domingo, 24 de abril de 2011

¿Por qué los ateos no creemos en la historia de la redención de Jesús?

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/04/por-que-los-ateos-no-creemos-en-la.html

Las celebraciones de la semana santa se han encargado de fijar en la mente de las gentes los eventos de los últimos días de Jesús, según como los narran los evangelios. Según la historia oficial hubo una entrada triunfal en Jerusalén, luego una última cena, la traición de Judas, el juicio ante Pilatos, la crucifixión, y luego el domingo la resurrección.

El cristianismo enseña que el acto de martirio de Jesús era parte del plan de salvación de la humanidad. Solo con el derramamiento de sangre y el sacrificio del hijo de Dios, que es también Dios (¿?), se podría salvar al ser humano.

¿Salvarnos de qué?

Salvarlo de la muerte eterna. En el cristianismo el sacrificio de Jesús es necesario para garantizar el acceso de los humanos a Dios. Por ello es posible que la gente buena al morir vaya al cielo (según la doctrina católica y evangélica), o que pueda ir al cielo después de una resurrección futura que se dará tras la segunda venida de Jesús (según la doctrina adventista y otras).

Asumiendo que hay un cielo tras la muerte ¿cómo lo saben? Toda la doctrina es un cheque en blanco en el que no hay forma de comprobarlo. Algunas personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte han descrito un túnel de luz. Hoy sabemos que esa experiencia se debe a una caída en los niveles de oxígeno en el cerebro, que conllevan a estas experiencias que pueden ser catalogadas como místicas. Y de la muerte nadie ha regresado para decirnos si el dogma es cierto o falso.

Acceder a la salvación incluye adherirse al credo. Lo que llaman “aceptar a Jesús”. Creer que Jesús murió por nuestros pecados. Claro está, que este plan deja muchas cosas de lado ¿y qué ocurre con los chinos y aborígenes australianos que nunca oyeron hablar de Jesús? ¿Por qué un ateo, judío o agnóstico que sea bueno no puede acceder a la salvación simplemente siendo bueno, y no haciendo una declaración de fe de algo de lo que no hay evidencia o que no hizo parte de su tradición cultural?

Claramente parece que el imperativo de aceptar un dogma como requisito para la salvación es un anzuelo que favorece la dispersión del cristianismo. Como contraataque los cristianos dicen que es mejor aceptar a Jesús. ¿Qué pierdes?, dicen, en cambio si el incrédulo se equivoca pierde la vida eterna y se va al infierno. Este argumento, conocido como la apuesta de Pascal, se cae si lo examinamos de cerca. ¿Y qué tal que los cristianos esten errados, el islam sea la religión correcta y se condenen por decir que Jesús es Dios, algo que prohibe expresamente el Corán?


¿Y si nos salvaron cuándo fue que nos perdimos?

El cristianismo formula que fueron los primeros humanos de la narración bíblica, Adán y Eva, quienes al desobedecer a Dios fueron expulsados del paraíso, y condenados a envejecer y morir, y no solo ellos sino toda la extirpe humana.

Dice la Biblia en la epístola a los Romanos: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”

A lo anterior añade el catolicismo que todos los humanos nacemos con una mancha de “pecado original” una especie de culpa hereditaria de la que solo se salvaron Jesús y su madre María.
Pero aquí el dogma choca con la realidad histórica. Nunca hubo Adán y Eva, así que tampoco hubo una serpiente tentando a Eva a comer un fruto prohibido por Dios, ni expulsión de paraíso ni castigo a la mujer haciendo dolorosos sus partos. Adán y Eva son un mito.

El registro fósil nos muestra que la muerte siempre ha existido a la par de la vida, y que la extinción ha sido paralela a la evolución de nuevas especies. Nuestros antepasados australopitecos envejecían y morían. El dolor del parto fue fruto de la evolución de un cerebro más grande junto con la postura bípeda que puso el canal de parto mirando hacia abajo. Los australopitecos no tuvieron partos dolorosos, no tanto por un castigo divino, sino porque sus crías nacían con cerebros más chicos que los nuestros.

Claro esta, que los primeros teólogos cristianos no sabían nada de los orígenes reales de nuestra especie, y creían a pie juntillas la historia de Adán y Eva, con su pecado original. Pero, sin pecado original ¿para qué salvación? O en otras palabras, ¿Jesús se sacrificó en la cruz por el pecado inexistente de una pareja mítica? Si aceptamos los orígenes reales de nuestra especie, como lo hacen muchos católicos, basta preguntar ¿murió Jesús también por los neandertales? ¿Hay neandertales y "sinantropos" en el cielo?


¿Y por qué ese plan de salvación?

También cabe preguntarnos por qué era necesaria la tortura y sacrificio de un inocente por toda la humanidad. Los cristianos sin duda responderán mencionando Hebreos 9 que dice que “sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. El pasaje de los hebreos recuerda como en el Viejo Testamento el dios Yavhé ordenaba sacrificios de corderos, tórtolas, chivos, toros, etc., para expiar los pecados del pueblo. Pablo, autor de la epístola a los romanos muestra a Jesús siendo sacrificado como un cordero por toda la humanidad.

