destruyó cuando se rebeló, y que permitió que tentara a Adán y Eva. Si Dios ya lo tiene predestinado para ser destruido –según el Apocalipsis- ¿por qué no lo destruyó antes de que tentase a Adán y a Eva? Toda la humanidad estaría viviendo ahora mismo en el paraíso, y nunca tendría Jesús que venir a ser clavado en una cruz.

La teología cristiana está fundada sobre absurdos que no resisten un análisis lógico.


¿Murió por nuestros pecados?

Pero a la teología cristiana le espera otro golpe con la lógica. Sucede que los eventos más celebrados por los católicos: el nacimiento, la muerte y la resurrección de Jesús son precisamente los que menos evidencias históricas tienen. Si es que alguno lo tiene.

En cuanto a la historia de la navidad, este aspecto ya se analizó en otro artículo de Sindioses.org

Respecto a la muerte por crucifixión y su resurrección resulta sorprendente que ningún historiador contemporáneo independiente narre los hechos finales de Jesús, así como otros más espectaculares asociados a este como que hubo un gran terremoto cuando Jesús murió (Mateo 27:51), que el cielo se oscureció (Mateo 27:45), que el velo de templo judío se rasgo, o que tras la resurrección de Jesús hubo otras resurrecciones.

En los documentos históricos contemporáneos o un poco posteriores a la época de Jesús solo lo mencionan cuatro: Flavio Josefo, Plinio el Joven, Suetonio y Tácito. El primero lo cita en la obra Antigüedades Judaicas, pero el único pasaje que lo menciona es tardío y muy probablemente añadido por cristianos.

En este pasaje supuestamente Josefo dice “Él era Cristo. Y cuando Pilatos oyó que era acusado por nuestros gobernantes, lo condenó a la cruz. Aquellos que lo habían amado desde el principio no perdieron la fe en él, y él apareció ante ellos, redivivo, el tercer día, porque los profetas habían previsto esta y otras mil maravillas sobre él”. Algo difícil de creer que viniese de Josefo porque según narra Orígenes, padre de la Iglesia y conocedor de la obra de las Antiguedades judaicas en el siglo III, Josefo no reconocía a Jesús como Mesías, algo de lo que él se lamentaba.

Así que el parrafito de la obra de Josefo en el que este acepta la resurrección de Jesús fue añadido muchos años después de escrita la obra original. También Clemente de Alejandría, anterior a Orígenes comenta que Josefo no dijo “nada de las cosas maravillosas que hizo el Señor”

De los otros historiadores, Plinio el Joven habló genéricamente de los cristianos. Suetonio no dice nada de los hechos de la vida de Jesús, solo Tácito dice que “Cristo, de quien toman el nombre, fue condenado por Poncio Pilatos, procurador de Judea durante el reinado de Tiberio”. Pero Tácito no consultó sus fuentes. Él se limita a repetir lo que dicen los cristianos. Si Tácito hubiera consultado sus fuentes habría encontrado que Pilatos no fue procurador sino perfecto.

Yéndonos a los evangelios se nota que los primeros de ellos no mencionan nada de la muerte de Jesús, ni de su resurrección. De los cuatro evangelios, los de Mateo, Marcos y Lucas muestran grandes similitudes. Los estudiosos han concluido que Marcos es la fuente de Lucas y Mateo. La fuente de Marcos es llamada la fuente Q (del alemán Quelle = fuente) y estos primeros escritos no llaman a Jesús como Cristo (que significa Mesías), ni hablan de su muerte y resurrección.

Es altamente probable que Jesús, de haber existido, fuera un predicador más de los de su época, quizás predicaba el amor al prójimo en lugar del “ojo por ojo y diente por diente”. Jesús no fundó religión alguna, y si llegó a morir ejecutado poco tenía en mente de ofrecerse en sacrificio por la humanidad. De haber sido esto así, bien le faltó a la Biblia o al Espíritu Santo haber especificado un capítulo claro sobre el plan de salvación para que después no hubiese tantas sectas que difieren en si la salvación es por obras o por la fe, católicos y luteranos ejemplifican ambos casos, o si la recompensa del cielo será tras la muerte o después de un segundo advenimiento, como en el caso de católicos y adventistas respectivamente. También tan valiosas aclaraciones habrían evitado que hubiese ateos que dudan de toda la farragosa teología cristiana.

