martes, 25 de octubre de 2011

Los esotéricos se cabrean

Extraido de: http://cnho.wordpress.com/2011/10/25/los-esotericos-se-cabrean/

Estamos tristemente acostumbrados a que, cuando opinamos que la sanidad pública no debería gastar sus recursos en remedios que no presentan una efectividad real, se nos acuse de inquisidores, censuradores y vendidos al capital. Sin embargo, a poco que analicemos la forma de trabajar de un científico o de un divulgador y la de un esotérico que busca la fuente de la vida en unos cristales de cuarzo, rápidamente nos surge la pregunta: ¿Quién está actuando realmente como Torquemada?

Hace un par de días, el periodista y divulgador científico Luis Alfonso Gámez criticaba en su blog “Magonia” la celebración de un denominado “IX Congreso Ciencia y Espíritu” en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la ciudad de Santander. El mencionado evento iba a reunir yoga, flores de bach, flúor, desmedicalización de la sanidad pública, la teoría de la Tierra hueca, escáneres de aeropuertos y derechos civiles, el poder chamánico de los sonidos ancestrales, consciencia del ser, talasoterapia, limpieza energética, homeopatía y origen del Homo sapiens como experimento genético de una raza extraterreste, todo ello salpicado con varias teorías sobre conspiraciones y manipulaciones gubernamentales. La asistencia a los dos días de sesiones tenía un precio de 50€ , siendo posible apuntarse a una única jornada por 35€.

Gámez argumentaba en su artículo que no se deberían emplear recursos públicos para ponerlos al servicio de la irracionalidad y la anticiencia, habiendo puesto en conocimiento de la concejala del área de Turismo y Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Santander la naturaleza de las jornadas, algo que el propio Ayuntamiento manifestó no conocer.

En este punto, resulta muy importante realizar una matización: no estamos en contra de la investigación de fenómenos desconocidos, no creemos que deba evitarse el avance del conocimiento en cualquier campo posible, sea astrofísica o telequinesia. Si hubiéramos cerrado líneas de investigación sobre fenómenos desconocidos o poco probables, hoy seguiríamos pintando bisontes en las cavernas. Lo que criticamos es que hechos inexistentes se presenten como ciertos. Con lo que no estamos de acuerdo es con que se divulguen al público ideas delirantes, sin base empírica ni teórica alguna, como si fueran teorias científicas alternativas. Debemos investigar sobre vida fuera de la Tierra, pero no deberíamos afirmar ni en los colegios, ni en los periódicos, ni en los “congresos”, que procedemos del diseño genético de lagartos extraterrestres, a no ser que tengamos las pruebas suficientes como para demostrarlo de forma razonable.

Contar historias fantásticas como si fueran hechos reales no es avanzar en el conocimiento, ni tener la mente abierta, ni enfrentarse al sistema, sino precisamente hacerle el juego. Es abrazar la mitología, el oscurantismo y la superstición. Representa el abandono de la razón que tanto nos ha costado esbozar a lo largo de nuestra historia. Significa volver a temer a la Santa Compaña y a sellar nuestras puertas con ristras de ajos para ahuyentar a los malos espíritus. Nos hace mirar al cielo temiendo que caiga sobre nuestras cabezas, en lugar de preocuparnos por recuperar los niveles seguros de ozono estratosférico disminuyendo los vertidos y racionalizando la explotación de los recursos naturales.

No sabemos si por la movilización de Gámez o por otras causas, el “Congreso” ha sido suspendido. Ante tales críticas, cabría esperar que los organizadores del evento o sus partidarios nos inundaran de argumentos, pruebas y demostraciones de que la “teoría de la Tierra hueca” presenta bases lo suficientemente sólidas como para ser tomadas en cuenta, que varios estudios confirman la efectividad de la terapia con flores de bach o que en la secuencia de ADN humana se ha encontrado una región donde pone “Made in Annunakilandia“.

Lejos de eso, el comportamiento ha sido de lo más estereotipado: rasgadura de vestiduras, acusaciones de inquisidores, oficialistas y vendidos al poder, amenazas de represalias y ataques ad hominem hasta el punto de realizar llamamientos para escribir a los “jefes” de Gámez para que le echen a la calle. Para ser los nuevos científicos de mente abierta, las técnicas sugeridas están más próximas a las figuras represoras que enarbolan que a las de alternativos buscadores de la verdad.