Pero lo anterior no responde al porque. Salvo que se estipule que esta es la voluntad de Dios. Una voluntad de hecho cuestionable. Primero que todo ¿para que esa masacre de animales por los pecados cometidos por los humanos? ¿Qué culpa tenían los animales? ¿Dónde está el sentido de compasión por los inocentes, en este caso los animales? Segundo, ¿No le bastaba con simplemente decir los perdono y ya? ¿O simplemente darle la salvación a los que se arrepintieran de sus faltas, resarcieran el mal y fueran mejores personas sin tener que hacer una crucifixión sangrienta? Igual si él es el que pone las normas ¿por qué no lo hizo?

Dicen los cristianos que el sacrificio de Jesús es el rescate de Dios a la humanidad. Suena como un intercambio en una escena de secuestro, en la que se envía a alguien para que se libere a un secuestrado. Pero ¿Quién sería el secuestrador? La respuesta cristiana es: el diablo.

Diablo que por cierto Dios mismo no destruyó cuando se rebeló, y que permitió que tentara a Adán y Eva. Si Dios ya lo tiene predestinado para ser destruido –según el Apocalipsis- ¿por qué no lo destruyó antes de que tentase a Adán y a Eva? Toda la humanidad estaría viviendo ahora mismo en el paraíso, y nunca tendría Jesús que venir a ser clavado en una cruz.

La teología cristiana está fundada sobre absurdos que no resisten un análisis lógico.


¿Murió por nuestros pecados?

Pero a la teología cristiana le espera otro golpe con la lógica. Sucede que los eventos más celebrados por los católicos: el nacimiento, la muerte y la resurrección de Jesús son precisamente los que menos evidencias históricas tienen. Si es que alguno lo tiene.

En cuanto a la historia de la navidad, este aspecto ya se analizó en otro artículo de Sindioses.org

Respecto a la muerte por crucifixión y su resurrección resulta sorprendente que ningún historiador contemporáneo independiente narre los hechos finales de Jesús, así como otros más espectaculares asociados a este como que hubo un gran terremoto cuando Jesús murió (Mateo 27:51), que el cielo se oscureció (Mateo 27:45), que el velo de templo judío se rasgo, o que tras la resurrección de Jesús hubo otras resurrecciones.

En los documentos históricos contemporáneos o un poco posteriores a la época de Jesús solo lo mencionan cuatro: Flavio Josefo, Plinio el Joven, Suetonio y Tácito. El primero lo cita en la obra Antigüedades Judaicas, pero el único pasaje que lo menciona es tardío y muy probablemente añadido por cristianos.

En este pasaje supuestamente Josefo dice “Él era Cristo. Y cuando Pilatos oyó que era acusado por nuestros gobernantes, lo condenó a la cruz. Aquellos que lo habían amado desde el principio no perdieron la fe en él, y él apareció ante ellos, redivivo, el tercer día, porque los profetas habían previsto esta y otras mil maravillas sobre él”. Algo difícil de creer que viniese de Josefo porque según narra Orígenes, padre de la Iglesia y conocedor de la obra de las Antiguedades judaicas en el siglo III, Josefo no reconocía a Jesús como Mesías, algo de lo que él se lamentaba.

Así que el parrafito de la obra de Josefo en el que este acepta la resurrección de Jesús fue añadido muchos años después de escrita la obra original. También Clemente de Alejandría, anterior a Orígenes comenta que Josefo no dijo “nada de las cosas maravillosas que hizo el Señor”

De los otros historiadores, Plinio el Joven habló genéricamente de los cristianos. Suetonio no dice nada de los hechos de la vida de Jesús, solo Tácito dice que “Cristo, de quien toman el nombre, fue condenado por Poncio Pilatos, procurador de Judea durante el reinado de Tiberio”. Pero Tácito no consultó sus fuentes. Él se limita a repetir lo que dicen los cristianos. Si Tácito hubiera consultado sus fuentes habría encontrado que Pilatos no fue procurador sino perfecto.

Yéndonos a los evangelios se nota que los primeros de ellos no mencionan nada de la muerte de Jesús, ni de su resurrección. De los cuatro evangelios, los de Mateo, Marcos y Lucas muestran grandes similitudes. Los estudiosos han concluido que Marcos es la fuente de Lucas y Mateo. La fuente de Marcos es llamada la fuente Q (del alemán Quelle = fuente) y estos primeros escritos no llaman a Jesús como Cristo (que significa Mesías), ni hablan de su muerte y resurrección.

Es altamente probable que Jesús, de haber existido, fuera un predicador más de los de su época, quizás predicaba el amor al prójimo en lugar del “ojo por ojo y diente por diente”. Jesús no fundó religión alguna, y si llegó a morir ejecutado poco tenía en mente de ofrecerse en sacrificio por la humanidad. De haber sido esto así, bien le faltó a la Biblia o al Espíritu Santo haber especificado un capítulo claro sobre el plan de salvación para que después no hubiese tantas sectas que difieren en si la salvación es por obras o por la fe, católicos y luteranos ejemplifican ambos casos, o si la recompensa del cielo será tras la muerte o después de un segundo advenimiento, como en el caso de católicos y adventistas respectivamente. También tan valiosas aclaraciones habrían evitado que hubiese ateos que dudan de toda la farragosa teología cristiana.