¿Dónde están los textos de los historiadores romanos hablando del terremoto en ese día de pascua y de la oscuridad que duró desde la hora sexta hasta novena? ¿Pudieron los historiadores haber dejado pasar una oscuridad de tres horas y un terremoto ocurridos el mismo día como si nada? ¿Y después nos preguntan que por qué no creemos?

Según cuenta Earl Doherty, en "¿Acaso no hubo un Jesús histórico?" en sus comienzos el cristianismo se refiere como “Salvador” no al nombre de un individuo humano sino (como el término Logos) a un concepto: una figura divina, espiritual, quien es el mediador de la salvación de Dios. “Cristo”, la traducción griega del “Mesías” hebreo, es también un concepto, significando el Ungido de Dios (aunque enriquecido por mucha connotación adicional). La creencia en alguna forma de Salvador Ungido espiritual—Jesús Cristo—estaba en el aire. Pablo y la hermandad de Jerusalén eran simplemente una corriente de este fenómeno ampliamente diseminado, aunque una importante y finalmente muy influyente. Más tarde, se añadirían a la persona de Jesús hechos milagrosos alrededor de su nacimiento, los milagros y la resurrección, creando un personaje que luego seria llevado a todos los rincones del imperio romano.

Afirmar que una religión puede nacer de hechos falsos no es una exageración. Basta ver como José Smith logró convencer a unos pocos, inicialmente en el siglo XIX, que Jesús había venido a América y que había existido toda una historia de unos pueblos llamados lamanitas y nefitas en América. Hoy los seguidores de esta doctrina, los mormones, son 14 millones en el mundo, de los cuales 1’300.000 viven en México. Una nación en la que nunca José Smith predicó.

Miles de personas son creyentes de la Cienciología, una doctrina creada por un escritor de ciencia ficción, L. Ron Hubbard, quien no obstante ser conocido como escritor de historias irreales logró encontró fieles para su religión que incluye a un emperador intergalactico llamado Xenu. ¿Por qué entonces habría de extrañarnos que entre el siglo I y II se fabricase la doctrina de un mesías que murió por nuestros pecados?

En medio de todo el absurdo de la teología cristiana encontré un versículo que es 100% veraz: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” 1 Corintios 15: 14

Ahí lo tienen. Lo cierto es que no hay evidencia histórica de la resurrección de Jesús, ni que el sea mesias ni que haya fundado una religión o especificado en detalle un plan de salvación. Los escépticos solemos recordar las palabras de Carl Sagan cuando dijo "A grandes afrimaciones grandes evidencias". Así pues la invitación es examinar críticamente las creencias y exigir pruebas antes de aceptarlas. La creencia ciega solo beneficia a los traficantes de la fe. Por el momento seguiré dudando.

sábado, 16 de abril de 2011

Decálogo del “a mi me funciona” (o como detectar estereotipos en pseudomedicina)

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/04/16/decalogo-del-a-mi-me-funciona-o-como-detectar-estereotipos-en-pseudomedicina/

El empleo de estereotipos suele indicar una carencia de argumentos originales, alertándonos ante una situación más cercana a un “guión preparado” que a una situación real. De esta forma, encontrar patrones comunes a cierto tipo de argumentos suele ser bastante útil para detectar aquellos testimonios que, lejos de ser reales, puedan significar únicamente una receta para propagar determinadas afirmaciones sin fundamento objetivo.

Este es el caso de numerosos mensajes en foros y blogs como éste, donde una demostración apoyada en evidencias experimentales o una crítica a determinada pseudociencia, remedio mágico o creencia religiosa se contestan con un simple “a mi me funciona y demostrarme que no es así”. No vamos a entrar ahora en la invalidez de tal argumento o en las numerosas causas por las que podamos creer que una hoja de laurel nos ha hecho aprobar un examen. Ya hemos tratado estos temas anteriormente (ver “¡Pues a mí me funciona!“).

Lo que queremos tratar son las características comunes a la mayor parte de testimonios sobre la eficacia de un ungüento milagroso o de una pastillita homeopática. Sin duda, podemos encontrar coincidencias semejantes para otras áreas de las diversas pseudociencias, pero vamos a ir por partes.

