martes, 8 de marzo de 2011

Machismo, mujer y religión

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/03/machismo-mujer-e-islam.html

Una reflexión en el Día Internnacional de la mujer

A diferencia de la concepción judeocristiana plasmada en el Tanaj/Antiguo Testamento en que la mujer tentadora instigó al hombre a comer el fruto prohibido, llevando con ello a la desgracia de toda la humanidad, en el Corán se atribuye la misma responsabilidad a ambos:

“«¡Adán! ¡Habita con tu esposa en el Jardín y comed de lo que queráis, pero no os acerquéis a este árbol! Si no, seréis de los impíos». Pero el Demonio les insinuó el mal, mostrándoles su escondida desnudez, y dijo: «Vuestro Señor no os ha prohibido acercaros a este árbol sino por temor de que os convirtáis en ángeles u os hagáis inmortales». Y les juró: «¡De veras, os aconsejo bien!» Les hizo, pues, caer dolosamente. Y cuando hubieron gustado ambos del árbol, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del Jardín. Su Señor les llamó: «¿No os había prohibido ese árbol y dicho que el Demonio era para vosotros un enemigo declarado?» Dijeron: «¡Señor! Hemos sido injustos con nosotros mismos. Si no nos perdonas y Te apiadas de nosotros, seremos, ciertamente, de los que pierden»” (Sura 7:19-23)

Más aun, en el Islam no existe el pecado original, con lo que no es posible culpar a la mujer por el hecho de que el ser humano sea “malvado por naturaleza”. En consecuencia, la mujer es liberada de la carga de ser la responsable de que toda la humanidad deba pagar por el pecado que cometieron otros (Adán y Eva), y por ende, esto no puede ser usado como excusa para la existencia de normas discriminatorias contra la mujer como ocurre en la Biblia en numerosas ocasiones.

Pero entonces, ¿la mujer musulmana no es víctima del machismo? Por supuesto que no. Afirmar esto sería tener los ojos totalmente vendados a la triste y vergonzosa realidad. Lo cierto es que las musulmanas están expuestas a múltiples vejaciones y humillaciones sólo por su condición de mujer.

La razón de esto es que en la mayoría de los países musulmanes no existe separación entre iglesia y estado y la ley bárbara y medieval divina conocida como la Sharia se encarga de hacer infeliz la vida de sus mujeres, mediante la degradación, opresión y sometimiento del que las hace objeto. El tema de la Sharia es un tema que por sí solo merece un artículo, por lo que no se ahondará aquí en ella. Pero baste con decir que dicho código legal por ejemplo prohíbe a la mujer rechazar el contacto íntimo con el marido sin pretexto religioso, no bajar la mirada o quedarse sola con un hombre extraño. Así mismo, obliga a la mujer a usar la burka en todo momento para ocultar su belleza y evitar excitar a los hombres, y en caso de sufrir una violación sin estar usando la burka es considerada culpable por provocar a los hombres.

Otras prohibiciones son universales, como la prohibición del adulterio, pero a menudo, las interpretaciones antojadizas que realizan los tribunales terminan con la muerte de la mujer y un castigo físico o una multa para el hombre culpable. Muchas mujeres han terminado lapidadas por haber faltado a alguna de las leyes de la Sharia.

Sin embargo, el Corán es una de las fuentes de la Sharia, por lo que resulta útil revisar algunos pasajes del libro sagrado del Islam.

Para empezar, el Corán valida la poligamia. Por supuesto sólo permite la poliginia, es decir, al hombre tener múltiples mujeres, en este caso 4:

“Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces, casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero, si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así, evitaréis mejor el obrar mal.” (Sura 4:3)

Los musulmanes suelen defenderse argumentando que en esta Sura se agrega que si existe riesgo de no dar un trato equitativo a todas las esposas, entonces “se recomienda” tener sólo una. Es decir, el tema se deja a completa discrecionalidad del hombre, por lo que no cabe más que concluir que para Alá, el Misericordioso (¡aunque claramente nada de Justo!) esto no es denigrante para la mujer. Una discriminación absolutamente arbitraria, puesto que sería impensable que la mujer tuviera el mismo derecho que el hombre en la religión del machista dios Alá.

