miércoles, 19 de enero de 2011

Diseño Inteligente: ¿ciencia o panfleto?

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/01/19/diseno-inteligente-%C2%BFciencia-o-panfleto/

El Diseño Inteligente carece de las características necesarias para ser considerado una teoría científica, como hemos publicado en varios artículos en este mismo blog. Hoy vamos a ir un paso más allá, y vamos a afirmar algo que no dudamos que levantará ampollas entre los partidarios de tal doctrina: el Diseño Inteligente no aporta ni una sola prueba, ni un sólo dato empírico, ningún experimento de laboratorio o investigación de campo; la doctrina del Diseño Inteligente es mera charlatanería adornada con pseudofilosofía.

Y lógicamente, para no ser tachados de utilizar los mismos métodos que los pastores del creacionismo disfrazado, vamos a demostrar esta afirmación analizando los textos que esgrime esta gente como “evidencias”. Para ello, y que no recaiga sobre nosotros la acusación de elegir textos no significativos, vamos a comentar los que aparecen en la web de la OIACDI, grupo pomposamente denominado “Organización Internacional para el Avance Científico del Diseño Inteligente“. De su sección “Artículos” es de donde nos vamos a nutrir. Empezaremos con el primero de estos textos: “Diseño Inteligente: Una Breve Introducción“, de William A. Dembski.

Comienza Dembski con un párrafo bastante propagandístico, pero que ya encierra un gran problema de método e imposibilita la doctrina para ser calificada como científica:

El diseño inteligente (DI) es una teoría que estudia la presencia de patrones en la naturaleza, los cuales puedan explicarse mejor si se atribuyen a alguna inteligencia.

Vamos a ver. Estudiar algo para que te ofrezca el resultado que deseas obtener no se llama ciencia, se llama prejuicio. Es como decir “voy a estudiar este bicho que desconozco para demostrar que es un anélido”. No hombre, no. Primero se estudia, y luego se sacan las conclusiones, no al revés. Si el bicho tiene ocho patas y tu sigues empeñado en estudiarlo para que sea un anélido, lo único que vas a conseguir es que nadie te publique en una revista seria y seas la risión de la profesión, más o menos lo que les ocurre a esta gente del DI.

Pero claro, como la mejor idea es un buen ataque, Dembski continúa diciendo:

Sin embargo, cuando se trata de la biología y la cosmología, los científicos respingan ante la sola idea de cuestionarse, y mayormente de responder, si eso implica inclinarse por la idea de que existe un diseño subyacente.

En primer lugar, habría que decirle a este señor que los científicos respingan siempre ante cualquier nueva idea. Respingar es el proceder habitual en ciencia. Si no respingáramos ante cualquier propuesta, se colaría una tontería tras otra en los libros de texto. No, señor Dembski, no se trata de no respingar, sino de que el que presente una idea innovadora se bata el cobre para demostrarla. No puedo decir que la Luna es de queso e indignarme porque la ciencia oficial me ignora.

A los científicos, como Dembsky dice, lo que les cuesta es enterrar miles de pruebas y evidencias acerca de un proceso evolutivo no dirigido para abrazar una doctrina sin una sola prueba, más allá de la incapacidad de sus postulantes para entender dos palabras seguidas de biología.

Aunque claro, enseguida se muestran las cartas:

Por lo tanto, el DI desafía directamente al darvinismo y otros enfoques materialistas sobre el origen y la evolución de la vida.

Es decir, no hemos empezado a explicar nada, pero ya hemos hecho la declaración de intenciones. Lo que el DI pretende es rechazar los enfoques materialistas sobre el origen y la evolución de la vida. Vaya, muy “científico”, el objetivo de la investigación es acabar con el materialismo y, suponemos por exclusión, abrazar el espiritualismo. Seguimos sin prejuicios…

Para que la teoría del diseño inteligente pueda convertirse en un concepto científico fructífero, los científicos necesitan estar seguros de que pueden determinar con confiabilidad si algo fue diseñado.