Decálogo para todo testimonio pseudomédico que se precie

1. Yo era muy incrédulo. Encabezado muy utilizado por los creyentes más variopintos. Suelen comenzar su discurso con “yo soy muy escéptico”, “yo era un ateo recalcitrante”, “nunca he creído en estas cosas”. Es decir, un sinfín de excusas que tratan de convencernos de que parten de una postura escéptica y son las evidencias, y sólo las evidencias, las que les han hecho cambiar de opinión.

2. Mi madre se moría de picores en las gónadas. A continuación pasan habitualmente a relatar un caso con tintes dramáticos y terminales. No suele tratarse de una simple molestia, sino de algo que estaba a punto de llevar al suicido del propio protagonista o un personaje cercano. Si es un sarpullido, les impedía dormir y estaban al borde del infarto; si su pareja roncaba, el divorcio se cernía sobre sus cabezas.

3. La medicina oficial nos engañó. Invariablemente, siempre recurrieron primero al stablishment. Jamás fueron directamente al naturópata o al confesionario, todos pasaron confiadamente por ambulatorios o universidades (posiblemente porque eran muy escépticos ellos, como se indica en el punto 1). Por supuesto, la ciencia oficial les mareó, les hizo perder tiempo y nunca encontraron, tras años de tratamiento, ni una pequeña mejoría. En el caso no sanitario, el “erudito” habrá recurrido sin duda alguna a informarse, estudiar y conocer profusamente todo lo publicado sobre el tema en cuestión, incluso en japonés.

4. Yo no quería, mamá, me lo dio un amigo. Casualmente, horas antes del suicidio (ver punto 2), un amigo/primo/vecino/compañero de trabajo que tenía el mismo problema, le habló del remedio mágico que justamente estamos criticando en nuestro artículo.

5. No me lo creía (de nuevo). Como buen escéptico, a nuestro personaje le cuesta aceptar que una solución tan sencilla no sea conocida por la medicina oficialista, así como la capacidad de curar algo ante lo que su médico se había rendido.

6. No pierdo nada (estoy al borde del suicidio). Como resulta difícil argumentar de que manera una mente racional puede untarse moco de tuberculoso en una úlcera abierta, el protagonista del testimonio suele recurrir al “no tenía nada que perder”; total, beber un frasquito de agua con lejía o tomarme un terrón de azúcar no iba a empeorar mis jaquecas (que no se si os he dicho que me están llevando al borde del suicidio).

7. Coño, funciona!! A pesar del escepticismo y la poca o nula predisposición, se produce una cura milagrosa. El eccema invalidante desaparece en cuatro días o la tía paralítica vuelve a andar en lo que se persigna un cura loco.

8. Eso sí, no tengo ni guarra de cómo funciona. Llegando al final, el confeso no tiene inconveniente en señalar que no entiende el funcionamiento del invento, ni conoce las causas, ni le importan un pimiento. Sólo sabe que funciona, que puede dormir por la noche, que el cáncer desapareció o que su aparato genital sufrió un fenómeno de convergencia volumétrica con los paquidermos de la noche a la mañana.

9. ¿Que pacha, no me crees? Como si se tratara del mejor argumento pergeñado por la humanidad, el interfecto sentencia su relato con un incontestable “es cierto porque yo lo digo”. Siglos de ciencia y experimentación, años de estudios, millones de euros en investigación y resulta que un simple “yo lo valgo” sirve para demostrar la eficacia de la sacarina diluida en néctar de caléndula contra la hepatitis vírica.

10. ¿Como es posible que esto no lo recete la seguridad social? ¡¡Por los reptilianos!! Esta décima parte puede presentarse en el discurso original o reservarse para futuras (y previstas) contestaciones del personal. Sin ningún tipo de variación, y siendo quizá el argumento más estereotipado de los diez, el elemento pasará a relatar cómo las farmacéuticas se lucran con remedios inservibles, cómo la ciencia oficial está comprada por las multinacionales y de qué manera todos los gobiernos mundiales, los millones de médicos, biólogos, químicos y farmacéuticos del planeta están confabulados en una conspiración para mantenernos enfermos y ganar mucha pasta (ya se que entonces los gobernantes, médicos, biólogos, químicos y farmacéuticos no deberían morir nunca de cáncer o de hepatitis, pero es algo que aún estoy himbestigando).