No obstante, el machismo no se limita a la poligamia del hombre. Además, la mujer sólo tiene derecho a la mitad de la herencia que el hijo varón:

“Alá os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras. Si éstas son más de dos, les corresponderán dos tercios de la herencia. Si es hija única, la mitad.(...)” (Sura 4:11)

El bondadoso Alá también considera que el testimonio de una mujer vale menos que el de un hombre:

“(…)Llamad, para que sirvan de testigos, a dos de vuestros hombres; si no los hay, elegid a un hombre y a dos mujeres de entre quienes os plazcan como testigos, de tal modo que si una yerra, la otra subsane su error.(…)” (Sura 2:282)

Tampoco -por mandamiento divino- se le permite a la mujer libertad para vestirse, por el contrario, se le exige bajar la vista para exaltar aún más la sumisión que les corresponde por su sexo, ya que mostrarse puede provocar la excitación del hombre, de lo cual por supuesto ella es culpable:

“Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus criados varones fríos, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volveos todos a Alá, creyentes! Quizás, así, prosperéis.” (Sura 24:31)

Pero el pasaje del Corán que se lleva las palmas en cuanto al respeto hacia la mujer es el siguiente:

“Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Alá manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Alá es excelso, grande.” (Sura 4:34)

Primero, nótese como Alá, el misericordioso, el compasivo, señala su clara preferencia por el hombre, dándole autoridad sobre la mujer, aunque a estas alturas, este patrón en el comportamiento de Dios en las distintas religiones ya no nos extraña. Pero no conforme con su arbitraria preferencia, este dios de infinita bondad y misericordia ¡ordena golpear a la mujer hasta que ésta obedezca al marido! Alá, el excelso manda y permite: PEGADLES. Con una fuente de inspiración como ésta, no extraña la barbarie de la Sharia.

Pero Alá, no conforme con todos estos privilegios y derechos arbitrarios que otorga al hombre en su vida terrenal, ofrece a la mujer como premio ¡en el paraíso! En él, el hombre no sólo tendrá a sus esposas sino que también a las huríes, mujeres creadas especialmente para él, para así poder continuar con el machismo por toda la eternidad, ya que -como era de esperarse-, la mujer no tiene acceso a un derecho equivalente:

“en ellos habrá buenas, bellas, (…) huríes, retiradas en los pabellones, (…) no tocadas hasta entonces por hombre ni genio.” (Sura 55:70, 72, 74)

“Habrá huríes de grandes ojos, semejantes a perlas ocultas, como retribución a sus obras.” (Sura 56:22-24)

La combinación de un libro sagrado que enseña a sus fieles que lo más glorioso es morir por Alá, combatiendo a los “infieles”, y que como premio por esto le espera un paraíso con mujeres vírgenes dispuestas a complacerlo, resulta particularmente peligroso, tanto para la vida de esos creyentes como para el resto del mundo que no profesa esa religión. Esta combinación de “enseñanzas” ha provocado numerosas inmolaciones y pérdida de vidas, de los denominados infieles, por esta religión que promueve el odio hacia quienes no profesan su misma creencia.

Después de toda esta evidencia no queda más que señalar que, definitivamente, el Islam está a años luz de un trato digno para la mujer y que la palabra de Alá viola sus derechos humanos más básicos al permitir explícitamente al hombre golpearla.

viernes, 4 de marzo de 2011

Tipos de fe

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/03/tipos-de-fe.html

En el diario colombiano El Espectador el columnista Klaus Ziegler aborda la pregunta de si la ciencia puede considerarse como una religión.

Tipos de fe

Es frecuente escuchar que el hombre de ciencia, a pesar de sus pretensiones racionales, también es un hombre de fe, pues la ciencia como la religión tiene su propio sistema dogmático de supuestos y creencias.

No dudamos de que el Sol sea una bola incandescente más grande que el Peloponeso, como afirmó Anaxágoras hace más de dos mil años para burla de sus coterráneos. Y creemos que la Luna es un satélite que orbita nuestro planeta, y no un disco luminoso del tamaño de un frisbee suspendido en el cielo por encima de las nubes. Suponemos que esto es cierto sin haberlo comprobado por nuestros propios medios, como también creemos en la esfericidad de la Tierra o en la realidad de los átomos.

Podríamos argumentar que no todas esas creencias son gratuitas. En relación con la Luna, hemos visto fotografías de sus cráteres y testimonios fílmicos que muestran las graciosas caminatas de los astronautas sobre su superficie, con la Tierra al fondo, azul, inmóvil en el horizonte lunar. Sin embargo, las borrosas imágenes de la televisión de los años sesenta, en comparación con los impecables documentales de Discovery Channel en que se ven platillos voladores, o extraterrestres de cabezas descomunales, parecen un montaje tan burdo como el primer Godzilla de 1954. De hecho, no son pocos los que han cuestionado la autenticidad del alunizaje al señalar un imposible aparente: que la bandera norteamericana se vea ondeando en un lugar donde no hay atmósfera. ¿No es acaso un acto de fe de nuestra parte darle crédito a afirmaciones que nunca hemos verificado? Y si es así, ¿no es entonces la ciencia otra forma de religión, y los científicos, los nuevos sacerdotes?