Bien, parece que se pone interesante. Vamos a ver cuales son esas evidencias que aportan la seguridad en que los organismos fueron diseñados.

Por ejemplo, Johannes Kepler pensaba que los cráteres de la luna habían sido diseñados por sus moradores. Hoy sabemos que fueron formados por fuerzas materiales ciegas (por ejemplo, impactos de meteoritos). Es este miedo a ser refutada y desbancada lo que ha evitado que la teoría del diseño entre a la ciencia.

No es exactamente así. Los cráteres de la Luna presentan un patrón común (son todos circulares y con una estructura muy similar). Esto les confiere una apariencia de diseño. Resulta inimaginable pensar que siendo formados al azar, presentaran la misma forma y estructura. El error de Dembsky es atribuir al impacto meteórico el atributo de “fuerza ciega”. Muy al contrario, el impacto de un meteorito se rige por las leyes físicas correspondientes, que hacen que un impacto siempre deje un cráter circular. Los cráteres de la luna no están formados al azar, sino que son el resultado previsible del impacto de una roca contra la superficie. ¿La diferencia no obedecerá a que el Sr. Dembsky sabe como se han formado los cráteres lunares pero no sabe como se originaron las mitocondrias? A esto es a lo que llamamos “apariencia de diseño”.

Pero bueno, a ver si entramos en faena:

Como teoría de origen y desarrollo biológico, el DI tiene como postulado central que únicamente causas inteligentes pueden explicar adecuadamente las complejas estructuras ricas en información estudiadas por la biología, y que dichas causas son empíricamente detectables.

Suponemos que aquí el término “postulado” quiere significar “hipótesis de trabajo”, porque no sería posible entenderlo de forma literal (Proposición cuya verdad se admite sin pruebas y que es necesaria para servir de base en ulteriores razonamientos, DRAE), dado que en este último caso sería decir “vamos a demostrar que existe el monstruo del Lago Ness basándonos en que existe el monstruo del Lago Ness”. Como creemos que nadie puede ser tan estúpido, nos inclinamos por la primera posibilidad.

Dice Dembski a continuación:

Decir que las causas inteligentes son empíricamente detectables equivale a decir que existen métodos bien definidos que, con base en características observables del mundo, pueden distinguir acertadamente las causas inteligentes de las causas materiales no dirigidas.

Completamente de acuerdo. Coincidimos en que, a partir de este punto, vamos a poder leer cuáles son esos métodos. Ardo en deseos. Lamentablemente, los párrafos siguientes se dedican a explicar el argumento de la novela “Contact” de Carl Sagan. El objetivo de Dembski es hacer ver que si una emisión de radio consiste en una larga sucesión de números primos, resulta tan difícil que se produzca por casualidad que los protagonistas de la novela infieren que está generada por una inteligencia extraterrestre. Conforme; yo hubiera sospechado lo mismo.

La inteligencia deja una marca o firma característica -lo que yo llamo “complejidad especificada” (ver mi libro No Free Lunch). Un evento exhibe complejidad especificada si es contingente y por lo tanto no necesario; si es complejo y por lo tanto no fácilmente reproducible por casualidad; y si es especificado en el sentido de exhibir un patrón dado. Note que un suceso meramente improbable no es suficiente para eliminar el azar -lance una moneda al aire por suficiente tiempo y será testigo de un suceso altamente complejo o improbable. Aun así, no tendrá razones para no atribuirlo a la casualidad.

Bueno, ya empezamos a liarla. Un suceso no necesario, no fácilmente reproducible por casualidad y exhibidor de un patrón, es una firma de inteligencia. Porque tu lo vales. Siendo decir que esto no es resultado de ningún estudio o desarrollo experimental, es simplemente una opinión del autor, como él mismo dice. Yo puedo decidir que “firma de la inteligencia” es presentar un diseño cúbico. No hay ningún planeta cúbico, ningún animal cúbico, ni siquiera una estrella cúbica. Por lo tanto, para mí una estructura natural cúbica es muestra de un diseñador inteligente. Y mi argumento no tiene ni por asomo menor validez que el de Dembsky.

