jueves, 10 de enero de 2013

Año nuevo, magufadas nuevas….

Extraído de: http://lacienciaysusdemonios.com/2013/01/09/ano-nuevo-magufadas-nuevas/

En estos días, todos los medios de comunicación se han dedicado a recordarnos los principales acontecimientos de 2012, así como a mostrarnos lo que posiblemente nos deparará el 2013. Recapitulaciones y previsiones que pretenden sacar sus conclusiones y moralinas, siempre bajo la línea ideológica del medio en cuestión.
En La Ciencia y sus Demonios no queremos ser menos, pero como solemos mirar más hacia adelante que hacia atrás, hemos preparado una pequeña lista de las amenazas para la razón y, como consecuencia, para el bienestar y el progreso de la humanidad que tendremos que soportar (y, porqué no, combatir) durante el presente año.
A pesar de que apetezca, no nos adentraremos en lo que sin duda representa en la actualidad el mayor peligro para el avance social y humano, que es el indecente dominio económico neo-liberal que nos atenaza y nos encamina a épocas ya olvidadas.
Siendo más fieles a la línea editorial de este blog, vamos a ocuparnos de los atentados contra la inteligencia y el razonamiento, aunque muchos de ellos se mostrarán íntimamente ligados al problema anterior.
Veamos cuáles son nuestras previsiones acerca de las tonterías que van tomando cada vez más fuerza en nuestra sociedad.


Anticientificismo
Aunque se trata de un término con un significado muy complejo y serias implicaciones filosóficas, podríamos hablar de una acepción generalista que consistiría en un rechazo a la ciencia y sus logros, haciéndola culpable de todos los males de la humanidad. Un ejemplo muy clásico es el de las corrientes ideológicas que acusan a la ciencia del desarrollo de armamento y métodos contaminantes, considerándola por extensión responsable de asesinatos, atentados, guerras, cambio climático y todo aquello que haya sido producido con un instrumento poco más complejo que un canto rodado.
La militancia anticientífica presenta una gran variabilidad, desde los que piensan que es un producto del capitalismo y una herramienta más para controlar a las masas, hasta los que creen que la comunidad científica es algo así como una logia masónica cuyo objetivo secreto es dominar el mundo descerebrando a la población y así poder vivir todo el día con una bata blanca y una jeringuilla en la mano puteando obreros y lanzando carcajadas.
El peligro de estas corrientes es que van calando cada vez más en la población, y no resulta extraño escuchar que alguien no acude al médico pensando que únicamente va a recetarle una medicina inútil para beneficio de la industria farmacéutica, ver movimientos antitransgénicos que alaban la mal llamada “agricultura biológica” sin plantearse siquiera como alimentar a 7.000 millones de humanos a golpe de coles sin abonar. Especialmente preocupantes son las cada vez más frecuentes opiniones en foros sobre temas universitarios, afirmando que las universidades son fábricas de autómatas para servir dócilmente al poder, con la función de aborregar a los estudiantes e inculcarles el pensamiento único.
Obviamente, todo esto no es más que un cúmulo de falacias encadenadas. La ciencia es tan responsable de las armas nucleares como lo es la propia humanidad, la política, el patriotismo o las ideologías. La ciencia es la causa del deterioro del medio ambiente de igual forma que el fabricante de cuchillos es responsable de los asesinatos de Jack el destripador o exactamente igual que la filosofía representa el origen de los campos de concentración nazis. Por otro lado, se olvidan estos críticos de que los marcapasos, los antibióticos, los ascensores, Internet o los implantes cocleares son también logros científicos. El conocimiento no es malo en sí mismo, su aplicación es la que debe ser controlada. Abolir la ciencia para evitar las bombas de racimo es el equivalente a prohibir la agricultura y la ganadería para solucionar el problema de la obesidad infantil.
Por otro lado, no resulta difícil comprender que un médico es igual que un abogado un pocero o un político: puede ser bueno, mediocre o malo, alto o bajo, gordo o delgado, excelente persona o un puñetero criminal. Creer que todos los médicos del mundo, incluyendo los que se dejan el alma voluntariamente en los sitios más inhóspitos forman parte de una mafia internacional dirigida a minar la salud del pueblo es más absurdo que tratar de enseñar reggaeton a una sardina.
Por poco que analicemos todo esto, nos daremos cuenta de que hacia donde realmente nos conducen estas actitudes es a un importante retroceso cultural y social. Se desprecia el conocimiento, abriendo camino a los explotadores de verdad, a todos aquellos que se benefician de una población inculta que teme más a la información y al conocimiento que a las cadenas.