Este guión no sólo sirve para detectar testimonios estereotipados, sino que nos permite participar en cualquier charlita de Internet. No es necesario incluir todos los puntos, pero con los diez queda un mensaje redondo. Y si no, haced la prueba:

Os confieso que yo siempre he sido muy escéptico ante los remedios milagrosos; se hecho, considero que la homeopatía, el reiki o las flores de Bach no son más que fraudes dirigidos a obtener dinero fácil de los incautos. Sin embargo, he padecido durante años una artritis reumatoide muy dolorosa, que me obligó hace dos años a solicitar una baja laboral permanente al permanecer durante largas temporadas recluido en una silla de ruedas. El calvario de médicos, clínicas y tratamientos ha sido insufrible durante todo este tiempo. Tras consultar con cinco especialistas en reumatología distintos, únicamente conseguí que me inflaran a antiinflamatorios, lo que encima me produjo una gastritis crónica. Un día, hace ahora seis meses, una buena amiga me habló de un remedio utilizado por los indios tabaharas desde hace milenios, consistente en la inhalación de raíz de abeto albino recolectada en una noche de luna llena. En un principio no creí que tal despropósito pudiera solucionar lo que varios médicos no habían conseguido; en primer lugar porque me cuesta creer en remedios milagrosos -soy físico de profesión- y, por otro lado, porque mi amiga es excesivamente dada a seguir cualquier terapia alternativa que se ponga a su alcance.

Sin embargo, tampoco tenía nada que perder, mi situación era insostenible y dudé que una raíz pudiera hacerla empeorar. Además, así evitaría de una vez por todas las chapas que me solía pegar mi amiga sobre el tema. Para mi sorpresa, a la semana de estar inhalando la raíz de abeto albino recolectada una noche de luna llena, mis articulaciones comenzaron a mejorar. Volví a caminar y hoy me encuentro casi recuperado, hasta el punto de que he solicita el alta para volver al trabajo. Mi médico no se explica la mejoría, y más cuando le dije que había dejado totalmente los antiinflamatorios. Incluso he vuelto a recuperar mi estómago de forma casi total.

La verdad, no entiendo cómo funciona algo tan sencillo, ni porqué no se emplea médicamente de forma masiva. Solo se que a mí me ha permitido volver a tener una vida normal y eso me basta. Como científico, se que la ciencia aún no tiene todas las respuestas, y que existen fenómenos que aún no sabemos explicar. Sin embargo, esto no hace que no existan. Sin duda, hay alguna explicación racional al milagroso efecto de la raíz de abeto albino recolectada en una noche de luna llena, pero aún no la conocemos. No creo en la magia, y dudo que esto lo sea.

Sois libres de creerme o no, ya que podéis pensar que me lo estoy inventando todo, pero yo se que a mí me ha salvado la vida y no necesito más convencimiento. Sinceramente, el que un remedio natural y barato no sea adoptado por las autoridades sanitarias mientras recetan carísimas pastillas paliativas que únicamente disminuyen los síntomas pero que nos condenan a consumirlas (y pagarlas) eternamente, me parece una cuestión que atiende más a la economía que a la salud pública.

¿Os suena?

"Pues a mí me funciona" y otras falacias en torno a la homeopatía

Extraido de: http://www.soitu.es/soitu/2009/06/09/salud/1244550744_619856.html

La evidencia científica sobre la homeopatía es arrolladora: Ni ha demostrado eficacia terapéutica en ensayos clínicos controlados a doble ciego ni tampoco que su mecanismo de acción exista. Aún así el "Pues a mí me funciona" y otras falacias con la intención de defender la homeopatía siguen persistiendo.

La principal razón por la que estas falacias persisten, independientemente de la firmeza con la que la ciencia avale la ineficacia de la homeopatía, es muy sencilla: De fútbol y de medicina, todo el mundo opina. A ningún profano se le ocurriría contradecir a un arquitecto sobre dónde se colocan las vigas de un edificio, a un electricista dónde se hacen las conexiones o a un biólogo/ambientólogo sobre el impacto ambiental en una determinada zona. En medicina, sin embargo, ocurre que casi todo el mundo opina sobre enfermedades y tratamientos sin la más mínima formación, aunque sea de oídas.