¿Dónde están los textos de los historiadores romanos hablando del terremoto en ese día de pascua y de la oscuridad que duró desde la hora sexta hasta novena? ¿Pudieron los historiadores haber dejado pasar una oscuridad de tres horas y un terremoto ocurridos el mismo día como si nada? ¿Y después nos preguntan que por qué no creemos?

Según cuenta Earl Doherty, en "¿Acaso no hubo un Jesús histórico?" en sus comienzos el cristianismo se refiere como “Salvador” no al nombre de un individuo humano sino (como el término Logos) a un concepto: una figura divina, espiritual, quien es el mediador de la salvación de Dios. “Cristo”, la traducción griega del “Mesías” hebreo, es también un concepto, significando el Ungido de Dios (aunque enriquecido por mucha connotación adicional). La creencia en alguna forma de Salvador Ungido espiritual—Jesús Cristo—estaba en el aire. Pablo y la hermandad de Jerusalén eran simplemente una corriente de este fenómeno ampliamente diseminado, aunque una importante y finalmente muy influyente. Más tarde, se añadirían a la persona de Jesús hechos milagrosos alrededor de su nacimiento, los milagros y la resurrección, creando un personaje que luego seria llevado a todos los rincones del imperio romano.

Afirmar que una religión puede nacer de hechos falsos no es una exageración. Basta ver como José Smith logró convencer a unos pocos, inicialmente en el siglo XIX, que Jesús había venido a América y que había existido toda una historia de unos pueblos llamados lamanitas y nefitas en América. Hoy los seguidores de esta doctrina, los mormones, son 14 millones en el mundo, de los cuales 1’300.000 viven en México. Una nación en la que nunca José Smith predicó.

Miles de personas son creyentes de la Cienciología, una doctrina creada por un escritor de ciencia ficción, L. Ron Hubbard, quien no obstante ser conocido como escritor de historias irreales logró encontró fieles para su religión que incluye a un emperador intergalactico llamado Xenu. ¿Por qué entonces habría de extrañarnos que entre el siglo I y II se fabricase la doctrina de un mesías que murió por nuestros pecados?

En medio de todo el absurdo de la teología cristiana encontré un versículo que es 100% veraz: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” 1 Corintios 15: 14

Ahí lo tienen. Lo cierto es que no hay evidencia histórica de la resurrección de Jesús, ni que el sea mesias ni que haya fundado una religión o especificado en detalle un plan de salvación. Los escépticos solemos recordar las palabras de Carl Sagan cuando dijo "A grandes afrimaciones grandes evidencias". Así pues la invitación es examinar críticamente las creencias y exigir pruebas antes de aceptarlas. La creencia ciega solo beneficia a los traficantes de la fe. Por el momento seguiré dudando.

sábado, 16 de abril de 2011

Decálogo del “a mi me funciona” (o como detectar estereotipos en pseudomedicina)

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/04/16/decalogo-del-a-mi-me-funciona-o-como-detectar-estereotipos-en-pseudomedicina/

El empleo de estereotipos suele indicar una carencia de argumentos originales, alertándonos ante una situación más cercana a un “guión preparado” que a una situación real. De esta forma, encontrar patrones comunes a cierto tipo de argumentos suele ser bastante útil para detectar aquellos testimonios que, lejos de ser reales, puedan significar únicamente una receta para propagar determinadas afirmaciones sin fundamento objetivo.

Este es el caso de numerosos mensajes en foros y blogs como éste, donde una demostración apoyada en evidencias experimentales o una crítica a determinada pseudociencia, remedio mágico o creencia religiosa se contestan con un simple “a mi me funciona y demostrarme que no es así”. No vamos a entrar ahora en la invalidez de tal argumento o en las numerosas causas por las que podamos creer que una hoja de laurel nos ha hecho aprobar un examen. Ya hemos tratado estos temas anteriormente (ver “¡Pues a mí me funciona!“).

Lo que queremos tratar son las características comunes a la mayor parte de testimonios sobre la eficacia de un ungüento milagroso o de una pastillita homeopática. Sin duda, podemos encontrar coincidencias semejantes para otras áreas de las diversas pseudociencias, pero vamos a ir por partes.

Decálogo para todo testimonio pseudomédico que se precie

1. Yo era muy incrédulo. Encabezado muy utilizado por los creyentes más variopintos. Suelen comenzar su discurso con “yo soy muy escéptico”, “yo era un ateo recalcitrante”, “nunca he creído en estas cosas”. Es decir, un sinfín de excusas que tratan de convencernos de que parten de una postura escéptica y son las evidencias, y sólo las evidencias, las que les han hecho cambiar de opinión.

2. Mi madre se moría de picores en las gónadas. A continuación pasan habitualmente a relatar un caso con tintes dramáticos y terminales. No suele tratarse de una simple molestia, sino de algo que estaba a punto de llevar al suicido del propio protagonista o un personaje cercano. Si es un sarpullido, les impedía dormir y estaban al borde del infarto; si su pareja roncaba, el divorcio se cernía sobre sus cabezas.

