jueves, 20 de noviembre de 2014

10 Razones de por qué la fe y las creencias religiosas son dañinas y peligrosas.


Las creencias y la fe han llevado esperanza y consuelo a millones de personas; muchas organizaciones religiosas han ayudado de forma práctica a miles de necesitados, bien sea facilitándoles alimentos, servicios médicos y de salud  y ayuda de todo tipo.
Pero lamentablemente la religión también ha traído consigo una pesada carga de muerte y destrucción. Los asesinatos, odios y problemas que la religión ha legado al mundo es incuestionable e incalculable. Y, por desgracia, las desventajas de las religiones superan con creces los pocos beneficios que nos brindan.
Leamos a continuación 10 Razones del por qué es conveniente y hasta cierto punto necesario el dejar de lado la fe y las creencias religiosas y comenzar a construir un mundo donde la religión tenga una mínima influencia negativa en la vida de los seres humanos. (*)

martes, 17 de junio de 2014

10 conceptos científicos que usamos de manera incorrecta

Extraido de: http://es.gizmodo.com/10-conceptos-cientificos-que-usamos-de-manera-incorrect-1591622464

Hay muchas ideas que han salido del contexto de la ciencia para entrar en el lenguaje cotidiano. Desafortunadamente, la mayor parte de las veces usamos estos conceptos de manera completamente errónea. Hemos pedido a un grupo de científicos que nos diga cuáles son los conceptos que, según ellos, suscitan más malentendidos. Son estos diez:

1) Prueba

El físico Sean Carroll explica lo siguiente:
Diría que "Prueba" es el concepto científico peor entendido del mundo. Tiene una definición técnica: demostración lógica de que ciertas conclusiones provienen de ciertos principios. Sin embargo, en el habla cotidiana se utiliza como sinónimo de "evidencia fuerte de algo". Eso genera malentendidos entre lo que los científicos dicen y lo que el ciudadano normal entiende, porque los científicos hablan con la primera definición en mente, y según esa definición, la ciencia nunca prueba nada en realidad.
De esta manera, cuando nos preguntan: "¿Cuáles son las pruebas de que evolucionamos de otras especies?" o "¿Realmente puede probar que el cambio climático está causado por la actividad humana?" tendemos a dudar en vez de contestar: "Por supuesto que sí". La ciencia nunca prueba nada, sino que crea teorías cada vez más exhaustivas y fiables sobre el mundo, pero que están sujetas a modificaciones y mejoras. Esa es una de las claves de su funcionamiento.

2) Teoría

El astrofísico Dave Goldberg tiene una teoría sobre el término teoría (valga la redundancia):
El público en general (y las personas con un hacha ideológica que blandir) equiparan el término "teoría" con "idea" o "suposición". Sin embargo, las teorías científicas son sistemas completos de ideas que pueden ser refutadas por la evidencia o por un experimento. Las mejores teorías (entre las que incluyo la Teoría Especial de la Relatividad, la Mecánica Cuántica o la Evolución de las Especies) llevan más de cien años soportando intentos de refutarlas por parte de personas que se creen más listos que Einstein, o a los que no les gusta cómo esas teorías afectan a su sistema de creencias sobre cómo funciona el universo.
Finalmente, las teorías son flexibles hasta cierto punto. Una parte de la teoría puede revelarse inexacta sin que toda la estructura de la teoría se venga abajo. La Teoría de la Evolución, por ejemplo, se ha ido adaptando con el paso de los años, pero en esencia sigue diciendo lo mismo. El problema con la frase "es solo una teoría" es que implica que una teoría es algo pequeño, y no es así.