Las medicinas alternativas
No importa que tu padre haya vivido como dios hasta los 80 años con una diabetes, que tu hermana haya sobrevivido a un cáncer de mama o que tu mismo lleves una vida normal con una artritis que hasta hace poco te hubiera dejado en una silla de ruedas. Siempre habrá algún descerebrado que te diga que la medicina “oficial” no cura, que solo produce enfermos crónicos para beneficio económico de médicos, enfermeros, ATS y boticarios. Una gran confabulación que nos miente sobre el SIDA, las infecciones o el cáncer,  a pesar de que las muertes se hayan reducido en varios órdenes de magnitud.
Contra toda evidencia estadística, contra toda base teórica y empírica, dándose de cabezazos contra las pruebas más contundentes, una legión de inconscientes sigue ciegamente a los gurús del nuevo curanderismo: unas hierbas, unos imanes, unas simples pasadas de mano te diagnosticarán mejor que un TAC, te curarán mejor que un chute de penicilina y para colmo no te costara ni un duro. Ah, ¿que resulta que también cobran los curanderos? bueno, será para poder seguir transmitiendo su saber ancestral de forma altruista.
Las causas para abrazar estas corrientes irracionales y peligrosísimas para la salud son muy variadas; el esnobismo, la necesidad de ser alternativo hasta con la alcachofa de la ducha, la disconformidad y la rebeldía pésimamente entendida y peor enfocada o las simples modas, son algunos de los factores que explican el auge de pastillas de azúcar,  flores mágicas y pares biomagnéticos. Pero también existe otro factor importantísimo: la enfermedad es un estado muy jodido, y muchas de ellas aún no sabemos curarlas. La desesperación, el miedo, o la propia negación psicológica de la enfermedad empujan a muchos enfermos contra métodos que carecen de toda garantía. Lógicamente, si no se dispone de la formación adecuada, ante un médico que propone un largo y penoso tratamiento con poca garantía de éxito y un curandero que ofrece la cura absoluta en poco más de un mes simplemente frotándote un peluche por el escroto, no resulta difícil entender porqué mucha gente opte por la segunda opción. A priori, suele ser más cómodo elegir la pastilla azul.
Es cierto que la industria farmacéutica persigue la obtención de beneficios, de igual forma que la industria agropecuaria, la industria audiovisual o la educación privada. ¿Abandonamos los alimentos porque la industria alimentaria gana dinero con ellos y pasamos a comer piedras? Que las farmacéuticas sean unas indecentes no significa que los antibióticos no maten bacterias. No es difícil de comprender a poco que se intente.
Seamos realistas. Como decíamos, hay muchas enfermedades que no sabemos curar, o cuyo índice de curación es demasiado bajo. Hay tratamientos dolorosos y patologías de las que desconocemos la causa. ¿Alguien es capaz de creer seriamente que si el cáncer se curara con cuatro hierbas, los laboratorios farmacéuticos no iban a venderlas a peso de oro? Anda que tardarían mucho en patentar las ortigas…

Los antivacunas
Aunque podríamos encuadrar la antivacunación en cualquiera de las anteriores categorías, la irracionalidad y peligro que supone este movimiento merece que sea tratado aparte. Bajo diversos camuflajes, los llamados antivacunas pretenden que éstas no solo son inútiles, sino terriblemente peligrosas para la salud. Desdeñando de nuevo experiencia, estadísticas, esperanza de vida y conocimientos médicos y biológicos, afirman que el sarampión se cura solo (o que no mata), que la rubéola es una forma natural de expresar la adolescencia o que si proteges a tu hijo en una urna de cristal no tienes que inocularle veneno que acabará con su vida.
Aquí lo que suele explotarse es el excesivo celo que los padres tienen hacia sus hijos, especialmente en las últimas décadas donde varios factores sociales han transmutado el papel materno/paterno hacia una hiperprotección que resulta no solo desmesurada, sino en muchos casos extremadamente peligrosa.
Desde los orígenes de la humanidad, los microorganismos patógenos han representado la primera causa de muerte tanto infantil como adulta, por encima de la muerte violenta y otras causas. Incluso en períodos de guerra, las infecciones en las heridas recibidas solían cobrarse más vidas que las propias armas. Esta situación cambió radicalmente con el descubrimiento de los antibióticos, hecho que representó un salto cualitativo tanto en la esperanza como en la calidad de vida.
Sin embargo, los antibióticos son inútiles con los virus, los cuales causa de un gran número de enfermedades infecciosas. Por otro lado, los riesgos de una infección que finalmente sea superada no son pequeños, dejando en muchos casos secuelas que pueden ser permanentes.
En este escenario, la vacunación masiva supuso otro salto de gigante. Inoculando el agente patógeno desactivado o parte de él, se consigue que el sistema inmune desarrolle anticuerpos específicos de tal manera que si el organismo se enfrenta a la infección real, puede ser reducida de forma natural antes de provocar la enfermedad. Este enorme avance se tradujo en un gran descenso en el número de muertes producidas por sarampión, tifus, gripe y otras muchas enfermedades, consiguiendo incluso erradicar algunas de ellas como la viruela.
Ante estos datos aplastantes, multitud de padres excesivamente celosos y mal informados siguen pensando que las vacunas son un riesgo innecesario. La reducción del número de casos de enfermedades infecciosas en occidente conseguido precisamente a golpe de campañas de vacunación, es utilizado por estos elementos para afirmar que el riesgo del que hablan los médicos no es real, pensando que buscan envenenar a sus hijos por puro negocio. Y eso cuando el alucine no les lleva a creer que se trata de métodos para controlar a la población, esterilizar a los más pobres y otras barbaridades por el estilo.
También en auge, la antivacunación es un asunto de salud pública que preocupa seriamente debido a que un número importante de infantes sin vacunar suponen un riesgo enorme de convertirse en reservorios de enfermedades que, de otra forma, podrían ser erradicadas.
En los últimos años, han sido demasiado numerosos los casos de brotes inusuales que han llevado a consecuencias nefastas debido al descenso en la inmunización de la población infantil que provocan estos irresponsables padres. Llevado al extremo, esta barbarie lleva a casos tan aberrantes como los asesinatos de vacunadores en Pakistán, sospechosos según los talibanes de formar parte de una conspiración occidental para espiar a los musulmanes e incluso para esterilizarlos.