3. La medicina oficial nos engañó. Invariablemente, siempre recurrieron primero al stablishment. Jamás fueron directamente al naturópata o al confesionario, todos pasaron confiadamente por ambulatorios o universidades (posiblemente porque eran muy escépticos ellos, como se indica en el punto 1). Por supuesto, la ciencia oficial les mareó, les hizo perder tiempo y nunca encontraron, tras años de tratamiento, ni una pequeña mejoría. En el caso no sanitario, el “erudito” habrá recurrido sin duda alguna a informarse, estudiar y conocer profusamente todo lo publicado sobre el tema en cuestión, incluso en japonés.

4. Yo no quería, mamá, me lo dio un amigo. Casualmente, horas antes del suicidio (ver punto 2), un amigo/primo/vecino/compañero de trabajo que tenía el mismo problema, le habló del remedio mágico que justamente estamos criticando en nuestro artículo.

5. No me lo creía (de nuevo). Como buen escéptico, a nuestro personaje le cuesta aceptar que una solución tan sencilla no sea conocida por la medicina oficialista, así como la capacidad de curar algo ante lo que su médico se había rendido.

6. No pierdo nada (estoy al borde del suicidio). Como resulta difícil argumentar de que manera una mente racional puede untarse moco de tuberculoso en una úlcera abierta, el protagonista del testimonio suele recurrir al “no tenía nada que perder”; total, beber un frasquito de agua con lejía o tomarme un terrón de azúcar no iba a empeorar mis jaquecas (que no se si os he dicho que me están llevando al borde del suicidio).

7. Coño, funciona!! A pesar del escepticismo y la poca o nula predisposición, se produce una cura milagrosa. El eccema invalidante desaparece en cuatro días o la tía paralítica vuelve a andar en lo que se persigna un cura loco.

8. Eso sí, no tengo ni guarra de cómo funciona. Llegando al final, el confeso no tiene inconveniente en señalar que no entiende el funcionamiento del invento, ni conoce las causas, ni le importan un pimiento. Sólo sabe que funciona, que puede dormir por la noche, que el cáncer desapareció o que su aparato genital sufrió un fenómeno de convergencia volumétrica con los paquidermos de la noche a la mañana.

9. ¿Que pacha, no me crees? Como si se tratara del mejor argumento pergeñado por la humanidad, el interfecto sentencia su relato con un incontestable “es cierto porque yo lo digo”. Siglos de ciencia y experimentación, años de estudios, millones de euros en investigación y resulta que un simple “yo lo valgo” sirve para demostrar la eficacia de la sacarina diluida en néctar de caléndula contra la hepatitis vírica.

10. ¿Como es posible que esto no lo recete la seguridad social? ¡¡Por los reptilianos!! Esta décima parte puede presentarse en el discurso original o reservarse para futuras (y previstas) contestaciones del personal. Sin ningún tipo de variación, y siendo quizá el argumento más estereotipado de los diez, el elemento pasará a relatar cómo las farmacéuticas se lucran con remedios inservibles, cómo la ciencia oficial está comprada por las multinacionales y de qué manera todos los gobiernos mundiales, los millones de médicos, biólogos, químicos y farmacéuticos del planeta están confabulados en una conspiración para mantenernos enfermos y ganar mucha pasta (ya se que entonces los gobernantes, médicos, biólogos, químicos y farmacéuticos no deberían morir nunca de cáncer o de hepatitis, pero es algo que aún estoy himbestigando).

Este guión no sólo sirve para detectar testimonios estereotipados, sino que nos permite participar en cualquier charlita de Internet. No es necesario incluir todos los puntos, pero con los diez queda un mensaje redondo. Y si no, haced la prueba:

Os confieso que yo siempre he sido muy escéptico ante los remedios milagrosos; se hecho, considero que la homeopatía, el reiki o las flores de Bach no son más que fraudes dirigidos a obtener dinero fácil de los incautos. Sin embargo, he padecido durante años una artritis reumatoide muy dolorosa, que me obligó hace dos años a solicitar una baja laboral permanente al permanecer durante largas temporadas recluido en una silla de ruedas. El calvario de médicos, clínicas y tratamientos ha sido insufrible durante todo este tiempo. Tras consultar con cinco especialistas en reumatología distintos, únicamente conseguí que me inflaran a antiinflamatorios, lo que encima me produjo una gastritis crónica. Un día, hace ahora seis meses, una buena amiga me habló de un remedio utilizado por los indios tabaharas desde hace milenios, consistente en la inhalación de raíz de abeto albino recolectada en una noche de luna llena. En un principio no creí que tal despropósito pudiera solucionar lo que varios médicos no habían conseguido; en primer lugar porque me cuesta creer en remedios milagrosos -soy físico de profesión- y, por otro lado, porque mi amiga es excesivamente dada a seguir cualquier terapia alternativa que se ponga a su alcance.

Sin embargo, tampoco tenía nada que perder, mi situación era insostenible y dudé que una raíz pudiera hacerla empeorar. Además, así evitaría de una vez por todas las chapas que me solía pegar mi amiga sobre el tema. Para mi sorpresa, a la semana de estar inhalando la raíz de abeto albino recolectada una noche de luna llena, mis articulaciones comenzaron a mejorar. Volví a caminar y hoy me encuentro casi recuperado, hasta el punto de que he solicita el alta para volver al trabajo. Mi médico no se explica la mejoría, y más cuando le dije que había dejado totalmente los antiinflamatorios. Incluso he vuelto a recuperar mi estómago de forma casi total.