3) La incertidumbre cuántica y la rareza cuántica

Goldberg añade otro concepto que ha sido malinterpretado de forma aún más peligrosa que "teoría". Se trata de los conceptos de "incertidumbre cuántica" y "rareza cuántica" que algunos han esgrimido con fines espirituales.
Este concepto mal utilizado viene de una explotación de la mecánica cuántica por parte de ciertos gurús de la espiritualidad y la autoayuda y se resume muy bien en la aberrante película titulada "What The Bleep Do we Know" (¿¡Y tú qué sabes!?).
La mecánica cuántica es famosa por el principio de incertidumbre. Cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimientos lineales y, por tanto, su masa y velocidad. La posición del observador interfiere con la función observada de manera no determinista.
Sin embargo, el hecho de que el universo no sea determinista, no significa que seamos nosotros los que estamos al mando. Es destacable y francamente alarmante cómo algunos asocian la incertidumbre cuántica con la ideal del alma, de la mente sobre la materia y otras ideas de la pseudociencia. Al final, estamos hechos de las mismas partículas cuánticas que toda la materia, pero eso no nos da superpoderes latentes.

4) Aprendido vs Innato

La bióloga evolucionista Marlene Zuk explica:
Uno de mis errores favoritos es el de los conceptos de "aprendido" e "innato" relativos al comportamiento. La primera pregunta que me hacen cuando hablamos de comportamientos es si son genéticos o no. Esto es un absoluto malentendido porque todos los rasgos son el resultado en parte de los genes, y en parte del entorno. Es la diferencia entre un rasgo u otro la que tiene origen genético o ambiental, no el rasgo en sí. Si separamos a dos gemelos idénticos y ambos acaban hablando idiomas diferentes, la adopción del rasgo es claramente aprendida, pero en ambos casos existe un componente genético que es el que nos permite hablar, sea cual sea el lenguaje.

5) Natural

El biólogo Terry Johnson está muy cansado de la gente que malinterpreta esta palabra:
"Natural" es una palabra que se ha utilizado en tantos conceptos que ya nadie sabe a qué se refiere. El uso más simplista y erróneo es el que se refiere a natural como un término para distinguir fenómenos que ocurren a causa del ser humano de fenómenos que no, como si el ser humano y sus obras no tuvieran nada que ver con las de los castores, o las abejas.
El término "natural" referido a alimentos es aún más resbaladizo. Se refiere a distintas cosas según el país. En Estados Unidos, por ejemplo, la FDA le ha dado un sentido de orgánico, que es otro término muy ambiguo. En Canadá, puedes etiquetar un maíz como natural si no lleva aditivos, pero es el resultado de miles de años de hibridación y selección hecha por el hombre.

6) Gen

Johnson muestra incluso más preocupación sobre los malos usos de la palabra "gen":
Hicieron falta 25 científicos discutiendo dos días seguidos para llegar al acuerdo de que un gen es "una región localizada de la secuencia genómica que corresponde a una unidad hereditaria, la cual está asociada con regiones regulatorias y/o otras regiones o secuencias funcionales". En el lenguaje coloquial, un gen es una unidad de información a la que podemos señalar y decir: "Eso hace algo o regula cómo se hace algo". La definición es muy amplia porque querían que fuese así. Hasta hace no mucho tiempo, pensábamos que la mayor parte de nuestro ADN no servía para nada concreto. Lo llamábamos "ADN basura". Hoy hemos descubierto que mucha de esa supuesta basura tenía funciones que no eran obvias a primera vista.
El error más habitual es el uso de la palabra "gen" seguido de la partícula "de" (como en "gen de la adicción" o "gen de la alopecia"). Hay dos problemas con este concepto. El primero es que todos tenemos un gen de la hemoglobina, pero no todos sufrimos de problemas sanguíneos como la anemia. Diferentes personas tienen diferentes versiones de cada gen, denominadas alelos y algunos están asociados a una enfermedad y otros no. Un gen es una familia de alelos. El gen no es malo por sí mismo, sino la versión del mismo que puede tener una persona, que puede resultar problemática.
Lo que me preocupa del concepto "este es el gen de tal o cual cosa" es que populariza la idea de que el gen es culpable de algo, cuando en realidad lo que ocurre es que el alelo tienen una incidencia mayor de padecer una determinada enfermedad. En muchos casos ni siquiera se saben las causas, y es probable que no estén en el alelo en sí.