El razonamiento comienza a ser tramposo: voy a mostrar evidencias de inteligencia, y parto de que la inteligencia es lo que yo digo que es. Sólo me queda encontrar lo que dije que era, o al menos decir que encontré lo que dije. En cualquier caso, si me dicen algo, pues donde dije digo digo diego y santaspascuas…

Al tratar de determinar si los organismos biológicos exhiben complejidad especificada, los defensores de la teoría del diseño inteligente se enfocan en sistemas identificables -tales como enzimas individuales, caminos metabólicos, máquinas moleculares y cosas por el estilo. Estos sistemas son especificados por necesidades funcionales independientes y exhiben un alto grado de complejidad.

Craso error de concepto. El autor asume que una enzima y una ruta metabólica surgen por necesidad. Es decir, deben surgir para suplir una deficiencia del organismo. Esto es falso, ya que ocurre precisamnte lo contrario: si surge una nueva enzima, el organismo es capaz de degradar o formar un nuevo compuesto, esto le permite explorar una nueva ruta metabólica que quizá le facilite la colonización de nuevos medios. Es decir, una bacteria capaz de sintetizar histidina puede explotar medios carentes de tal aminoácido, pero no desarrolla la enzima por vivir en medios sin histidina, que es lo que pretende decir Dembsky. Y sobre esta afirmación no sólo existen infinitas publicaciones, sino que en cualquier laboratorio básico de microbiología puede comprobarse.

Por supuesto, cuando una parte esencial de algún organismo exhibe complejidad especificada, el diseño atribuible a dicha parte se atribuye también al organismo como un todo. No es necesario demostrar que cada aspecto del organismo fue diseñado: de hecho, algunos aspectos serán resultado de causas puramente materiales.

Sobre todo, nademos y guardemos la ropa. De esta forma, cuando nos vayan desmontando uno a uno nuestros sistemas complejoespecíficos, siempre podremos recular diciendo que “bueno, en realidad eso era un aspecto de causas puramente materiales”. Seguimos siento tope de científicos, oiga…

La combinación de complejidad y especificación fue un signo convincente de inteligencia extraterrestre para los astrónomos de la película Contacto. Dentro de la teoría del diseño inteligente, la complejidad es la marca o firma característica de la inteligencia

Porque usted lo diga, buen hombre. Además, ya nos estamos olvidando de lo de “no fácilmente reproducible por casualidad” y “el patrón dado”, so pillín. Pero bueno, resumiendo hasta aquí, resulta que si observamos una estructura compleja, es muestra de una inteligencia diseñadora porque lo decían los astrónomos de la película Contacto. Nos superamos por momentos.

Los defensores de la teoría del diseño inteligente sostienen que causas materiales no dirigidas, como la selección natural actuando sobre cambios genéticos aleatorios, no pueden generar complejidad especificada.

Eso ya lo dijo antes, pero aparte del guión cinematográfico y su personal definición de firma de inteligencia, aún estamos esperando el porqué.

El punto es si la naturaleza (concebida como sistema cerrado de causas materiales ciegas y continuas) puede generar complejidad especificada en el sentido de originarla cuando previamente no existía.

¡Eso, eso! Venga, que se lanza…

Tome, por ejemplo, un Rembrandt grabado en madera. Surgió al imprimir sobre un papel un bloque de madera grabado. El Rembrandt exhibe complejidad especificada. Sin embargo, la aplicación mecánica de tinta al papel mediante el bloque de madera no explica la complejidad especificada del grabado hecho en la madera. La complejidad especificada del grabado debe llevarnos a la complejidad especificada existente en el bloque, que a su vez debe conducirnos a la actividad diseñadora realizada por el mismo Rembrandt (en este caso la talla deliberada del bloque de madera). Las cadenas causales de la complejidad especificada no terminan en las fuerzas materiales ciegas, sino en una inteligencia diseñadora.

Fastuoso, acaba de demostrar que un Rembrandt fue pintado por un tal Rembrandt.