La verdad, no entiendo cómo funciona algo tan sencillo, ni porqué no se emplea médicamente de forma masiva. Solo se que a mí me ha permitido volver a tener una vida normal y eso me basta. Como científico, se que la ciencia aún no tiene todas las respuestas, y que existen fenómenos que aún no sabemos explicar. Sin embargo, esto no hace que no existan. Sin duda, hay alguna explicación racional al milagroso efecto de la raíz de abeto albino recolectada en una noche de luna llena, pero aún no la conocemos. No creo en la magia, y dudo que esto lo sea.

Sois libres de creerme o no, ya que podéis pensar que me lo estoy inventando todo, pero yo se que a mí me ha salvado la vida y no necesito más convencimiento. Sinceramente, el que un remedio natural y barato no sea adoptado por las autoridades sanitarias mientras recetan carísimas pastillas paliativas que únicamente disminuyen los síntomas pero que nos condenan a consumirlas (y pagarlas) eternamente, me parece una cuestión que atiende más a la economía que a la salud pública.

¿Os suena?

"Pues a mí me funciona" y otras falacias en torno a la homeopatía

Extraido de: http://www.soitu.es/soitu/2009/06/09/salud/1244550744_619856.html

La evidencia científica sobre la homeopatía es arrolladora: Ni ha demostrado eficacia terapéutica en ensayos clínicos controlados a doble ciego ni tampoco que su mecanismo de acción exista. Aún así el "Pues a mí me funciona" y otras falacias con la intención de defender la homeopatía siguen persistiendo.

La principal razón por la que estas falacias persisten, independientemente de la firmeza con la que la ciencia avale la ineficacia de la homeopatía, es muy sencilla: De fútbol y de medicina, todo el mundo opina. A ningún profano se le ocurriría contradecir a un arquitecto sobre dónde se colocan las vigas de un edificio, a un electricista dónde se hacen las conexiones o a un biólogo/ambientólogo sobre el impacto ambiental en una determinada zona. En medicina, sin embargo, ocurre que casi todo el mundo opina sobre enfermedades y tratamientos sin la más mínima formación, aunque sea de oídas.

Y, así, es frecuente que todos hayamos escuchado alguna vez por la calle los siguientes comentarios: "Tómate esto que me han dicho que va bien para lo que tienes", "Pues creo que fulanita tenía algo parecido a lo tuyo y tomó esto y le fue fenomenal" o "Pues a mí la homeopatía me funciona, deberías probarlo". La mayoría de estos comentarios serán totalmente infundados y poco o nada ayudarán a la otra persona. Aún así, están a la orden del día, como también lo están los curanderos y demás estafadores de la salud, porque de medicina todo el mundo cree saber.

Con la homeopatía ocurre, además, una cosa especial. Cuando afirmas que se han hechos estudios rigurosos sobre ella y en ninguno de ellos se ha encontrado eficacia más allá del placebo muchos defensores reaccionan de la misma forma que reaccionaría un creyente al criticar su fe: Bien atacando a la persona que explica la ineficacia de la homeopatía o bien recurriendo a falacias o engaños que no demuestran nada (salvo la ignorancia en temas médicos de las personas que los utilizan). Así pues, demos un paseo por las falacias más repetidas y por qué son engañosas y faltan a la verdad en su intención de defender la homeopatía.

1. Pues a mí me funciona

Sin lugar a dudas, la falacia más utilizada para defender a la homeopatía. Una afirmación que tiene "éxito" porque aflora en gente que no tiene los suficientes conocimientos médicos para conocer lo que es un placebo o una remisión natural de la enfermedad.

¿Por qué es engañosa? Los resultados anecdóticos de curación no indican, por ellos mismos, que un tratamiento haya resultado efectivo. La única forma correcta y rigurosa para saber si un tratamiento (sea el que sea) de verdad cura es haciendo ensayos clínicos controlados en un gran número de personas comparado con placebo.

¿Por qué? Por tres razones:

Porque hay muchísimas enfermedades que remiten de forma natural o espontánea en mayor o menor grado. Es decir, que sin ningún tratamiento el cuerpo humano es capaz de vencer la enfermedad por sí mismo. Como ejemplos: Gripe, resfriados, tinnitus, cierto porcentaje de asma en la infancia, algunos casos raros de cáncer... Además, muchas de las personas que acuden a la homeopatía llegan en la fase más florida o manifiesta de la enfermedad que, por su historia natural, tiende a remitir al poco tiempo en síntomas y signos independientemente del tratamiento seguido.

Porque el efecto placebo o la sugestión que produce el hecho de pensar que estás tomando algo que te va a curar potencia la recuperación del cuerpo humano frente a la enfermedad aunque el tratamiento no tenga ningún efecto por sí mismo. Las enfermedades que más susceptibles son de mejorar ante un placebo son aquellas psicológicas: Depresión, dolor, ansiedad, etc.