7) Estadísticamente significativo

El matemático Jordan Ellenberg nos habla de este concepto:
"Estadísticamente significativo" es una de esas expresiones que a la comunidad científica le gustaría poder eliminar y renombrar. Significativo alude a importante, pero el test desarrollado por el matemático británico R.A. Fisher para medir si algo es estadísticamente significativo no mide la importancia ni el tamaño. Se refiere a cuando podemos utilizar herramientas estadísticas para distinguir un dato de cero. En otras palabras, se refiere a estadísticamente discernible o reconocible.

8) La supervivencia del más apto

La paleoecóloga Jacquelyn Gill señala por qué este concepto se utiliza erróneamente en la teoría general de la evolución:
En lo alto de mi lista de conceptos erróneos estaría, sin duda, el de la "supervivencia del más apto". En primer lugar, no son palabras textuales de Darwin. En segundo lugar, la gente entiende erróneamente el término "apto". En general, existe mucha confusión sobre la evolución, incluyendo la idea de que la evolución es un proceso progresivo y direccional, o que es elegido de manera deliberada por los organismos. La gente no entiende el concepto de selección natural o de que los rasgos no siempre son adaptativos. La selección sexual existe, como también existen las mutaciones completamente aleatorias.
Apto no significa ser el más fuerte o el más listo. Simplemente significa que el organismo se adapta mejor al entorno, lo que puede significar que es el más pequeño, el más venenoso, o el que más tiempo sobrevive sin agua. Para rematar, los seres vivos no siempre evolucionan de una manera consistente con su entorno. A veces simplemente tienen que ver con rasgos que el resto de miembros de la especie consideran atractivos.

9) Las escalas geológicas

El trabajo de Gill se centra en los entornos del Pleistoceno que existieron hace 15.000 años. Muy poca gente se hace una idea de lo que significan las diferentes escalas geológicas.
Un error muy habitual es que el público general no entiende las escalas geológicas. El término prehistórico se resume de tal manera en la mente de la gente que creen que hace 20.000 años las especies eran radicalmente diferentes (no es así), o que había dinosaurios (para nada). El hecho de que los juguetes de dinosaurios vengan acompañados de hombres de las cavernas o mamuts no ayuda mucho.

10) Orgánico

La entomóloga Gwen Pearson trata de aclarar la constelación de términos que se escurren bajo el término "orgánico":
No me preocupa mucho que la mayor parte de usos de la palabra orgánico sean incorrectos en el sentido de que todo lo que contiene carbono suele serlo. Lo que me preocupa es que el término sea utilizado para generar diferencias irreales en la producción de alimentos. Una sustancia puede ser natural y orgánica, y seguir siendo peligrosa y perjudicial para la salud. Las sustancias sintéticas pueden ser más sanas que las orgánicas. La insulina, por ejemplo, viene de bacterias modificadas genéticamente para producirla, y salva vidas cada día.

jueves, 15 de mayo de 2014

Un universo de 6.000 años de antigüedad

Extraido de: http://lacienciaysusdemonios.com/2013/01/19/remake-un-universo-de-6-000-anos-de-antiguedad/

A estas alturas del siglo XXI sabemos muchas cosas acerca del universo, aunque también hay muchas otras que desconocemos, no me molesta decirlo. Por ejemplo desconocemos su origen, a pesar de que ya contamos con un modelo matemático que lo explica, conocemos muchas de las partículas que lo forman aunque otras todavía están en busca y captura. Pero en el platillo de la balanza de datos conocidos tenemos muchos elementos: estrellas, planetas, asteroides, cometas, nebulosas, galaxias, púlsares, agujeros negros, partículas elementales… También conocemos muchas de sus propiedades gracias a la mecánica.
Una de las propiedades que conocemos del universo es que existe una velocidad que ninguna partícula puede superar. Esa es la velocidad de la luz, que alcanza en el vacío la nada despreciable cifra de aproximadamente 300.000 km/s. Muchos científicos intentaron calcular ese valor, y finalmente fue James Bradley, quien en 1728 consiguió dar con un valor muy aproximado al que maneja la física. Posteriormente la teoría de la relatividad de Einstein colocó a la velocidad de la luz dentro de las constante universales. Gracias a conocer este valor, la física ha podido desarrollarse de una forma importante, especialmente en el campo de las telecomunicaciones y la computación.