En La Caja Negra de Darwin, el bioquímico Michael Behe conecta la complejidad especificada con el diseño biológico con su concepto de complejidad irreductible. Behe define los sistemas irreductiblemente complejos como aquellos que consisten en varias partes interrelacionadas y en los que si se elimina aunque sea una parte se destruye la función de todo el sistema. Para Behe, la complejidad irreductible es un indicador confiable de la existencia de un diseño.

Hombre, si usted puede inventarse una definición de inteligencia, el bueno de Behe también puede, faltaría más. Veamos si es más o menos sostenible o si por lo menos hace el intento de sostenerla.

Un sistema bioquímico irreductiblemente complejo contemplado por Behe es el flagelo bacteriano. El flagelo es un motor giratorio energizado por ácido y una cola a manera de látigo que da unas 20,000 revoluciones por minuto y cuyo movimiento rotatorio permite a la bacteria navegar en su medio acuoso.

Pues menudo intento, el puñetero flagelo bacteriano de nuevo. Nefasta prueba empírica, porque la irreductibilidad del flagelo está más que refutada por centenares, sino miles, de investigaciones que demuestran que el flagelo sí es una estructura reductible. Otra cosa es que los escasos conocimientos de estos autores les impidan imaginar cómo pudo haberse generado, pero eso es un problema personal suyo, no de la naturaleza (ver, por ejemplo, La reductibilidad del flagelo bacteriano, en este mismo blog).
Pensarán ustedes que ahora Dembsky sacará la artillería y nos abrumará a pruebas empíricas, de esas que dice que busca el DI. Pues siento decepcionarles, pero se ha acabado la historia. Los últimos dos párrafos del artículo se dedican a jactarse de haber demostrado su “teoría”:

Igualmente, el diseño inteligente es más que sólo el último de una larga lista de argumentos sobre el diseño. Los conceptos de complejidad irreductible y complejidad especificada que se le relacionan, suministran causas inteligentes empíricamente detectables y hacen del diseño inteligente una teoría científica hecha y derecha

Con un par… la definición que me he inventado, y el falso ejemplo del flagelo hacen del DI una teoría científica.

El principal reclamo del diseño inteligente es este: el mundo contiene eventos, objetos y estructuras que agotan las explicaciones con causas inteligentes no dirigidas, pero que pueden ser explicados adecuadamente recurriendo a causas inteligentes.

No. Realmente, el principal reclamo del diseño inteligente es que algunas personas que no saben cómo se ha formado determinada estructura, que no pueden comprender un proceso biológico o que no entienden los procesos evolutivos, se inventan una explicación sobrenatural para zanjar el problema. Vale como solución personal -y pienso que infantil-, pero no como teoría científica. Yo puedo decir que la forma esférica de planetas y estrellas se debe a que los extraterrestres que diseñaron el universo adoraban las pelotas. A mí me puede resolver el problema, pero no me debería extrañar que un físico diera un respingo.

Los defensores del diseño inteligente aseguran poder demostrar esto rigurosamente.

Si, ya vemos: a base de Rembrantds, películas de ciencia ficción y flagelos bacterianos. Pues van dados…

Finaliza nuestro buen autor lanzando al aire una profunda pregunta:

Si este programa puede o no convertir al diseño inteligente en una herramienta conceptual efectiva para investigar y entender el mundo natural es la gran pregunta que hoy enfrenta la ciencia.

Perdone usted, pero esta pregunta le enfrentará a usted con su vecino. Le aseguro que la ciencia no está enfrentada a tal dilema. Es más, la mayor parte de científicos en activo que conozco ni siquiera saben que exista una doctrina llamada diseño inteligente y si les cuentas lo de la inferencia del diseño o lo del reloj tirado en el campo, te miran como a un marciano.

Resumiendo: tal y como afirmábamos al principio, en todo el artículo únicamente hay un dato: el flagelo bacteriano, que ha sido reiteradamente refutado como estructura irreductible. El resto son ejercicios pseudofilosóficos con definiciones propias y parábolas. No hay datos. No hay evidencias. Lo único que hay es doctrina y la falacia de la apariencia de diseño.

No hay comentarios: