jueves, 15 de mayo de 2014

Un universo de 6.000 años de antigüedad

Extraido de: http://lacienciaysusdemonios.com/2013/01/19/remake-un-universo-de-6-000-anos-de-antiguedad/

A estas alturas del siglo XXI sabemos muchas cosas acerca del universo, aunque también hay muchas otras que desconocemos, no me molesta decirlo. Por ejemplo desconocemos su origen, a pesar de que ya contamos con un modelo matemático que lo explica, conocemos muchas de las partículas que lo forman aunque otras todavía están en busca y captura. Pero en el platillo de la balanza de datos conocidos tenemos muchos elementos: estrellas, planetas, asteroides, cometas, nebulosas, galaxias, púlsares, agujeros negros, partículas elementales… También conocemos muchas de sus propiedades gracias a la mecánica.
Una de las propiedades que conocemos del universo es que existe una velocidad que ninguna partícula puede superar. Esa es la velocidad de la luz, que alcanza en el vacío la nada despreciable cifra de aproximadamente 300.000 km/s. Muchos científicos intentaron calcular ese valor, y finalmente fue James Bradley, quien en 1728 consiguió dar con un valor muy aproximado al que maneja la física. Posteriormente la teoría de la relatividad de Einstein colocó a la velocidad de la luz dentro de las constante universales. Gracias a conocer este valor, la física ha podido desarrollarse de una forma importante, especialmente en el campo de las telecomunicaciones y la computación.

Uno de los datos que también conocemos es que el objeto más lejano a nuestro planeta se encuentra a 13.700 millones de años-luz, aproximadamente. Eso significa que ese objeto emitió luz hace 13.700 millones de años con lo posiblemente ese objeto ya no exista y sólo veamos su imagen fósil. Pero cuando miramos el cosmos encontramos objetos localizados a muy diferentes distancias, desde nuestra cercana Luna, localizada a poco más de 1 segundo-luz (350.000 kilómetros de la Tierra) al Sol localizado a 8 minutos-luz (150 millones de kilómetros de la Tierra), estrellas como Sirio localizada a 8.6 años-luz, el centro de nuestra galaxia situado a 20.000 años-luz o Andrómeda M31, una de las galaxias más cercanas a la nuestra localizada a 2.5 millones de años-luz de la Tierra. La imagen que hoy vemos de Andrómeda salió de esa galaxia cuando nuestra especie aún se encontraba en sus albores.
Estos datos no son aceptados por algunos grupos fundamentalistas religiosos que sitúan la antigüedad de nuestro universo en unos 6.000 años, en base al relato contenido en el Génesis. Bien, aceptemos ese dato como bueno, o mejor para redondear tomemos el valor cercano de 10.000 años (que simplificará los cálculos), y mantengamos la velocidad luz como la constante física que es. Eso significaría reducir el tamaño del universo de 13.700 millones de años a sólo 10.000 años, lo que supone una reducción de 1,37 millones de veces. Eso puede sonar muy abstracto pero no es más que tomar 1 kilómetro y reducirlo hasta 0.07 milímetros o lo que es lo mismo 73 micras. Reduciríamos así la distancia equivalente a dos vueltas y media en la pista de un estadio de atletismo a la que ocupan 73 bacterias en fila.
Esta comparación quizás aún no sea fácil de entender a escala astronómica, por lo que vamos a intentar llevarla al cosmos. Una reducción de esa magnitud situaría a la galaxia de Andrómeda M31 a 1.82 años-luz. Si en esa galaxia hubiese alguien emitiendo por radio o por televisión hace tiempo que habríamos captado su señal. Acerquémonos más, el centro de nuestra galaxia estaría a sólo 5.2 días-luz, o lo que es lo mismo 145 mil millones de kilómetros. Teniendo en cuenta que en el centro de nuestra galaxia hay un inmenso agujero negro, no parece una distancia muy prudencial para mantenerse a salvo. Pero ¿qué pasa con astros aún más cercanos?. La estrella Sirio estaría situada a sólo 66 millones de kilómetros, o lo que es lo mismo 2.2 veces más cerca de la distancia a la que calculamos que se encuentra realmente el Sol, aquí tendríamos un serio problema de cocción. Y si estas cifras ya empiezan a parecer esperpénticas, lo son aún más cuando calculamos las nuevas distancias para cuerpos celestes cercanos. Así Urano estaría a 3175 kilómetros de la Tierra, el Sol a 109 kilómetros, Venus a 29 kilómetros y la Luna a 218 metros. Con esas distancias el término paseo espacial adquiriría un nuevo significado :D
Esto nos llevaría a una imagen muy curiosa de nuestro sistema solar, a la izquierda se observa el mismo tomando los valores aceptados por los astrofísicos, a la derecha la que se infiere de un universo de 6.000 años.