Y, así, es frecuente que todos hayamos escuchado alguna vez por la calle los siguientes comentarios: "Tómate esto que me han dicho que va bien para lo que tienes", "Pues creo que fulanita tenía algo parecido a lo tuyo y tomó esto y le fue fenomenal" o "Pues a mí la homeopatía me funciona, deberías probarlo". La mayoría de estos comentarios serán totalmente infundados y poco o nada ayudarán a la otra persona. Aún así, están a la orden del día, como también lo están los curanderos y demás estafadores de la salud, porque de medicina todo el mundo cree saber.

Con la homeopatía ocurre, además, una cosa especial. Cuando afirmas que se han hechos estudios rigurosos sobre ella y en ninguno de ellos se ha encontrado eficacia más allá del placebo muchos defensores reaccionan de la misma forma que reaccionaría un creyente al criticar su fe: Bien atacando a la persona que explica la ineficacia de la homeopatía o bien recurriendo a falacias o engaños que no demuestran nada (salvo la ignorancia en temas médicos de las personas que los utilizan). Así pues, demos un paseo por las falacias más repetidas y por qué son engañosas y faltan a la verdad en su intención de defender la homeopatía.

1. Pues a mí me funciona

Sin lugar a dudas, la falacia más utilizada para defender a la homeopatía. Una afirmación que tiene "éxito" porque aflora en gente que no tiene los suficientes conocimientos médicos para conocer lo que es un placebo o una remisión natural de la enfermedad.

¿Por qué es engañosa? Los resultados anecdóticos de curación no indican, por ellos mismos, que un tratamiento haya resultado efectivo. La única forma correcta y rigurosa para saber si un tratamiento (sea el que sea) de verdad cura es haciendo ensayos clínicos controlados en un gran número de personas comparado con placebo.

¿Por qué? Por tres razones:

Porque hay muchísimas enfermedades que remiten de forma natural o espontánea en mayor o menor grado. Es decir, que sin ningún tratamiento el cuerpo humano es capaz de vencer la enfermedad por sí mismo. Como ejemplos: Gripe, resfriados, tinnitus, cierto porcentaje de asma en la infancia, algunos casos raros de cáncer... Además, muchas de las personas que acuden a la homeopatía llegan en la fase más florida o manifiesta de la enfermedad que, por su historia natural, tiende a remitir al poco tiempo en síntomas y signos independientemente del tratamiento seguido.

Porque el efecto placebo o la sugestión que produce el hecho de pensar que estás tomando algo que te va a curar potencia la recuperación del cuerpo humano frente a la enfermedad aunque el tratamiento no tenga ningún efecto por sí mismo. Las enfermedades que más susceptibles son de mejorar ante un placebo son aquellas psicológicas: Depresión, dolor, ansiedad, etc.

Porque muchos productos que se venden como homeopáticos no lo son en realidad. En ellos, los componentes con principios activos se encuentran en cantidades apreciables (gramos, miligramos, etc.) y las diluciones, de existir, son muy leves. Muchos de estos productos (que sí tienen cierta eficacia) hacen pensar que la homeopatía funciona cuando en realidad lo que estás tomando no es homeopatía sino un tratamiento convencional basado en hierbas. Como ejemplo, tenemos el Traumeel que se vende como remedio homeopático cuando la composición nos indica claramente que no lo es.

Imaginemos una persona que está tomando homeopatía y se cura de una gripe. ¿Cómo sabemos si eso se debió al tratamiento y no a la remisión natural de la enfermedad o al efecto placebo? Lo cierto es que no podemos saberlo. Y por ello, de nuevo, es indispensable la utilización de ensayos clínicos en gran número de personas para hacer comparaciones y saber exactamente el grado de eficacia de un tratamiento.