Fundamentalistas religiosos
De una manera u otra, estamos acostumbrados a lidiar con la religión. Impuesta en el colegio (al menos para mi generación) e impregnando toda la vida pública y cultural.
Con los años, al menos en España andábamos acostumbrados a que el cinturón se fuera aflojando, y si bien las cruces, vírgenes, santos y biblias estaban presentes en cualquier sitio, nadie nos prohibía besarnos en la calle, no nos miraban mal por no casarnos o no ir a misa e, incluso, no parecía ser un crimen el no bautizar a tus hijos.
 n el colegio, no nos hablaron jamás en las clases de ciencias de algo parecido al creacionismo, de 6.000 años de universo o de que las rocas sedimentarias fueran formadas durante el diluvio universal. Esas cosas las contaban en religión, pero luego el profesor de ciencias, por falangista que fuera, te hablaba de los antepasados terrestres de las ballenas o de la formación del sistema solar.
Sin embargo, en los últimos años estamos viviendo un importante retroceso en la liberación de las opresiones religiosas. Si bien el catolicismo no ha resurgido de forma patente, la irrupción de nuevas creencias tanto por occidente (evangelismo), como por oriente (islamismo), están protagonizando situaciones que no se veían desde la posguerra.
Nadie se opone a que una persona pueda creer en un dios o en bambi, por alienante y triste que nos pueda parecer. Lo que resulta injustificable es que esa persona pretenda que nosotros también acabemos creyendo en el señor de barbas o en el cervatillo bondadoso, que pretenda inculcar sus particulares desequilibrios mentales a nuestros hijos en las escuelas, que quiera prohibir la enseñanza de los conceptos que no coinciden con su esquizofrénica cosmología o que niegue la asistencia médica necesaria en pos de unas creencias más irracionales que los razonamientos de  Homer Simpson.
Hace veinte años, ninguno de mis amigos del barrio había oído hablar del creacionismo o del pecado que supone una transfusión de sangre. Hoy, a ninguno le pilla por sorpresa, lo que me parece un indicador muy preocupante.

La izquierda esotérica
Si algo tienen de bueno los períodos de crispación social y crisis económica es el surgimiento de nuevos modelos de pensamiento, de movimientos alternativos que le dan la vuelta a la forma de ver y entender la sociedad. Son terreno abonado para nuevas ideas, para propuestas revolucionarias, para un verdadero avance social.
Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Distintos tipos de magufos, conspiranoicos, izquierdistas de salón y progres con chalet y deportivo anidan en los movimientos alternativos como el cuco en pollada ajena. Ante la avalancha de propuestas, la inevitable y necesaria apertura a todo tipo de ideas y opciones innovadoras, los parásitos se fijan y confunden con el entorno, amenazando la integridad del hospedador.
 Lamentablemente hemos visto en muchas ocasiones durante los últimos dos o tres años cómo aparecían masajistas de Reiki al lado de puestos de información del 15M, como se alternaban asambleas con sesiones de meditación trascendental, como se mezclaba el yoga con el activismo político.
No nos engañemos. Esta gente no aporta ideas nuevas; por el contrario, están introduciendo creencias retrógradas en los hervideros de innovación y pensamiento. Son tan enemigos como los neocon, como los financieros sin escrúpulos, tanto como la más acérrima de las derechas. Gracias a sus creencias irracionales, gracias a pensar que la vida mejora meditando en lugar de meneando, la esclavitud y la ignorancia se ha propagado durante milenios.
Ellos no son la izquierda, ellos no son la alternativa. Simplemente son los viejos santurrones vestidos con el traje de la modernidad. No dejemos destruir las buenas ideas por contaminaciones que nada tienen que ver con la justicia social o el progreso humano.