Uno de los datos que también conocemos es que el objeto más lejano a nuestro planeta se encuentra a 13.700 millones de años-luz, aproximadamente. Eso significa que ese objeto emitió luz hace 13.700 millones de años con lo posiblemente ese objeto ya no exista y sólo veamos su imagen fósil. Pero cuando miramos el cosmos encontramos objetos localizados a muy diferentes distancias, desde nuestra cercana Luna, localizada a poco más de 1 segundo-luz (350.000 kilómetros de la Tierra) al Sol localizado a 8 minutos-luz (150 millones de kilómetros de la Tierra), estrellas como Sirio localizada a 8.6 años-luz, el centro de nuestra galaxia situado a 20.000 años-luz o Andrómeda M31, una de las galaxias más cercanas a la nuestra localizada a 2.5 millones de años-luz de la Tierra. La imagen que hoy vemos de Andrómeda salió de esa galaxia cuando nuestra especie aún se encontraba en sus albores.
Estos datos no son aceptados por algunos grupos fundamentalistas religiosos que sitúan la antigüedad de nuestro universo en unos 6.000 años, en base al relato contenido en el Génesis. Bien, aceptemos ese dato como bueno, o mejor para redondear tomemos el valor cercano de 10.000 años (que simplificará los cálculos), y mantengamos la velocidad luz como la constante física que es. Eso significaría reducir el tamaño del universo de 13.700 millones de años a sólo 10.000 años, lo que supone una reducción de 1,37 millones de veces. Eso puede sonar muy abstracto pero no es más que tomar 1 kilómetro y reducirlo hasta 0.07 milímetros o lo que es lo mismo 73 micras. Reduciríamos así la distancia equivalente a dos vueltas y media en la pista de un estadio de atletismo a la que ocupan 73 bacterias en fila.
Esta comparación quizás aún no sea fácil de entender a escala astronómica, por lo que vamos a intentar llevarla al cosmos. Una reducción de esa magnitud situaría a la galaxia de Andrómeda M31 a 1.82 años-luz. Si en esa galaxia hubiese alguien emitiendo por radio o por televisión hace tiempo que habríamos captado su señal. Acerquémonos más, el centro de nuestra galaxia estaría a sólo 5.2 días-luz, o lo que es lo mismo 145 mil millones de kilómetros. Teniendo en cuenta que en el centro de nuestra galaxia hay un inmenso agujero negro, no parece una distancia muy prudencial para mantenerse a salvo. Pero ¿qué pasa con astros aún más cercanos?. La estrella Sirio estaría situada a sólo 66 millones de kilómetros, o lo que es lo mismo 2.2 veces más cerca de la distancia a la que calculamos que se encuentra realmente el Sol, aquí tendríamos un serio problema de cocción. Y si estas cifras ya empiezan a parecer esperpénticas, lo son aún más cuando calculamos las nuevas distancias para cuerpos celestes cercanos. Así Urano estaría a 3175 kilómetros de la Tierra, el Sol a 109 kilómetros, Venus a 29 kilómetros y la Luna a 218 metros. Con esas distancias el término paseo espacial adquiriría un nuevo significado :D
Esto nos llevaría a una imagen muy curiosa de nuestro sistema solar, a la izquierda se observa el mismo tomando los valores aceptados por los astrofísicos, a la derecha la que se infiere de un universo de 6.000 años.