Si en los grandes ensayos clínicos se ha demostrado que la homeopatía no tiene eficacia más allá del placebo o a la remisión natural de la enfermedad, se confirma que aquellos casos de "me funciona" se deben, en realidad, a una remisión espontánea de la enfermedad o al efecto placebo, no a que la homeopatía haya tenido alguna efectividad. En esos casos, si hubieran tomado cualquier otra cosa, hubieran obtenido los mismos resultados y les hubiera "funcionado" igualmente.

Las empresas que venden homeopatía no son tontas y saben muy bien que sus aliados son la remisión natural de las enfermedades y el efecto placebo (porque sus tratamientos no tienen efecto per se). Por ello, la amplia mayoría de tratamientos que se indican son justamente para enfermedades que remiten naturalmente con muchísima frecuencia o que son muy susceptibles al placebo.

2. Pues a mi niño/mascota le funciona y en ellos no existe el efecto placebo

Está más que documentada la existencia de efecto placebo tanto en bebés, niños pequeños como en mascotas. ¿La razón de su existencia? Tal vez ellos no se sugestionen directamente por la creencia curativa de una pastilla, pero sí que conocen los cuidados y la atención que muestran los padres hacia sus hijos o los dueños hacia sus mascotas cuando están enfermos y les dan algo para que mejoren. Al final, terminan asociando que lo que están haciendo les curarán de una manera u otra.

De hecho, los estudios clínicos realizados en niños y en mascotas se hacen también con un grupo de placebo donde se aprecia inequívocamente que este efecto existe. No debemos olvidar, además, que la remisión natural de la enfermedad está también presente en los dos grupos. Así que decir que la homeopatía funciona porque lo hace en mascotas o niños sin efecto placebo es algo erróneo y falaz.

3. Pues si tiene tantos clientes, será porque funciona

Aquí llegamos a la típica falacia ad populum o ad numerum donde se afirma que una cosa tiene que funcionar si la utiliza mucha gente. Lamentablemente, esto no es así. Millones de personas pueden estar equivocadas o estar siendo engañadas. Pueden mencionarse incontables ejemplos al respecto pero existe uno muy reciente y llamativo: No hace muchos años se vendían millones de pulseras electromagnéticas en España para tratar dolores y múltiples enfermedades que no tenían ninguna eficacia. Eran una burda estafa pero tuvieron éxito.

¿Cómo podemos saber si un grupo de personas tiene razón o está equivocada? Con la ciencia. La única forma de saber si un tratamiento funciona o no es con ensayos clínicos. Todo lo demás son opiniones personales sin fundamentos. Si en aquel momento en que tanto éxito tuvieron las dichosas pulseras se hubieran requerido estudios clínicos para comercializarlo, a día de hoy muchos estafadores no tendrían los bolsillos llenos. Lo mismo que ocurriría ahora con la homeopatía.

4. Pues la homeopatía es mejor que la medicina científica porque no tiene efectos adversos

La homeopatía no tiene efectos más allá del placebo. Lo que implica que no tiene efectos por sí misma ni buenos ni adversos, en un principio. Ahora bien, no son pocas las personas que abandonan un tratamiento de eficacia demostrada para aferrarse a la homeopatía. En estos casos el peligro y riesgo para la salud es innegable y, de hecho, existen muchas personas muertas por una fe ciega en la homeopatía, exactamente más de 400 personas que se conozcan por la prensa y que podrían estar vivas si hubieran seguido el tratamiento convencional.

5. Pues la homeopatía tiene siglos de antigüedad

Aquí encontramos otra típica falacia, la de la tradición. Viene a decir que si una cosa se está utilizando desde hace mucho tiempo, debe ser porque funciona o está bien. Sin embargo, y más en medicina, esto no es así. Cuando se desarrolló la homeopatía a principios del siglo XIX por Samuel Hahnemann basó esta disciplina en los conocimientos (erróneos) que tenía sobre las enfermedades en aquella época. ¿Cuáles eran estos conocimientos? El siguiente párrafo es bastante esclarecedor:

Para Hahnemann la enfermedad no es causada por ningún agente físico discreto, sino por la falta de armonía con la «fuerza vital», así que se preguntaba «¿Ha visto alguien alguna vez la materia de la gota o el veneno de la escrófula?» Unas décadas después de la muerte de Hahnemann, Garrod demostró que el urato monosódico es «la materia de la gota» y Koch que Mycobacterium tuberculosis es «el veneno de la escrófula». Sin embargo, para los homeópatas la gota y la tuberculosis siguen teniendo su origen en un desequilibrio del espíritu.