Quienes argumentan de esta manera cometen un grave error. En primer lugar, olvidan que la fe es un abanico que admite variedad de grados –creemos por fe en la existencia de Napoleón y Homero, aunque no guardamos igual fe en la existencia de este último--. En segundo lugar, pasan por alto una diferencia fundamental: las afirmaciones científicas son susceptibles de ser verificadas por cualquier contradictor, falsables en principio, lo cual no ocurre con los dogmas religiosos.

Si la ciencia se nutre del desacuerdo, en asuntos religiosos la disensión se castiga a menudo con el ostracismo, o incluso con la muerte. Al escéptico que insiste en negar que la Luna sea un objeto lejano y enorme se le podría sugerir que intente observarla una noche cualquiera en que sea visible, a través de la ventanilla de su automóvil. El incrédulo notará algo que maravilla a todo niño: la Luna “lo sigue” a lo largo del viaje, atravesando nubes, dejando atrás casas, graneros, torres de energía, y por último los objetos más distantes que se alcanzan a divisar en el horizonte. Es obvio que cada objeto, entre más cercano, más rápido quedará atrás a medida que nos desplazamos. El hecho de que la veamos siempre en frente, sin importar cuán rápido avancemos, sugiere que su distancia deberá ser muchísimo mayor que la de cualquier otra cosa sobre el paisaje. Y el escéptico podrá inferir su enorme tamaño sin necesidad de apelar a la autoridad de los astrónomos, solo teniendo en cuenta que su diámetro aparente es de poco más de medio grado. Un telescopio casero y un cronómetro ordinario es todo lo que se requiere para refutar la creencia popular de que la tierra demora 24 horas en dar una vuelta completa sobre su eje: basta enfocar cualquier estrella en el centro de la lente ocular, y esperar hasta la noche siguiente. Transcurridas 23 horas, 56 minutos y 4 segundos, podremos constatar que la estrella ocupará de nuevo el centro del campo visual, lo cual indica que nuestro planeta tardó este tiempo en dar un giro completo sobre su eje (veinticuatro horas corresponden al día solar medio, lo que demora el Sol en volver a ocupar el punto más alto en el cielo).

En comparación, ¿cómo convencernos de la existencia de una vida más allá de la muerte, algo de lo cual hay tanta evidencia como que Papá Noel o el Ratón Pérez son seres reales? ¿Y por qué más bien no creer, como proponen las religiones dhármicas, en la reencarnación de las almas?También existe la posibilidad de que continuemos existiendo como alcornoques, o parásitos intestinales, o escarabajos estercoleros, aunque dudo que semejante promesa pueda conquistar muchos adeptos.

Es verdad que creemos en un sinnúmero de afirmaciones sin que jamás las hayamos comprobado. No obstante, nuestra confianza en la ciencia no solo se debe a su carácter empírico. Sus afirmaciones forman un complejo entramado que se refuerza entre sí, y el cual se desmoronarían como un castillo de naipes si sólo una fuese falsa. Un creacionista bíblico que de alguna manera probara que la Tierra no tiene más de seis mil años de antigüedad, echaría por tierra las mediciones cósmicas, refutaría de paso la teoría del decaimiento radiactivo e invalidaría los métodos de datación; falsearía la teoría que explica la existencia de sólidos depósitos de lava de varios kilómetros de espesor, y convertiría las teorías de los geólogos en un compendio de disparates. Mostraría además cuán errónea es la explicación sobre la formación de las grandes barreras coralinas, y cuán fraudulento es el inmenso registro fósil, desde los antiguos estromatolitos hasta los más recientes fósiles prehomínidos.

Si así fuese, lo que llamamos ciencia no sería más que una conspiración de proporciones monstruosas. Aceptar como válido el creacionismo bíblico, para continuar con el ejemplo, implica descoser una malla de hechos factuales, muy a pesar de que debamos aceptar más de uno por fe. ¿Acaso ya no mostramos profunda fe en la ciencia cuando nos sometemos a una operación de corazón abierto sin que siquiera hayamos comprobado por nosotros mismos la teoría circulatoria de Harvey?