Para explicar esto hay quien ha intentado decir que en realidad la velocidad de la luz es infinita, que en cuanto miramos al objeto vemos a éste de forma inmediata, independientemente de donde se encuentre. Esta en realidad es una idea antigua, que decía que la luz es emitida por el ojo, en lugar de ser generada por una fuente y reflejada en el ojo. El concepto no pertenece a Jolimu, aunque algunos lo habréis leído en sus escritos, sino a Herón de Alejandría que ya adelantó el argumento de que la velocidad de la luz debería ser infinita, ya que cuando uno abre los ojos objetos distantes como las estrellas aparecen inmediatamente.
Consideremos esa posibilidad, pero acordándonos de la fórmula de Einstein:

Esta fórmula nos dice que la energía es igual al producto de la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. O lo que es lo mismo que la energía y la masa son dos formas de una misma cosa. El propio Einstein lo dijo así: It followed from the special theory of relativity that mass and energy are both but different manifestations of the same thing — a somewhat unfamiliar conception for the average mind. Furthermore, the equation E is equal to m c-squared, in which energy is put equal to mass, multiplied by the square of the velocity of light, showed that very small amounts of mass may be converted into a very large amount of energy and vice versa. The mass and energy were in fact equivalent, according to the formula mentioned above. This was demonstrated by Cockcroft and Walton in 1932, experimentally. (Visto aquí). O dicho de otra forma: Si un cuerpo de masa m desprende una cantidad de energía E en forma de radiación, su masa disminuye E / c al cuadrado. Albert Einstein en “Zur Elektrodynamik bewegter Körper”. Es fácil predecir qué ocurriría si de golpe la velocidad de la luz fuese infinita, literalmente nos freiríamos en cada desintegración atómica.
Aquí quedan plasmados dos universos difíciles de conciliar, uno en el que reside la Tierra y otro que reside en la mente de algunas personas.

martes, 6 de mayo de 2014

La sanidad privada con ánimo de lucro es ineficaz y peligrosa además de cara

Extraído de: http://lacienciaysusdemonios.com/2014/05/06/la-sanidad-privada-con-animo-de-lucro-es-ineficaz-y-peligrosa-ademas-de-cara/

Es indiscutible que el pensamiento único neoliberal se ha impuesto en toda democracia que se precie bajo el argumento (indemostrado) que lo público es siempre sinónimo de ineficacia y de derroche, mientras que la gestión empresarial encaminada a la obtención del máximo beneficio acaba siendo más eficiente y además más barata. Y dentro de esta filosofía, el sistema sanitario es en la actualidad quizás el último objetivo que le queda al capitalismo para conseguir la victoria completa de sus posiciones. Pero ¿existen datos objetivos que permitan defender que el cambio hacia una gestión privada de la sanidad dirigida por grandes corporaciones empresariales permitirá una mayor eficacia a un menor coste?

Para responder a esta pregunta lo mejor es abandonar el campo ideológico y centrarse en analizar datos imparciales. Pues bien, para estudiar la influencia del mundo empresarial en la sanidad, hace ya algún tiempo se publicó un metaanálisis que comparaba hospitales privados norteamericanos que se diferenciaban únicamente en su modo de gestión: aquellos que eran propiedad de empresas con ánimo de lucro (lo que en el mundo anglosajón se denomina “for-profit”) y que actúan de manera indistinguible a cualquier otra corporación capitalista que produzca coches, PCs , patatas o textiles, puesto que buscan el máximo beneficio rindiendo cuentas a los mercados y a sus accionistas, frente a aquellos otros hospitales que estaban gestionados por instituciones sin ánimo de lucro (asociaciones, fundaciones, etc) cuyo principal objetivo no son beneficios o que cuando los obtienen los reinvierten en su función social (“for-non-profit” en ingles). El estudio analizó los datos de mortalidad publicados en la literatura científica respecto a unos 26.000 hospitales que habían tratado a más de 36 millones de pacientes a lo largo de varios años tal y como se muestra en la siguiente figura,
mortalidad total hospital animo de lucro 2


Leyenda de la figura: En la tabla de la izquierda se representa cada estudio analizado con los números de hospitales y pacientes estudiados y en la gráfica de la derecha se representa para cada estudio los respectivos valores de riesgo relativo de mortalidad (1 indica que no hay diferencia entre ambos sistemas de gestión, valores mayores de 1 implican menor mortalidad en hospitales sin ánimo de lucro y valores menores de 1 menor mortalidad en hospitales gestionados por empresas) y su intervalo de confianza en forma de barra, de tal manera que cuanto más estrecha es la barra mayor es la fiabilidad estadística.