Si hoy en día los médicos científicos aplicaran sangrías siguiendo la teoría de los cuatro humores (teoría que se utilizó durante muchos más siglos que la homeopatía) no tardarían en aparecer denuncias y pánico social. ¿Por qué, sin embargo, una disciplina igualmente errónea como la homeopatía tiene más validez que los cuatro humores?

6. Pues la medicina científica es un negocio

Esta falacia se utiliza para desacreditar a los fármacos convencionales y, así, reforzar la idea de que la homeopatía es válida y "altruista". Sin embargo, la homeopatía es un gran negocio. De hecho, su margen de beneficios es mucho mayor que las farmacéuticas convencionales. Sus preparados no contienen principios activos (pues éstos están diluidos infinitesimalmente) lo que abarata, por mucho, el coste de producción. Además, no invierten en grandes y rigurosos ensayos clínicos para demostrar la eficacia de sus tratamientos. Cosa que es necesaria para comercializar cualquier fármaco convencional.

Además, no se necesitan muchos estudios para ser comercial de homeopatía. En muchos lugares basta el graduado escolar o un ciclo formativo para ser visitador médico homeópata. Por último, hay que tener en cuenta lo caros que son los tratamientos homeopáticos con respecto a la mayoría de fármacos ¿La realidad? Las compañías homeopáticas se forran de lo lindo.

Aún así, no caigamos en la falacia. Que algo sea un negocio no implica directamente que los que lo desarrollan sean unos ogros o unos estafadores. Simple y llanamente, las industrias de homeopatía y las industrias farmacéuticas son negocios ambos, por mucho que se nieguen a pensarlo algunos.

7. Pues hay médicos que recomiendan homeopatía

Aunque la mayoría de médicos aplican tratamientos de eficacia comprobada científicamente, hay una minoría que recomienda terapias sin criterios objetivos, ceñidos a la preferencia personal. Como en todas las profesiones, hay buenos profesionales y malos profesionales. Y, en medicina, hay profesionales que aplican tratamientos que demuestran ser efectivos y profesionales que aplican tratamientos porque creen en ellos. Los segundos están mejor en una iglesia, una mezquita o un templo (lugares adecuados para la fe) que en un hospital o centro de salud.

8. Pues en algunos sistemas nacionales de salud está aprobada la homeopatía

Aquí nos encontramos una forma refinada de la falacia ad populum. En este caso, se deduce que si la homeopatía está en varios sistemas nacionales de salud, debe ser porque funciona. Una vez más, esto no es cierto. Los políticos (que son los que se encargan de estas cosas) no tienen ni idea de medicina y muchas de sus acciones están determinadas por presiones sociales, económicas, de negocios, etc... en lugar de razones científicas. Que en un determinado país se haya aprobado la homeopatía para el sistema de salud tan sólo significa que se ha tomado esa decisión sin tener en cuenta criterios científicos.

Peculiar fue el caso de Suiza donde se aprobó inicialmente la homeopatía y, tras comprobar con varios estudios que no tenía eficacia alguna, fue retirada del sistema de salud.

9. Pues si la homeopatía se vende en farmacias será porque funciona

Si las farmacias tuvieran que retirar los productos que no han demostrado eficacia se quedarían medio vacías. Es un hecho, los farmacéuticos venden muchos preparados que no han demostrado nada, simple y llanamente se venden porque hay demanda y dan dinero. Recordemos que las famosas pulseras electromagnéticas también se vendían en farmacias.

Por tanto, plantear que si se venden en farmacias es porque funcionan, no se trata nada más que de otra argumentación falaz.

10. Pues... ¡eres una vendida de las farmacéuticas!

El recurso y pataleo final: la falacia ad hominem. La desacreditación y descalificación a la persona con la vaga intención de rebatir sus argumentos. Las falacias varían entre decir que estás vendido a las farmacéuticas, que eres un prepotente o un ignorante. Suelen ser falacias utilizadas frecuentemente por aquellos más fanáticos de la homeopatía y con menos conocimientos.