Para explicar esto hay quien ha intentado decir que en realidad la velocidad de la luz es infinita, que en cuanto miramos al objeto vemos a éste de forma inmediata, independientemente de donde se encuentre. Esta en realidad es una idea antigua, que decía que la luz es emitida por el ojo, en lugar de ser generada por una fuente y reflejada en el ojo. El concepto no pertenece a Jolimu, aunque algunos lo habréis leído en sus escritos, sino a Herón de Alejandría que ya adelantó el argumento de que la velocidad de la luz debería ser infinita, ya que cuando uno abre los ojos objetos distantes como las estrellas aparecen inmediatamente.
Consideremos esa posibilidad, pero acordándonos de la fórmula de Einstein:

Esta fórmula nos dice que la energía es igual al producto de la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. O lo que es lo mismo que la energía y la masa son dos formas de una misma cosa. El propio Einstein lo dijo así: It followed from the special theory of relativity that mass and energy are both but different manifestations of the same thing — a somewhat unfamiliar conception for the average mind. Furthermore, the equation E is equal to m c-squared, in which energy is put equal to mass, multiplied by the square of the velocity of light, showed that very small amounts of mass may be converted into a very large amount of energy and vice versa. The mass and energy were in fact equivalent, according to the formula mentioned above. This was demonstrated by Cockcroft and Walton in 1932, experimentally. (Visto aquí). O dicho de otra forma: Si un cuerpo de masa m desprende una cantidad de energía E en forma de radiación, su masa disminuye E / c al cuadrado. Albert Einstein en “Zur Elektrodynamik bewegter Körper”. Es fácil predecir qué ocurriría si de golpe la velocidad de la luz fuese infinita, literalmente nos freiríamos en cada desintegración atómica.
Aquí quedan plasmados dos universos difíciles de conciliar, uno en el que reside la Tierra y otro que reside en la mente de algunas personas.

martes, 6 de mayo de 2014

La sanidad privada con ánimo de lucro es ineficaz y peligrosa además de cara

Extraído de: http://lacienciaysusdemonios.com/2014/05/06/la-sanidad-privada-con-animo-de-lucro-es-ineficaz-y-peligrosa-ademas-de-cara/

Es indiscutible que el pensamiento único neoliberal se ha impuesto en toda democracia que se precie bajo el argumento (indemostrado) que lo público es siempre sinónimo de ineficacia y de derroche, mientras que la gestión empresarial encaminada a la obtención del máximo beneficio acaba siendo más eficiente y además más barata. Y dentro de esta filosofía, el sistema sanitario es en la actualidad quizás el último objetivo que le queda al capitalismo para conseguir la victoria completa de sus posiciones. Pero ¿existen datos objetivos que permitan defender que el cambio hacia una gestión privada de la sanidad dirigida por grandes corporaciones empresariales permitirá una mayor eficacia a un menor coste?

Para responder a esta pregunta lo mejor es abandonar el campo ideológico y centrarse en analizar datos imparciales. Pues bien, para estudiar la influencia del mundo empresarial en la sanidad, hace ya algún tiempo se publicó un metaanálisis que comparaba hospitales privados norteamericanos que se diferenciaban únicamente en su modo de gestión: aquellos que eran propiedad de empresas con ánimo de lucro (lo que en el mundo anglosajón se denomina “for-profit”) y que actúan de manera indistinguible a cualquier otra corporación capitalista que produzca coches, PCs , patatas o textiles, puesto que buscan el máximo beneficio rindiendo cuentas a los mercados y a sus accionistas, frente a aquellos otros hospitales que estaban gestionados por instituciones sin ánimo de lucro (asociaciones, fundaciones, etc) cuyo principal objetivo no son beneficios o que cuando los obtienen los reinvierten en su función social (“for-non-profit” en ingles). El estudio analizó los datos de mortalidad publicados en la literatura científica respecto a unos 26.000 hospitales que habían tratado a más de 36 millones de pacientes a lo largo de varios años tal y como se muestra en la siguiente figura,
mortalidad total hospital animo de lucro 2


Leyenda de la figura: En la tabla de la izquierda se representa cada estudio analizado con los números de hospitales y pacientes estudiados y en la gráfica de la derecha se representa para cada estudio los respectivos valores de riesgo relativo de mortalidad (1 indica que no hay diferencia entre ambos sistemas de gestión, valores mayores de 1 implican menor mortalidad en hospitales sin ánimo de lucro y valores menores de 1 menor mortalidad en hospitales gestionados por empresas) y su intervalo de confianza en forma de barra, de tal manera que cuanto más estrecha es la barra mayor es la fiabilidad estadística.