Porque muchos productos que se venden como homeopáticos no lo son en realidad. En ellos, los componentes con principios activos se encuentran en cantidades apreciables (gramos, miligramos, etc.) y las diluciones, de existir, son muy leves. Muchos de estos productos (que sí tienen cierta eficacia) hacen pensar que la homeopatía funciona cuando en realidad lo que estás tomando no es homeopatía sino un tratamiento convencional basado en hierbas. Como ejemplo, tenemos el Traumeel que se vende como remedio homeopático cuando la composición nos indica claramente que no lo es.

Imaginemos una persona que está tomando homeopatía y se cura de una gripe. ¿Cómo sabemos si eso se debió al tratamiento y no a la remisión natural de la enfermedad o al efecto placebo? Lo cierto es que no podemos saberlo. Y por ello, de nuevo, es indispensable la utilización de ensayos clínicos en gran número de personas para hacer comparaciones y saber exactamente el grado de eficacia de un tratamiento.

Si en los grandes ensayos clínicos se ha demostrado que la homeopatía no tiene eficacia más allá del placebo o a la remisión natural de la enfermedad, se confirma que aquellos casos de "me funciona" se deben, en realidad, a una remisión espontánea de la enfermedad o al efecto placebo, no a que la homeopatía haya tenido alguna efectividad. En esos casos, si hubieran tomado cualquier otra cosa, hubieran obtenido los mismos resultados y les hubiera "funcionado" igualmente.

Las empresas que venden homeopatía no son tontas y saben muy bien que sus aliados son la remisión natural de las enfermedades y el efecto placebo (porque sus tratamientos no tienen efecto per se). Por ello, la amplia mayoría de tratamientos que se indican son justamente para enfermedades que remiten naturalmente con muchísima frecuencia o que son muy susceptibles al placebo.

2. Pues a mi niño/mascota le funciona y en ellos no existe el efecto placebo

Está más que documentada la existencia de efecto placebo tanto en bebés, niños pequeños como en mascotas. ¿La razón de su existencia? Tal vez ellos no se sugestionen directamente por la creencia curativa de una pastilla, pero sí que conocen los cuidados y la atención que muestran los padres hacia sus hijos o los dueños hacia sus mascotas cuando están enfermos y les dan algo para que mejoren. Al final, terminan asociando que lo que están haciendo les curarán de una manera u otra.

De hecho, los estudios clínicos realizados en niños y en mascotas se hacen también con un grupo de placebo donde se aprecia inequívocamente que este efecto existe. No debemos olvidar, además, que la remisión natural de la enfermedad está también presente en los dos grupos. Así que decir que la homeopatía funciona porque lo hace en mascotas o niños sin efecto placebo es algo erróneo y falaz.

3. Pues si tiene tantos clientes, será porque funciona

Aquí llegamos a la típica falacia ad populum o ad numerum donde se afirma que una cosa tiene que funcionar si la utiliza mucha gente. Lamentablemente, esto no es así. Millones de personas pueden estar equivocadas o estar siendo engañadas. Pueden mencionarse incontables ejemplos al respecto pero existe uno muy reciente y llamativo: No hace muchos años se vendían millones de pulseras electromagnéticas en España para tratar dolores y múltiples enfermedades que no tenían ninguna eficacia. Eran una burda estafa pero tuvieron éxito.

¿Cómo podemos saber si un grupo de personas tiene razón o está equivocada? Con la ciencia. La única forma de saber si un tratamiento funciona o no es con ensayos clínicos. Todo lo demás son opiniones personales sin fundamentos. Si en aquel momento en que tanto éxito tuvieron las dichosas pulseras se hubieran requerido estudios clínicos para comercializarlo, a día de hoy muchos estafadores no tendrían los bolsillos llenos. Lo mismo que ocurriría ahora con la homeopatía.

4. Pues la homeopatía es mejor que la medicina científica porque no tiene efectos adversos

La homeopatía no tiene efectos más allá del placebo. Lo que implica que no tiene efectos por sí misma ni buenos ni adversos, en un principio. Ahora bien, no son pocas las personas que abandonan un tratamiento de eficacia demostrada para aferrarse a la homeopatía. En estos casos el peligro y riesgo para la salud es innegable y, de hecho, existen muchas personas muertas por una fe ciega en la homeopatía, exactamente más de 400 personas que se conozcan por la prensa y que podrían estar vivas si hubieran seguido el tratamiento convencional.

5. Pues la homeopatía tiene siglos de antigüedad

Aquí encontramos otra típica falacia, la de la tradición. Viene a decir que si una cosa se está utilizando desde hace mucho tiempo, debe ser porque funciona o está bien. Sin embargo, y más en medicina, esto no es así. Cuando se desarrolló la homeopatía a principios del siglo XIX por Samuel Hahnemann basó esta disciplina en los conocimientos (erróneos) que tenía sobre las enfermedades en aquella época. ¿Cuáles eran estos conocimientos? El siguiente párrafo es bastante esclarecedor:

Para Hahnemann la enfermedad no es causada por ningún agente físico discreto, sino por la falta de armonía con la «fuerza vital», así que se preguntaba «¿Ha visto alguien alguna vez la materia de la gota o el veneno de la escrófula?» Unas décadas después de la muerte de Hahnemann, Garrod demostró que el urato monosódico es «la materia de la gota» y Koch que Mycobacterium tuberculosis es «el veneno de la escrófula». Sin embargo, para los homeópatas la gota y la tuberculosis siguen teniendo su origen en un desequilibrio del espíritu.