Conspiraciones y ocultaciones
No, no creemos que el gobierno de los Estados Unidos sea una organización de hermanitas de la caridad, ni que Mariano Rajoy esté ahorrando para darnos una sorpresa y jubilarnos a todos en el 2015 con una pensión millonaria. No somos gilipollas, pero tampoco unos ilusos alucinados.
Es muy posible que el USS Maine fuera hundido en una operación de “bandera falsa”, y no me jugaría la vida asegurando la autoría del atentado de las Torres Gemelas. Pero de ahí a decir que la NASA nos oculta construcciones en la Luna, que el SIDA no existe y es un complot internacional o que los aviones comerciales nos gasean con el objetivo de dominarnos psíquicamente, va un paso, y de gigante.
 Una cosa es escepticismo y otra credulidad. Puedo dudar, y de hecho dudo, de casi todo; pero dudar de algo no significa abrazar la tesis contraria por absurda que sea. Puedo dudar de que el gobierno nos diga la verdad sobre muchísimas cosas, pero ello no valida la suposición de que el presidente sea un lagarto disfrazado de humano. Convenceros, conspiranoicos: no sois escépticos, sois crédulos.
El problema con la conspiranoia es que nos vuelve imbéciles. Sería simplemente divertido si no significara un derroche de energía que podría ser empleada en los asuntos verdaderamente importantes, como que se destruya la sanidad pública. Preocuparse por una invasión extraterrestre en lugar de por la universidad que van a encontrarse nuestros hijos es para mear y no echar gota.
Para colmo de males, en tiempos como los que corren en los cuales nos engañan continuamente haciéndonos pagar los desfalcos de otros, la conspiranoia encuentra un caldo de cultivo excelente: si a Rodrigo Rato le han nombrado consejero de Telefónica, ¿por qué no creer que el gobierno nos oculta información sobre encuentros extraterrestres? Hay que ser más malvado para lo primero que para lo segundo.

La nueva era
Entroncado con casi todos los aspectos anteriores, un gran cajón de sastre que hemos denominado “nueva era”  y hemos dejado para el final, reúne a toda una pléyade de adivinos, astrólogos, creyentes en una consciencia universal y profetas de un despertar cósmico que nos situará en un nuevo plano evolutivo y espiritual. Desheredados del movimiento hippie de los años 60 del pasado siglo y reciclados en el movimiento new age en mayor o menor medida, hacen confluir multitud de creencias místicas que adoptan gran cantidad de adornos esotéricos y espirituales.
Como todos estos movimientos desestructurados y sin objetivos, se han cubierto de gloria al anunciar la nueva era de Acuario como  un tiempo de prosperidad, paz y abundancia, vamos… diana total. No parecen encontrarse entre los movimientos más activos, pero el inexistente cambio augurado para el 2012, fecha que no ha sido considerada por las creencias new age estrictamente hablando, pero que sí ha sido vista con simpatía por muchos de sus seguidores, puede producir un resurgir de los nuevaeranos.

La que está cayendo…
Estoy seguro de que me dejo mucho en el tintero, pero este somero repaso sirve para valorar que no se avecinan buenos tiempos para la razón, como suele ocurrir en épocas económicamente convulsas.  La llama de la vela parpadea. Tiembla su pequeña fuente de luz. Aumenta la oscuridad. Los demonios empiezan a agitarse.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mira, yo se que todo lo que se dice en la red es dificil de creer, pero ser negador compulsivo no es ser esceptico, es ser igual de fanatico o credulo. He prestado atencion a tal vez demasiadas cosas raras, pero algunas son ciertamente llamativas y unas cuantas dificilmente sean falsas. ademas creo en el termino frikizado, es decir, sobre un tema controversial se pueden subir y publicar versiones absurdas y delirantes para que parezca que todo lo que se habla es cosa de tontitos credulos y frikis. No se que porcentaje de verdad hay en todas estas cosas raras que salen ahora, pero me atreveria a decir que un 10 por ciento, minimo,,, cuando el rio suena es que agua lleva,,, saludos

julio expertos en adwords dijo...

Hola, que buen articulo muy interesante