Un ejemplo de rabieta como la que comentamos es la de un blog llamado “Cazadebunkers”, donde el día 21 publicaban una entrada titulada “Declaración de guerra a Luis Alfonso Gámez y a sus pseudoescépticos profesionales“, ahí es nada, y con un par…

En el mencionado articulo, un tal “CienciayEspiritu”, después de acusar a todo el periodismo y ciencia “oficial” del planeta de corruptos y vendidos al capital, arremete contra Gámez por “intimidar a todas aquellas instituciones que colaboran con nosotros” (joer, que poder tiene el Gámez este, debe ser un Illuminati), calificándolo de Torquemada (que raro) y animando a los lectores a protestar frente a los medios de comunicación en los que colabora Luis Alfonso. Así reza el final del artículo:

Por tanto solicito a todos los que consideren que este hombre y sus debunkers pagados no deberían tener espacio público, que escriban cartas, emails o que llamen por teléfono a las entidades que están apoyando esta infamia, es decir, a los directores de “El Correo”, a los directores del grupo Vocento, a la televisión ETB, a Punto Radio y Radio 3 de Bilbao y a todos aquellos medios en los que anuncien su presencia, para dar su opinión sobre esta persona y el daño que está haciendo su trabajo. Estoy seguro que os escucharan atentamente. Y más aun si sois vascos.”

Vaya, vaya, ¿Quien está pidiendo ahora hoguera pública? ¿Quién pretende acallar las voces discordantes? ¿Y más aún si somos vascos? Ya le vale… lógicamente, el propio escrito descalifica a su autor y muestra sus debilidades.

Estimado señor Cazadebunkers o como tenga a bien llamarse; entienda una sola cosa: contar la verdad únicamente puede dañar a los mentirosos. Si ustedes temen que alguien se dirija a las instituciones que amparan estos congresos para contarles en que consisten, por algo será. Dudo mucho que el señor Gámez tema el que nadie le cuente a la ETB o a El Correo que su labor consiste en criticar la teoría de que descendemos de bioingenieros extraterrestres. También me permito dudar que Radio 3 se sorprenda de que uno de sus colaboradores no esté de acuerdo con que la Tierra está hueca.

No es en absoluto necesario, pero vamos a darnos el gusto de mostrar nuestro total apoyo, solidaridad y reconocimiento a la labor de Luis Alfonso Gámez, un divulgador científico que pretende poner en evidencia a lo que simplemente es charlatanería, aunque los demonios se revuelvan ante el titilar de la llama.

Y ya que estamos en ello, permítanme decirles a todos los “cazadebunkers” y a toda suerte de esotéricos indignados otra verdad como un piano de cola: la Inquisición no es la divulgación científica, el Santo Oficio no es la universidad, el Brazo Secular no son la razón y el escepticismo. Es su oscurantismo, sus creencias irracionales, sus pretensiones de conspiraciones ocultas y su propagación de falsos dioses los que nos empujan de regreso a las tinieblas. Ustedes son los que temen a la luz, odian cualquier método imparcial que permita extraer conclusiones reales, abominan no poder doblegar al vulgo a golpe de superstición y se aterrorizan ante la razón y los hechos.

Ustedes son los que reniegan de los avances del conocimiento y de nuestra emancipación como seres libres; son sus doctrinas las que nos pretenden inmovilizar con el pesado yugo de la ignorancia. Son la gente como ustedes la que le siguen el juego al sistema, haciendo que la gente se refrote con flores, busque extraterrestres y maldiga el poder de los Iluminati que provocan las crisis mundiales, en lugar de luchar por un pueblo culto y libre que sepa construir un sistema político y social que nos aleje de las ataduras de la explotación.

Llevamos luchando contra ello mucho tiempo, no es necesario que declaren guerra alguna; desde el primer humano que miró al cielo y no se conformó con pensar que si llovía era porque una deidad deseaba que se mojara. Pero nuestras armas no son las hogueras, ni los potros, ni las damas de hierro, esas son las que llevamos sufiendo desde los albores de la civilización, en manos de esotéricos y oscurantistas de todo tipo.

Si quiere que discutamos plácidamente la próxima vez, muestren las bases teóricas y experimentales de la Tierra Hueca o de nuestra genética extraterrestre. Esas son nuestras armas: las evidencias, la razón y el diálogo. El resto, pueden ahorrárselo.

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