Dejando aparte algunos de los estudios que implicaban a menor número de pacientes (marcados con una flecha azul) por su poca confianza estadística, los datos muestran que sólo hay un estudio (flecha roja) que indique menor mortalidad en hospitales empresariales frente al menos otros 6 que muestran que la mortalidad es inferior cuando no hay ánimo de lucro en la gestión sanitaria. Al final la media poderada en el metaanálisis indicaba que se podía esperar una mortalidad un 2% superior en los hospitales con gestión económica dirigida a la obtención de beneficios que los que realizan su labor sin estas presiones económicas. Además otro estudio de la “Maternal and child health data base” realizado analizando 243 hospitales y más de 1,6 millones de pacientes concluyó que el riesgo de fallecimiento de niños en hospitales orientados a los beneficios empresariales era un 9,5% superior a los gestionados sin ánimo de lucro. Para los que estas cifras les parezcan bajas, indicar que implican la muerte prematura de miles de personas anualmente ligada al sistema neoliberal de obtención de beneficios a toda costa.
Posteriormente se publicó otro metaanálisis (que incluía cerca de 4.000 hospitales) analizando los costes económicos comparativos de ambos tipos de establecimientos médicos (“for-profit” versus “for-non-profit”). Los resultados tal y como muestra la siguiente figura
coste economico total hospital animo de lucro 2

arrojaron la conclusión que la mayoría de los estudios individuales indicaban un mayor costo asociado a los tratamientos médicos realizados en hospitales de gestión económica ligada a los beneficios corporativos, con un valor medio total del ¡19%! de sobrecosto, desmontando la falacia de que la gestión empresarial abarata los importes, cuando la realidad es que este tipo de gestión dilapida miles de millones de dólares anuales.
Finalmente un metaanálisis similar enfocado a estudiar los cuidados de enfermería ofrecidos por ambos tipos de estructuras sanitarias indicó también que la calidad asistencial disminuye en las instituciones orientadas al lucro.
En resumen la medicina neoliberal implica peor calidad asistencial, a un precio muchísimo mayor y un incremento de la mortalidad. Pero eso sí, nuestros gobernantes patrios siguen empeñados en transferir nuestra salud a conglomerados económicos cuyo único objetivo es aumentar su cuenta de resultados.
Y para que vean que este tipo de empresas tienen bien aprendida la lección que se extrae de estos estudios, simplemente quisiera mostrar un par de ejemplos de las medidas que ha tomado el mundo neoliberal para transformar (tramposamente, que no solucionar) estos hechos.
En España, la Comunidad de Madrid permite a los hospitales de gestión privatizada que se especialicen en las patologías más sencillas y que por tanto más beneficios rinden, y que consecuentemente deriven a los pacientes de enfermedades más graves que tengan asignados a los centros públicos. Pero estén atentos porqué aquí viene la trampa: después el hospital privatizado paga al público únicamente una parte del coste real del tratamiento realizado, transfiriendo de facto parte de sus costos a la sanidad pública y mejorando por tanto en conjunto tanto su tasa de eficiencia (las patología menos graves producen menos complicaciones y muertes) a la vez que muestra unos costos sanitarios más bajos que los hospitales públicos.
Cuando los gobiernos no acceden a este tipo de delictivos cambalaches ideados para saquear las arcas públicas, las empresas tampoco se quedan de brazos cruzados jugando limpio y atendiendo a los pacientes que les han asignado independientemente de la gravedad de su patología. Así por ejemplo se ha descubierto que Sanitas, una de las grandes empresas del sector y española para más inri (es que en neoliberalismo España es una potencia mundial), está sobornando a los pacientes que acuden a sus clínicas en Gran Bretaña para que se traten en la sanidad pública cuando presentan enfermedades graves en lugar de hacerlo donde les corresponde, en sus hospitales. De esta manera, y por tan sólo unos 2.400 euros por persona que es precio del “donativo” que ofertan a sus “clientes”, la compañía consigue que pacientes con graves patologías cardiacas o cáncer sean atendidos fuera de sus hospitales y así ahorrarse las decenas (o incluso centenares) de miles de euros que acaban costando estos largos y complejos tratamientos médicos.
Así que al final, bien acudiendo a tramposas tácticas empresariales o con el apoyo delictivo de algunos gobernantes, las flamantes corporaciones del sector sanitario se quitan de en medio a los pacientes más problemáticos manipulando a su favor las estadísticas y los balances empresariales. ¿No me digan que no es un buen negocio desde todos los puntos de vista? Con ello, el resultado previsible es que unos años después aparecerán los famosos defensores de la libre empresa, demostrándonos en sesudos estudios y complejos arqueos de ingresos y gastos cuan ineficaces son los ineptos médicos y cuan derrochadores son los gestores de la sanidad pública y por el contrario lo profesionales y ahorradores que son los hospitales privatizados bajo la flamante y siempre eficiente gestión empresarial.