Si hoy en día los médicos científicos aplicaran sangrías siguiendo la teoría de los cuatro humores (teoría que se utilizó durante muchos más siglos que la homeopatía) no tardarían en aparecer denuncias y pánico social. ¿Por qué, sin embargo, una disciplina igualmente errónea como la homeopatía tiene más validez que los cuatro humores?

6. Pues la medicina científica es un negocio

Esta falacia se utiliza para desacreditar a los fármacos convencionales y, así, reforzar la idea de que la homeopatía es válida y "altruista". Sin embargo, la homeopatía es un gran negocio. De hecho, su margen de beneficios es mucho mayor que las farmacéuticas convencionales. Sus preparados no contienen principios activos (pues éstos están diluidos infinitesimalmente) lo que abarata, por mucho, el coste de producción. Además, no invierten en grandes y rigurosos ensayos clínicos para demostrar la eficacia de sus tratamientos. Cosa que es necesaria para comercializar cualquier fármaco convencional.

Además, no se necesitan muchos estudios para ser comercial de homeopatía. En muchos lugares basta el graduado escolar o un ciclo formativo para ser visitador médico homeópata. Por último, hay que tener en cuenta lo caros que son los tratamientos homeopáticos con respecto a la mayoría de fármacos ¿La realidad? Las compañías homeopáticas se forran de lo lindo.

Aún así, no caigamos en la falacia. Que algo sea un negocio no implica directamente que los que lo desarrollan sean unos ogros o unos estafadores. Simple y llanamente, las industrias de homeopatía y las industrias farmacéuticas son negocios ambos, por mucho que se nieguen a pensarlo algunos.

7. Pues hay médicos que recomiendan homeopatía

Aunque la mayoría de médicos aplican tratamientos de eficacia comprobada científicamente, hay una minoría que recomienda terapias sin criterios objetivos, ceñidos a la preferencia personal. Como en todas las profesiones, hay buenos profesionales y malos profesionales. Y, en medicina, hay profesionales que aplican tratamientos que demuestran ser efectivos y profesionales que aplican tratamientos porque creen en ellos. Los segundos están mejor en una iglesia, una mezquita o un templo (lugares adecuados para la fe) que en un hospital o centro de salud.

8. Pues en algunos sistemas nacionales de salud está aprobada la homeopatía

Aquí nos encontramos una forma refinada de la falacia ad populum. En este caso, se deduce que si la homeopatía está en varios sistemas nacionales de salud, debe ser porque funciona. Una vez más, esto no es cierto. Los políticos (que son los que se encargan de estas cosas) no tienen ni idea de medicina y muchas de sus acciones están determinadas por presiones sociales, económicas, de negocios, etc... en lugar de razones científicas. Que en un determinado país se haya aprobado la homeopatía para el sistema de salud tan sólo significa que se ha tomado esa decisión sin tener en cuenta criterios científicos.

Peculiar fue el caso de Suiza donde se aprobó inicialmente la homeopatía y, tras comprobar con varios estudios que no tenía eficacia alguna, fue retirada del sistema de salud.

9. Pues si la homeopatía se vende en farmacias será porque funciona

Si las farmacias tuvieran que retirar los productos que no han demostrado eficacia se quedarían medio vacías. Es un hecho, los farmacéuticos venden muchos preparados que no han demostrado nada, simple y llanamente se venden porque hay demanda y dan dinero. Recordemos que las famosas pulseras electromagnéticas también se vendían en farmacias.

Por tanto, plantear que si se venden en farmacias es porque funcionan, no se trata nada más que de otra argumentación falaz.

10. Pues... ¡eres una vendida de las farmacéuticas!

El recurso y pataleo final: la falacia ad hominem. La desacreditación y descalificación a la persona con la vaga intención de rebatir sus argumentos. Las falacias varían entre decir que estás vendido a las farmacéuticas, que eres un prepotente o un ignorante. Suelen ser falacias utilizadas frecuentemente por aquellos más fanáticos de la homeopatía y con menos conocimientos.

domingo, 3 de abril de 2011

Pastor Terry Jones quemó el Corán y musulmanes respondieron con matanza en Afganistán

Extraido de: http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/04/pastor-terry-jones-quemo-el-coran-y.html

El pastor pentecostal Terry Jones de Gainesville, Florida cumplió el pasado 20 de marzo su amenaza de quemar el Corán, tras un acto en el que realizó un "juicio contra el Coran"

El pastor Terry Jones saltó a la prensa mundial, cuando en julio de 2010 convocó por internet establecer el Día internacional de la quema del Corán el 11 de septiembre.

Temiendo la ira desenfrenada del mundo musulmán, se instó al pastor Jones de desistir de este acto. Pero este año cumplió su amenaza.

El pastor Jones afirmó al terminar la quema del corán que: "Nosotros creemos que partes del Corán, si son tomadas literalmente, sí llevan a la violencia y a actividades terroristas, promueven el racismo o los prejuicios contra las minorías, contra cristianos, contra mujeres".