Dejando aparte algunos de los estudios que implicaban a menor número de pacientes (marcados con una flecha azul) por su poca confianza estadística, los datos muestran que sólo hay un estudio (flecha roja) que indique menor mortalidad en hospitales empresariales frente al menos otros 6 que muestran que la mortalidad es inferior cuando no hay ánimo de lucro en la gestión sanitaria. Al final la media poderada en el metaanálisis indicaba que se podía esperar una mortalidad un 2% superior en los hospitales con gestión económica dirigida a la obtención de beneficios que los que realizan su labor sin estas presiones económicas. Además otro estudio de la “Maternal and child health data base” realizado analizando 243 hospitales y más de 1,6 millones de pacientes concluyó que el riesgo de fallecimiento de niños en hospitales orientados a los beneficios empresariales era un 9,5% superior a los gestionados sin ánimo de lucro. Para los que estas cifras les parezcan bajas, indicar que implican la muerte prematura de miles de personas anualmente ligada al sistema neoliberal de obtención de beneficios a toda costa.
Posteriormente se publicó otro metaanálisis (que incluía cerca de 4.000 hospitales) analizando los costes económicos comparativos de ambos tipos de establecimientos médicos (“for-profit” versus “for-non-profit”). Los resultados tal y como muestra la siguiente figura
coste economico total hospital animo de lucro 2

arrojaron la conclusión que la mayoría de los estudios individuales indicaban un mayor costo asociado a los tratamientos médicos realizados en hospitales de gestión económica ligada a los beneficios corporativos, con un valor medio total del ¡19%! de sobrecosto, desmontando la falacia de que la gestión empresarial abarata los importes, cuando la realidad es que este tipo de gestión dilapida miles de millones de dólares anuales.
Finalmente un metaanálisis similar enfocado a estudiar los cuidados de enfermería ofrecidos por ambos tipos de estructuras sanitarias indicó también que la calidad asistencial disminuye en las instituciones orientadas al lucro.
En resumen la medicina neoliberal implica peor calidad asistencial, a un precio muchísimo mayor y un incremento de la mortalidad. Pero eso sí, nuestros gobernantes patrios siguen empeñados en transferir nuestra salud a conglomerados económicos cuyo único objetivo es aumentar su cuenta de resultados.
Y para que vean que este tipo de empresas tienen bien aprendida la lección que se extrae de estos estudios, simplemente quisiera mostrar un par de ejemplos de las medidas que ha tomado el mundo neoliberal para transformar (tramposamente, que no solucionar) estos hechos.
En España, la Comunidad de Madrid permite a los hospitales de gestión privatizada que se especialicen en las patologías más sencillas y que por tanto más beneficios rinden, y que consecuentemente deriven a los pacientes de enfermedades más graves que tengan asignados a los centros públicos. Pero estén atentos porqué aquí viene la trampa: después el hospital privatizado paga al público únicamente una parte del coste real del tratamiento realizado, transfiriendo de facto parte de sus costos a la sanidad pública y mejorando por tanto en conjunto tanto su tasa de eficiencia (las patología menos graves producen menos complicaciones y muertes) a la vez que muestra unos costos sanitarios más bajos que los hospitales públicos.
Cuando los gobiernos no acceden a este tipo de delictivos cambalaches ideados para saquear las arcas públicas, las empresas tampoco se quedan de brazos cruzados jugando limpio y atendiendo a los pacientes que les han asignado independientemente de la gravedad de su patología. Así por ejemplo se ha descubierto que Sanitas, una de las grandes empresas del sector y española para más inri (es que en neoliberalismo España es una potencia mundial), está sobornando a los pacientes que acuden a sus clínicas en Gran Bretaña para que se traten en la sanidad pública cuando presentan enfermedades graves en lugar de hacerlo donde les corresponde, en sus hospitales. De esta manera, y por tan sólo unos 2.400 euros por persona que es precio del “donativo” que ofertan a sus “clientes”, la compañía consigue que pacientes con graves patologías cardiacas o cáncer sean atendidos fuera de sus hospitales y así ahorrarse las decenas (o incluso centenares) de miles de euros que acaban costando estos largos y complejos tratamientos médicos.
Así que al final, bien acudiendo a tramposas tácticas empresariales o con el apoyo delictivo de algunos gobernantes, las flamantes corporaciones del sector sanitario se quitan de en medio a los pacientes más problemáticos manipulando a su favor las estadísticas y los balances empresariales. ¿No me digan que no es un buen negocio desde todos los puntos de vista? Con ello, el resultado previsible es que unos años después aparecerán los famosos defensores de la libre empresa, demostrándonos en sesudos estudios y complejos arqueos de ingresos y gastos cuan ineficaces son los ineptos médicos y cuan derrochadores son los gestores de la sanidad pública y por el contrario lo profesionales y ahorradores que son los hospitales privatizados bajo la flamante y siempre eficiente gestión empresarial.

miércoles, 30 de abril de 2014

Toma de decisiones ¿reflexión o pura coincidencia?

Extraído de: http://lacienciaysusdemonios.com/2014/04/29/toma-de-decisiones-reflexion-o-pura-coincidencia/

Los seres humanos tendemos a pensar que tomamos nuestras decisiones de manera racional, libre, con poco o ningún tipo de influencias externas y que cuanto más importante es la cuestión, mucho más reflexivos y cuidadosos somos en nuestras decisiones. Pero ¿es eso cierto?


¿Qué les parecería si les dijera que los humanos podemos acabar eligiendo a nuestra pareja o trabajo simplemente por una azarosa coincidencia alfabética? ¿O que podemos elegir nuestro lugar de residencia por mera casualidad con nuestra fecha de nacimiento? Pues no se sorprendan, pero en muchas ocasiones la simple coincidencia de nombres o fechas es suficiente para que tomemos importantes decisiones vitales de la manera más irreflexiva.
Pero mejor les dejo con el neurocientífico David Eagleman para que les explique algunos ejemplos de este tipo de irracional toma de decisiones:

Consideremos qué ocurre cuando dos personas se enamoran. El sentido común nos dice que su ardor crece a partir de un número de semillas, incluyendo las circunstancias vitales, el sentido de la comprensión, la atracción sexual y la admiración mutua. Seguramente la maquinaria encubierta del inconsciente no participa en su elección de pareja. ¿O sí?
Imagine que se topa con su amigo Joel, y éste le dice que ha encontrado el amor de su vida, una mujer llamada Jenny. Qué curioso, piensa, pues su amigo Alex acaba de casarse con Amy, y Donny está loco por Daisy. ¿Por qué se da este emparejamiento de iniciales? Concluye que es absurdo: las decisiones importantes de la vida –como por ejemplo con quién vas a pasar la vida– no pueden estar influidas por algo tan caprichoso como la inicial del nombre. Quizá todas estas alianzas aliterativas son mero accidente.
Pero no lo son. En 2004, el psicólogo John Jones y sus colegas examinaron quince mil actas matrimoniales públicas en el condado de Walker, Georgia, y en el de Liberty, Florida. Averiguaron que, de hecho, la gente se casa más a menudo con personas cuyo nombre tiene la misma inicial de lo que dictaría el mero azar.
¿Y por qué? No es algo que tenga que ver exactamente con las letras: se trata más bien de que sus cónyuges de algún modo les recuerdan a sí mismos. La gente tiende a amar su propio reflejo en los demás. Los psicólogos lo interpretan como un inconsciente amor hacia uno mismo, o quizá con la comodidad experimental de las cosas conocidas, y lo denominan egoísmo implícito.
El egoísmo implícito no tiene que ver sólo con la vida en pareja, también influye en los productos que uno prefiere y compra. En un estudio, a los sujetos se les presentaban dos marcas (ficticias) de té para que las probaran. Una de las marcas compartía las tres primeras letras del nombre del sujeto; por ejemplo, a Tommy se le daban dos muestras, una llamada Tomeva y la otra Lauler. Los sujetos probaban el té, chasqueaban los labios, los consideraban detenidamente, y casi siempre decidían que preferían el té cuya marca encajaba con las primeras letras de su nombre. No es sorprendente que un sujeto llamado Laura eligiera el té llamado Lauler. No eran explícitamente conscientes de la relación con las letras; simplemente creían que sabía mejor. De hecho, en ambas tazas había té de la misma tetera.