El acto de Jones fue calificado por muchos medios como un acto de intolerancia y de odio. Y como consecuencia de este acto una turba musulmana atacó los cuarteles de la ONU en Afganistán el 1 de abril de 2011 generando la muerte de 14 personas, entre trabajadores de Naciones Unidas y manifestantes.

En el segundo día de protestas al menos 10 personas han muerto y otras 83 han resultado heridas en Kandahar. Varios miles de jóvenes armados con palos se tomaron las calles de diversos barrios de Kandahar, según testimonios recogidos por las agencias de prensa. A los gritos de "Muerte a América", "Muerte al Gobierno de Karzai" y "Han insultado el Corán", la turba quemó neumáticos y en algunos casos también coches. Los comercios cerraron a su paso y la mayoría de la gente optó por mantenerse alejada de las calles. Varios periodistas denunciaron haber sido agredidos cuando intentaban cubrir la protesta.

El pastor Jones declaró en un comunicado, reaccionando ante los eventos de Afganistán que: "Nuestro gobierno de Estados Unidos y nuestro presidente deben dar un vistazo cercano y realista al elemento radical del Islam. El Islam no es una religión de paz. Es hora de que hagamos a estas personas responsables"

Los niños de esta iglesia fueron enviados a sus escuelas vistiendo camisetas con el mensaje "El islam es diabólico" Pero las instituciones educativas prohibieron estas prendas.

Verdades y falsedades del pastor Jones

Dice el ahora famoso pastor Terry Jones que el corán es fuente de intolerancia religiosa y de machismo. Lo cual es cierto. Pero luego dice que el islam es diabólico. Cosa absurda porque nada puede pertenecer a un ser imaginario. La quema del corán pareció más un acto de inquisición que una protesta contra el machismo islámico o la intolerancia religiosa propia del islam. En una entrevista al diario argentino El Clarín Jones respondió:

¿Por qué el ensañamiento con el islam? , preguntó entonces Clarín a Wayne.

Porque está creciendo de manera descontrolada y llevando cada vez más gente al Infierno. No podemos ser indiferentes. No es odio ni venganza, EE.UU. debe saber que el islam es peligroso.


–¿Por qué el mensaje provocador, de odio, de intolerancia?

No tengo problemas con ser intolerante. La Biblia no dice que esté mal. Jesús vio cosas que estaban mal, no las toleró, y actuó para cambiarlas. La Biblia dice que está bien odiar las cosas que están contra las Escrituras. Y el islam está contra el camino de Dios.

El corán no lleva gente al infierno, así como la biblia no lleva a nadie al cielo. Estas ideas son igual de irracionales como las musulmanas.

¿Es la destrucción de un texto un acto válido de protesta?

La destrucción de textos ha sido y es usado en varias partes como una protesta. Vale recordar a Manuela Beltrán, heroína de la independencia de Colombia quien rompió el 16 de marzo de 1781 el edicto del Ayuntamiento de El Socorro por el cual se fijaba el impuesto de Armada y Barlovento, gestando así la insurrección de los comuneros. Ya más recientemente, en el 2008, los habitantes del municipio de Lorica en Colombia protestaron por el alza en el servivio de agua quemando las facturas de este servicio, o este 2011 cientos de manifestantes quemaron el libro verde de Gadafi en Bengasi, Libia en las manifestaciones contra este tirano.

Pero el caso de la quema del corán se ve más grave por dos factores: Se trata de un libro religioso y por temor a la respuesta del mundo musulmán, que como se esperaba sería violenta.

Respecto al primer punto creo que es darle a la religión una importancia que no se merece. El acto de quema del corán es igual de de "grave" que la quema del libro verde de Gadafi, o la quema de la misma biblia. Denunciar las atrocidades del corán debe ser un acto libre al igual que se condena una política injusta o las corridas de toros. Creo que el debate contra la religión debe hacerse con argumentos y la exposición de estos debe ser respetada, sin que medie una condena por "blasfemia".

El presidente Barck Obama defendió la quema de un libro religioso afirmando que "la profanación de cualquier texto sagrado, incluido el Corán, es un acto de extrema intolerancia. Sin embargo, atacar y matar personas inocentes en respuesta eso es indignante y una afrenta a la dignidad y decencia humana"

El segundo aspecto es si fue responsable este acto sabiendo que traería muertes. Creo que el acto de la quema del corán fue sin duda provocativo, y que debió haber pensado en el bienestar de los ciudadanos occidentales en Afganistán y otras regiones con radicales. Pero también considero que la denuncia hecha de forma argumentada y dirigida contra las ideas religiosas y no denigrando a las personas no debe estar coaccionada por la amenaza de los musulmanes.

Lo que si quedó claro es que el islam no es la religión de la paz como dicen sus representantes en Occidente. La quema del libro de mormón, igual de falso al corán, no habría despertado la ira de los mormones hasta el punto de llevarlos a cometer asesinatos. tampoco la quema del Conflicto de los siglos habría despertado una reacción similar por parte de los adventistas. Los hechos hablan por si mismos de la naturaleza intolerante del islam.