El poder del egoísmo implícito va más allá de su nombre o de cualquier rasgo arbitrario de su persona, como por ejemplo su fecha de nacimiento. En un estudio universitario, a los alumnos se les dio a leer un ensayo acerca del monje ruso Rasputín. Para la mitad de los estudiantes, la fecha de nacimiento de Rasputín se mencionaba en el ensayo, y estaba amañada para que «casualmente» resultara ser la misma que la del lector. Para la otra mitad de los alumnos se incluía una fecha de nacimiento diferente de la suya; por lo demás, los ensayos eran idénticos. Al final de la lectura, a los alumnos se les hacían algunas preguntas que tenían que ver con lo que pensaban de Rasputín como persona. Aquellos que creían compartir con él la fecha de nacimiento lo evaluaban con más generosidad. Simplemente les caía mejor, y no tenían ningún acceso consciente al motivo.
El poder magnético del inconsciente amor por uno mismo va más allá de qué y a quién prefieres. De manera increíble, puede influir sutilmente en dónde vives y a qué te dedicas. El psicólogo Brett Pelham y sus colegas analizaron unos archivos públicos y descubrieron que la probabilidad de que las personas que habían nacido el 2 de febrero (2/2) se mudaran a ciudades con alguna referencia al número dos en su nombre, como Twin Lakes, Wisconsin, era desproporcionadamente alta. La gente nacida el 3/3 estaba estadísticamente sobrerrepresentada en lugares como Three Forks, Montana, y la gente nacida el 6/6 en lugares como Six Mile, Carolina del Sur, y lo mismo ocurría con todas las fechas de nacimiento y las ciudades que los autores del estudio pudieron encontrar. Consideremos lo asombroso que resulta: las asociaciones con los números de las arbitrarias fechas de nacimiento de la gente pueden influir lo bastante como para que cambien de lugar de residencia, aunque sea ligeramente. Y de nuevo es algo inconsciente.
El egoísmo implícito también puede influir en qué decide uno hacer con su vida. Al analizar las páginas amarillas de la guía telefónica, Pelham y sus colegas descubrieron que nombres como Denise y Dennis figuran en número desproporcionado entre los dentistas, mientras que nombres como Laura o Lawrence tenían muchas probabilidades de hacerse abogados (lawyer en inglés), y gente con nombres como George o Georgina de ser geólogos. También descubrieron que los nombres de los propietarios de las compañías de materiales para techar (roofing) solían empezar más por R que por H, mientras que entre los propietarios de ferreterías (hardware store) abundaban más aquellos cuyo nombre empezaba con H en lugar de R. Un estudio distinto exploró las bases de datos profesionales online de dominio público y descubrió que los médicos poseen apellidos en los que de manera proporcional aparecen las sílabas doc, dok o med, mientras que los abogados poseían sílabas como law, lau o att (del inglés law, ley, o attorney, abogado) en sus apellidos.
Por absurdo que parezca, todos estos hallazgos resultaron ser estadísticamente significativos. No es que tengan grandes consecuencias, pero son verificables. Nos influyen impulsos a los que tenemos poco acceso, y en los que nunca creeríamos de no haberlos revelado la estadística.